NO DEJAREMOS A NADIE ATRÁS

Les sonará la frase. En los últimos años la hemos escuchado infinidad de veces y, con especial énfasis y dolor, durante el COVID, la Dana de Valencia y, más recientemente, tras el terrible accidente de Adamuz. Es una frase que suelen soltar los políticos cuando acuden raudos (bueno; a veces muy raudos no son) a los lugares de variadas catástrofes. Llegan ahí, pelean por coger el sitio bueno para la foto y, cuando las cámaras les están enfocando, ponen la mayor cara de pena de la que son capaces y sueltan la frase de rigor: “No nos vamos a olvidar de vosotros”, “vamos a ayudaros en lo que necesitéis”, “no os vamos a dejar solos” y la manida “no vamos a dejar a nadie atrás”.

MUY CRITICADA M.ª JESÚS MONTERO POR BUSCAR HUECO JUNTO A LOS REYES EN ADAMUZ

Y ojo, que no estoy diciendo que los políticos sean malas personas. Alguno habrá, pero la mayoría son gente normal que seguro que pasarán sus ratos malos tras ver el horror.

Simplemente es que pasan dos o tres días. Se van las cámaras. Se van los políticos. Y se quedan los familiares de los muertos volviendo a sus rutinas diarias con un agujero del tamaño del cráter de un volcán. Dándose cuenta de que lo que ha pasado es real. Que mamá, papá, el marido, la esposa, el hijo o la hija, el novio o la novia han muerto. Y no van a volver.

Y se quedan los heridos y sus familias en las soledades interminables del hospital. En las noches con mil cambios de medicamentos. En las esperas para la información con cuentagotas de la UCI. En las noticias malas. Y en las noticias pésimas. Y ahí no aparece ya ningún político para ponerte la mano en el hombro con cara de mucha pena. No. Ahí estás solo enfrentándote a las infinitas gestiones con los seguros, las tramitaciones de ayudas, las peticiones de declaraciones de discapacidades temporales o definitivas y dándote golpes contra el muro descomunal de la burocracia.

Digo esto porque probablemente muchos habrán visto esta semana la salida del hospital de Amalia Montealegre, una joven médico de Talavera que iba en el tren Alvia con destino a Huelva. Trabaja en Cartaya y anteayer solicitó el alta voluntaria para poder seguir su recuperación en casa. Porque le queda tela. Tiene fracturas en el fémur, sacro, vértebras dorsales, omóplato, clavícula… Le han reconstruido la oreja y el pómulo izquierdos y, sobre todo, sufre un estrés postraumático que, probablemente, le hace difícil terminar una noche sin despertarse varias veces. Amalia estuvo más de tres horas y media atrapada, consciente, hasta que la rescataron y cualquiera puede imaginar el espanto que debió vivir durante más de doscientos minutos traspasada por el miedo y por el dolor y viendo y escuchando a su alrededor el padecimiento y el desgarro inmediatamente posteriores a la hecatombe.

Pues ayer esta mujer salía del hospital y se quejaba, con mucha dignidad y mucha calma, de la falta de atención, de cómo han desaparecido aquellos que les dijeron que no les iban a olvidar y que iban a estar para todo. Y, de momento, dice Amalia que no están y que las víctimas, por ejemplo, tienen que negociar con diferentes instancias para recibir sus sesiones de rehabilitación o para obtener su tarjeta de aparcamiento para personas con discapacidad. Le dicen que van a tardar entre 6 meses y un año en dársela y ella, evidentemente, cuando la necesita es ahora. Dentro de 6-8-10 meses Amalia espera poder caminar sin ayuda.

Y es obvio que, si los políticos te dicen que no te van a olvidar, no se trata de que te tengan en sus pensamientos íntimos de buenas personas sensibles. No. De lo que se trata es de que gestionen eficazmente la tragedia para que estas personas, que han sufrido un calvario por lo que parece una gestión negligente de la infraestructura, puedan recuperar cuanto antes sus vidas.

