ESTÁS TRIUNFANDO EN LINKEDIN

Imagino que les ha pasado. A mí, constantemente, me llegan mensajes en los que los del algoritmo de Linkedin deben pensar que, con las cosas que me dicen, me activan las meninges de la vanidad y la autocomplacencia. Además, lo personalizan; “Carlos, ¡estás triunfando en Linkedin!”. Como si fuese el empresario del mes, el periodista del año o el marido del siglo.

Aquí una prueba del tipo de emails que me mandan

Me hace gracia, pero, claramente, si mandan estos mensajes es porque hay gente que, inmediatamente, hace click para ver quiénes son los miles de seguidores que están bloqueando tu perfil ardiendo en deseos de conocer algo más de alguien tan interesante como tú. Claro que, con lo que, literalmente, me descojono es con este mensaje que me ha empezado a llegar hace un par de semanas firmado por una tal Christa.

Que si quiero ser portada como un empresario líder europeo e inspirador…

Es la editora de una revista prestigiosísima que me ofrece ser portada del ejemplar en el que reúnen a los 10 líderes empresariales más influyentes de Europa. Ahí, con dos ovarios, la tía. Debo reconocer que mi vocación empresarial es muy notable y que no me quejo de cómo me ha ido en los 21 años que llevo intentando producir por mi cuenta, pero no sé si sería un poco atrevido por mi parte considerarme entre los 10 más top ¡¡de Europa!! No sé siquiera si podría incluirme entre los 10 mejores productores del distrito de Fuencarral-El Pardo, que es donde tiene su sede La Nuez Producciones Audiovisuales, S.L.

Lo que pasa es que, si lees un poco más allá en el cuerpo del mail, te das cuenta de que esa consideración tan gratificante tiene sus cosillas. Por ejemplo, hay que pagar 2450 dólares. Es cierto que, por mis enormes méritos, me hacen un rebajón y no pagaría los 3500$ que, según me dice Christa, pagan los otros 9 superlíderes. Que no sé si los de la revista L’Espresso nos cobraron por poner al Superhéroe Sánchez como personaje del año en su portada, pero los de la revista de Christa, sí cobran. Y no son los únicos.

Hace unos años me llegó un mail en el que me anunciaban que me daban un premio como uno de los comunicadores más destacados de España. Y, hombre, no voy a decir que yo no sea un buen comunicador, pero, en aquel momento, estaba haciendo un programa muy modesto de seguridad vial en las mañanas de los domingos de TVE1. O sea, que no estaba en el listado de los 10 presentadores más deseados del país. Sorprendido, seguí leyendo y, para recoger el premio, tenía que ir a una cena en la que el cubierto costaba ¡¡400€!! Que dije; “coño, ya tienen que estar buenos los carabineros para que me cobren 400 pavos por una cena”. Y decliné Rosa-Rosae. Luego vi, con estupor, que varios compañeros míos sí habían acudido a recoger sus respectivos premios, imagino que previo pago de su importe.

Eso es, sin duda, porque todos los que nos dedicamos a esto tenemos nuestro tirito vanidoso. Unos más acentuado que otros. Yo, por ejemplo, desde enano tuve un cierto afán de protagonismo que me conducía a contar chistes y hacer el ganso en familia, con los amigos y, por supuesto, en el colegio donde llegué a imitar a varios profesores en el Salón de Actos. Creo, además, que aprendí a leer con 4 años para epatar a mis padres y a las amistades y, quizás, buscar el hueco de atención que te falta cuando eres miembro de una familia de siete hermanos. Recuerdo perfectamente a mis padres enseñándome a las visitas como un mono de feria leyendo en voz alta y de corrido muy profesionalmente. Y a mí aquello me encantaba. Supongo que de aquel exceso de atención y de los aplausos de aquellos días nació parte del periodista que soy hoy.

Pero no crean que lo de la vanidad es exclusivo de los que nos dedicamos a los medios. Recuerdo un profesor de la carrera que nos contaba que, en el siglo XIX, muy poca gente podía permitirse cosas como pagar una suscripción a un periódico y que había seres humanos que se hacían tarjetas de visita no diciendo abogado, notario o economista, no. Ponían: Manuel Gómez, suscriptor del “Mercurio Histórico y Político”. Que yo, ahora que lo pienso, podría hacerme unas tarjetas en las que pusiera:

Aquí la que sería mi tarjeta como ciudadano ejemplar para nuestro Rey

Y no estaría mintiendo. Es verdad. A mí, hace unos años, me pusieron como ejemplo para Su Majestad, el Rey Felipe VI. Es cierto que, entonces, no era SM y que, indudablemente, lo que yo recuerdo muy vívidamente, nuestro monarca no lo recordará en absoluto. Pero aquello me pasó.

Unos amigos de mis padres nos habían invitado a pasar un fin de semana largo en su casa de Sierra Nevada. Corrían los últimos días de 1973 y nosotros, malagueños que no habíamos esquiado en nuestras vidas, utilizamos los esquíes y las vestimentas de nieve que nos dejaron los encantadores Lasi y Chon Rodríguez Morazo y sus hijos. Uno de los días, fui a hacer la cola para coger un telecabina y me encontré justo detrás de la Reina doña Sofía (entonces Princesa de Asturias) y del Rey Felipe (que entonces era Infante de España). Felipe, que estaba a punto de cumplir los 6 años, debía estar cansado y pidió a los guardaespaldas que le llevasen los esquíes. Yo estaba justo detrás de ellos con mis tablas apoyadas en el hombro derecho y su madre le dijo: “No Felipe, las tablas las llevas tú, como hace este niño”. Imagino que, en aquel momento, me convertí en un ser odiado por el pequeño Infante, pero a mí me hizo ilusión porque debo reconocer que ni yo ni mis dos hermanos que me seguían en el orden dinástico de mi familia, éramos precisamente ejemplares. Recuerdo la voz dulce y firme de doña Sofía con un muy marcado acento extranjero que me sorprendió y recuerdo también cómo el pobre Felipe, que era muy pequeño, cogió sus dos tablas y, sin rechistar, se las puso al hombro y las estuvo cargando hasta que se sentó en la cabina.


Descubre más desde La Cabra En El Garaje

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Un comentario en «ESTÁS TRIUNFANDO EN LINKEDIN»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *