No sé si a ustedes les pasa, pero a mí suele ponerme de bastante mala uva esa frase que se suelta con frecuencia ante las calamidades: “esto no es culpa de nadie”. Y en ocasiones es cierto; el infortunio, o vaya usted a saber qué, hace que sucedan cosas que nadie quiere. Pero, en general, a mí me parece que esa es una manera que tenemos de quitarnos la responsabilidad cuando uno ve que algo que ha pasado es culpa de uno mismo o de alguien a quien tiene afecto. “No es culpa de nadie»… y nos quedamos como mucho más tranquilos. Pero las cosas suelen ser casi siempre culpa de alguien. O de unos más que de otros.
El fin de semana pasado tuve una ardiente discusión con unos amigos sobre el tema de Cataluña. Yo decía, como pienso, que la culpa de lo que ocurre allí es, en parte, del histórico rosario de cesiones de los diferentes partidos nacionales que han pactado con CiU cuando no han tenido mayoría absoluta. También opino que una gran parte de esa culpa es del delirio en el que entró Artur Mas, cuando vio que se le escapaba el gobierno de la Generalitat y que había vientos desfavorables en los juzgados y en la enorme deuda que acumuló el gobierno autónomo durante años de dislates. Pero considero también que los catalanes que se sienten españoles tienen una parte importante de culpa por no haber plantado cara al desvarío. Y me preguntaban los amigos con los que discutía: «¿y qué tendrían que haber hecho?». Pues no sé, pero creo que durante años han sido condescendientes. Han mirado para otro lado. Han dejado hacer a los que han ido atropellando los derechos de los que querían educar a sus hijos en castellano, a los que soltaban el discurso único en TV3, a los que pronunciaban proclamas políticas lastimeras (Espanya ens roba) a las que nadie se oponía, o a los que colocaban en el Nou Camp pancartones diciendo “Catalonia is not Spain” sin que nadie dijera nada, no fuera a ser que les tacharan de fascistas. Ayer almorcé con una catalana que no quiere ni oír hablar de independencia y, cuando le planteé mi manera de verlo, me dijo que ellos siempre creyeron que nunca se iba a llegar tan lejos. Literalmente me confesó que aquello “se les había ido de las manos”.
También, como decía, han tenido su parte de culpa los diferentes gobiernos nacionales que han ido permitiendo que creciera la bestia hasta llegar a ese tamaño de oso grizzlie cruzado con elefante en el que se ha convertido aquello. ¿Y quién le pone el cascabel a este gato? Porque está Cataluña partida en dos. Y en España millones de personas piensan: «que les den». Y yo opino que, por mí, que se vayan. Pues venga; que se haga ese referéndum solo a los catalanes. Fíjense que estoy de acuerdo en pocas cosas con los de Podemos, pero en esta me pongo de su lado. Llegados a este punto, que decidan. Y, desde ahora hasta que se haga el referéndum, que los que se sienten españoles se mojen, de verdad y de una vez, y exijan a sus políticos y a sus conciudadanos que se acabe con esto si es que les parece tan absurdo. Y, si gana el sí a la independencia, que se vayan de España. Ahora, si gana el no, que se callen de una vez. Porque a mí esto del nacionalismo me parece una paletada cósmica, teniendo en cuenta el siglo en el que estamos y que somos la UE. Si gana la Independencia, yo seguiré yendo a Barcelona, comprando los productos catalanes que me gustan y acogiendo a los catalanes que vengan a mi ciudad como unos europeos a los que siempre tendré un afecto especial, desde luego diferente del que tengo a franceses, italianos o alemanes.
Es cierto que el estado actual es profundamente democrático y que la Constitución fue aprobada por todos. Hay muchas voces desde Cataluña y desde la extrema izquierda pidiendo deslegitimar a la Constitución y a nuestro Rey como herederos de la Dictadura o como algo que se votó hace mucho, que menuda gilipollez. Se votó hace menos de 40 años y tanto la Constitución como el Rey se ganaron el derecho a ser considerados absolutamente democráticos. Pero también es cierto que entre unos y otros hemos dejado que Cataluña se asome a este vacío delirante. Y creo que la fuerza de las democracias está en ser capaces de superar embates como este. Lleguemos a un acuerdo. Dejemos que voten y, pase lo que pase, que se acabe este absurdo ya. Pero pongamos condiciones. Establezcamos un porcentaje a partir del cual sea razonable la concesión de la independencia y marquemos unos plazos. Si se vota hoy y gana el no a la Independencia, convengamos que no se vuelva a abrir este melón hasta dentro de 30 años, por lo menos. Y pactemos el tipo de educación y el modelo de convivencia que va a haber si los catalanes deciden quedarse en España, para que no se revise esto cada vez que a un líder nacionalista se le hinche la vena catalanista y quiera ser el George Washington del Maresme.
En fin. Sé que no me van a hacer ni caso y que habrá muchos de ustedes que piensen que estoy en un tremendo error, pero estoy convencido de que, llegados a este punto, hay pocas vías de escape porque Cataluña está partida por la mitad. Que claro, bien pensado, eso de estar partido por la mitad, es muy español. Lo digo por lo de la Ley de Memoria Histórica. Anteayer me emocioné leyendo la historia de una mujer de 90 años que, gracias a una jueza Argentina, ha conseguido que le dejen exhumar el cuerpo de su padre fusilado por la justicia franquista en Guadalajara. Manda cojones. Hemos sido incapaces de aplicar esta Ley sin sacar lo peor de nosotros mismos. Pero eso, amigos, será otra Cabra.
YO SOY CRISTIANO
Por Dios (y nunca mejor dicho), que nadie piense que este titular es de apoyo a Cristiano Ronaldo por no haberse llevado el Balón de Oro. Vaya; que no estoy haciendo un “Je Suis Charlie” para lamerle las heridas al portugués por ver que Messi se llevaba, en sus narices, el 5º Balón de Oro para el barcelonista.
Empiezo así porque, será curioso, pero en una sola semana dos de mis héroes me han pedido lo mismo. Uno de esos héroes es inalcanzable, tipo Messi, y además es también argentino. El otro es un héroe alcanzable; el Padre Eduardo, del que ya he hablado en alguna ocasión aquí.
No sé si habrán visto un vídeo, que puso en circulación hace unos días el Vaticano, y que yo adjunto al final de esta Cabra. El Papa Francisco nos anima a los católicos a expresar nuestra fe, pero no para convencer al de enfrente de que nuestro Dios es el Único y Verdadero, sino para buscar la concordia con los que sienten y creen diferente a nosotros. Pide el Papa, literalmente, que «el diálogo sincero entre hombres y mujeres de diversas religiones, conlleve frutos de paz y justicia». No se me ocurre mensaje más conciliador, más cordial, ni más cristiano. Pues muchos le han puesto a parir.