LAS VÍCTIMAS PIDEN EN HUELVA QUE ALGUIEN ASUMA RESPONSABILIDADES

Pero ellos, por desgracia, están a otra cosa. Y, en el carajal de diferentes administraciones en el que vivimos, uno no sabe muy bien en quién tiene que cagarse. Porque para unas cosas es el gobierno central, para otras el autonómico, para otras el municipal y, para otras más, la diputación. Alguien que tenga el infortunio de enfrentarse a una situación como la de Amalia, tiene que montar una PYME para poder gestionar todo lo que se le viene encima. Y, mientras ella intenta sacar la cabeza entre la riada, los políticos están con su No a La Guerra, o con su Sí, pero No. Con las elecciones autonómicas habidas y por haber, con sus negociaciones para ver si ya por fin presentan los presupuestos generales del Estado o con si el bello Sánchez accede al apretamiento de la bolsa escrotal de algún partido nacionalista que quiere gestionar yo qué sé qué tramo autonómico de lo que sea.

Lo que espero es que a Amalia le hagan caso y que tenga más suerte que mi suegro, que en paz descanse. El abuelo de mis hijos tuvo un problema médico que le provocó una discapacidad permanente. Viendo que ya no iba a recuperar su vida normal, mi mujer y mis cuñados solicitaron la declaración de discapacidad para que mi suegro pudiera acceder a las ayudas para personas con dependencia. Tenía una discapacidad de un 80%. Después de más de dos años esperando alguna respuesta, mi suegro falleció el 16 de marzo de 2024. Unos meses más tarde, cuando casi se cumplían 3 años de la solicitud de ayuda, mi mujer recibió una llamada. Una señorita encantadora le daba la buena noticia de que al suegro le daban la ayuda para la dependencia. Podrán imaginar el corte que se llevó la pobre cuando mi mujer le dijo que su padre ya no necesitaba ninguna ayuda y que, lamentablemente, ya no dependía más que del Altísimo y de que San pedro hubiera decidido abrirle las Puertas del Cielo. Con la cantidad de gente a la que ayudó mi suegro, estoy seguro de que, en su día, San Pedro le dijo: “Pasa, Alfonso”. Y allí espero que lea hoy esta Cabra que le dedico.

ESTÁS TRIUNFANDO EN LINKEDIN

Imagino que les ha pasado. A mí, constantemente, me llegan mensajes en los que los del algoritmo de Linkedin deben pensar que, con las cosas que me dicen, me activan las meninges de la vanidad y la autocomplacencia. Además, lo personalizan; “Carlos, ¡estás triunfando en Linkedin!”. Como si fuese el empresario del mes, el periodista del año o el marido del siglo.

Aquí una prueba del tipo de emails que me mandan

Me hace gracia, pero, claramente, si mandan estos mensajes es porque hay gente que, inmediatamente, hace click para ver quiénes son los miles de seguidores que están bloqueando tu perfil ardiendo en deseos de conocer algo más de alguien tan interesante como tú. Claro que, con lo que, literalmente, me descojono es con este mensaje que me ha empezado a llegar hace un par de semanas firmado por una tal Christa.

Que si quiero ser portada como un empresario líder europeo e inspirador…

Es la editora de una revista prestigiosísima que me ofrece ser portada del ejemplar en el que reúnen a los 10 líderes empresariales más influyentes de Europa. Ahí, con dos ovarios, la tía. Debo reconocer que mi vocación empresarial es muy notable y que no me quejo de cómo me ha ido en los 21 años que llevo intentando producir por mi cuenta, pero no sé si sería un poco atrevido por mi parte considerarme entre los 10 más top ¡¡de Europa!! No sé siquiera si podría incluirme entre los 10 mejores productores del distrito de Fuencarral-El Pardo, que es donde tiene su sede La Nuez Producciones Audiovisuales, S.L.

