LOS LLORONES

Si no fuera porque a mi mujer, a mi madre y a mi tía Maravillas no les gusta que diga tacos, diría que los llorones me tocan profundamente los cojones. Como prefiero no hablar malamente y no hacer rimas facilonas, sólo confesaré, parafraseando al gran Fary cuando hablaba del hombre blandengue, que yo “al hombre quejica” lo detesto. Bueno; al hombre y a la mujer llorones, que en esto del pensar que la vida te ha tratado mal no hay diferencias de género.
Me refiero a aquellos que siempre consideran que, cuando les pasan cosas malas, no es porque ellos hayan cometido algún error, sino porque se ha producido una confabulación de los astros o una conspiración de fuerzas oscuras para estropearles la vida. Son una pereza de gente y tienen una tendencia tremenda a ver el lado malo de las cosas, pero, a mí, lo que más me estomaga de ellos es que se lo tomen por lo personal y que conviertan una crítica sana, o, peor, una investigación judicial, en una afrenta motivada por razones ocultas.
Imagino que todos tendrán presente la mamonada que dijo anteayer el presidente del F. C. Barcelona, Josep María Bartomeu. Resulta que le han llamado a declarar como imputado por las supuestas irregularidades en el fichaje de Neymar. El presidente blaugrana, en vez de bajar la cabeza, esperar a la acción de la justicia o yo qué sé, decide disparar al aire con la escopeta de mierdigones y decir que “a ciertos poderes del Estado no les gustó que Neymar viniera al Barcelona”. Es que me descojono. Y el tío lo dice en serio. Porque en el caso del Barça se mezclan dos “quejiquismos”; el de los equipos de fútbol que se sienten perseguidos (el Madrid también se hartó de llorar en la época de Mou) y el de los nacionalismos.
Si hacemos un análisis por barrios, veremos que esto de ver fantasmas no es exclusivo del fútbol. Si un nacionalista recibe una crítica o una investigación judicial (véase el caso Pujol) no es que nos enfrentemos a un presunto chorizo, sino a un ataque a la integridad del país y, en el caso concreto de Cataluña, a una maniobra del Estado Español para hacer daño al “proceso soberanista”. Eso se dijo cuando saltó el escándalo. Luego resultó que no; que el ex-Honorable decide confesar y dice que era una herencia no declarada, un dinero que dejó su padre a su mujer y a sus hijos y que si la abuela fuma. Pero, de arranque, la cosa fue que los cabrones de los medios de la caverna le tenían manía al tito Jordi.
Si uno de izquierdas recibe críticas o se le acusa de pirulear, los que le reprochan son unos fascistas o unos antidemócratas. Que ya se sabe que los demócratas de verdad son los de izquierdas.
Si esas censuras las recibe uno de derechas, el que les reprueba es un antisistema o un desclasado envidioso. Que ya se sabe que los que guardan las esencias del sistema y los que viven bien de verdad son los de derechas…
Y cómo pierden el sentido del humor en cuanto no todo el mundo les hace la ola. Yo, cuando veo a todos estos que van de majos y se vuelven antipáticos cuando se les contraría, me acuerdo del aquel monólogo bestial de Gila en el que hablaba de lo bien que se lo pasaban en su pueblo, que eran muy bromistas. Del padre aquel al que le mataron al hijo porque le dijeron al mozo que los cables de alta tensión que acababan de colocar eran para tender la ropa y, cuando el hijo se achicharró tendiendo sus calzoncillos, el padre dijo: “Me habré quedao sin hijo, pero ¡¡¡lo que nos hemos reído!!!” Aunque lo mejor era lo del boticario al que matan con un cepo para lobos y, cuando la viuda se enfada le dice una vecina: “Mira, si no sabes aguantar bromas, te vas del pueblo”.
Pues eso, como diría Gila; todos estos políticos pesados que creen que la crítica o la denuncia judicial son una conspiración contra ellos, que se vayan del pueblo.
O que aprendan de las personas que han padecido un cáncer, han sobrevivido y han querido contarlo. Hablé hace un año y pico de mi amiga María Zavala, que había abierto el blog http://concanceryestupenda.com. Cada artículo anima a las mujeres que, como ella, han pasado por esa enfermedad, a hacer lo posible por seguir sintiéndose estupendas pese a las operaciones, las quimios, la calvicie y lo que vaya viniendo.
Hoy quiero terminar con otro testimonio emocionante que ayuda a que, los que hemos tenido la suerte de no padecer un cáncer, entendamos a los que viven esa experiencia profundamente perturbadora. Sin sentimentalismos, sin dar pena, sin dramatismos mi amiga Almudena Sánchez Dean apareció ayer en el programa de Mariló Montero para contar su vivencia del cáncer. Son diez minutos de entrevista, pero son, uno tras otro, unos minutos de canto a la esperanza, a la dignidad, a la alegría y a la templanza frente a la enfermedad. Es enorme la capacidad que tienen algunos héroes de coger al toro por los cuernos y mirar hacia delante, pase lo que pase. Dijo Almudena una frase de esas que te hacen pensar: “yo, lo de que que me digan: pobrecita, nunca lo he llevado bien”. O sea; una mujer que tenía motivos de sobra para llorar, para quejarse, para pedir árnica y lo único que reclamaba y sigue reclamando es que se la trate con naturalidad y que nadie la mire con pena.
No sé. Desde luego no le deseo a estos políticos llorones sin motivo que padezcan un cáncer, pero sí estoy seguro de que les vendría bien una vez a la semana darse una vuelta por una planta de oncología de un hospital y no precisamente para hacerse una foto. Que hablasen media hora con personas como Almudena, o como María o como tantas y tantos otros enfermos de cáncer que decidieron mirar de frente al dolor. Y vivir.

