EL CANSINISMO

Hay cosas que uno acaba creyendo que son ciertas a base de repetirlas mucho. Últimamente, el mejor ejemplo es el “Espanya ens roba” (ahora “ens caça”) de Artur-Jabalí-Mas, pero ha habido muchos en la Historia; “los judíos nos roban” en la Alemania de los años 30, “Caudillo por la Gracia de Dios” en España durante 40 años, “hay armas químicas en Irak” de Aznar-Blair-Bush en 2002-03, “no hay crisis, sino desaceleración”, durante 4 años con ZP y “la Iglesia tiene muchos privilegios en España”, que es algo que llevo oyendo desde que tengo uso de razón y ahora está muy de moda.
Lo digo porque tanto PSOE como Ciudadanos, parece que van a llevar en sus programas electorales la desaparición de la asignatura de Religión de la enseñanza. Y para defender tal idea, no se argumenta únicamente con razonamientos como el del Estado laico, sino que se introduce, cada vez que se habla del tema, el mantra ese de que la Iglesia tiene muchos privilegios en nuestro país.
Es cierto que hay un Concordato de nuestro Estado con la Santa Sede y es verdad que, en la Constitución, hay una referencia expresa a esos acuerdos con la Iglesia Católica. Y pudiera parecer que todo eso es consecuencia de unas maniobras oscuras del Vaticano para mantener el Poder de Dios en la Tierra. Y, desde mi punto de vista, no tiene nada que ver con esto. Es lógico que, en nuestra Carta Magna, se hable de la Iglesia Católica y no de Islamismo, judaísmo o hinduismo, porque la presencia que estas religiones tenían en nuestra sociedad en 1978, era ínfima por no decir que inexistente. Pueden argumentar muchos que la Guerra Civil y el Franquismo colocaron a la Iglesia católica en una posición hegemónica que hoy ya no tiene.
Siendo discutible el origen de esa posición, siendo criticable cómo la Iglesia Católica llegó a acumular, durante siglos, las riquezas que posee, el único hecho cierto hoy, en 2015, es que la Iglesia tiene unas ventajas frente a otros cultos, a cambio de aportar mucho al Estado. Muchísimo.
No oigo a ninguno de esos que se quejan de que la Iglesia no pague IBI, recordar que el Estado del Bienestar que hoy tenemos sería absolutamente insostenible sin el apoyo de la Iglesia. La Cooperación, la ayuda al desarrollo, la educación, la sanidad, la asistencia social, la ayuda a los más pobres, el cuidado de los ancianos quebrarían sin la ayuda que ofrecen miles de instituciones religiosas que dependen de nuestros obispados. Eso por no hablar de la Cultura. ¿Cuántos museos, iglesias, salas y Teatros tendrían que cerrar si no estuvieran soportados por la Iglesia Católica?
Me hizo mucha gracia el otro día en el debate que montó Jordi Évole en Salvados, uno de los momentos en los que Albert Rivera dio un uppercut dialéctico al pobre de Pablo Iglesias. El líder de Podemos, que ha debido dormir malamente esta semana, se quejaba de que la Iglesia no pagase IBI y el líder de Ciudadanos le respondió que, por supuesto, pero que también debían de empezar a pagarlo partidos políticos y sindicatos. Coño; no sé ustedes, pero no tenía yo ni idea de que estas agrupaciones estuvieran exentas de tales pagos. Y no me voy a poner, en plan cínico, a preguntarme si partidos y sindicatos merecen esa prebenda, pero desde luego sí defiendo que, si ellos no pagan, desde luego la Iglesia también merece estar exenta.
¡Caramba! Me está saliendo una Cabra que parece que opto a un obispado, pero juro que no se trata de eso. Es que se me llevan los demonios (muy apropiado hablando de Religión) con estos clichés que impiden a la gente algo tan sencillo como hacer cuentas. Porque si a un amigo de esos furibundos anti-católicos le dices esto de que la Iglesia aporta mucho, te salen con que el origen de esa riqueza es bastardo, con Franco, el brazo incorrupto de Santa Teresa, la desamortización de Mendizábal y acabamos hablando de los Reyes Católicos. Y a mí me da perezón.
Lo que pasa es que estos que repiten las cosas como un mantra para acabar creyendo que son ciertas, me recuerdan al dueño de un supermercado que hay cerca de mi casa en Chiclana. Este comerciante piensa que, por el hecho de poner un cartel diciendo algo, ya está eximido de cumplir las normas. Es como si alguien pusiera en un cartel: “se les advierte de que, en esta tienda, cobramos más dinero a las señoras rubias de bote”. Asumo que las rubias del país denunciarían semejante atropello. Pues parecido es el papelito, que acompaño en fotografía, y que anuncia en este supermercado que, si durante la compra, se te cae algo y lo rompes, lo tienes que pagar al pasar por caja. Ignoro qué dice la ley del comercio al respecto, pero, vamos, si algún día (Dios no lo quiera) rompo un bote de melocotones en almíbar, como mucho, ayudaré a limpiar los restos. Ahora; como el dueño me pida que le pague la mercancía, doy por sentado que acabamos en el cuartelillo.
CARTEL PRE HOSTIAS

