Pues ya siento ser un malqueda. Pero llevo unos meses con un lío tremendo y la semana pasada dimití de la Cabra por puro agotamiento. Y no es que no se me ocurran ideas, ni que tenga pocas ganas de escribir. Afortunadamente nuestros políticos, los griegos, o la misma ola de calor que nos abrasa, dan para que cualquier bloguero de pro se ponga a teclear compulsivamente. Así que hoy, me enfrento al escuatro que me demuele, me rebelo y aquí estoy porque, por ejemplo, hay varias cosas que quería decir y se me escapan los dedos solos.
No puedo ya más con la frase: “esto no es normal”. Hablo de las cuatro palabras que acompañan en estos días al “hace un calor que se caen los pájaros”, “este infierno no hay quien lo aguante” y cualquier otra afirmación que indique que tu interlocutor está al borde de la asfixia por la extrema temperatura que nos abrasa. Y, vaya, yo no digo que esta ola de calor no sea notabilísima y que estemos todos como con el cerebelo derretido, pero hasta los más exagerados deberán reconocer que “esto” no sería normal si nos pillara en Navidades comiendo polvorones y preparando las bandejas de turrones para la Nochebuena. Yo creo que estamos haciendo cosas que afectan al clima y son cientos y miles los científicos que aseguran que estamos inmersos en un cambio climático evidente. Pero, qué quieren que les diga, que haga un calor de cojones en el mes de julio lleva pasando desde que yo tengo uso de razón. Y, cada año, cuando el termómetro se dispara salen esos reportajes y aparecen esas personas que atribuyen al cambio climático cosas que suceden desde siempre y estos agoreros acaban dando munición dialéctica a mis amigos (por lo general de derechas) que opinan que lo del cambio climático es un invento de no sé qué rojillos para forrarse. Yo recuerdo cuando tenía quince años que hizo un calor inhumano durante varios días del mes de julio. Acababa de sacarse el carnet de conducir uno de mis hermanos mayores y llevábamos en el Simca de mi madre un letrerito de esos para anunciar que el conductor no podía circular a más de 80 kilómetros por hora. Fuimos a la playa a pasar el día y, cuando regresamos al coche, aquel letrerito, que era de un plástico durísimo, apareció deformado como si hubiera sido de plastilina y lo hubiera arrugado un niño. Lo más gracioso es que, cuando lo cogimos, vimos una inscripción que había en letra pequeña y que anunciaba con gran certeza: “indeformable al calor solar”. Imagino que, probablemente, en aquellos días habría reportajes en todos los medios; que el verano es muy malo para los que hacen información y si te cogen un tema que les da para rellenar, lo exprimen como unos campeones.
También el tema de Grecia es para rellenar informativos enteros. Sobre todo porque yo me pregunto, desde el domingo, por el motivo que llevaba a miles de griegos y a tertulianos afines a Syriza a estar tan contentos después del referéndum. Yo los miraba y pensaba: “Joder; y estos ¿de qué se ríen?”, porque ciertamente la situación que están viviendo es para generar angustia. La única cosa buena que veo yo a esto de Grecia es que sirve para demostrar que los discursos demagógicos de esta nueva izquierda del leninismo amable (que es algo tan absurdo como hablar de fascismo simpático), quedan muy bien en los mítines ante conciudadanos jodidos, pero son difíciles de defender en la vida real. ¿Cómo no va a gustarle a alguien que está pasando por una crisis económica bestial que le digan con tono mitinero: “¡¡Y que le den por el culípides a los bancoooos, devolveremos el dineroooo si nos sale de los cojonoulis!!”. Envuelves eso en un discurso de defensa nacional ante el abuso de las potencias extranjeras y acabas ganando unas elecciones sin tener ni puta idea de cómo vas a salir del embrollo. Y así está el amigo Tsipras, comiéndose el marrón y dándose cuenta de que, o tragan, pagan y hacen reformas, o Grecia va a acabar yéndose por el inodoro. Pero claro, dices esto y los leninistas amables te dicen que eres un fascista muy poco simpático que forma parte de la conspiración internacional para acabar con las nuevas ideas que están dando frescor a la vida política europea, en general, y española, en particular. Es cierto que este tantarantán que han recibido los partidos tradicionales lo merecían y creo que va a ser bueno para nuestra democracia, pero, sinceramente, el frescor de Podemos a mí me da escalofríos.
En fin, que comencé con una disculpa y la recupero para el cierre. Me dice mi mujer, que es sabia, que no me agobie tanto por desatender la Cabra. Pero yo tengo un sentimiento de responsabilidad con la gente que me lee. Sé que son una legión pequeña, pero les agradezco tremendamente que me sigan y fallar en mi compromiso semanal a mí me parece una descortesía similar a la de un tío muy maleducado que fue a comer a casa de una amiga mía. Cuando terminó el almuerzo, el marido de mi amiga le ofreció al botarate un puro. Mirando con cierto desprecio hacia la mesa y con un gesto desdeñoso de la mano dijo una frase que yo llevo grabada como el epitafio de una amistad: “¡¡Buff, esto no ha sío comida pa puro!!”.
LO DE LOS DESAHUCIOS
Pues depende, oiga. Igual alguien piensa que soy un mal tipo por decirlo, pero a mí no me dan pena todas las personas que sufren un desahucio. Así, a bollo. Ni me parece que todo aquel que provoque un desahucio sea un hijoputa.
Creo, sinceramente, que los periodistas en este asunto estamos haciendo rematadamente mal nuestro trabajo y estamos participando de ese “to er mundo e güeno” tan habitual en nuestro país. Cada vez que veo una noticia de un desahucio yo noto que me faltan datos. Porque obviamente no es lo mismo un desahucio que otro y normalmente en los informativos de televisión nos cuentan las noticias sin entrar en determinados detalles que pueden ser fundamentales a la hora de sentir pena por el desahuciado o de decir: “Pues que le den”. La ancianita, la familia con niños o incluso la persona con discapacidad pueden tener una historia detrás que merezca compasión, o pueden ser unos caraduras que merezcan, verdaderamente, que se les eche del lugar que ocupan. ¿Por qué nunca pasa que nadie te cuente esa historia completa? Jamás he oído en ninguno de estos reportajes al desahuciador y quizás en la mayoría de los casos el expulsado de su casa es una persona que merece recibir ayuda, pero estoy seguro de que debe haber alguna ocasión en que el que expulsa tenga razón.
Pongo el ejemplo de mi vecino el moroso, del que ya he hablado en alguna Cabra. El tío sigue debiendo a la comunidad más de 10.000 euros. Sólo va pagando a sus numerosos acreedores por vía judicial y cuando ya no le queda más remedio. Ahora; eso sí, el sujeto sigue vistiendo ropa de las mejores marcas, cada uno de sus hijos tiene un coche, él se mueve en un vehículo de altísima gama y, cuando se va de viaje, lo hace con una maleta de Louis Vuitton de las buenas. Si mañana viene la Policía Nacional a desahuciarle, ¿Debo sentir lástima pensando en que está en la ruina y va a dormir en la calle? Pues qué quieren que les diga. A mí no me da ninguna pena.