Los hay que piensan que no se puede decir, como afirma el Pontífice, que todos somos hijos de Dios. Pero, coño, si no dice eso el Papa, ustedes me contarán quién lo va a decir, porque, además, el Pontífice no dice «de mi Dios”, aunque lo crea. En el vídeo dice hijos de Dios. E incluso aparecen representantes de las 4 principales religiones afirmando que creen en el amor.
La otra crítica proviene de los sectores más conservadores del catolicismo, que se indignan porque, en el vídeo, se equiparan símbolos cristianos con otros budistas, judíos y musulmanes. Aparecen en el vídeo cuatro pares de manos. Unas sosteniendo un Buda en miniatura. Otras mostrando la menorá judía, ese candelabro de siete brazos. Las otras manos acogen a un pequeño niño Jesús y, las últimas, el tasbih o másbaha, que es el rosario musulmán.
También es un hombre algo polémico mi otro héroe, el padre Eduardo. No es muy ortodoxo, pero cada semana suelta dos o tres ideas para reflexionar y, al terminar la misa, nos deja deberes. No son obligatorios, pero nos anima a hacer cosas que nos recuerden durante los siguientes días los mensajes que nos ha dado en la Eucaristía. Esta semana nos habló de la alegría de ser cristianos y de contarle a los demás que somos católicos; que creemos en Dios. Nos puso esa tarea; habla con alguien que no sepa que eres cristiano y dile que tú crees en Dios. Y eso estoy haciendo. Asumo que muchos de ustedes saben lo que creo, pero, para el que no lo sepa, aquí va mi mensaje. Yo creo en Dios. Y creo en una Iglesia alegre que busque la concordia, el respeto y que difunda el mensaje de Cristo no desde el temor, sino desde el amor de Dios.
Lo sé. No es un mensaje muy moderno, pero curas como el Padre Eduardo y vídeos como este que ha difundido el Vaticano me reconcilian con mi Iglesia, de la que me sentí lejano durante muchos años. Y opino que al catolicismo le hacen falta muchos mensajes como este para caminar, de verdad, por el sendero que yo creo que marcó Jesucristo. Y ese camino por el que va el Papa Francisco, que anunció hace ya dos años en su “Evangelii Gaudium”, es para mí la senda correcta y la que puede conseguir que, todos aquellos que critican a la Iglesia así como de carril, vean que, además de pederastas, boato, finanzas sospechosas y curas retrógrados hay más cosas buenas que malas dentro de ella. Y a todos aquellos que dicen que la Iglesia Católica en España chupa del bote del Estado de manera injusta, les animaría a hacer cuentas y a decirme, seriamente, si creen que la Educación, la Cultura, la Sanidad y gran parte de la asistencia social de este país serían sostenibles sin el trabajo extraordinario de religiosos y seglares, la mayoría de ellos voluntarios, que cada día están con los que menos tienen.
Y, hala, ahora ya también pueden ponerme a parir a mí. Ya por cierto, como estoy embalado, voy a cerrar hablando del otro Cristiano. El del júrgol. Miren que soy madridista y miren no me cae muy bien el Messi este que defrauda a Hacienda, pero, ciertamente, comparar al argentino con el portugués es una risa. Si echamos la vista atrás y miramos el número de goles decisivos que han marcado uno y otro en esos partidos en los que uno se juega la temporada, la comparación es deprimente para Cristiano y para los que queremos que el Barça pierda hasta en los entrenamientos de alevines.
Y, por rematar, dos preguntas de regalo:
1.- ¿Por qué sigue insistiendo Pablo Iglesias en que responde más a la voluntad popular un pacto de Podemos con el PSOE que un pacto de PSOE con PP y con Ciudadanos? Haciendo sumas, y mira que soy de letras, salen muchos más votos en la segunda posibilidad.
2.- ¿Es legal que uno asuma la presidencia de una comunidad autónoma sin jurar o prometer fidelidad al Rey, a la Constitución y al estatuto de autonomía? Porque no soy jurista, pero tiene pinta de que no.
LAS MAGAS
Hace falta ser mentecato. Ya me sabe mal arrancar la primera Cabra del 16, el primer artículo tras las Navidades, de manera algo brusca. Pero es que me parece que hay demasiada gente que tiene una empanada mental prodigiosa. Y esto no tendría demasiada importancia, si no fuera porque, en algunos casos, juegan con las ilusiones de millones de niños y, en otros, dan una sensación de ridículo absoluto que yo opino que no debe dar un dirigente político.
