DIRÍGETE HACIA EL SUROESTE

La tía del Waze debe pensar que soy el puto Marco Polo. “Dirígete hacia el suroeste” me dice con frecuencia, como pensando, imagino, que tengo un astrolabio en el salpicadero, que voy con las cartas de navegación en el asiento del copiloto, o que me oriento por las estrellas. O por la posición del sol.

Lo malo es encontrar el sol cuando estás saliendo del parking de un edificio de 25 plantas en el centro de Madrid. Y, claro, salvo que tu coche sea de los que te pone si vas al Norte o al Oeste, lo normal es que, al oír esta frase, uno se acuerde de la madre de la locutora y del padre del que inventó Waze. Porque son de esas frases vacías que ahora están tan de moda.

¡Cuántas empresas hablan de poner “al cliente en el centro” y, cuando eres el cliente, te das cuenta de que te quieren poner en el centro para apuntar mejor con la parte final de sus respectivos cólones y cagarse justo encima de tu cabeza.

LA IMPORTANCIA DE LOS VALORES

O aquellos que hablan de la importancia de los valores y, en cuanto pueden, se pasan esos valores por la entrepierna. O, peor, por la cuenta de resultados. Anteayer estuve en la escuela ISDI en una conferencia interesantísima de un gurú del liderazgo. Se llama Rajeev Peshawaria y nos dio una visión diferente sobre los líderes que hoy necesita el mundo.

Y nos hablaba de energía, de los que no se rinden, de los que son capaces de vencer la resistencia al cambio transmitiendo su fuerza a los demás y, sobre todo, hablaba de los valores del líder y de la necesidad de que esos valores formen parte del espíritu de la empresa. Y viceversa. Rajeev decía que, hoy, millones de clientes tienen en cuenta esos valores a la hora de elegir un producto y que, las compañías que no se den cuenta de eso, probablemente estén cavando su tumba sin saberlo.

PUBLICIDAD DE CASAS DE APUESTAS EN EL BERNABÉU

Y anoche pensaba en eso cada vez que veía, en los cartelones que rodean el césped del Bernabéu, una invitación a que los 50.000 que estábamos allí, incluidos los niños, apostáramos en Codere, que es la Casa de Apuestas Oficial del Real Madrid.

No creo que haya ningún equipo del mundo que haya hablado tanto de los valores como el Real Madrid. A Florentino y a todo su equipo de marketing se les ha llenado la boca con los valores del madridismo; ese señorío y ese blablablá que nos convierte, al club y a sus seguidores, en personas especiales por el hecho de ser del Madrid.

Y no entiendo que no se les caiga la cara de vergüenza al estar animando a sus seguidores menores de edad a apostar “en 2.500 locales o a través de tu teléfono móvil en la casa de apuestas oficial del Real Madrid”. Y todo esto acompañado de una foto de varios de los jugadores principales de la plantilla.

¿JUGAR CON RESPONSABILIDAD?

Ya me pasó cuando Bwin fue la publicidad principal de la camiseta madridista, pero el concepto “casa de apuestas oficial” del Real Madrid, a mí me generó anoche un malestar estomacal del que aún no me he repuesto. Y eso que lo he debido ver 100 veces. Pero ayer me fijé especialmente en esto. Sobre todo porque, cuando hay anuncios audiovisuales, siempre se suelta esa coletilla o ese rotulinchi exculpador que te invita a jugar con responsabilidad y que te dice que los menores no pueden apostar.

Pero ayer era una publicidad estática de esas que van apareciendo en los fondos y en las bandas del campo y en las que no hay ni una sola referencia a responsabilidad ni a menores.

Esa misma vergüenza la llevo sintiendo unos años, cada vez que veo a algún compañero mío haciendo anuncios de casas de apuestas sin tener en cuenta que la ludopatía relacionada con las apuestas está en un crecimiento exponencial, principalmente, entre la gente más joven.

Yo padecí un conflicto moral tremendo hace unos años cuando estuve a punto de hacer un programa con apuestas. Yo iba a ser el presentador, pero, además, mi empresa iba a aparecer como co-productora del formato. Estábamos sin actividad en la empresa y eran aquellos años horribles de la crisis y yo no paraba de inventarme auto-excusas para hacer el programa sin una piedra pesadísima sobre mi conciencia.