A lo que voy es a que estoy seguro de que, entre las personas que sufren un desahucio, tiene que haber historias terribles de gentes a las que la vida ha golpeado una y otra vez y no les ha dejado levantarse. A esos es a los que debe ayudar el Estado. Pero también estoy seguro de que entre esos desahuciados hay capullos que han vivido a crédito gastando 20 cuando ganaban 10, comprándose cosas que no podían pagar, haciendo viajes idílicos con la familia pagados a plazos y aprovechando, que ya que me meto en la hipoteca, pues, coño, renuevo el coche. En este festival de la gilipollez colectiva, desde luego tuvieron mucha culpa los bancos. La avaricia de las entidades bancarias condujo a dar créditos absurdos a personas que iba a ser difícil que pagaran y, ese marrón, pues que se lo coman ellos, aunque no estén dispuestos. Yo recuerdo cuando firmamos una hipoteca en el año 2009. La directora de la oficina nos presionaba y nos miraba como si mi mujer y yo fuéramos tontos por no aprovechar, pedir más dinero y, ya de paso, cambiar de coche. Y nos decía esa frase bancaria que tanto daño ha hecho en la España de estos últimos años: “¡Pero si lo vas a pagar sin enterarte!”. ¿Cuántos dramas de hoy son consecuencia de aquella época de descerebramiento colectivo? ¿Cuántos directores de banco deberían dormir mal pensando en lo cabrones que fueron? Porque, entre los productos financieros y las hipotecas, los bancos pasaron una época de la que espero que hayan aprendido por nuestro bien y por el suyo.
Pero me estoy desviando. A lo que iba es a que claro que siento pena cuando veo a una familia salir de su casa, como siento tremenda lástima ante un agricultor al que el pedrisco le ha arrasado la cosecha, pero no creo que deba ser el Estado el que, en todos los casos, se encargue de que recuperen lo que han perdido. En las últimas semanas, diferentes tormentas han arrasado cultivos de todo tipo en varios lugares de España. Y salían en las noticias unos agricultores pidiendo al Estado que se hiciera cargo de su terrible situación. Y claro, te dan una pena que lo flipas. Hasta que por casualidad, el otro día escucho en la radio un programa de estos de sábado a las 7 de la mañana en los que se habla del campo. Entrevistaban a uno de esos agricultores y el tío estaba indignado diciendo que no podía ser que, en su sector (que no recuerdo si era el vino o la fruta), menos del 30 por ciento de los que cultivan pagan los seguros que te protegen ante catástrofes como estas. Que él tenía sus seguros y que tenía que repercutir el coste de las pólizas en sus precios y que, por tanto, era menos competitivo que los cachondos que decidían no pagar a la aseguradora. Y se preguntaba que por qué iba a tener que ayudar el Estado al agricultor que le echaba morro. Pero claro, a este no lo sacan en el informativo de televisión, no les vaya a joder la lírica del reportaje compasivo con el pobre agricultor que llora a cámara con las manos llenas de barro sin contarle al periodista (que tampoco le ha preguntado) que de lo del seguro mejor no hablamos.
¿SE LES HA PASADO YA?
Pues tengo que reconocerlo. Este nuevo tiempo político me tiene desnortado. Estoy con un desorden anímico que me lleva desde el estupor profundo hasta el asentimiento feliz y desde la risa tonta hasta la tristeza preocupada. La colección de nuevos alcaldes, alcaldesas, concejales y concejalas, me tiene loco aunque debo poner algunos matices a la ligereza con la que algunos critican a los recién llegados.
Percibo en mis amigos de derechas y/o de buenas familias un cierto tufillo clasista al valorar a los “melenúos” y “desharrapaos” que han estado tomando posesión de sus respectivos cargos en los últimos días. Quizás el campeonato del mundo de risas lo haya batido la nueva alcaldesa de Jerez, Mamen Sánchez, del PSOE, con sus zapatos con retrovisores meñiquiles. Ha habido críticas con gracia como no sé quién que dijo que esta nueva alcaldesa “iba a elegir a todos sus concejales a dedo”, pero ha habido otras muchas reprobaciones en las que subyacía esa altivez que hace pensar que no puede ser una buena alcaldesa una tía hortera como Mamen. Los políticos, sobre todo de derecha, a los que he visto hablar con desprecio de estos advenedizos lo hacen como partiendo de la base de que, entre sus filas, solo hay políticos impecables, líderes intachables y hombres y mujeres de elegancia innata y «charme» como para enamorarse de ellos. No me jodan. En PP, PSOE y en cualquiera de los partidos tradicionales hay políticos de ambos sexos que son para darles de comer aparte y poco.
Pero no me quería quedar con la anécdota del dudable gusto de la alcaldesa jerezana. A mí me han resultado mucho más preocupantes las cosas que han pasado en el ayuntamiento de Madrid y en otros lugares en los que he visto tomar posesión a gentes inquietantes. Pero, sin salirnos de Madrid, la cosa da para hablar un rato.
Dimite el concejal de Cultura Guillermo Zapata por unos desafortunados tweets que publicó hace unos años haciendo gala de un humor negro muy discutible. Lo indiscutible es que uno es lo que ha escrito y no se puede pretender borrarlo como si no hubiera pasado y que eso no cuente a la hora de ocupar determinados cargos. Yo, por ejemplo, con lo que he escrito en mi Twitter, jamás pretenderé ser director de comunicación del Real Madrid, mientras esté Florentino, ni se me ocurriría optar a ser el jefe de prensa de José Mourinho. Pues, coño, no puede ser concejal de cultura un hombre que ha dicho burradas como las que escribió este caballero, por mucho que se hayan sacado de su contexto. Tampoco me parece la más indicada para tal responsabilidad, la moza que va a sustituir a Zapata, Alba López Mendiola. Es que lees su perfil de Twitter y se te erizan los pelillos testiculares: bollera, camionera, desviada, leñadora, feminazi, marxista-leninista. Esta simpatiquísima señorita va a ser la que, a sus 23 años, decida qué se hace con el presupuesto de cultura y deportes. Y podríamos seguir hablando de otros como el tal Pablo Soto que hablaba de torturar y matar a Gallardón o de quemar bancos, o de Jorge García Castaño, que animaba a sus amigas a empalar a Toni Cantó.