LA MALA CONCIENCIA

Sé que este Papa no cae muy bien a todo el mundo. Entre mis amigos más conservadores, cuando hablan sobre Francisco, siempre hay un soniquete como irónico, un deje de desprecio, un aire de poco respeto que les lleva a decir cosas como “Sí; es un Papa muuuuy simpático”. Que a mí me choca muchísimo porque, cuando yo me hartaba de criticar a Juan Pablo II (q.e.p.d.) o a Benedicto XVI, llegaba un punto en el que se cerraban las discusiones con el contundente: “Pues oye, es tu Papa y así es la Iglesia Católica; si no te gusta, te vas”. No sé dónde se les ha quedado esa disciplina jerárquica porque a muchos no les gusta un pelo lo que dice, ni lo que hace, este Sumo Pontífice.
Y yo, qué quieren que les diga, con sus fallos, con sus equivocaciones, con algunas cosas que me hacen no estar de acuerdo con él, este Papa me gusta mucho. Creo que ha venido a darle un tantarantán a mi Iglesia, a hacerla más humana, a acercarla más a los que sufren y a quitarle a la Curia ese aire de naftalina que hacía que miles y miles de fieles mirasen hacia otros lados. Pero, por encima de todas las cosas, lo que más me gusta de Francisco I es que, teniendo como tiene un cargo a medio camino entre Dios y la política fina, no es un político tradicional. Digo esto porque ayer leía la noticia de que, de nuevo, el Papa ha pedido perdón por los desmanes de la Iglesia. Si hubiera sido un Papa normal, un político normal, habría tenido anteayer a 25 asesores, analistas, politólogos y expertos en diplomacia que le habrían dicho: “Santo Padre, por Dios (no sé si esto se le puede decir a un Papa), no vuelva con eso, que ya hemos pedido perdón setenta veces y es remover la basura”. La mayor parte de los líderes políticos del mundo están convencidos de que los problemas desaparecen si uno deja de mirarlos. Y así gobiernan. Sus asesores, sus medios de comunicación y sus equipos, al dejar de mostrar la caca, piensan que ya no hay truño, aunque en ocasiones el hedor lo tengas metido en tu cama.
¿Quién se acuerda hoy de los refugiados? Por lo que veo cada día en las portadas de los periódicos y escuchando a nuestros políticos, pareciera que es un tema resuelto y que la emergencia humanitaria de hace unas semanas se ha acabado y que ya no hay hambre, ni frío, ni desesperación de miles de personas por huir del espanto de la Guerra.
¿Quién se acuerda hoy de Aylan Kurdi? Es que probablemente a botepronto a muchos ni les suene el nombre de este pobre niño cuyo cadáver tirado en una orilla removió las conciencias del mundo civilizado. Los desheredados del planeta, los que menos fuerza tienen, necesitan a alguien que ayude a mover esas almas dormidas, a despertarnos y ver que, aunque haya riesgos en la acogida, tenemos que ayudar a los refugiados. Es que con la excusa de que puede que vengan yihadistas infiltrados, está desapareciendo de nuestra conciencia el problema, pero está ahí. Por desgracia, vivo. Lo malo es que, en medio del empeño del Papa por no olvidar a los más necesitados, salen algunos de los suyos y abren una vía de agua. No entiendo que el arzobispo de Valencia, el cardenal Cañizares, no midiera ayer sus palabras al decir que, entre los refugiados, puede esconderse un “caballo de Troya” o abriendo interrogantes en su discurso como “¿Son trigo limpio?”, “¿dónde quedará Europa dentro de unos años?”. Son preguntas nada inocentes que, a los que dudan si acoger a estas personas, les deja muy tranquila la conciencia porque, claro, “si lo dice un arzobispo”… Y yo no estoy hablando de ser Peter Pan y no querer ver el riesgo. Es que no podemos olvidarnos de que hay gente sufriendo de verdad. ¿Imaginan qué habría pasado si, cuando nuestra Guerra Civil, algún país se hubiera negado a aceptar refugiados diciendo que entre ellos podría haber terroristas anarquistas o comunistas y delincuentes comunes? Estoy seguro de que, entre aquellos trenes, barcos y columnas de gente caminando, habría algún hideputa, pero la mayoría de los que huían eran personas desesperadas por el horror, por el hambre y por la crudeza de la intemperie. Y eso, pasados ya casi 80 años, pues se nos ha olvidado. Y nos puede el miedo. Y disculpo que nos pueda el miedo a los ciudadanos normales, pero no a los políticos, ni, mucho menos, a un hombre de Dios como es Cañizares, que hoy debería tener mala conciencia.
Cuando pienso en la gente con buena y mala conciencia me acuerdo siempre de mi abuela Julia. Era una de las mujeres más buenas que he conocido, y una abuela adorable, pero alumbró 13 hijos y la única manera que tuvo de educarlos bien fue ser una madre muy estricta. Mi madre siempre contaba que, cuando eran pequeños, si uno se la cruzaba por el pasillo y se tapaba como temiendo un coscorrón la abuela decía: “Si por algo me temes, es que algo me debes” y, basándose en esa supuesta mala conciencia, te arreaba un pescozón o te daba una colleja.
Estoy seguro de que Francisco, jamás se habría llevado una colleja en aquellos pasillos. Ahora, Cañizares, si se hubiera cruzado ayer con mi abuela se habría ido a dormir con la nuca más colorada que un pimiento morrón.

LAS PERVERSIONES

No teman mis lectores más pacatos, que no voy a hablar de marranadas. Bueno. O sí; que al final de esta Cabra les tengo preparada una sorpresa que algo marrana sí que puede ser. Pero yendo al título, cuando digo perversiones no pienso en la zona inferior a la cadera, sino en nuestros políticos. Me refiero a la habilidad con la que algunos políticos pervierten el lenguaje y la realidad para que, en vez de una oblea, nos traguemos en la Comunión una rueda de molino del tamaño de un todoterreno. Y, en eso, como en todo, hay unos que lo hacen mejor y otros peor. Un buen político es aquel que, después de haber oído 70 veces junto a ti la canción de Roberto Carlos, consigue convencerte de que el gato es rojo y está contentísimo. El mal político es el que, cuando te dice eso, piensas; este tío es gilipollas. Y en los últimos tiempos tenemos un montón de ejemplos. Rajoy y parte de su gobierno y su partido dejando claro que el que se devuelvan pagas, Moscosos y otras cosas a los funcionarios no es una medida electoralista. Pablo Iglesias intentando convencernos de que los leninistas amables, en menos de un año, han devenido poco menos que en demócrata-cristianos. Mas asegurando que el que se le llame a declarar por incumplir la Ley es una merma de la democracia. O el Presidente del CGPJ diciendo, en ese mismo acto, que la justicia no está politizada.
El político suele estar tan rodeado de pelotas que le cuentan milongas que acaban pensando que los ciudadanos somos imbéciles. Y a veces, la verdad, parece que lo somos, pero por lo general, tarde o temprano, nos acabamos dando cuenta de que nos la quieren dar con queso. Y, cuando el político y su entorno se topan con la realidad, sufren una estupefacción ilimitada. Pongo el ejemplo de la ex mujer del ex alcalde de Marbella, Julián Muñoz. Está en prisión y, el otro día, salía por la tele su abogado diciendo literalmente: “Maite siente que está sufriendo un auténtico escarmiento”. ¡Caramba!, ¿y qué se creía? Es que algunos, y los políticos forman parte de esos algunos, se convencen de que no pasa nada por meter la mano en la caja, por llevarte a casa bolsas con billetes de 500, por colocar a los cuñados, por darle una obrita a tu colega, o por montar una empresa con testaferros, otorgarle contratas y forrarte, que, total, quién se va a enterar. Muchos han mostrado piedad, lastima o empatía con Julián Muñoz, al que hemos visto, en estos días, demacrado y hundido en el juzgado. Yo no le deseo a este hombre ningún mal. Pero creo que esa imagen debe mostrarse para que los políticos y los malos en general vean lo que castiga la cárcel. Que no es una broma. Que si robas, la cagas. Otra cosa es que yo tenga la sensación de que este ex alcalde de Marbella se esta comiendo todos los marrones que no se han comido otros muchos. Es el cabeza de turco. Que se vea que hay justicia y si, en el trayecto, algún otro se nos escapa pues bueno, qué se le va a hacer.
Esa estupefacción de Maite Zaldívar es similar a la que está sufriendo Pablo Iglesias después de la leche que se dieron en Cataluña. Iglesias es otro que está rodeado de pelotas en modo “máxima laudatio” y es de esos que, no sólo te convencen de que el gato es verde y alegre, sino que, además, te asegura que es un perro. Oye; es que lo hace tan bien que le oyes maullar diciendo guau. Este vendedor de elixires era un comunista convencido hasta hace un año y pico. He visto vídeos y he leído escritos y diversos programas y pre-programas de Podemos y pre-Podemos que me provocaban un grave erizamiento de los pelos de la nuca. Porque el comunismo, no sé por qué, tiene mucha mejor imagen que el fascismo, pero yo, cuando oigo a los políticos de ambos ismos se me encoge el estómago y alguna cosa más.
Lo único que diferencia a los tiranos comunistas de los tiranos fascistas es el camino para llegar a la tiranía. El fascista tiene claro desde el principio que debe ser él, y nadie más, el que conduzca al pueblo por el buen camino porque, sin su guía, los pobres, están perdidos. El comunista va de otro rollo; que si el proletariado, que si decidimos entre todos, que si las asambleas, pero luego llega un momento en el que se dan cuenta de que nadie como ellos para liderar el proceso y notan lo que molestan los que no opinan como tú. Y empiezas a desacreditarles y, si con eso no es suficiente, los encarcelas o, directamente, te los cepillas. Que es más barato y ayuda mucho más a infundir pavor, que esa es la base de funcionamiento del fascismo y el comunismo. Y como los de Podemos ven que el comunismo da miedito pues ahí están en un viaje hacia la moderación. Ya no hablan de guillotinas, ni de asaltar el Parlamento, ni de expropiar a los ricos, ni de un sueldo para todos. No. Ahora Pablo Iglesias pretende ir de demócrata de toda la vida y han edulcorado tanto su mensaje que, en Cataluña, los más radicales de izquierda le han dicho: que te den. Y de ahí su estupefacción; que ve que el muchacho de naranja ha hecho calar su mensaje mejor que ellos y por eso a Albert Rivera le llueven golpes desde Podemos, PP, PSOE, CDC, ERC… Igual es que están haciendo algo bien.
Y por cierto, les había prometido una marranada para el final. Bueno, más que marranada, para mí es una sorpresa mayúscula. Es un cartel de publicidad de una clínica ginecológica que me encontré el otro día en un aparcamiento público de Málaga. Un cartel de casi dos metros por uno. El título más gordo hay que reconocer que es jugoso, porque anuncia la “Ampliación del punto G”, pero no se pierdan el resto de imaginativos tratamientos que propone el doctor para el aparato reproductor de la mujer. Lo mejor fue el comentario de uno de mi equipo al ver semejante publicidad: “¿Pero qué coño es esto?”
Pues eso.
Versión 2