Cuando, finalmente, no salió el programa adelante, juro que me alivió porque, si lo hubiera hecho, no podría hoy estar, por ejemplo, escribiendo esto. Porque me sentía como el autor de aquella frase atribuida a Groucho Marx; “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”.

PUBLICIDAD DE CRÉDITOS RÁPIDOS

Unos años antes de aquello, me ofrecieron hacer una publicidad (muy bien pagada por cierto) de una empresa de créditos rápidos. Y ahí dije un no rotundo. Sin posibilidad de discusión. Puede que sean empresas llenas de valores, pero a mí me espantan esas ofertas de créditos rápidos con condiciones leoninas. Sin preguntas. Que adivinen ustedes quiénes son los que los piden. Gente pobre a la que un banco no les da ni la hora y, cuando tienen un apretón económico, solo pueden acudir a esa especie de usura legalizada que son los créditos rápidos.

Seguramente haya muchos que piensen que soy un exagerado y que no es lo mismo una cosa que la otra, pero a mí no se me quita la vergüenza de ver que a mi equipo lo patrocina una casa de apuestas.

Por cierto, que se me acaba la Cabra y no quería terminar sin decir que he visto la peli de Amenábar sobre Unamuno. Además de parecerme una magnífica película, me conmovió ver lo actual que es la petición del escritor a todos para que dejemos de estar lanzándonos mierda desde uno y otro bando. Ya que han sacado a Franco de su tumba, a ver si somos capaces de sacarnos a nosotros mismos de nuestras trincheras.

VOTEMOS DE UNA VEZ

La verdad es que querría haber dicho “votemos de una puta vez”, pero me parecía excesivamente grueso para el titular de cualquier artículo. Y luego los algoritmos, el Zuckerberg y las madres que los parieron, lo mismo me colocan como contenido no adecuado.

Aunque pensándolo bien, quizás para muchos de los que lean hoy esta Cabra, este sea un contenido no adecuado. Porque yo estoy realmente cansado del tema de Cataluña. Hasta los huevos. He pasado en los últimos años por todo tipo de estados de ánimo, pero hoy se me mezclan, a partes iguales, la hartura y la preocupación. Mucha preocupación.

Porque no sé ustedes, pero yo creo que Cataluña, esta vez sí, ha llegado a ese callejón sin salida lleno de gatos en celo del que hablaba yo en una Cabra hace 5 años y medio. Puede que consigas llegar al final de callejón, pero va a ser complicado que salgas. Y, desde luego, si sales, vas a volver con arañazos hasta en el cielo de la boca.

Y ahí estamos. Porque me resulta deprimente ver cómo ha calado el mensaje que, desde hace años, les han ido soltando en las escuelas catalanas. Cómo la manipulación de los medios (TV3 es hoy lo más parecido a una televisión de dictadura comunista o fascista) les ha salido mejor que a Hitler, Franco o Stalin, por poner ejemplos de dictadores que usaron los medios a su servicio.

No estoy diciendo que en Cataluña haya hoy una dictadura. Dios me libre. Pero sí creo que en el independentismo, especialmente en los últimos 7 años, hay numerosísimos tics de esos que utilizan los líderes populistas que acaban conduciendo a sus pueblos a la gloria. Discursos trufados de mentiras o de manipulaciones grotescas. Control de la televisión más vista. Ridiculización del que no opina como tú. Exposición de banderas, de manera que, si no la muestras, no eres de los fetén…

Ayer me sobrecogía al ver a tantos y tantos niños y jóvenes bien instruidos participar en las festivas y pacíficas marchas hacia Barcelona. Porque pocas mentes son más proclives a recibir un mensaje victimista lleno de gloria como un alma púber o adolescente.

Dale un ideal a un chaval de 15 años y será capaz de matar y de dejarse matar por él. Y estos irresponsables llevan dándoles ese ideal desde hace años; Espanya nos quitó la patria, luego nos robó y hoy no nos deja vivir en libertad. Y es muy difícil ahora revertir esto. Yo lo veo imposible.