A mí no me preocupan ni su juventud, ni su inexperiencia. Ni siquiera el hecho cierto de que hayan escrito burradas inaceptables. Para mí el problema de estos políticos nuevos es el odio que parece que destilan, o que han destilado recientemente. ¿Se les ha pasado ya? Porque la portavoz del ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre, está esperando juicio por vulneración de los derechos fundamentales de las personas. Quizás recuerden el asunto; Rita y sus colegas entraron en una capilla a criticar el hecho, quizás criticable, de que haya un espacio de oración en una facultad. Pues vale. Propón que se quite o que se haga un espacio para varios cultos como hay en aeropuertos y hospitales. Pero no seáis cobardes. Porque esa presunta libertad de expresión que alega Carmena para no destituir a esta moza apuesto a que no tendrían el mismo valor de aplicarla para entrar en una mezquita. ¡¡Ah, no!! ¡Que los musulmanes son mucho más tolerantes que los hijosputa de los católicos!. ¡Dónde va a parar! Podrá decirme la concejala que no hay espacios de culto musulmán en las universidades, pero estoy seguro de que hablando un rato con una feminista radical como ella se nos ocurren dos o tres buenos motivos para que ella y sus amigos se vayan a montar el pollo a una mezquita. Pero no, claro, eso ya no sería libertad de expresión. Hacer eso seria fascismo. Y a mí me parece que hay el mismo fondo intolerante, abusón, violento e intransigente en una cosa como en la otra. Dice Carmena que no fueron violentos. Hombre; creo que no pegaron a nadie, pero irrumpir a grito pelado, a empujones, con el torso desnudo lleno de pintadas en un lugar de oración para acojonar a un religioso y a unos cuantos fieles a mí me parece violento. Yo jamás entraría en una mezquita sin cumplir con los ritos y los signos de recogimiento que se exigen. Por una simple cuestión de respeto. Que es lo que me parece que falta en la mayoría de los que he visto y oído en estos días.
Podrían aprender Rita y sus compinches de las amigas de Gonzalo. Aunque, para ella, Mariquilla y las Bollychurias probablemente sean unas pijas a las que habría que pasar por la guillotina. Les explico muy brevemente.
Gonzalo Serra es un niño con parálisis cerebral. Hace unos años le dijeron que era esencial para su salud que se moviera, pero, por su discapacidad, no puede jugar al ritmo de otros niños. Y su madre, Mariquilla López-Bachiller, decidió buscar una solución. A Gonzalo le apasiona el baile, pero no era fácil encontrar niños que danzaran con él, de manera que Mariquilla pidió en 2010 a un grupo de amigas que se unieran a ellos y, desde hace años, cada miércoles Gonzalo baila ritmos indios con 13 señoras y disfruta de manera radical.
Las Bollychurias y Gonzalo utilizan sus danzas para organizar espectáculos y, a día de hoy, llevan ya recaudados 100.000 euros para la Fundación Bobath. Quizás estaría bien que les echáramos un cable porque quieren construir una residencia con 38 camas para casos extremos. Y como no parece que este proyecto vaya a estar entre los favoritos de la bollera feminazi, pues yo les doy su dirección del Facebook por si se les ocurre el modo de ayudarles. Hacen una gala el próximo día 25 a las 7 y media de la tarde en Madrid.
www.facebook.com/bollychurias
TENGO PACTOS PARA HOY
Pues no me queda claro. No sé si Albert Rivera es un panoli de derechas o un imbécil de izquierdas. Porque depende de a quién escuches en estos días de zozobra post electoral te quedas con una cosa o con la otra.
Por ejemplo, en Andalucía, Ciudadanos ha cerrado ya un pacto con Susana Díaz para que la líder socialista pueda seguir gobernando mi tierra. Lógicamente, ese acuerdo ha dejado a la líder de Podemos más mosqueada que Belén Esteban en unos ejercicios espirituales de San Ignacio. Tan enfadada estaba Teresa Rodríguez que llegó a anunciar que Susana Díaz iba a ser “embestida”, en vez de “investida”. En qué estaría pensando… Pero, claro, en Andalucía ella no es la única indignada, porque también los del PP consideran que Ciudadanos está cavando su tumba pactando con el PSOE y mostrando una patita rojilla que no les gusta un pelo.
En Madrid los mosqueos cambian de acera. El que ayer estaba que fumaba en pipa era Gabilondo viendo que parece hecho el acuerdo entre PP y el partido de Albert Rivera para que Cifuentes sea la nueva presidenta madrileña. El candidato del PSOE venía a decir que Ciudadanos, con este pacto, demostraba que estaba con la vieja política y que no tenía ninguna intención de cambiar de verdad las cosas. Y yo, mira que respeto a Ángel Gabilondo, pero no estoy de acuerdo.
A mí me parece estupendo lo que está pasando. Me encanta ver al PP jodido. Y me encanta ver al PSOE pasando las de Caín. Estoy convencido de que, a pesar de sus muy diferentes modelos de corrupción, de las maneras de gobernar que han mostrado en los últimos 30 años, de las gestiones de la crisis-no-crisis, estos viejos partidos, con sus viejos políticos y sin mayorías absolutas pueden hacer que cambien las cosas. Pero les toca tragar. Tienen que aceptar que el rodillo se lo deben introducir por el recto y empezar a ceder a otros para poder seguir gobernando. Puede que, aún así, nos salgan rana, pero, a pesar de todo, me fío más de PSOE o PP que de estos profetas de la «nueva» política que, se supone, nos van a enseñar lo que es la Democracia verdadera. Joder. Si me tienen que enseñar lo que es la democracia Pablo Iglesias y sus colegas, la verdad, prefiero quedarme en el limbo de la inconsciencia.
Que pacten. Que se sienten a hablar. Que practiquen con ese sustantivo del que se les llena la boca para exigírselo a los demás, pero les cuesta un mundo aplicarse. El Consenso. Pues practiquen consenso, señores. Acostúmbrense a escuchar lo que dice el de enfrente, que a lo mejor no es tan malo. Dejen de utilizar las instituciones como si fueran ese pesebre en el que sólo pueden meter el hocico los de su cuadra. Dejen de repartir cargos, prebendas y subvenciones a sus colegas y dense cuenta de que hay otras opciones y que, incluso, se puede gobernar sin pensar que estás en tu cortijo y todo lo que abarcan tus ojos es tuyo. Y si, en esos consensos, los de Podemos o sus marcas blancas, acaban gobernando, me alegraré también. Será un modo de comprobar si se cumplen mis peores temores o si terminan siendo, como anuncian, una alternativa de democracia verdadera y pureza virginal.
Lo sé. Con tantos buenos deseos, sueno ingenuo. Pero también pensaba hace unos meses que la crisis se iba a llevar por delante mi empresa y ese optimismo que Dios me dio me hizo no deprimirme del todo. Y seguir insistiendo con eso que los amigos que me quieren llaman tenacidad y, los que no me quieren, pesadez extrema. Y por eso hoy puedo contar a mis amigos cabreros que este próximo sábado día 13 a las 13 horas estreno con Marta Solano un programa que se llama Seguridad Vital en la 1 de TVE. Yo, que no soy muy supersticioso, tengo algunas pequeñas manías. Una de ellas es la de la sal en la mesa, la otra lo del amarillo (jamás he vestido de ese color en un plató) y la otra es una cierta fatiga cuando veo el número 13. Pues ahí vamos; estrenando un 13 a las 13. Como ya no tiene remedio, confío en que la llegada de mi amigo Jesús Hermida al cielo, haga que, desde allá arriba se me proteja y el programa funcione. Y, si no, pues como otras veces, a encajarlo con deportividad y a seguir montado en la bici. Y, si nos toca irnos al hoyo, al menos, que entremos en la fosa con buena cara. Y pedaleando.