Hablo, como podrán imaginar, de aquellas 3 Magas que se sacó de la manga republicana una asociación cultural de Valencia y que el Alcalde de la ciudad, Joan Ribó, recibió en el Ayuntamiento. Estas 3 señoras recordaban un engendro que se inventaron durante la República para hacer una celebración laica de la Navidad. Yo no voy a entrar en si las señoras parecían o no meretrices de un Far West, como he leído en algún sitio, y además creo que es estupendo que se hagan celebraciones en las que se quiera homenajear a la Libertad, a la Igualdad y a la Fraternidad, que era el nombre al que respondían las magas. Lo que me parece penoso es que los políticos ateos o agnósticos tengan esa necesidad de vestir de otra manera lo que es una celebración de origen indudablemente religioso. Y para hacerlo entran en el ridículo de festejar la navidad laica o, como mis paisanos de El Rincón de la Victoria, en invitar a los no creyentes a hacer Primeras Comuniones y Bautizos por lo Civil. No entiendo esa manía de los dirigentes políticos descreídos, por lo general de izquierda, de hacernos compartir a todos su descreimiento. ¿Tiene sentido hacer una Cabalgata en Madrid en la que pones a tres Reyes Magos que parece que habían comprado los disfraces unas horas antes en un chino? Yo creo que no. Manuela Carmena está haciendo algunas cosas bien en Madrid. Otras considero que son muy mejorables, pero está moviendo algunas ramas y creo que, por ejemplo, lo de invitar a cenar a los indigentes en Cibeles en Nochebuena es de las cosas más cristianas que se han hecho en el ayuntamiento de Madrid en décadas. Muchos la han criticado por demagoga, pero, coño, ¡viva la demagogia! si consigue que esas personas, por unas horas, se sientan mimadas y atendidas. Pero una cosa es eso y, otra, imponer su manera de ver la Navidad a millones de niños que tienen una ilusión basada en la tradición que se han ido contando nuestros padres y abuelos desde tiempo inmemorial. Aquí no se trata de innovar, Carmena. Me puede parecer bien que se cuide de los animales, aunque creo que es un brindis al sol, pero no me joda convirtiendo la Cabalgata de Reyes en una especie de fiesta de disfraces improvisada en una tarde. ¿Aceptarían en países como Estados Unidos, Gran Bretaña, Holanda, Alemania, que Papa Noel o Santa Claus aparecieran en la TV luciendo un traje verde en vez de uno rojo? ¿Y si pusieran a una Mamá Noela? O, para congraciarnos con los inmigrantes, ¿un Papá Noel de rasgos árabes con barba negra y un turbante o una kufiya? Yo creo que no. Me parece que Carmena y, en general, muchos gobernantes de izquierda confunden las cosas y en sus onanismos mentales creen que unas magas ayudan a la integración de la mujer, que unos Reyes de plástico son más modernos y que un bautizo por lo civil es un derecho ciudadano. Y la modernidad, la igualdad y los derechos ciudadanos se pueden y se deben trabajar con políticas, con presupuestos y con acciones que sirvan para algo, no con mamonadas. Pero estamos en una época en la que parece que si uno repite mucho algo, consigue que sea como uno quiere. Es como lo de los pactos post electorales. Yo dije en la última Cabra que creo que lo que han pedido los electores es que se pongan de acuerdo nuestros políticos. Y que el único pacto que yo creo que daría estabilidad al país y permitiría hacer reformas profundas es que se sentaran a negociar sobre los grandes asuntos los dos partidos más votados. Pueden darnos pereza, pueden haberse corrompido en el gobierno de la nación, comunidades y ayuntamientos en los últimos 25 años, pero son, sin duda, los que representan a un mayor número de votantes. Y creo que deberían ser ellos los que llegaran a un acuerdo que nos diera un mejor país dentro de 3 ó 4 años. Y creo que los votantes de ambos partidos lo agradecerían. Porque me temo que Pedro Sánchez no está viendo la soga que se está poniendo alrededor del cuello con ese acuerdo con Podemos. Porque insisten mucho en no negociar con ellos con el tema del referéndum de Cataluña, pero hay otras muchas cosas tremendamente inquietantes en el programa de Podemos sobre las que nadie en el PSOE traza líneas rojas. Aunque ahora que lo pienso, estoy convencido de que los programas electorales de los partidos no se los leen ni los militantes propios, con que te diré los afiliados del partido de enfrente. Hay que reconocerlo. Nos cuesta leernos los programas y hacemos con ellos una lectura de telediario. Pero claro, dan una pereza de cojones. Nos ocurre como con las condiciones legales que firmamos alegremente, sin mirar, cada vez que nos registramos en una web, compramos algo online o damos de alta alguna aplicación en nuestro móvil. Sin que te enteres, pueden obligarte en esas condiciones a ser sodomizado por cualquier directivo de Apple que te lo requiera o, quién sabe si en la última, que firmé ayer al estrenar el televisor que me han traído los Reyes, acepté que me convirtieran en esclavo sexual de una accionista mayoritaria de LG.
SÍ SE PUEDE
A ver. Que no me he hecho de Podemos. Podría estar desempolvando las camisas de cuello Mao y las camisetas de Peace and Love, pero no. Este “Sí se puede” es un slogan que los de Podemos le fusilaron a un comunista convencido como es Barack Obama y que han hecho suyo a grito pelado por las calles de España. Pero es, además de una frase coreable en la manifa, una convicción que tengo desde que a eso de las 11 de la noche del domingo se supo que los españoles habíamos querido tener un Parlamento fragmentado como un mantecado que se te cae al suelo.
Uno se puede poner a hacer sumas y no le sale una mayoría absoluta lógica ni de broma. Cuando digo lógica, me refiero a que veo difícil que el PSOE pacte con Podemos, ERC, Bildu… y consigan que, de esa amalgama, nazca algo parecido a un pacto para gobernar España sin que acabemos haciendo desfiles delante del Soviet Supremo presidido por el camarada Pablo.
Cuando hablo de lógica, estoy diciendo que debe haber un pacto que permita que España siga pareciendo un país serio visto desde fuera y yo creo que el único pacto posible es una unión temporal del PP y del PSOE para garantizar un gobierno estable.
En general, en estos días, cuando he sugerido algo así, a mis amigos del PP les ha parecido mucho mejor la opción que a mis amigos del PSOE. Yo creo que los del PP están en plan “lo que sea, menos dejar el gobierno” y, a los del PSOE, pues les da grima pensar en que Pedro Sánchez llegue a un pacto con Rajoy. Pero yo creo que, pese a lo que digan muchos líderes en sus discursos, eso es lo que ha pedido el electorado.
En la misma noche electoral escuché a una dirigente del PSOE, Carmen Montón, dejar claro que había fumado algún cigarro de la risa minutos antes de decir, por dos veces, que el resultado demostraba que “el PSOE es la fuerza favorita para el cambio”. Y, hombre, es cierto que son los segundos, pero la hecatombe ha sido de tal dimensión que no se explica que alguien pueda decir eso sin que le dé la risa.
Por otro lado está Pablo Iglesias hablando como si hubiera ganado las elecciones. Explicando cómo va a permitir que España sea gobernable si se hace lo que él quiere que son, por cierto, cosas de las que casi no ha hablado en la campaña electoral. O sea que, el comunista que ha parecido socialdemócrata por unas semanas, vuelve a sacar la patita y ya empieza a hablar con cara de “os vais a enterar” y poniendo sonrisitas que a mí me recuerdan al malísimo señor Burns de los Simpsons. Y no, Pablo. Has tenido un magnífico resultado para ser un partido nuevo en el Parlamento, pero estás muy lejos de haber ganado. O sea que deja de hablar del mandato del Pueblo, como si alguien te hubiera designado para una Gran Misión. No eres el Mesías. Eres un tío con 69 escaños. Y ya. Por mucho que se te infle la vena, por mucho que tengas a miles a tu lado en la manifa, por mucho que digas cuáles son tus condiciones para que España sea gobernable, el gobierno y la capacidad de legislar se ganan en las urnas y tú, de momento, esa capacidad no la tienes.
Sí la tienen los dos partidos que, sumando sus resultados, obtienen una mayoría de más de 200 escaños.
Yo creo que eso es un mensaje de los electores. Después de décadas de vaivén con leyes fundamentales, de acuerdos con nacionalistas, de yo qué sé cuántas leyes de Educación, de utilizar las pensiones como arma electoral, los electores han dicho que es el momento de que los dos principales partidos de España se junten, se sienten y hagan que vivamos en un país mejor.