LA LEY

Me van a perdonar que me ponga pesadito. Uno de los hombres que mejor me conocía, Jesús Hermida, tardó muy poco tiempo en calarme cuando empecé a trabajar con él. Yo, cuando tengo algo claro, soy así como insistente, tenaz, pesado, vamos; lo que se conoce como un coñazo supino. Un día en el que el pobre Jesús debió tener que escucharme decirle algo unas siete veces, me soltó: “Filfilito, hijo, eres un sinapismo”. Yo, lamentablemente, entonces no conocía la existencia de esta palabra, pero, asumiendo que algo bueno no era, disimulé, puse cara de póker y me fui al diccionario de la RAE a buscar la definición. La primera acepción habla de una cataplasma hecha con polvo de mostaza, la segunda era la mía: “2. m. coloq. Persona o cosa que molesta o exaspera.”
Pues a mí los nacionalistas en general y los catalanes, en particular, me parecen un sinapismo. Y yo otro hablando de ellos. Pero es que lo que ha sucedido tras la llamada a declarar como imputado de Mas y sus cómplices por la patochada de la consulta aquella, es un síntoma de lo enferma que está la situación. Aquí hay unos líderes políticos que saben que hay una cosa que no se puede hacer. Y no sólo la hacen, sino que aseguran que no están transgrediendo la ley, porque tienen razón y responden al mandato de un pueblo. Tócate los compañeros. Esto es lo que forma parte del delirio del que hablaba en la Cabra del lunes. Hay unos dirigentes que se empeñan en mostrar a su ciudadanía una realidad pervertida a través de las escuelas y de unos medios de comunicación entregados a la causa. Y los medios de comunicación y las escuelas, bien utilizadas, pueden llevar a los pueblos a delirar en común. De eso se sabe mucho en países que han pasado por el totalitarismo como Alemania, Rusia, Chile, Cuba… o incluso España, hasta hace bien poco. Y lo de los medios, en Cataluña y en democracia, se ha hecho a conciencia y desde hace mucho tiempo.
Esto no me lo ha contado nadie; me pasó a mí. Hace 17 años acudí al estreno de un programa de Ramón Pellicer en TV3. Cuando llegué, Ramón me dijo que me haría primero a mí una entrevista y que luego habría un debate sobre la Telebasura. Yo entonces presentaba Impacto TV y, en aquellos tiempos, aquel programa se consideraba lo peor y se iba a hablar de lo que en catalán se conoce como “Tele Escombrería”, que hay que reconocer que suena mucho mejor que en español.
La cuestión es que Ramón me anunció que me iban a poner un pinganillo para que pudiera entender durante el debate a aquellos que me hablasen en catalán. Lo que no me dijo es que la entrevista iba a tener la descortesía de hacérmela en una de las dos lenguas co-oficiales en Cataluña. Cuando me hizo la primera pregunta en catalán flipé. No tengo nada en contra de los que hablan en otras lenguas y creo que hay reclamar el derecho y la obligación de defenderlas, pero no hasta el absurdo de que se me haga una entrevista en Barcelona en catalán y no en español. Que esa es otra; el absurdo de que el español, en España, se tenga que llamar castellano. Somos el único país del mundo en el que nuestro idioma no se llama español.
Pero me desvío; a lo que voy es a que no le dije nada a Ramón, porque es un encanto de tío y estaba estrenando programa, pero estuve a punto de saltar durante el debate. En plena refriega, un señor del público empezó a discutir conmigo y, de manera instintiva, dejó de hablar en catalán y empezó a hablarme en español. Al instante, Ramón le cortó y le dijo en catalán: “Carlos tiene traducción simultánea, así que, por favor, háblele en catalán”. El pobre señor se quedó cortadísimo, igual que yo, y continuó en catalán. Al terminar el programa, después de darle la enhorabuena, le dije a Ramón lo que pensaba sobre el asunto del uso del catalán y me dijo que eran órdenes estrictas; si alguien sabe hablar en catalán debe hablar en catalán.
Probablemente alguien me tache de exagerado, pero estas cosas son las que acaban convirtiendo esto en un problema. Esas son técnicas de países totalitarios. Igual que se decide eso, se va contando en cada informativo, en cada programa, en cada libro, en cada radio, una realidad pervertida en la que, por poner mi ejemplo, nadie habla en español, o en castellano, si lo prefieren. Y esa realidad pervertida es la que conduce a que haya media Cataluña cercana al delirio, convencida de que no pasa nada por saltarse la Ley y que, si alguien va a por ti por ello, es porque es un anticatalán cabrón.
Pues yo, qué quieren que les diga, cuando salen estos listos que hablan de tener cuidado para no generar mártires por la causa nacionalista, me acuerdo de cuando se empezó a ir a por los concejales de Herri Batasuna y a por todo el entorno de la banda. ¿Cuándo se acabó ETA? Cuando se fue a por los hideputas que les conseguían dinero, cobijo y coartadas políticas, sencillamente, porque transgredían la Ley. Obviamente no es lo mismo, porque en Euskadi hablábamos de asesinos y sus cómplices, pero, en el fondo, es igual; es gente que cree que un sentimiento nacionalista es lo suficientemente noble y bueno como pasarte la ley por ahí mismo y que no tenga consecuencias. Y, si a tu lado en la manifa hay un montón de gente, estás súper legitimado para hacerlo porque “El pueblo está conmigo”. Lo malo es que, en democracia, el pueblo está contigo o no está contigo en las urnas. Y, majos, lo que os dijeron el domingo las urnas, creo yo, es que dejéis de dar la brasa. Aunque sea un ratito.