LA SONRISITA
Es una regla no escrita del bloguerismo. No hables de un tema del que ya se ha dicho todo. Y yo que soy de natural tirando a insumiso con las reglas no escritas, pues me paso todas esas normas por el arco escrotal.
Los lectores cabreros más amigos ya sabrán que hace un par de semanas me afanaron el ordenador. A pesar de las recomendaciones de cualquiera que tenga dos dedos de frente y de haber visto cosas que les han pasado a otros, yo no tenía hecha ninguna copia de seguridad de todo lo que había en mi portátil. Un drama informático, coño. La cuestión es que me voy dando cuenta de ese drama de la memoria a pocos y uno de esos momentos fue la semana pasada cuando me puse a escribir la Cabra. Me entró tal mala leche al constatar que he perdido todas las Cabras, que ya no tenía guardados los contactos de los amigos a los que les mando el blog, que no fui capaz de terminar el artículo. Preferí levantarme, dejar colgados a mis lectores e irme por ahí a lamerme un rato las heridas.
Y, aunque suelo publicar los jueves, como ayer fue festivo en Madrid, he cambiado a hoy viernes el día de publicación. Así que pido disculpas por el fallo de la semana pasada y por las 24 horas de retraso de hoy. Y me ha dado rabia tanto la demora como la cancelación de lo de la semana pasada, porque ha habido tantas cosas de las que hablar, que un bloguero de pro como yo estaba deseando comentar lo de Carmena y Colau, lo de la Espe, lo de Rajoy, que sigue pensando que ha ganado… No sé; estas elecciones locales y autonómicas han dejado el panorama político español que parece una manta de esas de patchwork. Va a tener sus cosas buenas el que los políticos tengan que sentarse a pactar, pero creo también que esto de ponernos en plan pentapartito a la italiana le puede hacer daño al país. Pues quería hablar de todo esto y de alguna cosa más, pero, sobre todo, quería hacer una Cabra sobre la sonrisita.
Imagino que sabrán que me refiero al gesto placentero del presuntamente Honorable Artur Mas mientras escuchaba en la final de la Copa del Rey la tremenda pitada que se llevaron, al alimón, Felipe VI y nuestro himno nacional. Porque cómo no voy a hablar de esa sonrisita. Es que parecía el malo de aquellos inolvidables Spaghetti Western. Es la típica cara que ponía Lee Van Cleef en las de Sergio Leone cuando le estaban haciendo daño al bueno rebueno. Ese gesto, no muy inteligente, que viene a decir: «cómo me alegro” y “te lo mereces». No afirmo con esto que Artur Mas sea bobo y una mala persona (que pudiera ser que lo fuera) lo que digo es que el presidente de una comunidad autónoma, un hombre que representa a sus ciudadanos, a los que pitarían el himno y a los que no, no puede comportarse igual que Belén Esteban, un tertuliano de Sálvame o, ya que hablábamos de cine glorioso, como el villano de “Aquí llega Condemor; el Pecador de la Pradera”.
Lo malo es que comportamientos tan irresponsables como el de Artur Mas, sacan lo peor de nosotros mismos. Muchos le insultan gravemente, a otros les salen discursos llenos de fervor nacionalista y otros se cagan en Cataluña y en los catalanes; así, en general. Y, aparte de que, como dijo Ortega: “No es esto, no es esto”, lo peor de estas reacciones viscerales es que dan alimento al victimismo nacionalista. Todos estos insultos a Mas y a los que silbaron el himno, esas reacciones de vena hinchada, ayudan al nacionalismo tontorrón a seguir pensando que los que no opinamos y no sentimos como ellos somos unos fascistas.
Y debería todo ser mucho más sencillo. Hacer leyes que prevean este tipo de comportamientos. Y actuar, pero no quedarnos en este sí es no, tan de Rajoy, en el que ni se sanciona, ni se dice que nos parece fenomenal que se piten los himnos. Esta feo autocitarse, pero hace un par de meses escribía yo una Cabra titulada “Lo del Himno” en la que pedía, sencillamente, respeto. Sin que nos explote la yugular y sin que mezclemos churras con merinas. No puede ser que un tipo al que yo considero un buen chaval como es Xavi Hernández, diga que pitar el himno de un país es una manifestación de la libertad de expresión. No me jodas, Xavi. Pitar los símbolos de alguien es una demostración de pésima educación y aplaudir a los maleducados es poner abono para que algún día alguien pise también tus símbolos. Y entonces puede que no te parezca que sea algo que tenga que ver con la libertad de expresión. Pero claro, estas cosas siempre nos parecen fatal cuando las sufrimos nosotros. Es como lo de los robos y el trato que deben recibir los chorizos. A todos nos sale el demócrata que llevamos dentro hasta que el chorizo se mete en tu coche y te roba tu portátil. Entonces te sale el cromagnon, que también todos llevamos dentro, y te encantaría que fuera como en las pelis, que un poli amiguete que conoce a los malotes de la calle, se vaya a por el que te ha robado, le pegue dos leches bien dadas y te devuelva lo que es tuyo. Pero eso sólo pasa en las pelis. En la vida real sucede lo que cantaba Sergio Makaroff cuando le robaron la mountain bike, que me parece que es lo mismito que le ha pasado a mi portátil. Sniff.
“qué dura es la vida hermano
me quedé con el candao en la mano
y mientras te canto mis penas
la bici va rodando por sus venas.”
EQUIVOCACIONES
Yo soy un tipo bastante romántico. Creo que no soy ñoño, pero claro, a alguien cursi, repipi, hortera o merdellón, no le preguntes si lo es, porque nadie así es capaz de reconocerse como tal. Vaya; las bodas, por ejemplo, son fantásticas para descubrir el gusto de la gente. Se supone que todos, cuando vamos a un evento social relevante, vamos con nuestras mejores galas y, cuando ves lo que es para cada cual “su mejor gala”, sabes si le confiarías o no el vestuario de tu familia. Si alguien va espantoso a una boda es que se ve bien así.