Lo que pasa es que, si lees un poco más allá en el cuerpo del mail, te das cuenta de que esa consideración tan gratificante tiene sus cosillas. Por ejemplo, hay que pagar 2450 dólares. Es cierto que, por mis enormes méritos, me hacen un rebajón y no pagaría los 3500$ que, según me dice Christa, pagan los otros 9 superlíderes. Que no sé si los de la revista L’Espresso nos cobraron por poner al Superhéroe Sánchez como personaje del año en su portada, pero los de la revista de Christa, sí cobran. Y no son los únicos.

Hace unos años me llegó un mail en el que me anunciaban que me daban un premio como uno de los comunicadores más destacados de España. Y, hombre, no voy a decir que yo no sea un buen comunicador, pero, en aquel momento, estaba haciendo un programa muy modesto de seguridad vial en las mañanas de los domingos de TVE1. O sea, que no estaba en el listado de los 10 presentadores más deseados del país. Sorprendido, seguí leyendo y, para recoger el premio, tenía que ir a una cena en la que el cubierto costaba ¡¡400€!! Que dije; “coño, ya tienen que estar buenos los carabineros para que me cobren 400 pavos por una cena”. Y decliné Rosa-Rosae. Luego vi, con estupor, que varios compañeros míos sí habían acudido a recoger sus respectivos premios, imagino que previo pago de su importe.

Eso es, sin duda, porque todos los que nos dedicamos a esto tenemos nuestro tirito vanidoso. Unos más acentuado que otros. Yo, por ejemplo, desde enano tuve un cierto afán de protagonismo que me conducía a contar chistes y hacer el ganso en familia, con los amigos y, por supuesto, en el colegio donde llegué a imitar a varios profesores en el Salón de Actos. Creo, además, que aprendí a leer con 4 años para epatar a mis padres y a las amistades y, quizás, buscar el hueco de atención que te falta cuando eres miembro de una familia de siete hermanos. Recuerdo perfectamente a mis padres enseñándome a las visitas como un mono de feria leyendo en voz alta y de corrido muy profesionalmente. Y a mí aquello me encantaba. Supongo que de aquel exceso de atención y de los aplausos de aquellos días nació parte del periodista que soy hoy.

Pero no crean que lo de la vanidad es exclusivo de los que nos dedicamos a los medios. Recuerdo un profesor de la carrera que nos contaba que, en el siglo XIX, muy poca gente podía permitirse cosas como pagar una suscripción a un periódico y que había seres humanos que se hacían tarjetas de visita no diciendo abogado, notario o economista, no. Ponían: Manuel Gómez, suscriptor del “Mercurio Histórico y Político”. Que yo, ahora que lo pienso, podría hacerme unas tarjetas en las que pusiera:

Aquí la que sería mi tarjeta como ciudadano ejemplar para nuestro Rey

Y no estaría mintiendo. Es verdad. A mí, hace unos años, me pusieron como ejemplo para Su Majestad, el Rey Felipe VI. Es cierto que, entonces, no era SM y que, indudablemente, lo que yo recuerdo muy vívidamente, nuestro monarca no lo recordará en absoluto. Pero aquello me pasó.

Unos amigos de mis padres nos habían invitado a pasar un fin de semana largo en su casa de Sierra Nevada. Corrían los últimos días de 1973 y nosotros, malagueños que no habíamos esquiado en nuestras vidas, utilizamos los esquíes y las vestimentas de nieve que nos dejaron los encantadores Lasi y Chon Rodríguez Morazo y sus hijos. Uno de los días, fui a hacer la cola para coger un telecabina y me encontré justo detrás de la Reina doña Sofía (entonces Princesa de Asturias) y del Rey Felipe (que entonces era Infante de España). Felipe, que estaba a punto de cumplir los 6 años, debía estar cansado y pidió a los guardaespaldas que le llevasen los esquíes. Yo estaba justo detrás de ellos con mis tablas apoyadas en el hombro derecho y su madre le dijo: “No Felipe, las tablas las llevas tú, como hace este niño”. Imagino que, en aquel momento, me convertí en un ser odiado por el pequeño Infante, pero a mí me hizo ilusión porque debo reconocer que ni yo ni mis dos hermanos que me seguían en el orden dinástico de mi familia, éramos precisamente ejemplares. Recuerdo la voz dulce y firme de doña Sofía con un muy marcado acento extranjero que me sorprendió y recuerdo también cómo el pobre Felipe, que era muy pequeño, cogió sus dos tablas y, sin rechistar, se las puso al hombro y las estuvo cargando hasta que se sentó en la cabina.