LA FUERZA DEL DELIRIO

No sé ustedes, pero yo estoy hasta el mismísimo relleno de la bolsa escrotal del tema de Cataluña. Y perdón por el rebuscamiento, pero no quería ponerme grueso nada más comenzar la Cabra del “retonno” después de más de dos meses de vacaciones. Es que, en tres años escasos de Cabras, es la tercera vez que escribo sobre el resultado de unas elecciones autonómicas catalanas. Y en todas Artur Mas buscaba un resultado definitivo que le diera fuerza para plantear lo que entonces llamaba “el reto soberanista” y ahora ya, sin caretas, la independencia de Catalunya.
Porque hoy la pregunta es ¿Y ahora qué?
Yo creo que daban igual los resultados. Hoy, hubiera pasado lo que hubiera pasado, yo tenía claro que Mas i amics iban a estar exultantes. Dejan sus partidos (hechos una braga, en el caso de CiU) y montan una plataforma que se llama “Junts Pel sí” para conseguir una mayoría absoluta que pusiera el primer escalón de la independencia. Y se han quedado a 6 escaños de la mayoría absoluta. Y no sólo eso; hay un millón novecientos y pico mil catalanes que han votado a los independentistas y dos millones y pico mil que han dado su voto a los que no quieren que Cataluña se vaya de España. El batacazo a mí me parece mayúsculo, después de la que han montado. Pero están contentísimos porque, si los 62 diputados de JPS se suman a los 10 escaños de la CUP (Candidatura d’Unitat Popular), podrían tener esa mayoría absoluta.
Pero claro, ahora hay que salir del delirio de los últimos meses y bajar al terreno. Porque en el “Junts Pel Sí” conviven un tío tan facha como Artur Mas (derecha tradicional-burguesía catalana de toda la vida), con unos izquierdistas vestidos de seda como los de ERC. Pero es que, para tener esa mayoría absoluta, el facha de Mas tendría que pactar con los de la CUP, que son comunistas vestidos de comunistas y que ya anoche decían que, desde hoy, la legalidad española debía ser desobedecida y que pasaban kilos de votar la investidura de Mas.
O sea que se nos viene encima otra temporada de hastío. Yo puedo jurar que tengo un absoluto respeto por aquellos que no sienten como yo y que defienden que la suya es otra bandera y el suyo es otro país. Pero, en estos tiempos del delirio de Mas, se ha ido abriendo una brecha que yo no sé muy bien quién, ni cómo, ni cuándo se va a cerrar. Porque, tras años de una educación sesgada, de unos medios de comunicación cómplices del delirio y de repetir como un mantra mentiras como que “Espanya ens roba”, Artur Mas, Jonqueras, Romeva y otros cuantos han conseguido que la mayoría de los españoles estemos hartos. ¿Cuántos de ustedes escucharon ayer la frase de: “Pues que les den” o “qué coñazo”? Yo unas cuantas veces y en varios foros diferentes.
Ayer estuvimos mi mujer y yo en misa de 8 en nuestra parroquia. El que oficiaba era el Padre Eduardo, un fraile de los Sagrados Corazones que no es muy convencional, pero que siempre dice cosas que te dejan reflexionando. Comenzó la ceremonia pidiéndonos que pensásemos en una persona a la que no queremos bien, a la que no tragamos, de esas que te ponen nervioso y que hiciéramos el esfuerzo, por unos segundos, de intentar aproximarnos mentalmente a ellas. No se lo van a creer, pero yo, que sabía que a esa hora se cerraban los colegios electorales en Cataluña, pensé en Artur Mas. Creo que no soy el único que piensa que este irresponsable, este psicópata de la política, ha fracturado Catalunya y ha conseguido que hoy en España haya cada vez más gente que lo que dice es: “coño, pues que se vayan”.
A mí, siendo sincero, tampoco es que me mate la pena pensar en que Cataluña se independice. Sí es cierto que me da impresión y estoy seguro de que tendría consecuencias malas tanto para ellos como para nosotros. Pero pienso en que tendría que ir a Cataluña como voy hoy a otros países y no se me altera ni un músculo. Sólo me entran ciertas dudas cuando me acuerdo de buenos amigos que se sienten españoles y que, probablemente, pasarían días amargos, pero también opino que lo que está sucediendo es, en parte, culpa suya. Creo que están siendo cobardes y están dejando que parezca que la opinión mayoritaria es la de los que ponen esteladas en sus balcones, mientras no ves ni una bandera española. Están permitiendo que les ganen los que hacen más ruido y tienen en su poder las escuelas y los medios de comunicación mayoritarios. Que no es poco. Pero a esos dos millones que no quieren la independencia no se les ha visto ni se les ha oído en la calle. Se ve y se oye a los líderes de Ciudadanos, PSOE y PP, pero creo que los catalanes que se sienten españoles están metidos en un enorme armario esperando a que venga alguien a solucionarles el marrón. Y, llegados a este punto, les toca a ellos coger el timón. Aunque tampoco estaría mal que Rajoy lo cogiera también otro ratito.
En fin. Qué mezcla de pereza, tristeza y cansancio. Yo espero que no pase nada y que al final esto se arregle, aunque lo veo complicado. Muy complicado. Pero, como hablaba ayer con un amigo, en un planeta tan globalizado, tampoco creo yo que esto fuera a ser el fin del mundo. Yo le decía a mi amigo que, poniéndonos cínicos, para mí habría dos cosas principales que me afectarían si hubiera Independencia; una buena y una mala. La mala es que no habría dos veces al año un Madrid-Barça. La buena es que ya podríamos dejar todos de disimular y sería posible gritar a los cuatro vientos que el cava, comparado con el champán, francamente, es una soberana mierda.