Y no es tan difícil. Por eso digo que SÍ SE PUEDE. Tenemos el ejemplo de lo que sucedió entre 1975 y 1978. ¿Podemos tener el valor de decir que fue más fácil para Carrillo sentarse junto a Fraga y Suárez (y viceversa) de lo que puede ser para PP y PSOE hacer un pacto por España? Yo creo que es absurdo desaprovechar la ocasión. Siéntense, joder. Hagan un acuerdo posible y dediquen su tiempo a pactar, a hacer consenso, a mirarse desde la concordia. A buscar lo bueno que hay en el otro y a transigir poniendo la menor cantidad posible de líneas rojas. Estoy seguro de que dos partidos que saben que han de ponerse de acuerdo por narices tienen que ser capaces de hacer una ley de educación que no se cambie en las siguientes legislaturas. Unas reglas que ayuden a acabar con los corruptos. Una nueva ley electoral. Una legislación que proteja de verdad a los que menos tienen y ayude a las personas dependientes. Una reforma que nos ayude a mantener el modelo de Estado en el que hoy convivimos. Un nuevo acuerdo sobre las pensiones. No sé; podría seguir toda la mañana escribiendo sobre las cosas buenas que podrían salir de un verdadero acuerdo nacional entre PP y PSOE. Y espero que tengan la Grandeza de intentarlo. Y confío en que, en el trayecto, tengan la ayuda de Podemos (aunque me da que no va a pasar) y de Ciudadanos y que logremos que, cuando haya nuevas elecciones, dentro de 2 ó 3 años, o, mejor, dentro de 4, podamos decir que tenemos una España mejor y que lo hemos conseguido gracias a la Grandeza de nuestros políticos. No sé. Igual soy un ingenuo poseído por el espíritu de la Navidad, pero, coño, si uno no tiene ilusión en el día de la Lotería, cuándo va a tenerla.
LA SIEMBRA
He leído que fue un guantazo, un manotazo, una bofetada, hasta, literalmente, en El País, que un joven fue detenido por “tirarle las gafas a Rajoy de un fuerte golpe en la cara”. Vaya; cada uno puede buscar en su libro de estilo, pero, para mí, lo que pasó anoche en Pontevedra fue que un jovencito (un menor con responsabilidad penal atenuada, según nuestras leyes) cobardemente, desde atrás le arreó a un señor mayor un puñetazo, un mandoble, un “crochet” de izquierda, vamos; lo que viene siendo una hostia como un pan de pueblo. Lo que pasa es que ese señor mayor se llama Mariano Rajoy y es, de momento, el Presidente del Gobierno de España y el candidato a ese mismo cargo por el Partido Popular.
Y, en estas horas, he leído mucho acerca del asunto; artículos, editoriales condenatorios, declaraciones indignadas de todos los líderes políticos. Pero no he visto entre la tropa política ni un solo acto de “contricción”, que diría un tertuliano de Sálvame, que debe ser como una contrición, pero mu apretá. Porque yo creo que lo que sucedió ayer, que el muchacho que hizo lo de ayer, es hijo de muchos padres. Tengo la sensación de que nuestros políticos han pensado durante mucho tiempo que todo es gratis. Que se puede hacer de todo, porque la gente es como de corcho. Que se puede establecer un cinturón sanitario en torno a un partido como si fuera la peor ultraderecha, como se hizo durante años con el PP, con un lenguaje que pone a huevo que sucedan cosas como la de anoche. Este mozo pontevedrés es hijo de ese lenguaje bolchevique que utilizaban hace meses los que hoy son candidatos al Congreso por Podemos. Esos discursos del 15-M llenos de odio hacia los políticos tradicionales. Esas convocatorias a rodear el Congreso. Esas reclamaciones del regreso de las guillotinas. Esos escraches siempre a personalidades de la derecha del país. Esos asaltos a las capillas…
Lo que pasa es que este mozo es también hijo de Bárcenas, y de las obras del PP pagadas en negro y de las indemnizaciones en diferido de Cospedal y de la Gurtel y de los Eres y de Urdangarín… Nada es gratis. Aunque nuestros políticos juegan a favor con el hecho cierto de que somos un pueblo majo, blandos, adocenados, que sólo nos alteramos ante afrentas inaceptables como que eliminen a nuestro equipo injustamente de una competición. Ellos piensan que pueden hacer todas estas cosas que he citado sin que pase algo. Hasta que pasa. Gracias a Dios lo de ayer fue sencillamente un susto. Imagino que Rajoy habrá pasado la noche muy dolorido y hoy estará que parecerá el Ecce Homo que restauró, en Borja, Cecilia Giménez, aquella pobre señora que se hizo famosísima. Pero podría haber sido peor. Y lo tremendo es que ha habido algunos que le han jaleado y estoy seguro que, entre los de los escraches, los asaltos a capillas y demás valientes de la revolución soviética, habrá muchos que anoche brindaron porque, por fin, alguien le dio su merecido a ese fascista. Es que manda huevos. El otro día hablaba con una amiga muy del PSOE que me decía, con preocupación, que en el PP habita la peor extrema derecha del país. Comentaba yo con ella mi pesadumbre terrible por el auge de la ultraderecha en Francia. Que parece que no agobia en exceso en Europa. Y ella me dijo que aquí la ultraderecha está en el Partido Popular. Y no se lo discuto; puede que voten al PP muchos que, si hubiera en España una Le Pen, le darían su apoyo. Pero esa letanía acaba haciendo pensar, entre la izquierda, que el PP es un partido menos legítimo que los demás. Y no entiendo que no amplíen esa preocupación al hecho obvio de que en España la ultraizquierda va a conseguir en torno a 60 diputados en el Congreso. Porque, dando por hecho que IU va a desaparecer del cuadro, en sustitución de la coalición de Cayo Lara, entran estos muchachos que hace un año pedían a gritos la instauración en España de una República Bolivariana y ponerle el candado a la Constitución del 78. Es cierto que Pablo Iglesias está demostrando que es más inteligente, por ejemplo, que Pedro Sánchez que se equivocó en las formas diciéndole en el Cara a Cara a Rajoy que no era un político decente. Y tenía razón en el fondo; no puede seguir en el gobierno alguien que permite o que no se entera de que su Tesorero se ha forrado de manera colosal y que, cuando se descubre la tostada, le manda el famoso “Sé fuerte, Luis”. Pero si abres el melón de la indecencia, hay que rematar, Sánchez no supo hacerlo y Rajoy se le escapó llamándole de todo y regañándole como si fuera su padre, en vez de su contrincante. Iglesias, en cambio, sí se ha dado cuenta de que las formas son importantes y aquel bolchevique gritón que promovía un leninismo amable, hoy parece un cura de barrio obrero de los 60; un tío súper enrollao que pide que haya paz en los debates, que va repartiendo tolerancia y que fue el más indignado anoche con el muchachito pontevedrés. Quizás porque sabe que muchos van a identificar al agresor con esa izquierda que él representaba, hasta que vio la luz de la socialdemocracia.