PRACTICAR EL DELIRIO

Oigan; que no son uno o dos. Que, mirando los periódicos, radios, televisiones y redes sociales, en una sola semana ha habido varios dirigentes políticos que nos han dado la sensación de que han fumado cigarros de la risa o de que alguien les ha metido en el vaso de agua algún psicotrópico.

Empiezo por Donald Trump, que sigue generando material para que la película sobre su vida sea escrita por los guionistas de “Aterriza como Puedas” a medias con los de “Platoon”.

Claro, que tampoco está mal el fino humor de la Ministra de Igualdad, Ana Redondo, calificando a Pedro Sánchez como “el superhéroe de la paz, de la democracia, de los derechos y del feminismo” (sic). Y esto no era una coña entre amiguetes acabando una cena mamados como piojos. No. Es un discurso real de una Ministra del gobierno de España en un mitin de la campaña electoral del PSOE en Castilla y León.

El delirio se amplía porque, animado por semejantes elogios, el superhéroe, esta semana, ha presentado su oficina del Hodio invitando, como víctima del odio, a Sarah Santaolalla, una de las tertulianas más agresivas y despectivas con todos los que no opinan como ella. Claro que, como todos los que no opinan como ella son fascistas, no pasa nada. Porque, parece obvio que en esta oficina del Hodio no se va a perseguir a los que odien a los fascistas, y eso que los fascistas somos un 60-70% de la población española. Más o menos todos aquellos que no pensamos exactamente igual que Pedro Sánchez y los socios que le mantienen en ese gobierno tan frágil.

Para seguir con el delirio, según informan los sindicatos policiales (no he encontrado manera de confirmar si la noticia es cierta), el Ministerio del Interior le ha puesto una escolta a Sarah Santaolalla. Ojo, que, por supuesto, me solidarizo con el miedo que pueda sufrir la analista política por lo que le dicen en redes sociales o por la pintada amenazante que hicieron unos descerebrados en una tapia del cementerio de la Almudena de Madrid. Pero si nos ponen escoltas a todos a los que nos han amenazado de muerte en redes, tendrían que venirse a España de nuevo los 100.000 hijos de San Luis para ayudar.

En fin, que se me acaba el folio y quiero volver al principal “delirador” de nuestros días, que es Donald Trump. Porque este hombre, al mando supremo de una de las mayores potencias del Planeta, continua cada semana viviendo como si fuera el presentador de un reality show en el que lo mismo aprieta el botón de “Matar a Jamenei”, que el de “Expulsar Inmigrantes” aunque hayan nacido en el mismo Wisconsin, o el de “Rezar muy fuerte” junto a varios pastores y líderes religiosos cristianos. Y todas estas cosas las va trufando con declaraciones delirantes en las que se siente brillante y gracioso y en las que, hablando de operaciones militares, del orden mundial, de las bolsas y de los muertos, va haciendo chistes o va diciendo que no hay nadie en el mundo que sepa más que él de lo que sea.

Y a mí, como dije el otro día, no me molesta mucho que Trump se haya cepillado a Jamenei, lo que creo que debería preocuparnos es que haya un líder mundial, con botón nuclear en la mesilla de noche, que se mueve por el mundo como si fuese un enorme rancho de su propiedad. Y podemos estar relativamente tranquilos porque, hasta el momento, como todos los abusones de colegio, Trump no se ha metido con los que son de su tamaño. El presidente de EEUU hasta ahora ha tocado muy levemente las pelotas a los líderes de Rusia y de China. A ambos sátrapas les da un poco de pena lo de Venezuela e Irán, pero tampoco se van a poner a disparar al bueno de Donald que es un autócrata como ellos, aunque llegara a la Casa Blanca con el apoyo de más de la mitad de los votantes estadounidenses.