LA RAMPA ACEITOSA

No sé cómo va a acabar esto. Pero creo que va a terminar mal. Y ya siento ser pesimista, cuando suelo ver siempre el lado bueno de las cosas, pero por más vueltas que le doy al tema de Cataluña no soy capaz de ver de qué manera se puede arreglar esto sin que haya una parte que acabe considerándose agraviada por la otra.
A mí lo que me subleva de Mas es que se le sigue llenando la boca hablando de la voluntad del pueblo catalán sin que parezca que se dé cuenta de que el pueblo catalán, las dos últimas veces que él le preguntó con la ley en la mano, le mandó a la mierda. Bueno; perdón, que me he prometido que voy a intentar no utilizar lenguaje grueso; el pueblo catalán le dijo NO. Porque es que parece que se nos olvida, pero Mas ganó en minoría las elecciones de 2010. Como aquella mayoría no le pareció suficiente para plantear el reto soberanista, decide adelantar los comicios y convoca unas nuevas en 2012. Y reclama al pueblo catalán que le dé votos suficientes como para montar el enorme pollo que hoy está montando. Y el pueblo catalán le dice: “mira majo, ha aumentado la participación en casi diez puntos y tú vas a perder cienmil votos”. Sapristi; se dice pronto. Con una participación del 67,76 por ciento, el pueblo catalán hace que Convergencia pase de tener 62 diputados a tener 50.
Y ¿Qué sucedió? ¿Se fue Mas a su casa con el rabo entre las piernas? ¿Se dio cuenta de que se había equivocado? ¿Comprendió que el pueblo catalán no le quería? No. Metido ya en un tobogán engrasado, cuesta abajo y sin frenos, decidió emprender una huida hacia delante en la que ha abierto un container lleno de tormentas tropicales, porque lo del tópico de la caja de truenos se me queda corto.
El problema de todo esto es que esa locura de Mas, esa reclamación (primero velada y ahora ya abierta) de la independencia, ha calado en su pueblo y, aunque en las urnas le han mandado al guano, en las encuestas parece que hay cientos de miles de catalanes que quieren separarse de España. Y el problema es que nos llevan bastante delantera. Ha habido muchos años en los que en las escuelas y en los medios de comunicación controlados por la Generalitat ha ido calando el mensaje de que España nos roba; esa nueva Historia en la que el Reino de España es el malo de la película. Por si esto fuera poco, las concesiones de todos los gobiernos centrales que han gobernado en minoría desde 1979, aquella frase gloriosa de ZP de que “se aprobará el Estatuto que vote el parlamento catalán” y diferentes desplantes sin respuesta, condujeron a que Mas y el resto de políticos soberanistas se sintieran lo suficientemente fuertes como para plantear el reto en el que estamos hoy inmersos. Y el fango nos llega a la barbilla. Es que cuando se convocó aquella consulta soberanista los líderes políticos que la promovían hablaban abiertamente de saltarse la ley, de que no hay que cumplir las leyes injustas. Cáspita. Yo recuerdo en aquellos días la estupefacción de mi hija de 13 años que no podía creerse que aquello lo dijera el presidente de un gobierno. Pero claro, no pasó nada y hace unos días Mas y los suyos volvieron a insistir en que si hace falta, se saltarán la legalidad. El portavoz del gobierno catalán, Francesc Homs, llegó, en su derrape verbal, a comparar el marco legal en el que hoy nos desenvolvemos con la época de Franco y aseguró que, después del 27S, los catalanes se saltarán la legalidad para ser libres.
Y es lo grotesco de todo este asunto. Que introduces elementos dialécticos gloriosos como “voluntad democrática”, “decisión popular” y “ser libres” en medio de un discurso delirante y parece que, si no se hace lo que tú quieres eres un fascista que no respeta la democracia. Ole.
No sé por dónde vamos a salir. Cada vez escucho a más gente que dice “Oye, que les den”, “Pues que se vayan” o, como me dijo hace ya meses un amigo “Coño, ¿Y por qué no les echamos?”. No sé en qué va a acabar esto, pero creo que es urgente que alguien siente en la misma mesa a todos los que tienen que ver en esto. Igual el que podía hacerlo es nuestro Rey que ayer en Barcelona, de nuevo haciendo gala de un autocontrol notable, aguantó el tirón junto a Mas como el día de la sonrisita del Honorable mientras pitaban al himno nacional en la final de la Copa del Rey. Felipe VI aguantó el tirón, pero aprovechó para decirle con una claridad meridiana que, para los representantes de los ciudadanos, cumplir la ley es una obligación ineludible. Al salir del acto, por cierto, Mas dijo que él no se daba por aludido. Pero claro, este tipo de cosas pues lleva a otras. Y ayer otra que tal baila, la alcaldesa de Barcelona, aprovechó que andaba por allí el monarca y retiró el busto de Juan Carlos I que había en el Salón de Plenos del ayuntamiento. Dice Ada Colau que la ley obliga a tener una imagen del Rey en la Sala y que, como don Juan Carlos ya no es el Rey, pues que lo quitaba, que ellos son de tradición republicana.
Una propuesta para Zarzuela. Yo, si fuese el Rey, cogía el primer busto que me encontrase por ahí con mi efigie, que alguno tendrá, y se lo mandaba esta misma mañana por Seur a la Colau. Lo que pasa es que no sé si con lo ida que tienen la pinza todos estos en estos días por allá arriba, lo mismo consideran eso un insulto del Rey de los fascistas al pueblo de Barcelona.