En fin. Que yo creo que lo de la agresión de Pontevedra es un síntoma de que hace falta un cambio de ciclo YA. Que debemos tener unos políticos decentes. Pero siempre. No sólo cuando le recuerdan su indecencia al de enfrente. Que deberíamos promover la concordia y exigir a nuestros políticos que se sienten, que se respeten, que se pongan de acuerdo y que dejen de darnos motivos para pensar en qué nos equivocamos el día aquel que les dimos nuestro voto. El domingo tenemos una magnífica oportunidad para decirles todo esto con nuestra papeleta.
LA SUERTE
No sé por qué, la suerte está, en general, muy mal vista. Si uno dice que confía en tener fortuna cuando le viene encima un momento crítico, algún proyecto importante o una decisión crucial, los más serios del lugar te miran como pensando; “si confías en la suerte, mal te va a ir”.
Yo me considero seguidor incondicional de Bugs Bunny. He tenido y tengo casi siempre buena suerte y, del mismo modo que creo que existe la buena, estoy convencido de que existe la mala. Que alguna vez me ha tocado. Eso no significa que yo deje las cosas al azar. Cuando pido para tener buena suerte en un proyecto, lo hago mientras me dejo la piel para lograr que llegue a buen fin. Pero yo conozco a muchos con el mismo o más talento que yo, que han trabajado lo mismo o más que yo y que, en los momentos cruciales, mientras yo he tenido golpes de la buena fortuna, ellos los han tenido de la mala. O de la de ni fu ni fa. Que no es mala suerte, pero se le parece un montón.
Digo esto porque en las últimas semanas he tenido la fortuna de encontrarme con dos de esas personas que nos mejoran. A ambos la vida les golpeó de una manera brutal y pudieron escoger entre lamentarse o tirar palante y escogieron esto segundo. Y no sólo es que decidieran levantarse; es que en sus nuevas vidas están siendo mejores y trabajan cada día para contarles a los demás lo que hacen. Y a los que han pasado por lo mismo que ellos les dicen que se puede salir adelante y hacer muy diferentes cosas. Hablo de Irene Villa y de Albert Llovera.
Como saben, Irene perdió las dos piernas y 3 dedos de la mano izquierda en un atentado de ETA hace 24 años. Aquella niña de 12 años que emocionó a España, hoy es una periodista que ha estudiado, además, Psicología, Humanidades y está constantemente formándose para saber más cosas del mundo que la rodea. Decidió esquiar y competir y ha sido varias veces campeona de España. Decidió dar conferencias, y empresas e instituciones se pelean por escuchar sus vivencias. Decidió formar una familia y se casó y tiene dos niños. Decidió ayudar a los demás y tiene una Fundación con la que tira de otros para que miren hacia delante.
Albert Llovera era esquiador profesional con un futuro tremendo. En una competición de la Copa de Europa, un juez despistado se cruzó en su descenso a más de 100 kilómetros por hora y Albert sufrió una lesión medular que le dejó en silla de ruedas. Al igual que Irene, escogió luchar y utilizar su fuerza y su experiencia para animar a los que pasan por lo mismo que ellos. Albert pensó que podía seguir compitiendo e, inicialmente, le dio por el baloncesto en silla de ruedas. Fue subcampeón del mundo de clubes. Después decidió que quería competir en Rallys, pero en los mismos Rallies que los pilotos sin discapacidad. Él cuenta que le dieron la licencia por pena, pero, aquel mismo año, con las dificultades de conducir un coche adaptado, ganó carreras y campeonatos. Y terminó compitiendo en el Mundial de Rallies y en el Dakar. En la entrevista que le hicimos hace unas semanas, nos contó algo que a mí hizo que se me saltaran las lágrimas. Hablaba Albert de la época en la que corrió el Mundial. Una noche estaba cenando con los Grandes; con Carlos Sáinz, con Mc Rae, con Solberg… Y el noruego le dijo lo siguiente: “Albert, nosotros nunca hemos tenido miedo a morir en una carrera. Nuestro temor era quedarnos como estás tú. Desde que te hemos conocido ya no tenemos miedo.” Creo que se puede decir poco más, salvo que Albert es un tío divertido que va por el mundo contándole a los demás que se puede vivir de manera diferente y ser muy feliz.
A Lary León no la conocí haciéndole una entrevista. Tuve la enorme suerte de cruzármela en la Universidad Antonio de Nebrija hace más de 20 años. Fue mi alumna en 4º de periodismo. Un problema congénito hizo que Lary llegara al mundo con una sola pierna y sin brazos. Dos medios húmeros eran la única posibilidad que tenía aquella niña de asir las cosas. Con unos padres y unos hermanos increíbles, con una voluntad infantil inverosímil, Lary fue consiguiendo superar barreras, levantarse, caminar y, con sus medios brazos, agarrar la vida con la fuerza de la mano de un gigante. De nuevo la suerte hizo que nos cruzáramos unos años después en Antena 3, donde entró como redactora de un programa y hoy es la Directora del Canal Fan3 de la Fundación Atresmedia.
Podría contar muchas cosas de Lary, pero quizás lo mejor es decir que, cuando llevas con ella 2 minutos, te olvidas de que le faltan extremidades y te fijas sólo en su mirada, en su inteligencia y en su sonrisa. Que es exactamente lo mismo que me sucedió con Albert y con Irene.
Los 3 han publicado libros contando sus experiencias de vida. Quizás estaría bien que hiciéramos como mi amigo Rafa Cerro, que no ve la tele, y que dice que “el ocio es limitado y uno debe elegir a qué dedica sus horas. La población española ve más de cuatro horas y seis minutos de televisión al día. Cultivarse o adocenarse es el dilema, pero a la inmensa mayoría de la gente le cuesta utilizar el botón de apagado.”
Yo les propongo que, en los próximos días le den al botón de OFF de la tele y compren uno de estos 3 libros excepcionales. “El Tesón de una Sirena” de Lary León, “No Limits” de Albert Llovera o “Saber que se puede” de Irene Villa. Miren que me dedico a la tele, pero si cambian cualquiera de los programas que hago yo o algunos de mis amigos por la lectura de cualquiera de estos libros, yo les iba a dar un abrazo. De los gordos.