Y Dios no quiera que los enfrentamientos de estos días nos den un primer muerto, porque una muerte en cualquiera de los dos bandos nos puede poner en un escenario desconocido. Ya hemos tenido un muerto que, si se hubiera producido entre las filas de los independentistas habría sido utilizado. Pero no. Fue un turista al que le dio un paro cardíaco en el Aeropuerto de El Prat mientras estaba siendo sitiado por la turba.

Los médicos se apresuraron a decir que el óbito no había tenido nada que ver con los disturbios, pero si el muerto hubiera caído del lado de los manifestantes, habría que haber oído los lamentos en TV3 y las declaraciones dolidas de esos políticos que tan magníficamente adoptan el papel de víctimas de un estado fascista.

Porque ellos ahí siguen con su mantra de sentencia injusta. De venganza. Apoyados además por iconos catalanes como Xavi o Guardiola que hizo el otro día un discurso que parecía Martin Luther King diciendo “I have a dream”.

Porque ellos se sienten así. Los líderes independentistas catalanes no se parecen a Tejero, Milans o Armada. No. Son la versión moderna de Gandhi, Luther King y Mandela. Y cuando uno tiene una visión tan elevada de sus líderes, vete tú a contarles que lo normal, si te pasas la Ley por la bolsa escrotal, es que acabes en el trullo.

Por eso creo que esto no tiene arreglo. Personas inteligentes y tontas. Gente con pasta, de clase media y pobres. Niños y ancianos. Adolescentes y personas de mediana edad. Gentes de ciudad y de pueblos. Cuando uno mira las manifestaciones (hablo de las pacíficas) se da cuenta de que esa ensoñación de que Espanya les roba y que hay un mundo mejor con la independencia, ha calado de manera brutal. Y yo no veo el modo de repararlo.

¿Diálogo? ¿Con quién y sobre qué? ¿Cuáles pueden ser las reivindicaciones llegados a este punto? ¿Más autogobierno? ¿Otro reparto del dinero? ¿Un trato diferente al de otras autonomías? Ni de coña. Cuando te han estado dando nación a cucharaditas, de manera constante, durante años, no le vengas ahora al niño a darle autonomía.

Y, entonces, ¿qué hacemos? A mí lo único que se me ocurre es asumir que Cataluña va a dejar de ser España. Y visto que cambiar la Constitución va a ser complicado, yo haría un referéndum nacional (me refiero a nacional de España) y le preguntaría a la gente si quieren que Cataluña sea independiente. Porque creo que es posible que saliera que Sí.

Yo creo que no tiene sentido seguir alargando esto. Tanto que hablamos del daño que le haría a España que Cataluña se fuera. No creo que ese daño fuera mayor que el que nos lleva haciendo esta letanía constante desde hace 7 años y, sobre todo, desde el 1 de octubre de 2017. Daño económico. Daño a la reputación de España y de Cataluña. Daño al ambiente social. Daño a muchas relaciones de familia y amigos.

Y a mí no creo que me cambiara la vida. Aunque nos están poniendo difícil que les tengamos afecto, yo seguiré pensando en Cataluña como un lugar agradable al que ir y tendré más cariño siempre a los catalanes que, es un poner, a los italianos. Pero cualquier cosa será mejor que estar como estamos.

Así que votemos, coño. Y si sale que sí, dejemos que Cataluña se vaya, aunque no sé si ellos mismos se creen, de verdad, que van a estar mejor fuera que dentro.

¿DÓNDE ESTÁ ARTUR MAS?

¿Y dónde está Artur Mas? Porque se acabó. Ya está. Tenemos Sentencia del Procès. Menos dura de lo que algunos querían y mucho más dura, dolorosa y cargada de realidad de lo que pretendían los irresponsables que metieron a Cataluña y a España en este delirio.

Y no estoy contento. No me gusta que manden a nadie 9, 10, 11, 12 o 13 años a prisión. Pero estoy con una cierta sensación de tranquilidad. De ver que nuestro país funciona, que nuestro Estado de Derecho es más fuerte que los que intentaron quebrantarlo. Aunque sea deprimente ver las calles de Barcelona y de otras provincias catalanas llenas de gente pidiendo “LLibertat” como si estuvieran en la Cataluña de 1950.