Y DALE

Joder qué pesados son los anticasillas. Han conseguido su objetivo, que era quitarse de en medio al mejor portero de la Historia y todavía siguen inundando las redes sociales, las webs de los periódicos y los mensajes de las televisiones con sus diatribas cargadas de un rencor incomprensible. Coño, que uno les ve y les oye y pareciera que Íker les hubiera estafado, les hubiera mentado a la madre o les hubiera robado a la novia. Ellos ahí siguen. Con lo que les ha costado; no fuera a ser que se retirara en el Madrid con todos los honores un hombre que es una leyenda con 34 años.
En esta marea de rencor y mala baba contra Íker han ayudado sobremanera dos personas que han hecho un tremendo daño a la imagen del Real Madrid de los últimos años. Uno de ellos, gracias a Dios, ya no está entre nosotros. Vaya, no quiero decir que haya muerto, que no le deseo que fenezca, sino que ya no se sienta en el banquillo que incendió durante 3 larguísimos años. Los que me conocen ya saben que hablo de José Mourinho. Uno de esos errores inexplicables lo aupó a la dirección técnica del Madrid y le permitió abrir una brecha de mala leche en la afición y llevar la relación entre Madrid y Barça a un enfrentamiento infantil casi sin retorno, sencillamente, porque el Barça de Guardiola volvía loco a este histrión del fútbol que se autodenominaba “The Special One”, que ya hay que ser mentecato. Íker nunca le siguió la corriente y tuvo la desfachatez, entre otras cosas, de buscar vías de conciliación con sus compañeros del Barça, y el papanatas le puso proa y no paró hasta destruirlo.
Dicen mis amigos Mourinhistas y/o anticasillas, que Íker ya no estaba en forma, que ya no era determinante, que había perdido la confianza… Coño. Me gustaría verles a ellos en sus empresas con un jefe diciéndote todo el día que no eres el mejor, que hay otro (pasó con el pobre Adán o con Diego López) que es mejor que tú. Lo que le ha sucedido a Íker en el Madrid se ha llamado de toda la vida “lestánputeando” y ahora se denomina “mobbing”. Lo terrible es que en ese puteo y en esa absurda persecución al portero, hubo muchos cómplices entre la prensa, en el público del Bernabéu y uno, el principal, en el Palco.
Florentino jamás quiso a Íker. Nunca le pareció portero para el Madrid y, desde que él llegó a la presidencia, cada verano, sonaban nombres de posibles ocupantes de la portería madridista y es sabido que para el Presidente la opción siempre fue Buffon. Pero claro, llega Íker y es el héroe en la Novena. Y luego se va al Mundial de Corea y es el héroe de España, aunque nos eliminaran en cuartos. Y a ver quién lo quitaba. Pero es que luego va Casillas y gana la Eurocopa y el Mundial con actuaciones milagrosas que le reconfirmaron indudablemente como el mejor portero, no del mundo, sino de la Historia. Y Florentino se lo tuvo que comer. Y eso que él no lo soportaba. Íker es de Móstoles y Florentino nunca le hizo una oferta mareante en una servilletita de papel. El guardameta jamás tuvo que mentir diciendo que su “sueño desde niño” fue jugar en el Madrid porque, desde que cambió los dientes, fue portero del Madrid. Casillas no lleva veinticinco tatuajes, ni se depila, ni luce peinados de la señorita Pepis. Por si fuera poco, no está representado por el tal Mendes, ni se mueve por la vida como si fuera una estrella de rock con almorranas; a pesar de ser un mito, Íker sigue siendo un tío normal, majo, educado y, con frecuencia, sonriente. Llevó su calvario de los últimos años en silencio, no se recuerda un solo altercado en su carrera, jamás un mal gesto, pero los mourinhinstas y/o anticasillistas repiten el mantra que creó el Special One y lo califican como topo, mal profesional y mal compañero y un portero acabado.
La cuestión es que toda esta acumulación de mierda ha concluido, como saben, con la salida de Íker del Madrid. Y, ni siquiera en la despedida, Florentino ha sido capaz de tener algún gesto de grandeza con el mito. Íker se va porque no se le quiere. Porque este presidente al que se le llena la boca de leyendas, grandeza, estilo y Madridismo, ha desaprovechado a la mayor leyenda que ha dado el madridismo en los últimos 50 años y ha permitido que Mourinho primero y, quien viniera, después, provocara que, el que debería haber sido su Gran Capitán hasta la retirada, se haya ido hastiado al Oporto. Si este obseso del marketing y las camisetas hubiera sabido aprovecharlo, podría haber estado vendiendo camisetas de Íker hasta dentro de otros 50 años. Pero no. Le han hecho una despedida deprisa y corriendo, improvisada y le han prometido que aprovecharán una pachanga veraniega para darle un homenaje. Y hasta el último minuto Florentino dejó claro que ese que tenía al lado no es de los suyos y tuvo el humor de decir que “Íker se va porque así lo ha querido”. Pues, ni siquiera en ese momento, le salió a Íker ese orco que todos llevamos dentro. Creo que a mí me pilla ahí en medio y le hago al Presidente un corte de mangas de esos de llegar al Oporto con una luxación de codo de grado 3. Pero este muchacho sí que es, de verdad, un tipo especial y prefirió comportarse de manera caballerosa y no mandar a la mierda a Florentino. He visto y leído muchas cosas sobre Íker. Quizás la mejor sea la viñeta que le dedicó otra leyenda, pero del humor gráfico. Forges captó como nadie con tres dibujos y 5 frases la esencia del asunto. Amén.

FORGES CASILLAS

EL LÍO

Pues ya siento ser un malqueda. Pero llevo unos meses con un lío tremendo y la semana pasada dimití de la Cabra por puro agotamiento. Y no es que no se me ocurran ideas, ni que tenga pocas ganas de escribir. Afortunadamente nuestros políticos, los griegos, o la misma ola de calor que nos abrasa, dan para que cualquier bloguero de pro se ponga a teclear compulsivamente. Así que hoy, me enfrento al escuatro que me demuele, me rebelo y aquí estoy porque, por ejemplo, hay varias cosas que quería decir y se me escapan los dedos solos.
No puedo ya más con la frase: “esto no es normal”. Hablo de las cuatro palabras que acompañan en estos días al “hace un calor que se caen los pájaros”, “este infierno no hay quien lo aguante” y cualquier otra afirmación que indique que tu interlocutor está al borde de la asfixia por la extrema temperatura que nos abrasa. Y, vaya, yo no digo que esta ola de calor no sea notabilísima y que estemos todos como con el cerebelo derretido, pero hasta los más exagerados deberán reconocer que “esto” no sería normal si nos pillara en Navidades comiendo polvorones y preparando las bandejas de turrones para la Nochebuena. Yo creo que estamos haciendo cosas que afectan al clima y son cientos y miles los científicos que aseguran que estamos inmersos en un cambio climático evidente. Pero, qué quieren que les diga, que haga un calor de cojones en el mes de julio lleva pasando desde que yo tengo uso de razón. Y, cada año, cuando el termómetro se dispara salen esos reportajes y aparecen esas personas que atribuyen al cambio climático cosas que suceden desde siempre y estos agoreros acaban dando munición dialéctica a mis amigos (por lo general de derechas) que opinan que lo del cambio climático es un invento de no sé qué rojillos para forrarse. Yo recuerdo cuando tenía quince años que hizo un calor inhumano durante varios días del mes de julio. Acababa de sacarse el carnet de conducir uno de mis hermanos mayores y llevábamos en el Simca de mi madre un letrerito de esos para anunciar que el conductor no podía circular a más de 80 kilómetros por hora. Fuimos a la playa a pasar el día y, cuando regresamos al coche, aquel letrerito, que era de un plástico durísimo, apareció deformado como si hubiera sido de plastilina y lo hubiera arrugado un niño. Lo más gracioso es que, cuando lo cogimos, vimos una inscripción que había en letra pequeña y que anunciaba con gran certeza: “indeformable al calor solar”. Imagino que, probablemente, en aquellos días habría reportajes en todos los medios; que el verano es muy malo para los que hacen información y si te cogen un tema que les da para rellenar, lo exprimen como unos campeones.
También el tema de Grecia es para rellenar informativos enteros. Sobre todo porque yo me pregunto, desde el domingo, por el motivo que llevaba a miles de griegos y a tertulianos afines a Syriza a estar tan contentos después del referéndum. Yo los miraba y pensaba: “Joder; y estos ¿de qué se ríen?”, porque ciertamente la situación que están viviendo es para generar angustia. La única cosa buena que veo yo a esto de Grecia es que sirve para demostrar que los discursos demagógicos de esta nueva izquierda del leninismo amable (que es algo tan absurdo como hablar de fascismo simpático), quedan muy bien en los mítines ante conciudadanos jodidos, pero son difíciles de defender en la vida real. ¿Cómo no va a gustarle a alguien que está pasando por una crisis económica bestial que le digan con tono mitinero: “¡¡Y que le den por el culípides a los bancoooos, devolveremos el dineroooo si nos sale de los cojonoulis!!”. Envuelves eso en un discurso de defensa nacional ante el abuso de las potencias extranjeras y acabas ganando unas elecciones sin tener ni puta idea de cómo vas a salir del embrollo. Y así está el amigo Tsipras, comiéndose el marrón y dándose cuenta de que, o tragan, pagan y hacen reformas, o Grecia va a acabar yéndose por el inodoro. Pero claro, dices esto y los leninistas amables te dicen que eres un fascista muy poco simpático que forma parte de la conspiración internacional para acabar con las nuevas ideas que están dando frescor a la vida política europea, en general, y española, en particular. Es cierto que este tantarantán que han recibido los partidos tradicionales lo merecían y creo que va a ser bueno para nuestra democracia, pero, sinceramente, el frescor de Podemos a mí me da escalofríos.
En fin, que comencé con una disculpa y la recupero para el cierre. Me dice mi mujer, que es sabia, que no me agobie tanto por desatender la Cabra. Pero yo tengo un sentimiento de responsabilidad con la gente que me lee. Sé que son una legión pequeña, pero les agradezco tremendamente que me sigan y fallar en mi compromiso semanal a mí me parece una descortesía similar a la de un tío muy maleducado que fue a comer a casa de una amiga mía. Cuando terminó el almuerzo, el marido de mi amiga le ofreció al botarate un puro. Mirando con cierto desprecio hacia la mesa y con un gesto desdeñoso de la mano dijo una frase que yo llevo grabada como el epitafio de una amistad: “¡¡Buff, esto no ha sío comida pa puro!!”.