UNAS PREGUNTITAS
Lo de la victoria de la oposición en Venezuela ¿Es un síntoma de que allí hay una democracia normal y corriente?
¿Podemos esperar un cambio a mejor o a peor de Antofagasto Panocho, quiero decir; de Nicolás Maduro?
¿El viaje de ZP a Venezuela lo ha pagado la oposición a Maduro? Porque se mantiene la leyenda de gafe de nuestro ínclito ex-presidente.
Que gane la extrema derecha en Francia ¿Es algo que debería preocuparnos? Porque da la sensación de que no se nos han alterado demasiados músculos a los demócratas del resto de Europa.
La foto electoral de Pedro Sánchez ¿La ha hecho el mismo que diseñaba aquellas fotos descoloridas de las peluquerías de barrio en los 70?
¿No le darían el Oscar del Photoshopismo al genio que ha dejado a Soraya que parece la hermana pequeña de Ana García Siñeriz? ¿Guapa, pero rara?
¿Por qué todos los candidatos, excepto Pedro Sánchez, miran para Murcia, o a Badajoz, en los carteles electorales? En el caso de Rajoy lo entiendo porque mirando a cámara se le ponen a girar los ojos como si fuera el heredero natural de Marujita Díaz. Pero en todos los demás, resulta extraño y tiene un punto de foto hortera de primera comunión.
En el debate de esta noche en Antena 3, ¿Maquillarán bien a Albert Rivera, o le sacarán pálido y con los ojos hundidos como en el debate de El País? ¿Iglesias volverá a cometer el error de ir con una camisa blanca arrugada que le da aspecto desastrado y encogido? Al menos el asesor de imagen del PSOE en aquel debate lo hizo bien, porque en la fotito…
¿Se han planteado en el ayuntamiento si Ana Botella dejó encargado algún tipo de sabotaje del aire acondicionado para que la nueva corporación inhale (inconscientemente) marihuana durante las reuniones en las que surgen iniciativas brillantes como la de la recogida de colillas?
Con la victoria frente al Getafe y el empate del Barça ¿Se ha terminado la crisis en el Madrid?
¿La cosa no era que, ya sin Íker, el Madrid con Keylor Navas había ganado en firmeza defensiva y ya no nos metían goles por alto?
¿En qué piensan exactamente los que gritan “Florentino Dimisión” en el Bernabéu? Porque, y ya cerramos el círculo de preguntas volviendo al principio, echar del Madrid al Florentino viene a ser de difícil como echar a Maduro de Venezuela. Ambos, con la democracia en la mano, convirtieron su salida del gobierno en un infierno para los que no los quieren.
COMPAÑEROS DE CAMA
Oigan, ahora que lo leo en negrita y al tipo 20 me doy cuenta de que alguno puede pensar que esta Cabra va a hablar sobre guarreridas diodenales del finstro jugosito, que habría dicho mi adorado Chiquito de la Calzada. Y no. Me refiero a las cosas extrañas que tienen la alta política y las guerras. Cómo uno es capaz, en determinadas situaciones, de irse a la cama con el enemigo si eso puede ayudarle a vencer a un tercer enemigo común. Antes de la Segunda Guerra Mundial, muchos en Europa y EEUU aceptaron, mirando para otro lado, las burradas de ese muchachote un poquito revoltoso que se llamaba Adolf Hitler. Que estaba pasándose la democracia por el arco triunfal, comenzando su delirio genocida y expulsando de Alemania a los que no opinaban comme il faut. Pero se hacían negocios con él, estaba eliminando a algunos tipos molestos y, mientras no te tocara las narices, pues, oye, no te vas a meter en los asuntos de otro país.
Pero claro, Hitler acabó tocándole las narices a medio planeta y las potencias occidentales capitalistas no dudaron ni un momento a la hora de aliarse con otro genocida (este comunista) que podía ayudarles a quitar de en medio al genocida nacionalsocialista. Y Stalin, durante unos años, fue uno más de la pandilla. Hasta que hubo que repartirse Europa tras aplastar a Hitler. Después de aquello, Stalin volvió a ser el coco, recuperó su rabo y sus cuernos y abrió esa etapa tan bonita de nuestras vidas que fue la Guerra Fría, el Telón de Acero y el Imperio de la URSS.
Salvando las distancias, lógicamente, a mí me parece que con todo esto de la Guerra a esos cabrones que nos ponen bombas en nombre de Alá y que apiolan a pobres desdichados vestidos de naranja, está pasando algo similar con el simpatiquísimo Vladimir Putin. Hasta hace nada Putin era ese malvado post-pre-soviético-o–lo-que-sea-eso que iba a provocar la III Guerra Mundial. Toda la información que salía hablando de mafias, del hundimiento de la economía rusa, de cómo ese pseudo-dictador estaba masacrando a los pobres ucranianos, ha desaparecido. Y ahora Putin aparece en los medios de todo el mundo occidental como un tío enrollao que nos va a ayudar a terminar con esos mierdas yihadistas. Y a mí, no sé, seré un quisquilloso, pero me sigue pareciendo un hijoputin y cada vez que leo uno de sus discursos, cada vez que le veo por la tele dirigiéndose a los suyos, me recorre un escalofrío por la espalda y pienso que no le dejaría a mis hijos en custodia ni veinte minutos.
Pero es la Guerra. Y la política, en muchas ocasiones, se parece bastante a una Guerra en la que ha de haber vencedores y vencidos y en la que uno, para ganar, debe juntarse con otro tapándose la nariz y mirando para otro lado. Y esas cosas no suelen acabar bien, pero se hacen. Muchos de los lodos en los que estamos hoy en Cataluña, provienen de los polvos que se echaron PSOE, ERC e IC-EU en aquel inolvidable tripartito que dejó a Cataluña para el arrastre y en manos del psicópata Mas. Un partido españolista y constitucionalista como el PSOE se alía con republicanos, independentistas y comunistas para lograr la presidencia de Cataluña. Es como si el Papa Francisco, para mantenerse en el Vaticano llegara a un acuerdo con las Ligas Satánicas y las Sociedades de Amigos de Belcebú; chicos algo violentos y radicales, pero, qué se le va a hacer, te ayudan a mantener el trono de San Pedro.