Así que, insisto: ¿Dónde está Artur Mas? Porque ayer, cuando vi a todos estos mártires por la causa independentista dándose cuenta de que se habían acabado las tonterías, me acordaba del Gran Irresponsable. Y me preguntaba cómo ha salido indemne el muñidor de todo este delirio; el que abrió la puerta al Tsunami. Es curioso que, cuando en algunos delitos se acepta la existencia de autores intelectuales, en este de sedición no haya habido nadie que se haya acordado, judicialmente hablando, del hombre que dinamitó CiU, Cataluña y, en parte, España.

Porque ayer escuché a varios políticos y ciudadanos catalanes criticar la Sentencia diciendo que iba a generar división. Que hay que tener un fino humor para decir eso sin reírse. Porque Cataluña lleva ya unos años literalmente partida por la mitad. Y puede que los que han gestionado la cosa desde Madrid no hayan estado muy brillantes, pero los que estaban gobernando en Cataluña llevaban echando gasolina al fuego desde hace siete años. Y, hace un par de años, provocaron una explosión descomunal.

Porque, ¿Cómo se supone que debería haber reaccionado el Estado al desvarío de Puigdemont y los suyos? El Parlament en rebeldía. Diversos políticos animando al pueblo catalán a la desobediencia civil. Varias asociaciones convocando a la gente en las calles para reclamar la Independencia. Y, en el clímax del delirio, Puigdemont declarando la Independencia, pero solo con la puntita.

Iglesias, por ejemplo, decía ayer que todo esto demostraba que la judicialización de la política no servía para nada. Pero lo que habría que preguntarse es si cree él que habría que haber dejado sin respuesta esa infantilización de la política, ese arrebato adolescente en el que ERC, la CUP, JxCat… embarcaron a cientos de miles (¿o millones?) de catalanes.

Está muy bien jugar a ser Martin Luther King en las Asambleas de la Facul en las que, como mucho, lo que puedes es perder un curso y que tu padre te pegue una colleja en el mes de junio. Pero cuando haces todo esto al frente de un gobierno, presidiendo un Parlamento autonómico o siendo el líder de un partido político, no puedes llamar a la desobediencia civil y, cuando tienes montado el tiberio, decir: “que noooo, que noooo, que era bromaaaa”.

Ese ha sido uno de los problemas del Procès. Se les ha llenado la boca de conceptos gloriosos. Cansa oír a sus líderes hablar de libertad, de democracia, de derecho a decidir, de la voluntad de un pueblo… cuando, lo que están haciendo, es algo tan simple y tan zafio como pasarse la Ley por los mismísimos cojones. Y están pisoteando esa libertad, esa democracia, ese derecho a decidir y esa voluntad de la otra mitad del pueblo catalán que no opina como ellos. Pero los indepés insisten en hablar de toooodos los catalanes y las catalanas, como si no hubiera cientos de miles (o millones) que no quieren que Cataluña sea independiente.

Porque, cuando ayer hablaban muchos de diálogo, ¿A qué se refieren exactamente? ¿Con quién? Y, sobre todo, ¿De qué tenemos que hablar? Los que hoy invocan el “Tsunami democratic” se olvidan de que los catalanes, en los últimos 9 años, han votado 4 veces al Parlament en urnas de verdad, no como en aquellas del “mierderéndum”. Y ahí es donde se supone que hablan los pueblos.

Pero no. Queda mucho mejor sentirse Mahatma Gandhi y soltar frases como la de Rufián que aseguró que la Sentencia había acabado con la democracia y que era la mayor agresión contra Cataluña desde el juicio a Companys en 1940.

No, Rufián. Esto es la Ley. Y la Ley, aunque se os olvide, es la base de la Democracia y de la convivencia en un país en el que tenemos una Constitución y un Estado de Derecho aceptados por todos los países de nuestro entorno. La mayor agresión contra Cataluña la habéis hecho vosotros.