LO DE LOS DESAHUCIOS

Pues depende, oiga. Igual alguien piensa que soy un mal tipo por decirlo, pero a mí no me dan pena todas las personas que sufren un desahucio. Así, a bollo. Ni me parece que todo aquel que provoque un desahucio sea un hijoputa.
Creo, sinceramente, que los periodistas en este asunto estamos haciendo rematadamente mal nuestro trabajo y estamos participando de ese “to er mundo e güeno” tan habitual en nuestro país. Cada vez que veo una noticia de un desahucio yo noto que me faltan datos. Porque obviamente no es lo mismo un desahucio que otro y normalmente en los informativos de televisión nos cuentan las noticias sin entrar en determinados detalles que pueden ser fundamentales a la hora de sentir pena por el desahuciado o de decir: “Pues que le den”. La ancianita, la familia con niños o incluso la persona con discapacidad pueden tener una historia detrás que merezca compasión, o pueden ser unos caraduras que merezcan, verdaderamente, que se les eche del lugar que ocupan. ¿Por qué nunca pasa que nadie te cuente esa historia completa? Jamás he oído en ninguno de estos reportajes al desahuciador y quizás en la mayoría de los casos el expulsado de su casa es una persona que merece recibir ayuda, pero estoy seguro de que debe haber alguna ocasión en que el que expulsa tenga razón.
Pongo el ejemplo de mi vecino el moroso, del que ya he hablado en alguna Cabra. El tío sigue debiendo a la comunidad más de 10.000 euros. Sólo va pagando a sus numerosos acreedores por vía judicial y cuando ya no le queda más remedio. Ahora; eso sí, el sujeto sigue vistiendo ropa de las mejores marcas, cada uno de sus hijos tiene un coche, él se mueve en un vehículo de altísima gama y, cuando se va de viaje, lo hace con una maleta de Louis Vuitton de las buenas. Si mañana viene la Policía Nacional a desahuciarle, ¿Debo sentir lástima pensando en que está en la ruina y va a dormir en la calle? Pues qué quieren que les diga. A mí no me da ninguna pena.
A lo que voy es a que estoy seguro de que, entre las personas que sufren un desahucio, tiene que haber historias terribles de gentes a las que la vida ha golpeado una y otra vez y no les ha dejado levantarse. A esos es a los que debe ayudar el Estado. Pero también estoy seguro de que entre esos desahuciados hay capullos que han vivido a crédito gastando 20 cuando ganaban 10, comprándose cosas que no podían pagar, haciendo viajes idílicos con la familia pagados a plazos y aprovechando, que ya que me meto en la hipoteca, pues, coño, renuevo el coche. En este festival de la gilipollez colectiva, desde luego tuvieron mucha culpa los bancos. La avaricia de las entidades bancarias condujo a dar créditos absurdos a personas que iba a ser difícil que pagaran y, ese marrón, pues que se lo coman ellos, aunque no estén dispuestos. Yo recuerdo cuando firmamos una hipoteca en el año 2009. La directora de la oficina nos presionaba y nos miraba como si mi mujer y yo fuéramos tontos por no aprovechar, pedir más dinero y, ya de paso, cambiar de coche. Y nos decía esa frase bancaria que tanto daño ha hecho en la España de estos últimos años: “¡Pero si lo vas a pagar sin enterarte!”. ¿Cuántos dramas de hoy son consecuencia de aquella época de descerebramiento colectivo? ¿Cuántos directores de banco deberían dormir mal pensando en lo cabrones que fueron? Porque, entre los productos financieros y las hipotecas, los bancos pasaron una época de la que espero que hayan aprendido por nuestro bien y por el suyo.
Pero me estoy desviando. A lo que iba es a que claro que siento pena cuando veo a una familia salir de su casa, como siento tremenda lástima ante un agricultor al que el pedrisco le ha arrasado la cosecha, pero no creo que deba ser el Estado el que, en todos los casos, se encargue de que recuperen lo que han perdido. En las últimas semanas, diferentes tormentas han arrasado cultivos de todo tipo en varios lugares de España. Y salían en las noticias unos agricultores pidiendo al Estado que se hiciera cargo de su terrible situación. Y claro, te dan una pena que lo flipas. Hasta que por casualidad, el otro día escucho en la radio un programa de estos de sábado a las 7 de la mañana en los que se habla del campo. Entrevistaban a uno de esos agricultores y el tío estaba indignado diciendo que no podía ser que, en su sector (que no recuerdo si era el vino o la fruta), menos del 30 por ciento de los que cultivan pagan los seguros que te protegen ante catástrofes como estas. Que él tenía sus seguros y que tenía que repercutir el coste de las pólizas en sus precios y que, por tanto, era menos competitivo que los cachondos que decidían no pagar a la aseguradora. Y se preguntaba que por qué iba a tener que ayudar el Estado al agricultor que le echaba morro. Pero claro, a este no lo sacan en el informativo de televisión, no les vaya a joder la lírica del reportaje compasivo con el pobre agricultor que llora a cámara con las manos llenas de barro sin contarle al periodista (que tampoco le ha preguntado) que de lo del seguro mejor no hablamos.