A lo que voy es a que yo no me considero ñoño, pero quizás algunas personas me dispararían en un pie si leyeran alguna de las cartas y poemas de amor que le he dedicado a lo largo de mi vida a mi mujer. Cuento esto porque yo, que, como he dicho, soy un tipo romántico-no-ñoño flipé ayer con la noticia de un juicio en el que se acordó una pena de 6 meses de cárcel para José Laparra, un ex presidente del Castellón, por asaltar la casa de una pitonisa aragonesa. Es curioso, porque es la segunda semana consecutiva que hablo del Castellón en la Cabra, pero es que la historia es de esas de llorar o de pena o de risa. Resulta que el ex presidente del Castellón estaba enamorado hasta las trancas de una señora. Al parecer Madame no le hacía ni caso y a Monsieur no se le ocurrió mejor remedio que encargar un conjuro de amor para que la hembra cayera rendida a sus pies. Hasta aquí puede ser el comienzo de una peli de Almodóvar. Lo que la convierte en una de Esteso y Pajares es que el dirigente futbolístico pagó ¡¡¡165.000 euros!!! por ese conjuro de amor. Y la receta era de esas que las ves en una peli de Disney y te parece que el guionista desbarra; debía lavarse con un agua en la que habían estado inmersas flores durante 40 días y, posteriormente, untarse por el cuerpo tierra de un cementerio. Puede que, para enamorar a Cruella de Vil, aquello hubiese tenido éxito, pero la paisana castellonense pasó millas del señor Laparra y él no entendió nada. Tras unos días de estupor y de tragarse el sapo de las calabazas, el enamorado decidió vengarse de la pitonisa y contrató a dos matones para ir a reclamarle el dinero a la bruja y a partir de ahí comenzó esta historia que hoy aparece en las páginas de los sucesos de los periódicos.
Yo no dudo de que Laparra sea un tipo romántico. Creo que su concepto del amor es un poco psicopático, pero lo que parece obvio es que para pagar 165.000 euros por un conjuro de amor hay que ser dos cosas; millonario y absolutamente gilipollas. Sin querer prejuzgar, porque no conozco a Laparra ni como ser humano ni como dirigente deportivo, no pondría yo en manos de este hombre el destino de mi empresa y no me gustaría verlo cerca de ninguna de las mujeres que quiero.
Pero hablamos con mucha ligereza de los demás y quizás todos tenemos en nuestra vida alguna equivocación gorda de la que arrepentirnos. No sé, hablando de política, ya que votamos el domingo; quizás Mariano Rajoy se arrepienta de alguna de las elecciones de personal que se han hecho en su partido. ¿Algún tesorero equivocado? Y no sólo en el PP ¿Algún adelanto electoral equivocado por parte de Susana Díaz? ¿Algún acercamiento equivocado de Artur Mas al independentismo y no sabe cómo salir de esa? Probablemente los partidos nuevos también hayan cometido errores, pero vamos a dejar que gobiernen los de Ciudadanos y los de Podemos, si llegan, y ya les daremos caña cuando les toque.
Porque ninguno podemos mirar atrás y no reconocernos en medio de un error. Uno de los míos, estuvo a punto de provocar un abuelicidio.
Era el año 1993. Acababa de nacer mi sobrino Javier y habíamos acudido en manada toda la familia a la casa de mi hermana que, entonces, vivía en Alicante. Mi abuela Julia había viajado desde Málaga para conocer a su bisnieto y estaba con nosotros allí pasando unos días. La hermana del recién nacido tenía un muñeco grimoso que era calcado a un bebé de verdad. Yo, que tengo ideas de bombero retirado (alguna vez tendré que preguntarme el por qué de esta referencia despectiva hacia los bomberos jubilados) decidí hacerle una broma a mi mujer; envolví al muñeco en la toquilla de mi sobrino recién nacido y entré en el salón con él en brazos. Cuando llevaba un par de minutos como durmiendo al supuesto bebé, se lo tiré a mi mujer, desde 3 metros de distancia, como quien pasa un balón de baloncesto. Mi mujer casi se muere del susto, pero la que estuvo cercana al síncope fue mi abuela, que, sin que yo la hubiera visto, estaba justo detrás de mi mujer y pensó que moría su bisnieto…
Primero tuvimos que atender a la Bisa, porque creíamos seriamente que le daba un pasmo. Luego hubo un momento de mucha risa nerviosa y, al cabo de unos minutos, la familia en pleno me estuvo echando una bronca tras otra por imbécil. Yo no sólo estaba abochornado, sino verdaderamente preocupado de ver lo cerca que uno está en ocasiones de salir en la sección de sucesos de un periódico por hacer el zopenco. “Un joven da un verdadero susto de muerte a su abuela”. Habría sido un titular de periódico que yo creo que no habría sido capaz de superar.
COGEDME EL RÁBANO
Ya siento que este titular cabrero me quede así como bajondino, chabacano y faltón, pero en cuanto me explique van a entender perfectamente por qué me refiero a los rábanos y por qué pido que me lo agarren por el bulbo, y no por las hojas. Bueno, realmente no soy yo el que pide tal cosa. Es una licencia que me he permitido; la de ponerme en la piel del líder de Ciudadanos y hablar por su boca después de la que se ha liado con lo que dijo anteayer.
Me hace mucha gracia, en estos días de acojone pre-electoral de los partidos tradicionales, cómo están todos los líderes prestos y dispuestos, que diría José Mª García, a salir a la arena a poner a parir a Albert Rivera cada vez que tropieza, mete la pata o dice una palabra más alta que otra. Y no sólo son los políticos; ya se sabe que entre los tertulianos hay una especie que es el “tertuliano partidario”. Se trata de aquel periodista, o asín, que cuando acude a una tertulia tiene, como objetivo principal, soltar los dos o tres mensajes que le ha indicado su político de cabecera. Son esos que tienden a ridiculizar a los que no opinan como ellos. Los que, cuando ven a alguien brillante que puede hacer daño a su “jefe”, pelean como jabatos para hacer ver, en algún momento, que ese ser brillante no lo es tanto y que, incluso, su brillantez puede ser consecuencia de algo oscuro.
Son mercenarios de la palabra. Son soldados con una disciplina que ya querrían para sus tercios algunos capitanes de la Legión. Son tíos listos con un objetivo claro y con una determinación implacable porque saben que, el día en el que dejen de ser así, el “jefe” les retirará el apoyo y se acabarán las prebendas, las tertulias pagadas estupendamente y los pesebrazos de alrededor.
Digo esto porque seguramente ustedes también conocerán lo que dijo el líder de Ciudadanos en un desayuno hablando de sus candidatos al ayuntamiento y la comunidad de Madrid. En un discurso bien construido, Albert Rivera acaba llegando a una conclusión discutible, pero con la que yo estoy bastante de acuerdo. La construcción defendía que el primer gran cambio lo trajo Suárez al meternos en la democracia, siendo un hijo de la Dictadura. El segundo gran avance lo provocó Felipe González que modernizó España llegando desde la clandestinidad contra Franco y demostró que podía gobernar la izquierda sin que se quemaran iglesias ni ricos. El tercer empujón fue la convergencia con Europa; lo protagonizó Aznar, que dejó claro también que la derecha era capaz de tomar el gobierno sin arrasar totalmente el estado del Bienestar. Según Rivera, ahora lo que hace falta es una regeneración de nuestra democracia y ese vuelco de la pileta se debe hacer principalmente con gente que ha nacido en democracia. Eso fue lo que dijo inicialmente. Luego, en esos arrebatos de claridad y concisión que les dan a los políticos, quitó el “principalmente” y remató su argumento diciendo que esta regeneración “sólo” la pueden hacer los que hayan nacido después del 75 y no tengan mochilas de corrupción, ni cuentas en Suiza. Y ahí la cagó, porque les dio munición a todos los que van por el país con la escopeta abierta para, en cuanto Rivera o uno de los suyos mete un poco la pata, dispararles dos o tres cartuchos a la ingle.