No se prevén coaliciones así de aberrantes para el 20D. Sobre todo porque el que parecía el coco comunista, Pablo Iglesias, va ahora de cura de pueblo sin clergyman y le falta participar en una novena de la Inmaculada Concepción. No sé si a ustedes les pasa como a mí, que, cada vez que le veo últimamente, me da la risa. El otro día en el debate a tres, me recordaba a aquel personaje de Gomaespuma que pedía “Paz pa tós”. Está tan sobreactuado en su camino a la socialdemocracia y la moderación que, en dos momentos en los que Rivera y Sánchez se enzarzaron un poquito, apareció él con tono de clérigo en plena homilía a unas monjas muy ancianas para pedirles que no debatieran tan ardientemente, que eso era un mal ejemplo. La cosa fue tan flipante que sus contendientes acabaron riéndose de él y diciéndole que parecía más un moderador que un candidato. O sea que, si tras el 20D alguien pacta con el Iglesias, no lo hará con ese que hace meses hablaba de Lenin, de expropiar a los ricos, de poner guillotinas y que Viva Venezuela Bolivariana. No. Hoy se supone que es un tío moderado al máximo con el que podría pactar, casi, hasta el PP.
Nos esperan días divertidos hasta el 20D. Yo creo que vamos a acabar de debates, propuestas, disparos dialécticos y mítines hasta los mismísimos, pero nos jugamos mucho en ese día prenavideño. Yo confío en que venga un tiempo nuevo con una manera diferente de hacer política. Y estoy seguro de que, gane quien gane, se alíe con quien se alíe, va a ser así. Hombre, debo reconocer que no me gustaría ver al cura Pablo cerca del gobierno de mi país, pero confío en que venga un tiempo nuevo y mejor. Y, si llega un gobierno que tenga que pactar con otros, me alegrará porque creo que lo que le hace falta a España es que estemos durante un tiempo construyendo juntos y practicando algo que sea lo más parecido a la concordia.
LO DE CLARA Y LO DE BERTÍN
Pues yo lo entiendo. Sé que no quedo muy bien diciendo esto porque a la pobre la han puesto a parir desde muchos frentes. Hablo de la actriz Clara Lago a la que se le ocurrió decir en una entrevista en “El Hormiguero” que le parecía un coñazo la moda esa de que los fans pidan que el famoso se haga un selfie con ellos. Por si alguno no la conoce, Clara es una actriz que saltó a la fama tremenda tras el exitazo de “8 Apellidos Vascos” y remató su paso al estrellato comenzando una relación con el protagonista masculino de la cinta, mi paisano Dani Rovira. Ambos se convirtieron, sin quererlo, en objetivo de la prensa del corazón y su celebridad aumentó de manera abrumadora.
Debo decir que ni soy amigo de Dani, ni de la moza. Es cierto que ambos me caen muy bien. Igual son tontos del culo, pero me dan la sensación de ser gente maja y encima ella me parece un bombonazo de esos de clavar rodilla y besarle la mano como los caballeros antiguos. Y al bombonazo se le ocurrió provocar una de esas riadas de “Anatemaaaa” que hacen que se te echen encima los santones de la política corrección. Que si “vaya princesita”. Que si “Cómo puede decir eso con el pastón que gana”. Que si “Es una imbécil engreída que no sería nada sin sus fans”. Que si “Al admirador hay que responderle siempre con una sonrisa”. Pues depende, coño.
Yo, que ya soy un famoso de serie B, una celebrity vintage, puedo decir estas cosas sin miedo. Entre eso y que he pasado ya de los 50, empieza a importarme muy poco lo que digan de mí. Pero qué razón tiene Clara Lago cuando afirma que hay ocasiones en las que es un coñazo. Y que, aunque salgas por la tele, no tienes por qué aguantar impertinencias, ni malas educaciones, ni a personas que creen que, porque eres famoso, te pueden tratar como si fueras su colega de toda la vida. Yo he vivido situaciones acojonantes. Y jamás he dicho nada, salvo una vez que mandé a la mierda a un borracho que se tiró 20 minutos dándome la brasa en una discoteca de Valencia. O aquel otro señor, también mamado, que me dijo un día que era un alemán pervertido y que lo hacía fatal y, el remate del tomate, un muchacho que, en 1997, me pidió un autógrafo cuando yo estaba rezando, a dos metros del féretro, en la capilla ardiente de Narciso Yepes en Murcia.
Yo creo que todas las personas que hemos sido famosas nos regocijamos un poco cuando Fernando Fernán Gómez mando a la mierdaaaa a aquel pobre señor que se debió poner pesado y le pilló en un mal momento. Yo nunca he negado a nadie una foto o un autógrafo o un saludo, pero verdaderamente me han dado ganas varias veces. Y creo que lo único que le sobró el otro día a la Lago fue la franqueza, que es una virtud que, en España, sólo se permite si tienes menos de 10 años, más de 80, o si estás en los últimos días de una enfermedad terminal. En España la franqueza solo se valoró durante la dictadura. Ah no, ni siquiera; que aquello era Franquismo. Que está muy de moda últimamente, por cierto, con eso de que se han cumplido 40 años de la muerte del que dirigía nuestros destinos por la Gracia de Dios. Que es una pesadez. Hace 40 años que murió el Dictador y casi 80 desde el comienzo de la Guerra Civil y todavía hoy sigue habiendo gente que pretende dividir la sociedad española entre franquistas y no franquistas. Me resulta increíble lo presente que tienen al Caudillo, no los que le añoran (que deben caber en un autobús de línea), sino los que parece que estuvieron en la clandestinidad, aunque la muerte de Franco les pillara a los siete años o en formato espermatozoide.
Hoy estoy en plan defensor de causas pobres, pero es que me ha indignado la manera en que dos periodistas, Jon Sistiaga y Mariola Cubells, han puesto a parir a Bertín Osborne por hacer un programa de éxito en TVE1. Bertín, que parecía que estaba muerto para la tele, ha resucitado en un género en el que ni yo, que le tengo un gran aprecio, pensaba que iba a funcionar; el de la entrevista larga. Y la verdad es que el tío las hace muy bien. He visto alguna en la que había demasiado cachondeíto entre personaje y entrevistador, pero, en general, me han parecido todas entrevistas interesantes, mostrando un lado diferente de personajes y sacándoles, a casi todos, historias y momentos desconocidos. Pero, oiga, que a Bertín se le ocurrió entrevistar a Carmen Martínez Bordíu, cuyo delito es ser nieta de ese Dictador que murió hace 40 años, y, a estos periodistas puros, les parece que un tipo como Bertín JAMÁS debería haber hecho un programa de entrevistas en una tele pública. Sistiaga y Cubells, en “La Ventana” de la SER, hablaron de Bertín y del público que le sigue en la 1 con el desprecio típico de las élites a los que no son como ellos. Vaya, lo que han hecho los fachas de toda la vida aunque a Sistiaga y Cubells, tan progres, tan listos y tan amantes de la libertad les parezca que su altura intelectual y personal es otra.