¿SE LES HA PASADO YA?

Pues tengo que reconocerlo. Este nuevo tiempo político me tiene desnortado. Estoy con un desorden anímico que me lleva desde el estupor profundo hasta el asentimiento feliz y desde la risa tonta hasta la tristeza preocupada. La colección de nuevos alcaldes, alcaldesas, concejales y concejalas, me tiene loco aunque debo poner algunos matices a la ligereza con la que algunos critican a los recién llegados.
Percibo en mis amigos de derechas y/o de buenas familias un cierto tufillo clasista al valorar a los “melenúos” y “desharrapaos” que han estado tomando posesión de sus respectivos cargos en los últimos días. Quizás el campeonato del mundo de risas lo haya batido la nueva alcaldesa de Jerez, Mamen Sánchez, del PSOE, con sus zapatos con retrovisores meñiquiles. Ha habido críticas con gracia como no sé quién que dijo que esta nueva alcaldesa “iba a elegir a todos sus concejales a dedo”, pero ha habido otras muchas reprobaciones en las que subyacía esa altivez que hace pensar que no puede ser una buena alcaldesa una tía hortera como Mamen. Los políticos, sobre todo de derecha, a los que he visto hablar con desprecio de estos advenedizos lo hacen como partiendo de la base de que, entre sus filas, solo hay políticos impecables, líderes intachables y hombres y mujeres de elegancia innata y «charme» como para enamorarse de ellos. No me jodan. En PP, PSOE y en cualquiera de los partidos tradicionales hay políticos de ambos sexos que son para darles de comer aparte y poco.
Pero no me quería quedar con la anécdota del dudable gusto de la alcaldesa jerezana. A mí me han resultado mucho más preocupantes las cosas que han pasado en el ayuntamiento de Madrid y en otros lugares en los que he visto tomar posesión a gentes inquietantes. Pero, sin salirnos de Madrid, la cosa da para hablar un rato.
Dimite el concejal de Cultura Guillermo Zapata por unos desafortunados tweets que publicó hace unos años haciendo gala de un humor negro muy discutible. Lo indiscutible es que uno es lo que ha escrito y no se puede pretender borrarlo como si no hubiera pasado y que eso no cuente a la hora de ocupar determinados cargos. Yo, por ejemplo, con lo que he escrito en mi Twitter, jamás pretenderé ser director de comunicación del Real Madrid, mientras esté Florentino, ni se me ocurriría optar a ser el jefe de prensa de José Mourinho. Pues, coño, no puede ser concejal de cultura un hombre que ha dicho burradas como las que escribió este caballero, por mucho que se hayan sacado de su contexto. Tampoco me parece la más indicada para tal responsabilidad, la moza que va a sustituir a Zapata, Alba López Mendiola. Es que lees su perfil de Twitter y se te erizan los pelillos testiculares: bollera, camionera, desviada, leñadora, feminazi, marxista-leninista. Esta simpatiquísima señorita va a ser la que, a sus 23 años, decida qué se hace con el presupuesto de cultura y deportes. Y podríamos seguir hablando de otros como el tal Pablo Soto que hablaba de torturar y matar a Gallardón o de quemar bancos, o de Jorge García Castaño, que animaba a sus amigas a empalar a Toni Cantó.
A mí no me preocupan ni su juventud, ni su inexperiencia. Ni siquiera el hecho cierto de que hayan escrito burradas inaceptables. Para mí el problema de estos políticos nuevos es el odio que parece que destilan, o que han destilado recientemente. ¿Se les ha pasado ya? Porque la portavoz del ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre, está esperando juicio por vulneración de los derechos fundamentales de las personas. Quizás recuerden el asunto; Rita y sus colegas entraron en una capilla a criticar el hecho, quizás criticable, de que haya un espacio de oración en una facultad. Pues vale. Propón que se quite o que se haga un espacio para varios cultos como hay en aeropuertos y hospitales. Pero no seáis cobardes. Porque esa presunta libertad de expresión que alega Carmena para no destituir a esta moza apuesto a que no tendrían el mismo valor de aplicarla para entrar en una mezquita. ¡¡Ah, no!! ¡Que los musulmanes son mucho más tolerantes que los hijosputa de los católicos!. ¡Dónde va a parar! Podrá decirme la concejala que no hay espacios de culto musulmán en las universidades, pero estoy seguro de que hablando un rato con una feminista radical como ella se nos ocurren dos o tres buenos motivos para que ella y sus amigos se vayan a montar el pollo a una mezquita. Pero no, claro, eso ya no sería libertad de expresión. Hacer eso seria fascismo. Y a mí me parece que hay el mismo fondo intolerante, abusón, violento e intransigente en una cosa como en la otra. Dice Carmena que no fueron violentos. Hombre; creo que no pegaron a nadie, pero irrumpir a grito pelado, a empujones, con el torso desnudo lleno de pintadas en un lugar de oración para acojonar a un religioso y a unos cuantos fieles a mí me parece violento. Yo jamás entraría en una mezquita sin cumplir con los ritos y los signos de recogimiento que se exigen. Por una simple cuestión de respeto. Que es lo que me parece que falta en la mayoría de los que he visto y oído en estos días.
Podrían aprender Rita y sus compinches de las amigas de Gonzalo. Aunque, para ella, Mariquilla y las Bollychurias probablemente sean unas pijas a las que habría que pasar por la guillotina. Les explico muy brevemente.
Gonzalo Serra es un niño con parálisis cerebral. Hace unos años le dijeron que era esencial para su salud que se moviera, pero, por su discapacidad, no puede jugar al ritmo de otros niños. Y su madre, Mariquilla López-Bachiller, decidió buscar una solución. A Gonzalo le apasiona el baile, pero no era fácil encontrar niños que danzaran con él, de manera que Mariquilla pidió en 2010 a un grupo de amigas que se unieran a ellos y, desde hace años, cada miércoles Gonzalo baila ritmos indios con 13 señoras y disfruta de manera radical.
Las Bollychurias y Gonzalo utilizan sus danzas para organizar espectáculos y, a día de hoy, llevan ya recaudados 100.000 euros para la Fundación Bobath. Quizás estaría bien que les echáramos un cable porque quieren construir una residencia con 38 camas para casos extremos. Y como no parece que este proyecto vaya a estar entre los favoritos de la bollera feminazi, pues yo les doy su dirección del Facebook por si se les ocurre el modo de ayudarles. Hacen una gala el próximo día 25 a las 7 y media de la tarde en Madrid.
www.facebook.com/bollychurias