Otra cosa mala es que, como Trump siga con esa deriva autoritaria, en la Meca del cine van a tener que cambiar el final de infinidad de películas en las que los verdaderos norteamericanos eran los buenos, los hombres y mujeres llenos de valores democráticos, aquellos que defendían a los más débiles en el colegio, los que apoyaban las causas justas o los que estaban junto a las víctimas del racismo. Hoy, ¿quién se creería eso? Teniendo, como tienen de presidente al prototipo de chulo matón de colegio, tendrán que hacer, yo qué sé, una versión nueva de Karate Kid en la que el joven italoamericano Daniel LaRusso acaba con dos fracturas abiertas de tibia y detenido por los ICE. Y, para rematar, el tramposo Johnny Lawrence (con rubio flequillo trumpesco) ganaría el combate y se llevaría a la chica a dejarla embarazada para luego abandonarla y expulsarla del país por tener antepasados griegos.

EL LADO CORRECTO

Pues como me suele pasar, ni una cosa, ni la contraria. Vi ayer el discurso de Pedro Sánchez y, oigan, pues ni estoy totalmente de acuerdo con los que le han puesto a parir como un irresponsable que nos coloca a los pies de los caballos, ni entiendo tampoco al coro de palmeros que aplauden cualquier cosa que diga o haga Pedro el Hermoso en su majestad sin par.

Para empezar; ¿quién puede no estar de acuerdo con su deseo de “NO A LA GUERRA”, que me recordó, en boca del Presidente, al “Paz pa’ tós” de Gomaespuma? Pues claro que todos queremos la paz y que no haya hambre en el mundo y que deje de haber gente que mata y muere por motivos territoriales, religiosos o económicos. Otra cosa es cuando, lo que sucede, es que uno de tus socios, una democracia liberal como la nuestra, por muy poco que nos guste Trump, está pidiendo ayuda para enfrentarse a una dictadura teocrática brutal y muy cruel.

Los Ayatolás llevan décadas masacrando a su pueblo, subyugando a las mujeres con una violencia inusitada, ahorcando a homosexuales y disidentes y financiando organizaciones terroristas y milicias asesinas en gran parte de su zona de influencia. Y, podemos creer o no al gobierno Trump, pero se supone que estaban en el camino de fabricar un arsenal de armas nucleares. Que puede que esto sea como aquellas armas químicas de Saddam Hussein. No lo sé. Lo que sé es que el difunto Jamenei y su tropa son de lo peor que uno puede encontrar entre los lideres de todo el mundo y, honestamente, no me parece mal que esté criando malvas.

Desde mi punto de vista, si vas a tomar decisiones como las que está tomando Sánchez y tienes un gobierno tan frágil como el que preside, tu obligación es ir al Parlamento de tu nación y, antes de hacer nada, al menos escuchar lo que tienen que decir los partidos de todo el arco parlamentario. Y no solo el partido de la que te susurra al oído en los bancos azules del Congreso. Porque, si no escuchas al resto de representantes de todos los españoles, incluso a tus socios europeos ¿cómo sabes que estás en el lado correcto de la Historia?

Porque, hasta ahora, quien te está diciendo que estás en el lado correcto de la historia, no es una analista internacional, ni una intelectual famosa por sus 17 ensayos sobre Historia Universal y Análisis Político, ni una dirigente política jubilada después de liderar durante años un gobierno y presidir diversas empresas e instituciones. No. Es una respetadísima actriz. Pero darle valor a lo que diga Susan Sarandon por ser una estadounidense contraria al partido Republicano es un poco rollo “Bienvenido Mr. Marshall”, aquella peli en la que los vecinos de un pueblo de Castilla La Vieja recibían a los americanos con alegría, aunque luego pasaran de largo sin hacerles ni puñetero caso.