Podían aprender todos estos de un cura al que he conocido hace poco tiempo y que celebra la misa de 8 todos los domingos en nuestra parroquia de San Víctor, en Madrid. Es el Padre Eduardo. Es para mí un ejemplo de tolerancia, de pensar en el de enfrente, de ponerte en el lugar del otro y siempre dice alguna cosa que te deja reflexionando. El otro día el Evangelio hablaba de aquella conversación entre Pilatos y Jesús en la que Pilatos le pregunta si Él era el Rey de los Judíos. Y el cura nos preguntó quién era hoy nuestro Rey, a quién seguíamos hoy; quiénes eran nuestros ídolos. Y terminó la misa diciendo que iba a hacer circular un billete de 5 euros con el siguiente mensaje: “Yo no soy Dios. Busca la Verdad”. Y en eso ando. Yo, hoy, voy a poner a circular el mío.
LOLOLOROLO
Sé que un bloguero de pro hoy debería dedicar su artículo a hablar de los atentados de París. Han pasado ya seis días y este tiempo debería haber servido para poner algo de reposo y que todos viéramos las cosas más claras. Pero la sensación que tengo es que, a medida que nos alejamos de la noche de aquel horror, se nos va pasando el estupor inmediato que provoca el terrorismo y empiezan a salirnos los sarpullidos tan ibéricos que nos distinguen.
He leído en estos días artículos sesudísimos de analistas de ambos bandos. Aquellos que aseguran que estamos en una Guerra religiosa y los que dicen que es otra cosa; un conflicto territorial y económico con la religión de coartada. Y unos y otros escriben el artículo, o sueltan su proclama con ese tonillo como de “es que no sabéis de lo que estáis hablando”. Pero ellos sí. Claro. Este es un conflicto que arranca desde antes de que se escribiera la primera Biblia, pero hay unos listos que ven clarísimas las cosas y que lo arreglarían todo en un periquete. Si les dejaran.
En estos días posteriores al espanto he oído hablar del trío de las Azores, de Al Qaeda, de Arabia Saudí, de la creación del Estado de Israel y del reparto de Oriente Próximo entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. He oído a españoles lamentar que nosotros no fuéramos capaces el 11M de salir a la calle cantando nuestro himno nacional como hicieron los franceses desde minutos después del drama en los pasillos del Stade de France. Y he escuchado a muchos quejarse de la pequeñez de nuestros políticos en aquel horrible marzo de 2004 frente a la grandeza de los políticos franceses; todos como una piña en torno a Hollande. Que parecía el tonto del Gordo y el Flaco y en estos días está derivando en líder mundial. Y cuando se hacen referencias a aquellos días posteriores al 11M, se le ve a todo el mundo a kilómetros el pelo de la dehesa. Si el que habla es de un partido de izquierdas, lo que te dice es que el PP engañó al pueblo para tapar el hecho obvio de que los atentados fueron consecuencia de nuestra entrada en la Guerra de Irak. Si quien te habla es más de derechas te hace ver la vergüenza de que el PSOE y otros partidos de izquierda aprovecharan la tragedia para rodear las sedes del PP en jornada de reflexión, culpar al gobierno mentiroso del drama y torcer el resultado electoral a su favor.
Y yo, qué quieren que les diga, me quedo en medio. A mí me pareció lamentable el uso que hicieron los partidos de la oposición de aquellas horas de dolor. Pero me pareció mucho peor la sensación que dio el gobierno de que estaban deseando que hubiera sido ETA la autora del atentado. Y te dicen que les engañaron desde la policía. Y puede ser; pero, coño, se les notó a la legua cómo se relamían pensando en los 220 escaños que iban a obtener con un atentado etarra de ese calibre. Y nos cabreó. Yo recuerdo como uno de los momentos más tristes de mi vida la manifestación posterior a los atentados. La sensación absoluta de desunión bajo la lluvia. Unos pocos gritaban contra ETA, unos cuantos más contra el gobierno o contra los partidos de oposición, otros pedían Paz y algunos, como mi familia y yo, guardábamos silencio con una mezcla muy curiosa de dolor, espanto, decepción y vergüenza. Pensaba en aquellos momentos en la anterior gran manifestación a la que asistí; la posterior al asesinato de Miguel Ángel Blanco. Allí sí que estábamos todos unidos. Los de izquierdas, los de derechas y los mediopensionistas; todos gritando al unísono o callándonos a la vez. Jamás he oído un minuto de respeto tan sobrecogedor como aquel. Oías cómo se iba acercando el silencio desde las calles adyacentes y cómo el lugar en el que yo estaba, la plaza de Cibeles, se quedó tan callado que yo, por vez primera en mi vida, escuché el chorro del agua cayendo sobre la fuente. Y me pregunto qué pasaría si hoy volviera a suceder, Dios no lo quiera, lo del 11M. Creo que nadie cantaría al unísono el Lololorolo, porque yo lo del himno y el absurdo de que no seamos capaces de ponerle una letra ya lo doy por perdido. Pero sí creo que habría una mayor unión frente al espanto. Aunque luego te vas dando cuenta de que sigue habiendo algunos que te dicen que la culpa de todo es nuestra y que lo que hay que hacer es sentarse a hablar con esos alegres muchachotes del Estado Islámico que, seguro, estarían dispuestos a un diálogo reposado. Yo, para empezar, creo que debemos dejar de llamarles Estado Islámico. Me pasa como con lo de ETA, que cada vez que oía que hacíamos referencia a ellos como comando, me parecía que les hacíamos el juego y dábamos una consideración de ejército a aquellos gudaris de mierda. Para continuar dejaría de dar tanto bombo a las burradas que hacen y no volvería a dar publicidad a esos vídeos espantosos con víctimas vestidas de naranja. Creo que les damos demasiada bola. Y yo el primero que llevo 889 palabras dedicadas a esos hijos de puta. Así que, mejor, les voy a proponer una cosa constructiva.
Como saben yo soy colaborador de la Fundación Contra la Hipertensión Pulmonar. Acaban de abrir una campaña de recaudación de fondos en la que un niño de 5 años que se llama Gabriel (que no es un modelo, sino un afectado por la HAP) pide ayuda para investigar una enfermedad que es mortal y que, a día de hoy, no tiene cura. Se puede hacer dando un donativo en su cuenta corriente, o enviando un SMS con la palabra RESPIRA al 28014. Son gente seria y esta pequeña ayuda puede hacer que, en unos años, los pulmones de niños como Gabriel dejen de responder NO cuando sus amigos les pregunten si quieren ir con ellos a jugar. A todos los que encontréis un rato para ayudar: GRACIAS.