Porque, a ver; ¿Alguien cree de verdad que Rivera piensa que los mayores de 40 años están incapacitados para la política? Yo creo que no, sobre todo porque, si así fuera, tendría que echar a más del 70 por ciento de las personas de sus equipos. El líder de Ciudadanos pudo patinar, puede que su argumento tenga elementos frágiles, pero lo que es indiscutible es que en España hace falta un tiempo nuevo y va a ser difícil que los que lideren esa regeneración sean los que llevan décadas en la poltrona. ¿Alguien confía en que Susana Díaz va a hacer que Andalucía sea mejor, si ella representa al partido que ha llevado a mi tierra adonde está hoy? ¿Alguien piensa que Rajoy puede liderar una cruzada contra la corrupción habiéndole mandado aquel “sé fuerte, Luis” a un tío que se llevó a Suiza, que sepamos, 43 millones de euros? Llámenme suspicaz, pero yo opino que no.
Y ahora les ruego que me dejen que vaya a lamerme las heridas después de que un canterano del Madrid, Morata, que tuvo que salir de aquí por la puerta de atrás, nos dejara anoche sin la Final de la Champions contra el Barça. Ya podrán imaginar con quién voy a ir ese día. Y no sólo porque yo quiera que pierda hasta el Barça de Hockey sobre patines, sino porque soy de la Juve desde los 8 años. Una prima de mi padre se casó con un turinés. En el año 1973 vinieron a vernos a Málaga y, el marido de mi tía, me trajo una camiseta de la Juve. En aquella época, había que comprarse por un lado la camiseta y, por otro, el escudo y luego coserlo a la pechera. Al día siguiente yo, todo ufano y sin escudo, me llevé mi camiseta blaquinegra para utilizarla durante la clase de Educación Física. Cuando me la puse, me sentí el más elegante de mis amigos, pensando en los Bettega, Mazzola, Zoff o Gentile y recordando las victorias míticas que contaba el tío Giancarlo. Todo muy épico, hasta que uno de mis amigos, que jamás había visto un partido de la escuadra italiana, dijo: “Anda Jirfe, vete a la mierda, que esa camiseta es del Castellón”. Yo la seguí usando durante mucho tiempo, aunque no hubo manera de convencer a mis amigos de que, realmente, aquella camiseta, y sea esto dicho con todo respeto, era de un equipo mucho más glamuroso que el de la Plana.
EL HOMBRE AL QUE ME GUSTARÍA PARECERME
Mira que es jodido escribir cuando uno tiene que sacar las palabras de la parte esa del estómago en la que se te agarran las angustias fuertes. Normalmente la Cabras las escribo en un tris. Sin demasiado esfuerzo, una vez que tengo la idea, las palabras van fluyendo fáciles aunque a veces me cueste empezar. O terminar.
Pero hoy tengo que hablar de la muerte de un hombre que ha sido verdaderamente importante en mi vida. Ayer, a las nueve menos dos minutos de la noche, le decíamos adiós a Jesús Hermida. Alguna vez he contado en esta Cabra que Jesús fue, primero, mi jefe y, luego, mi amigo. El viernes pasado, merendando en su casa, recordábamos la primera vez en que nos encontramos.
NUESTRO PRIMER ENCUENTRO
Ni él ni yo sabemos por qué, pero nos caímos mutuamente bien desde ese primer momento. Y eso que, ni el lugar ni el desarrollo de aquel encuentro, fue para echar cohetes líricos. A Jesús, a pesar de que llegaba como una gran estrella a la Antena 3 del año 91, le asignaron un curioso despacho que estaba en medio de un pasillo. Era un sitio más bien oscuro y a Jesús, que tampoco le apasionaban los interiores muy luminosos, le había dado por cerrar persianas, apagar la luz y dejar encendida una lamparita pequeña de mesa.
En ese entorno inquietante, un muchacho de veintiséis años entraba a entrevistarse con un mito de televisión. Y este fue el diálogo surrealista que nos condujo a una amistad indisoluble:
CGH: Buenas tardes, soy Carlos G. Hirschfeld…
Jesús Hermida: ¿Has pensado en dejarte bigote?
CGH: Ehhh, mmmm, buenoooo es que no me sale. (Yo siempre he sido tirando a lampiño)
JH: Y tú ¿Qué tipo de reportero eres?
CGH: ¿Como que qué tipo de reportero soy?
JH: Sí (ampliando las palabras en deje muy hermidiano). ¿Eres intréppiddo, divverrtido o senntimmental?
CGH: Pues, hombre, yo creo que un poco de cada cosa. Depende del reportaje.
JH: No se puede ser esas tresss cosas a la vezzz.
CGH: Buenooo, yo creo que sí. Yo he hecho reportajes de todo tip…
JH: No. Eso esss imppposibbble.
CGH: No es imposible, porque yo los he hecho.
JH: No, no y no
CGH: Sí, sí y sí.
Ahí, la verdad, pensé que mi posibilidad de trabajar con él se iba a ir a la mierda. Siempre me habían dicho mis padres que no fuera inoportuno, que midiera y en aquella primera conversación mi repetición del sí en respuesta a su repetición del no era el primer escalón del infierno. Pero le debió hacer gracia, porque después de darme caña, decirme que no iba a atreverme a dejar informativos para irme con él a hacer programas y unas cuantas cosas más, me pidió que volviera con algún reportaje que hubiera hecho.
Salí de su despacho lamentando no haber hecho caso a mis padres, pero, una hora y pico más tarde, regresé a su cubículo con tres cintas Betacam y le dije:
CGH: ¿Puedo pasar?
JH: Sí.
CGH: Aquí tienes (las puse en su mesa un poco chulito haciendo un ruido ni demasiado fuerte, ni demasiado flojo); un reportaje intrépido, uno sentimental y uno divertido. A ver cuál te gusta más.
Jesús no me dejó irme. Fue metiendo las cintas en un magnetoscopio y, a medida que iba viendo los vídeos, algo me dijo que a ese tipo al que yo admiraba desde mi infancia, me lo había metido en el bolsillo.