Lo peor que le ha pasado a Cataluña es haber sido gobernada por un desequilibrado mental como Artur Mas que, viendo que perdía peso político y adivinando que se les acababa la enorme teta de la que mamó CiU durante décadas, nos metió en este desastre.

Y luego vinieron otros, por desgracia para Cataluña, no mejores. No parece que Puigdemont sea un lumbreras y, sin duda, Torra no es, tampoco, el más espabilado de su pueblo, pero en manos de estos mentecatos ha estado Cataluña en el último tiempo. Quizás viendo la foto de los tres juntos se entiendan muchas cosas porque yo, sinceramente, si pienso en que cualquiera de ellos pudiera ser el marido de una de mis hijas, se me sobrecogen todos los pelillos testiculares.

LAS COSAS DE LA MUERTE

Escribo esta Cabra desde un tren que me lleva a Málaga. Ayer murió mi tía María Rosa, una de las hermanas pequeñas de mi padre y, como me pasa siempre que se muere alguien de mi familia, siento otra vez aquel vacío que sentí cuando mis padres se trasladaron de Málaga a Madrid en el año 1975.

No digo que yo no haya tenido una vida feliz en Madrid. Todo lo contrario. Pero creo que ese movimiento familiar, esa migración que ahora está tan de moda, a mí me dejó un duelo que se me remueve cada vez que pasa algo en mi tierra. Y, si lo que sucede es que muere alguien tan querido, pues ese duelo es más dolor.

Mi tía Mª Rosa era la tía soltera que hay en muchas familias. Una mujer arrebatadoramente buena, generosa, sentimental, graciosa… Tenía su puntito de mala leche, que no sé si es más García o más Hirschfeld, pero siempre que la visitabas te daba la sensación de que eras el tío más guapo, más “grasioso”, más apuesto, más inteligente y mejor persona que había sobre la tierra. Y nos hacía sentir así a todos sus sobrinos, aunque tenía especial predilección por los 4 hijos de su hermana Mª Luisa, su melliza.

La tía Mª Rosa, durante unos años, se convirtió, en cierto modo, en un personaje de Noche de Impacto un programa que presentaba yo en Antena 3. Un día hablando de ella con el gran guionista Fernando del Moral, le conté alguna anécdota de mi tía de esas de descojonarse. Fernando me propuso que la convirtiéramos en un personaje flotante del programa y, cada semana, la metíamos en alguna entradilla citando una de sus presuntas sentencias, imaginando cómo ella habría reaccionado ante tal o cual cosa o, directamente, inventándonos tontadas delirantes.

Ella reaccionó con un sentido del humor admirable al “cashondeo” de su sobrino y, durante unos años, tuvo que aguantar las coñas de los amigos, vecinos y clientes de la Caja que, cada dos por tres le preguntaban si era ella y si eran ciertas las soplapolleces que yo decía por la tele.

El lunes, cuando me enteré de la muerte de Pepe Oneto, pensaba en la mala suerte que había tenido él y la buena de mi tía. Y reflexionaba sobre lo frágiles que somos. Pepe murió el día 7 después de dos meses en un hospital luchando contra una septicemia. A mi tía la ingresaron hace 3 semanas, gravísima, exactamente por lo mismo y, aunque nadie daba un duro por ella, había conseguido superar la fase crítica y estaba empezando a recuperarse. Anteayer por la mañana estábamos toda la familia dando gracias porque parecía que le iban a dar el alta en la UVI. Pero por la tarde empeoró y, en la madrugada de ayer, se murió. Así. ¡Pop!

Y cuando se muere gente, sea cercana o lejana, en los funerales y velatorios, se oyen frases hechas y huecas de “no somos nadie”, “es que estás y, de repente, no estás”, “hay que disfrutar de la vida, porque son dos ratos”. Pero nos dura esa disposición optimista lo que tarda en pasársenos la congoja y la impresión de los primeros días. Luego volvemos a no mirar más allá de nuestra nariz, a llevar los ojos clavados en el móvil estemos donde estemos, con la prisa de siempre y dejando que “las cosas de la vida” nos impidan darnos cuenta de lo cerca que tenemos “las cosas de la muerte”.

