Oigan; que no son uno o dos. Que, mirando los periódicos, radios, televisiones y redes sociales, en una sola semana ha habido varios dirigentes políticos que nos han dado la sensación de que han fumado cigarros de la risa o de que alguien les ha metido en el vaso de agua algún psicotrópico.
Empiezo por Donald Trump, que sigue generando material para que la película sobre su vida sea escrita por los guionistas de “Aterriza como Puedas” a medias con los de “Platoon”.
Claro, que tampoco está mal el fino humor de la Ministra de Igualdad, Ana Redondo, calificando a Pedro Sánchez como “el superhéroe de la paz, de la democracia, de los derechos y del feminismo” (sic). Y esto no era una coña entre amiguetes acabando una cena mamados como piojos. No. Es un discurso real de una Ministra del gobierno de España en un mitin de la campaña electoral del PSOE en Castilla y León.
El delirio se amplía porque, animado por semejantes elogios, el superhéroe, esta semana, ha presentado su oficina del Hodio invitando, como víctima del odio, a Sarah Santaolalla, una de las tertulianas más agresivas y despectivas con todos los que no opinan como ella. Claro que, como todos los que no opinan como ella son fascistas, no pasa nada. Porque, parece obvio que en esta oficina del Hodio no se va a perseguir a los que odien a los fascistas, y eso que los fascistas somos un 60-70% de la población española. Más o menos todos aquellos que no pensamos exactamente igual que Pedro Sánchez y los socios que le mantienen en ese gobierno tan frágil.
Para seguir con el delirio, según informan los sindicatos policiales (no he encontrado manera de confirmar si la noticia es cierta), el Ministerio del Interior le ha puesto una escolta a Sarah Santaolalla. Ojo, que, por supuesto, me solidarizo con el miedo que pueda sufrir la analista política por lo que le dicen en redes sociales o por la pintada amenazante que hicieron unos descerebrados en una tapia del cementerio de la Almudena de Madrid. Pero si nos ponen escoltas a todos a los que nos han amenazado de muerte en redes, tendrían que venirse a España de nuevo los 100.000 hijos de San Luis para ayudar.
En fin, que se me acaba el folio y quiero volver al principal “delirador” de nuestros días, que es Donald Trump. Porque este hombre, al mando supremo de una de las mayores potencias del Planeta, continua cada semana viviendo como si fuera el presentador de un reality show en el que lo mismo aprieta el botón de “Matar a Jamenei”, que el de “Expulsar Inmigrantes” aunque hayan nacido en el mismo Wisconsin, o el de “Rezar muy fuerte” junto a varios pastores y líderes religiosos cristianos. Y todas estas cosas las va trufando con declaraciones delirantes en las que se siente brillante y gracioso y en las que, hablando de operaciones militares, del orden mundial, de las bolsas y de los muertos, va haciendo chistes o va diciendo que no hay nadie en el mundo que sepa más que él de lo que sea.
Y a mí, como dije el otro día, no me molesta mucho que Trump se haya cepillado a Jamenei, lo que creo que debería preocuparnos es que haya un líder mundial, con botón nuclear en la mesilla de noche, que se mueve por el mundo como si fuese un enorme rancho de su propiedad. Y podemos estar relativamente tranquilos porque, hasta el momento, como todos los abusones de colegio, Trump no se ha metido con los que son de su tamaño. El presidente de EEUU hasta ahora ha tocado muy levemente las pelotas a los líderes de Rusia y de China. A ambos sátrapas les da un poco de pena lo de Venezuela e Irán, pero tampoco se van a poner a disparar al bueno de Donald que es un autócrata como ellos, aunque llegara a la Casa Blanca con el apoyo de más de la mitad de los votantes estadounidenses.

Otra cosa mala es que, como Trump siga con esa deriva autoritaria, en la Meca del cine van a tener que cambiar el final de infinidad de películas en las que los verdaderos norteamericanos eran los buenos, los hombres y mujeres llenos de valores democráticos, aquellos que defendían a los más débiles en el colegio, los que apoyaban las causas justas o los que estaban junto a las víctimas del racismo. Hoy, ¿quién se creería eso? Teniendo, como tienen de presidente al prototipo de chulo matón de colegio, tendrán que hacer, yo qué sé, una versión nueva de Karate Kid en la que el joven italoamericano Daniel LaRusso acaba con dos fracturas abiertas de tibia y detenido por los ICE. Y, para rematar, el tramposo Johnny Lawrence (con rubio flequillo trumpesco) ganaría el combate y se llevaría a la chica a dejarla embarazada para luego abandonarla y expulsarla del país por tener antepasados griegos.
Descubre más desde La Cabra En El Garaje
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.