EL MEJOR JEFE DEL MUNDO
Como subordinado le disfruté tremendamente. Cada reto, cada propuesta marciana. Lo mismo te pedía que tiraras en aguas de Huelva un barril con un mensaje para que llegara a América, que te pedía que hicieras un reportaje sobre el 200 aniversario de la muerte de Mozart, pero sin hablar de Mozart. Lo del barril fue fracaso absoluto, porque no llegó ni a Matalascañas, pero el de Mozart es de los reportajes que uno guarda en la memoria como algo que hizo bien.
Recuerdo también cada regañina porque tu reportaje no estaba todo lo redondo que él había pensado y cada salto de alegría porque tu vídeo le gustaba y le habías dado un buen momento de televisión. Porque era muy exigente, pero no he tenido, jamás, un jefe más generoso con sus equipos.
RIGOR, ÉTICA Y RESPONSABILIDAD
Y, sobre todo, tengo muy grabadas esas lecciones que nos daba sobre lo que se debe y no se debe hacer cuando uno tiene la inmensa responsabilidad de hacer un programa de televisión. Se ha hablado mucho de Jesús como creador de formatos, como contador de historias y como forjador de equipos. Pero no se ha dado excesiva importancia a lo que a mí más me marcó de él; un extraordinario sentido ético de la profesión. Un sentido del rigor, de la independencia, de la justicia y de la responsabilidad del que se dedica a contar lo que pasa en un medio que puede hacer tanto bien y tanto daño como es la televisión.
En los últimos tiempos le había podido un cierto desencanto y decía sentencias como que “En Televisión sólo se puede ser una cosa: el dueño”. Pero en cuanto le hablabas de proyectos se ponía a proponerte ideas y enfoques y volvía el director entusiasmado que yo conocí durante tantos años de amistad. Como periodista y como jefe, le podré tener siempre presente, porque ahí están nuestras experiencias juntos y las hemerotecas y los archivos de radio y televisión. Pero le voy a añorar tremendamente como amigo.
Esas llamadas en las que yo decía siempre: “Hola Bosssss”. Y él me contestaba: “Cuéntame cosas buenas, Filfilito”. Y yo, con mi optimismo radical, le iba contando sobre el mar y los peces. Y él me hablaba de su ánimo o su desánimo, pero siempre, antes de despedirnos, me contaba una de esas historias que le encantaban. No he conocido a nadie tan culto y con tanta capacidad para aprenderse de memoria fragmentos interminables de novelas, poemas, canciones y óperas. En aquella última conversación del viernes me repitió algo que estaba diciendo mucho últimamente.
MI PENACHO
Como previendo que se acercaba su final. Me contaba el desenlace de Cyrano, cuando el caballero dice a las puertas de la muerte que podrán quitarle todo, pero que nadie le podrá arrebatar su penacho; su orgullo, su grandeza. Puedo jurar que Jesús Hermida, mi amigo, mantuvo hasta ayer a las 20.58 horas su penacho agarrado bien fuerte y en alto. Y allí estuvimos su familia y sus amigos para verle hacer su última reverencia.
Adiós Hermi. Que descanses en paz, aunque sé que cuando llegues al lugar al que se van los buenos, después de dar un beso a tus padres te irás corriendo a ver si puedes hablar con Mozart, con Napoleón o con JFK o con Lennon. Aunque no; conociéndote, sé que te vas a ir directo a darle achuchones a Bola.
LA BUENA EDUCACIÓN
Qué manía tienen los políticos de controlar a los medios de comunicación. No siempre se salen con la suya, pero, si obedecieran a su primer instinto, la mayoría de los políticos cerrarían periódicos, encarcelarían a periodistas e impondrían la censura previa. Todas estas cosas, por supuesto, se piensan, se proponen y, en algunos casos, se ejecutan siempre en beneficio de “la sociedad”, para “no herir a personas decentes”, para proteger el “derecho a la buena imagen”… Jamás un político reconocerá que, cuando la hormona del macho alfa le pide aplicar leyes excepcionales a la prensa es, sencillamente, porque lo que les gusta es que los que les rodean y los medios de comunicación les hagan mucho y todo el rato la pelota.
Digo esto porque imagino que habrán oído hablar de la propuesta del Ministro de Justicia de plantearse si sería bueno sancionar a los medios de comunicación que revelen secretos de un sumario que esté en fase de instrucción. Y el benéfico fin que se perseguiría con esta medida es proteger el buen nombre de personas que son investigadas, pero a las que finalmente no se les encuentran pruebas de que hayan cometido delito alguno. Y yo estoy de acuerdo con Rafael Catalá en que es indignante la manera en la que muchas veces los periodistas manejamos este tipo de informaciones. Y creo que es triste ver cómo frecuentemente nos saltamos filtros profesionales y no contrastamos bien o no investigamos adecuadamente y, en portada a cinco columnas, damos por chorizo a un Santo varón. Lo malo de estas cosas es que, cuando se sabe a ciencia cierta que el Santo varón no ha delinquido, la rectificación no la hacemos a 5 columnas, sino con un titularcín en una esquinita bien pequeña de nuestra publicación.
Pero esto, señor Ministro, debe conducir a una reflexión entre los periodistas y, en el caso de que alguien se haya sentido perjudicado por una información, a una demanda judicial contra el medio que haya mancillado su nombre. Lo que no debe pasar es que sea un gobierno el que, en la búsqueda de la protección de honores ajenos, establezca filtros que coarten la libertad de prensa. Y esto no es corporativismo. Lo juro. Yo aquí hablo de las libertades generales. La prensa española en los últimos años no ha sido precisamente ejemplar, pero una sociedad libre necesita una prensa libre regulada por la Constitución y por el resto de leyes que rigen a esa sociedad. Y debe ser una prensa con derecho a equivocarse. Y, si se equivoca y alguien reclama judicialmente una reparación, que haya un juez independiente que dicte sentencia y castigue a ese periodista o a ese medio por el mal causado.
Pero para entender esto, nuestros políticos deberían llevar mucho más tiempo en democracia. A pesar de que nuestro sistema de libertades va a cumplir 37 años, países como Francia, Gran Bretaña y, sobre todo, EEUU nos llevan décadas de ventaja y aceptan unos medios de comunicación libres a los que, si meten la pata, se les cae el pelo. Por supuesto que los políticos estadounidenses desearían periódicos llenos de miel y alabanzas sin límite, pero tienen metido en la parte más profunda del cerebro que, con la libertad de prensa, pocas bromas. Es un problema de años de educación. Cuando Rafael Catalá estudió sus primeros años de colegio, a finales de los 60 y principios de los 70, todavía teníamos fotos del Glorioso Caudillo de las Españas en nuestras clases. En aquellos mismos años, en Estados Unidos, dos periodistas del Washington Post le estaban preparando el lecho mortuorio al primer Presidente estadounidense caído por mentir. Y es inevitable que, con esos antecedentes franquistas en el subconsciente, de vez en cuando, nos equivoquemos.
