Pues como me suele pasar, ni una cosa, ni la contraria. Vi ayer el discurso de Pedro Sánchez y, oigan, pues ni estoy totalmente de acuerdo con los que le han puesto a parir como un irresponsable que nos coloca a los pies de los caballos, ni entiendo tampoco al coro de palmeros que aplauden cualquier cosa que diga o haga Pedro el Hermoso en su majestad sin par.
Para empezar; ¿quién puede no estar de acuerdo con su deseo de “NO A LA GUERRA”, que me recordó, en boca del Presidente, al “Paz pa’ tós” de Gomaespuma? Pues claro que todos queremos la paz y que no haya hambre en el mundo y que deje de haber gente que mata y muere por motivos territoriales, religiosos o económicos. Otra cosa es cuando, lo que sucede, es que uno de tus socios, una democracia liberal como la nuestra, por muy poco que nos guste Trump, está pidiendo ayuda para enfrentarse a una dictadura teocrática brutal y muy cruel.
Los Ayatolás llevan décadas masacrando a su pueblo, subyugando a las mujeres con una violencia inusitada, ahorcando a homosexuales y disidentes y financiando organizaciones terroristas y milicias asesinas en gran parte de su zona de influencia. Y, podemos creer o no al gobierno Trump, pero se supone que estaban en el camino de fabricar un arsenal de armas nucleares. Que puede que esto sea como aquellas armas químicas de Saddam Hussein. No lo sé. Lo que sé es que el difunto Jamenei y su tropa son de lo peor que uno puede encontrar entre los lideres de todo el mundo y, honestamente, no me parece mal que esté criando malvas.
Desde mi punto de vista, si vas a tomar decisiones como las que está tomando Sánchez y tienes un gobierno tan frágil como el que preside, tu obligación es ir al Parlamento de tu nación y, antes de hacer nada, al menos escuchar lo que tienen que decir los partidos de todo el arco parlamentario. Y no solo el partido de la que te susurra al oído en los bancos azules del Congreso. Porque, si no escuchas al resto de representantes de todos los españoles, incluso a tus socios europeos ¿cómo sabes que estás en el lado correcto de la Historia?
Porque, hasta ahora, quien te está diciendo que estás en el lado correcto de la historia, no es una analista internacional, ni una intelectual famosa por sus 17 ensayos sobre Historia Universal y Análisis Político, ni una dirigente política jubilada después de liderar durante años un gobierno y presidir diversas empresas e instituciones. No. Es una respetadísima actriz. Pero darle valor a lo que diga Susan Sarandon por ser una estadounidense contraria al partido Republicano es un poco rollo “Bienvenido Mr. Marshall”, aquella peli en la que los vecinos de un pueblo de Castilla La Vieja recibían a los americanos con alegría, aunque luego pasaran de largo sin hacerles ni puñetero caso.
Vaya; es como si ponemos el lado correcto de la Historia en función de lo que digan en un discurso Carmen Machi o Ana Belén. Que son magníficas actrices, pero no tienen por qué tener una mayor o mejor capacidad de analizar la geopolítica que mi madre, mi Santa Esposa o alguna de mis hijas, mujeres, todas ellas, formadas y muy inteligentes.
Pero ahí estaba ayer nuestro presidente del gobierno, con esa cara que pone de Boy Scout que acaba de hacer su buena acción del día, diciéndole al mundo que España estaba en el lado correcto de la Historia porque se lo dijo una actriz yankee que tiene un Óscar y todo. ¿Sabía lo que opinaban el resto de líderes de las fuerzas políticas? No. Imagino que se sentó con su grupo de aduladores profesionales (es sabido que, en Moncloa, de toda la vida, con todos los gobiernos que yo he conocido, quien discrepa sale con los pies por delante) les propuso hacer ese discurso y apostaría a que alguno y alguna pues hasta estaría a punto de llegar al orgasmo. Que alguien tan guapo te diga frases tan bonitas, tiene que llegar muy dentro.
Pero esto del lado correcto de la Historia es más que discutible. Pongamos como ejemplo la manera en la que los Aliados, en 1945, terminan con el régimen nazi. Ahí estaban, todos a una, democracias liberales como Reino Unido, Francia o Estados Unidos, junto a dictaduras bolcheviques como la URSS. ¿Eran los soviéticos el lado correcto de la Historia? ¿Fue lo correcto tirar dos bombas atómicas sobre la población civil japonesa en Hiroshima y Nagasaki? ¿Debieron entrar los aliados en Berlín arrasando militares y civiles y todo edificio en pie como hicieron? ¿O debían haber tenido en cuenta que iban a morir mujeres, ancianos y niños y no solo soldados del Tercer Reich? Pues seguramente, si nos ponemos en plan seguidores de Baden Powell o de la “No Violencia” de Mahatma Gandhi, diríamos que no. Pero, en aquel momento, se trataba de aniquilar a la bicha, aunque, para destruir a Hitler y a su ejército hubiera que llevarse por delante hospitales, escuelas y viviendas llenas, sin duda, de personas inocentes.
Y, en este momento, ¿Es el lado correcto de la Historia una dictadura teocrática que ha matado a cientos de miles de personas en los últimos años? ¿Es el lado correcto un país en el que la mujer está subyugada, reprimida y amenazada de muerte si, por ejemplo, no se coloca bien el Hiyab? ¿Es el lado correcto una teocracia en la que las mujeres son consideradas seres impuros, de segunda clase, cuyas vidas valen exactamente la mitad que las vidas de los hombres? Y eso no es una manera de hablar; es lo que ocurre cuando hay que indemnizar, por ejemplo, en caso de accidente.

Pero en la Gala de los Goya, que fue donde la Sarandon coronó a Sánchez como paladín de la Paz Mundial, no vi ni una sola chapa pidiendo el fin de la dictadura iraní, que se vaya Hamás de Gaza, rechazo a burkas y velos, ni a dictaduras que no sean las que escoge no se sabe muy bien quién. Porque supongo que alguien habrá que decide el eslogan de cada Gala, que paga las chapas y se encarga de dar la ídem a los que llegan para que se las pongan. Y, si no te la pones, pues igual ya no eres tan guay como los demás. Por eso ayer le pedí a la IA que me hiciera algo imposible; una foto de un actor en la alfombra roja de los Goya con chapas variadas de todos los conflictos que podrían provocar una oleada de protestas. Y ahí están el “No al Burka” junto al “No más Misas” que le gustaría a Silvia Abril, el “Israel Genocida” compartiendo pecho con el “Fuera Hamás” o el “No al Fascismo” junto al “No al Comunismo”. O chapas pidiendo la paz en Sudán o Yemen, que Putin se retire de Ucrania o que haya democracia en Venezuela. Pero no sé por qué me da que se iban a quedar en el cesto, sin ningún pecho que las luciera, la mitad de las chapas que están, como diría Susan, en el lado incorrecto de la Historia.