Vaya; es como si ponemos el lado correcto de la Historia en función de lo que digan en un discurso Carmen Machi o Ana Belén. Que son magníficas actrices, pero no tienen por qué tener una mayor o mejor capacidad de analizar la geopolítica que mi madre, mi Santa Esposa o alguna de mis hijas, mujeres, todas ellas, formadas y muy inteligentes.

Pero ahí estaba ayer nuestro presidente del gobierno, con esa cara que pone de Boy Scout que acaba de hacer su buena acción del día, diciéndole al mundo que España estaba en el lado correcto de la Historia porque se lo dijo una actriz yankee que tiene un Óscar y todo. ¿Sabía lo que opinaban el resto de líderes de las fuerzas políticas? No. Imagino que se sentó con su grupo de aduladores profesionales (es sabido que, en Moncloa, de toda la vida, con todos los gobiernos que yo he conocido, quien discrepa sale con los pies por delante) les propuso hacer ese discurso y apostaría a que alguno y alguna pues hasta estaría a punto de llegar al orgasmo. Que alguien tan guapo te diga frases tan bonitas, tiene que llegar muy dentro.

Pero esto del lado correcto de la Historia es más que discutible. Pongamos como ejemplo la manera en la que los Aliados, en 1945, terminan con el régimen nazi. Ahí estaban, todos a una, democracias liberales como Reino Unido, Francia o Estados Unidos, junto a dictaduras bolcheviques como la URSS. ¿Eran los soviéticos el lado correcto de la Historia? ¿Fue lo correcto tirar dos bombas atómicas sobre la población civil japonesa en Hiroshima y Nagasaki? ¿Debieron entrar los aliados en Berlín arrasando militares y civiles y todo edificio en pie como hicieron? ¿O debían haber tenido en cuenta que iban a morir mujeres, ancianos y niños y no solo soldados del Tercer Reich? Pues seguramente, si nos ponemos en plan seguidores de Baden Powell o de la “No Violencia” de Mahatma Gandhi, diríamos que no. Pero, en aquel momento, se trataba de aniquilar a la bicha, aunque, para destruir a Hitler y a su ejército hubiera que llevarse por delante hospitales, escuelas y viviendas llenas, sin duda, de personas inocentes.

Y, en este momento, ¿Es el lado correcto de la Historia una dictadura teocrática que ha matado a cientos de miles de personas en los últimos años? ¿Es el lado correcto un país en el que la mujer está subyugada, reprimida y amenazada de muerte si, por ejemplo, no se coloca bien el Hiyab? ¿Es el lado correcto una teocracia en la que las mujeres son consideradas seres impuros, de segunda clase, cuyas vidas valen exactamente la mitad que las vidas de los hombres? Y eso no es una manera de hablar; es lo que ocurre cuando hay que indemnizar, por ejemplo, en caso de accidente.

Pero en la Gala de los Goya, que fue donde la Sarandon coronó a Sánchez como paladín de la Paz Mundial, no vi ni una sola chapa pidiendo el fin de la dictadura iraní, que se vaya Hamás de Gaza, rechazo a burkas y velos, ni a dictaduras que no sean las que escoge no se sabe muy bien quién. Porque supongo que alguien habrá que decide el eslogan de cada Gala, que paga las chapas y se encarga de dar la ídem a los que llegan para que se las pongan. Y, si no te la pones, pues igual ya no eres tan guay como los demás. Por eso ayer le pedí a la IA que me hiciera algo imposible; una foto de un actor en la alfombra roja de los Goya con chapas variadas de todos los conflictos que podrían provocar una oleada de protestas. Y ahí están el “No al Burka” junto al “No más Misas” que le gustaría a Silvia Abril, el “Israel Genocida” compartiendo pecho con el “Fuera Hamás” o el “No al Fascismo” junto al “No al Comunismo”. O chapas pidiendo la paz en Sudán o Yemen, que Putin se retire de Ucrania o que haya democracia en Venezuela. Pero no sé por qué me da que se iban a quedar en el cesto, sin ningún pecho que las luciera, la mitad de las chapas que están, como diría Susan, en el lado incorrecto de la Historia.