Y ya que hablamos de educación, me hace gracia la que se ha liado con la madre que corre a guantazos a su hijo por las calles de Baltimore. Por si no lo han visto, les adjunto aquí abajo el enlace. La muerte de otro joven negro a manos de la policía desató hace unos días unos terribles disturbios en esta ciudad norteamericana. Una cámara grabó cómo esta señora sorprendía a su hijo encapuchado en medio de una manifestación y se lo llevaba dándole collejas mientras le gritaba en un inglés muy de Maryland: “pa casaaaa y quítate ya esa capuchaaa”. No defiendo en absoluto la violencia paternal, pero muy probablemente ese muchacho se apartará del sendero del mal, si supera la vergüenza de que todo el mundo haya visto a su madre, como la Hidra, sacándole de la manifa a leches.
Pero es que los padres no debemos descuidarnos si queremos que nuestra progenie se mantenga en el buen camino. Y no hablo sólo de chicos más crecidos. La buena educación empieza desde bien temprano. Y hay que estar atentos, no sólo a lo que hacemos nosotros, sino a lo que les dicen a nuestros hijos los que les cuidan. Cuando mi hija Paula tenía un año y poco, generaba mucha admiración entre las amistades porque era un loro y decía perfectamente todas las palabras que aprendía. Un día, desperezándome de la siesta, escuché a la señora que trabajaba en casa decirle cosas a Paula mientras le cambiaba el pañal. Todo fue normal hasta que Mary (que así se llamaba la susodicha) anunció: “Le voy a limpiar a mi niña laaaa…” Y mi hija, para gran sobrecogimiento mío, gritó entusiasmada: “Chirlaaaaa”.
http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/la1-madre-baltimore/3109521/
ESOS POBRES NEGRITOS
Nos dan mucha pena. Hablamos de ellos casi siempre con ese sentimiento caritativo que nos da la certeza de que somos superiores a ellos. No sé si es el gen colonial, que lo tenemos ahí metido a fuego, pero seguimos en muchas ocasiones hablando de la gente del Tercer Mundo como de nuestros hijos pequeños. Con una mezcla de pena y conmiseración que nos deja muy tranquila la conciencia y permite que podamos seguir con nuestras vidas como si no hubiera pasado nada.
Nos gustan mucho los negritos del África Tropical. Quedan estupendamente para nuestras campañas de blancos enrollaos. Nos permiten sacar lo mejor de nosotros mismos, pero, si lo que les pasa a estos negritos es demasiado fuerte, pues oye, mejor miramos para otro lado que, al final, están lejos de cojones y ojos que no ven… Y somos capaces de olvidarnos porque, enseguida, tenemos encima otra noticia que nos tapa los orificios de entrada de dolor.
Cuento esto porque la semana pasada un buen amigo mío y seguidor habitual de la Cabra, Txema Marquiegui, me hizo ver que no entendía por qué nos sentíamos tan identificados con unos muertos y tan poco con otros. Se refería a la poca repercusión que habían tenido en el Norte los asesinatos de 147 estudiantes en la Universidad Keniata de Garissa. 6 bellacos del grupo terrorista Al Shabab masacraron a decenas de estudiantes para generar terror. Y como saben que su crueldad sin sentido nos sobrecoge, para meternos más miedo en el cuerpo, dijeron que habían dejado con vida a los estudiantes musulmanes. Son esas explicaciones inexplicables que dan los grandes malvados de la Historia para provocar espanto en los no afines y algo de empatía y admiración entre sus incondicionales.
Cuando aquellos desalmados entraron a tiro limpio en la redacción de Charlie Hebdo, no tardamos ni cinco horas en decir masivamente que todos éramos Charlie. Hubo manifestaciones en cientos de ciudades y líderes de todo el mundo acudieron a Paris a un gran acto contra la barbarie. En el atentado contra la redacción de esta revista satírica murieron 12 personas. Pero la muerte de esos 12 nos dejó más huella y fue, sin duda, porque vimos cómo el espanto se metía en nuestras cocinas. Esa sensación de: “Me puede pasar a mí” hizo que todos nos sintiéramos Charlie. Sin embargo estos 147 estudiantes forman parte de aquellos lejanos negritos del África Tropical que nos cantaban en nuestra infancia con el Cola-Cao. Y durante un rato, o dos, nos espeluznamos con el relato de la masacre, pero ninguno hemos sido en estos días ni Peter, ni Mary, ni Fred que son 3 de los nombres de los 147 desdichados que cayeron. Yo no puse ninguna foto en mi Facebook, ni hice ningún comentario en Twitter, ni dediqué ni una línea de una Cabra a reflexionar sobre la truculencia de este terrorismo yihadista que mata cada día a miles de personas en todo el mundo, pero que sólo nos toca la fibra cuando se cepilla a nuestro vecino.
Así que aprovecho esta Cabra para pedir perdón a esos 147 muchachos que se formaban para ser mejores ciudadanos y me comprometo a estar más atento a estos espantos, aunque nos los tapen diariamente los escándalos de nuestros políticos que, cada dos por tres, nos dan motivos para ponerlos en las portadas de los periódicos. Joder; por si no teníamos suficiente con Bárcenas, Gurtel, Púnica, los ERES, Pujol, Rato… es que ahora sale también lo de Trillo. Que hay que respetar la presunción de inocencia, pero ya mosquea que una constructora le pagara al ex presidente del Congreso por asesorías más de 350.000 euros. Eso por no hablar de la creación lingüística del Director de la Agencia Tributaria al referirse a la lista de los 715 amnistiados fiscales que levantan sospechas de haber hecho marranadas con su dinero. Esa “repera patatera” ha levantado multitud de comentarios y de exigencias de transparencia de todos los partidos de la oposición. Yo creo que piden eso porque ellos apuestan a que en la repera patatera hay más del PP que de los otros, pero yo no me fiaría mucho, no sea que alguno se lleve una sorpresita. Porque en esto de tener averiados en la tropa no puede ponerse estupendo ningún partido. Está tan gastada la palabra imputado, que hasta el PP ha decidido hacerla desaparecer de nuestro ordenamiento jurídico para sustituirla por “investigado”. Y la verdad es que es una pena porque imputar ha sido un verbo que, tradicionalmente, ha dado mucho juego en los juzgados. Sobre todo en mi tierra. Mi tío José Luis, que de joven fue juez en la localidad malagueña de Coín, siempre contaba la anécdota de un agricultor al que uno de sus compañeros, durante un juicio, le preguntó: “¿Está usted de acuerdo con el delito que se le imputa?”. El pobre hombre no entendió la pregunta y dijo: “¿Eingg?”. Cuando el magistrado le insistió: “Que si está usted de acuerdo con el delito que se le imputa”, el campesino ya torciendo el gesto y empezando a cabrearse gritó: “¿Quién? Hioputa yo?”
Pues eso. Que puede que en los juzgados no vaya a haber ya imputados, pero “hiosputa” me temo que va a seguir habiendo unos cuantos.