Coño. Me está quedando esto como un mensaje desolador. Y no quería. Porque, sin duda, el recuerdo de mi tía me hace sonreír y me hará sonreír durante mucho tiempo, aunque ahora mismo tenga una pena muy gorda encima.

Y también guardaré buen recuerdo de Pepe Oneto, que fue un buen jefe para mí. Entró en la redacción de noticias de Antena 3 cuando yo presentaba el informativo de las 7 de la mañana y me apoyó, me animó y no puso ningún reparo cuando me sacaron de informativos para empezar a hacer programas.

Nunca tuve con él, luego, una amistad muy cercana, pero siempre que nos veíamos nos tratábamos con el afecto del subordinado al jefe que no necesita estar recordándote que es el jefe, sencillamente, porque es muy bueno haciendo lo mismo que haces tú.

Se van ambos en una semana que daba para escribir 25 Cabras, aunque no sabría por dónde arrancar. Porque no habría sabido si centrarme en el suicidio político de Albert Rivera, en la pre-post campaña de Pedro, el Benévolo, en lo de la película de Amenábar (que voy a ser tan rojillo de ir a verla) o en si mañana, definitivamente, el gobierno va a sacar a Franco de su tumba.

Sin embargo tenía casi decidido escribir sobre una especie que abunda en los entornos de los partidos políticos. Los asentidores.

Se me estaba acabando ya la Cabra y no quería dejar de hablar de ellos porque me tienen maravillado. Son esos hombres y esas mujeres que están colocados en los mítines justo detrás del orador o en la primera fila del patio de butacas. También aparecen cuando a un líder político le hacen una entrevista de esas en medio de un pasillo o en una calle. Normalmente, detrás del personaje hay siempre dos o tres pelotillas que miran con embeleso al líder y que asienten como si lo que estuviese diciendo alterara, de manera muy novedosa y trascendental, las Leyes de la Física.

Pero no es eso. Da igual. Ya puede estar diciendo el líder una memez sin sentido, o estar ciscándose en los principios más sagrados del que asiente, que, si estás en plano, tienes que mover la cabeza de arriba a abajo y poner cara de “¡Coño!, ¡qué razón tiene!”. No sea que luego se te vea en el Telediario no siendo lo suficientemente entusiasta en el apoyo o, como el muchacho que cierra esta Cabra, jodiendo el plano del líder con una camiseta de apoyo al gran Coco contemporáneo de Occidente.

EL BUCLE

Pues seguimos como cuando Larra, o cuando Forges, que es mucho más cercano. El espanto de entrar en el bucle con el “Vuelva usted mañana” o el “¿Ha pedido cita para negarse?” sigue vigente en nuestra burocracia. Y no es solo un problema de funcionarios, que en muchas ocasiones lo es, sino de la estructura misma del sistema.

Les voy a contar el bucle delirante en el que hemos entrado en mi familia. Nosotros somos familia numerosa. Tres hijos que hemos aportado al futuro sistema de pensiones. No crean ustedes que eso de ser familia numerosa es un festival de descuentos y ventajas. No. Hay algunas cosillas, rebajas en el transporte público, en las matrículas escolares y universitarias. Y poco más.

Cuando tus hijos van cumpliendo años, te exigen que, para mantenerlos en el carnet de familia numerosa, demuestres que siguen bajo tu techo y que, por ejemplo, están estudiando. Y aquí, Dios Santo, ha comenzado nuestro bucle.

Nuestro hijo Carlos acaba de cumplir 22 años. En esta edad es necesario renovar el carnet que nos caduca el 18 de octubre. Mi hija Paula, la mayor, está a punto de matricularse en una Universidad en un Máster y, lógicamente, cuando haga la matrícula, le van a pedir el carnet de familia numerosa para hacerle el descuento. Y aquí comienza el cachondeo.

Hemos ido a la Comunidad de Madrid a pedir la renovación del título de Familia Numerosa, pero, como Paula tiene 24 años, tenemos que certificar que está estudiando para mantenerla en el carnet. Y entramos en bucle. No podemos matricularla con el descuento, porque carecemos del título. No podemos renovar el título porque carecemos de la matrícula.

Parece de coña, pero no lo es. Y ahí estamos intentando que en la Universidad (que es privada) tengan algo más de correa que en la Administración en la que te dicen que no se puede y que como si te pones a poner a cantar rancheras. Esto de los bucles burocráticos es muy español, pero no crean que somos el único país del mundo en el que los burócratas se convierten en un muro.

En concreto, el burócrata del que les voy a hablar es australiano. Y podríamos cambiar en él la erre de “muro” por una ele y convertir al funcionario oceánico en “mulo”. Porque, el tío, terco era una jartá.

Llegó mi cuñado al aeropuerto de Melbourne. En Australia son muy suyos con el tema de la importación de animales y plantas y de cualquier tipo de alimento. Y, por ejemplo, si vas a entrar en el país con unos zapatos de golf, tienes que declararlo porque los zapatos deben ir absolutamente limpios y sin ningún resto de hierba de otro continente para no contaminar con hongos y otras marranadas los campos de allá. No exagero. Es así.

FORMULARIO EN EL QUE SE DECLARA, POR EJEMPLO, LO DE LOS ZAPATOS

Mi cuñado declaró en el formulario de inmigración que llevaba unos zapatos de golf más limpios que una patena. Y, al llegar a Melbourne, por desgracia, le perdieron la maleta. Después de un rato esperando, fue a “equipajes perdidos” y solicitó la devolución de su maleta. Con la depre que provocan estas cosas, sobre todo si estás a 17.000 kilómetros de tu casa, se fue hacia la salida con ambos rabos entre las piernas. Y ahí comenzó “the Australian loop”, que es como se debe decir bucle en australiano…

El funcionario de inmigración le pidió el formulario y, al ver que mi cuñado declaraba que llevaba unos zapatos de golf le pidió, por favor, que se los mostrara. Mi cuñado le explicó que acababan de perderle la maleta y que no podía enseñarle ni los zapatos, ni unos bonitos calzoncillos con remates de jaretitas monísimos que se acababa de comprar. Bueno; esto no lo dijo. Pero lo pensó.

El funcionario miró de arriba a abajo a mi cuñado y le dijo: “¿Sabe usted que ha mentido en un formulario oficial de inmigración?” Después del preceptivo silencio para asumir la frase, mi pobre cuñado le dijo, por si no lo había captado: “Mire; es que me ha desaparecido la maleta en el vuelo, tal y como certifica este documento”. Pero, oigan, que ni caso. Que el funcionario australiano se relamió y le dijo: “¿Es usted consciente de que la multa por mentir en inmigración es de 10.000$ australianos (unos 6.500€)?

Mi cuñado, que no es que sea precisamente Mahatma Gandhi, ahí ya debió ponerse de color morado y estuvo un rato discutiendo con el funcionario aduanero. Cuando se dio cuenta de que aquello podía acabar malamente, solicitó la presencia de un superior. Por suerte para él, el supervisor (que acudió a ritmo de Koala con artrosis) no era tan subnormal como el agente y dejó que mi cuñado se fuera al hotel a lamerse las heridas que le había dejado la burocracia australiana en la espalda.

En fin. Que no consuela que haya bucles burocráticos también allende los mares, pero viajar no solo ayuda a quitarse el nacionalismo, sino a darse cuenta de que por muchas cosas malas que tengamos, a veces también fuera tienen lo suyo. Que pensamos que fuera de casa todo es mejor y más emocionante. Eso le pasó a mi hijo Carlillos, por ejemplo, en su primer viaje sin la familia cuando tenía 3 años; ¡a una Granja Escuela!.

No sé qué le habían contado en el cole, ni qué imaginaba él sobre el lugar al que le llevaban, pero sin que nos diéramos cuenta, metió en su equipaje algo que no formaba parte de la lista de necesidades. Cuando regresó de la Granja Escuela con su chorizo incomible, su ropa llena de churretes, un cenicero de barro y un pan más duro que una piedra, sacó de la mochila su pistola. Y con una voz entre aliviada y triste la soltó sobre el suelo de su cuarto: “Pues nada. No había leones”.

CARLILLOS DEJANDO LAS PISTOLAS POR LOS GUANTES DE HULK