Quiero dedicarle esta Cabra a mi sobrina Ángela. Otra heroína.
http://www.rtve.es/m/alacarta/videos/la-manana/almudena-lucho-contra-cancer-gano/2980471/?media=tve

UN EMBUDO BOLIVARIANO

Lo gordo pa mí. Lo estrecho pa ti. Eso dice la Ley del embudo. O sea; que para mí la boca es ancha y para ti mínima. Que puedo ver la micropaja en tu ojo, pero ni me entero de que tengo una viga en el mío. Que lo que te exijo a ti, no me lo exijo a mí, ni a los míos. Y que yo puedo ponerte a caer de un burro con crueldad pero, ay, si a ti te da por decir algo levemente negativo sobre mí, te crujo. Por fascista. O por antisistema. Que de todo hay.
No sé si les ha pasado al leer. Pero yo desde que empecé a escribir estoy pensando en cualquiera de los líderes políticos que nos alumbran con su ingenio cada día. Y da igual que sean de la casta de toda la vida, que de estos límpidos muchachos de Podemos que han canalizado la angustia y el cabreo de mucha gente. Y, oiga, que parece que nos están saliendo rana. Bueno, ya van camino de sapo. Y, aunque ellos se empeñen en alejarse de los políticos de toda la vida, están copiando sus peores tics y manejan ya de cine esa postura de perfil egipcio, así, como mirando para otro lado, y a ver si pasa la tormenta.
Lo malo es que los de Podemos, para esos millones de españoles que les creyeron, no son iguales que Rajoy, Aznar, ZP, Sánchez o Díaz. Ellos no. Coño. Ellos, los buenos, le habían dado a mucha gente una ilusión. Y les dijeron, en una época de tribulación, que los Reyes existen. Y que ellos, que son los verdaderamente limpios de corazón, iban a acabar con los cerdos corruptos de la casta, y que se iban a terminar los desahucios, y que un sueldo para todos, y que la deuda; pa la Merkel. Y esa carta a SSMM de Oriente la firmaron millones de personas que querían mandar a la mierda a PP y PSOE y no sabían cómo. Porque de repente, de la nada, surgen unos tíos listos, que hablan bien, que dicen verdades resplandecientes y que ponen en aprietos dialécticos a los que, cuando olía mal en sus partidos, ponían la tapa de las heces y miraban para San Petersburgo. Y los partidos grandes tardaron en darse cuenta de que esos locuaces e inteligentes muchachos estaban sabiendo gestionar la enorme mala leche colectiva contra los dos partidos que llevaban décadas haciéndose los tontos mientras muchos robaban.
Pero es ahora cuando PP y PSOE han puesto en marcha sus maquinarias. Ambos partidos y sus medios de comunicación afines se han ajustado las bielas, han sacado las escopetas de cazar conejos y están disparando contra todo lo que huela a corrupción en la pradera de Podemos. Y el problema para Pablo and friends es que tienen algún conejito corrupto. Y les han pillado con varios carritos del helado. Y es cierto. Son carritos pequeños y con pocos helados. Y la beca de Errejón, los cobros de Monedero y lo de Tania Sánchez son mamonadas al lado de lo que han robado los otros. Pero les han cogido como a aquel del chiste; con los pantalones bajados, detrás de la vaca, con su cinturón atado al rabo de la res y van a tener que acabar diciendo: “Pues aquí, follándome a la vaca”.
Cuando tú vas dando lecciones de integridad no te pueden sorprender robando en el cepillo de la Iglesia. Aunque sea despistando cinco eurillos que se han caído del cesto. Es como lo del que fue líder de los Legionarios de Cristo. Se tiró décadas siendo inflexible, exigiendo a sus tropas y a sus fieles una castidad más allá de la pureza, un comportamiento irreprochable. Y a los que no cumplían les flagelaban con el desprecio, con el castigo divino y se les amenazaba, literalmente, con los peores males del infierno. Y luego resultó que el padre Maciel era un marranazo sátiro que se acostó con quien quiso, tuvo hijos secretos y, como mínimo, fue laxo con los abusos sexuales que se cometían a su alrededor. Y hombre no voy a comparar las aberraciones de Maciel con las averías corruptas de Monedero, Errejón e Iglesias, pero creo que cuando vas de Redentor y de paladín de la limpieza no se te puede pillar en tantos renuncios seguidos. No puedes ser el más homófobo del Senado norteamericano y que te hagan una foto en un lupanar de Wisconsin abrazado a un efebo con un liguero rosa en la entrepierna. Y sobre todo no puede pasar que, cuando se te acuse, digas que todo es una conspiración fascista o del inframundo de IU para desacreditarte. Pero a mí lo que me choca no es que Iglesias hable de la mafia de Madrid y de IU para defender a su tronca. Es que los seguidores de Podemos responden igual y parten de la base de que siguen siendo limpios y que todo es una conspiración de los que tenemos miedo al cambio. Y no se enfadan con los que, según todos los indicios, les han engañado. No. Están enfadados con los que sacan esas informaciones y con los que, con esos datos en la mano, criticamos a Podemos. Los que confiaron en estos ex bolcheviques, ex bolivarianos, ex marxistas y no sé cuántas ex cosas más siguen queriendo creer en sus Reyes Magos. Igual que los niños a los que un día les cuentan el secreto de la Epifanía y lloran de rabia porque un amigo cabrón les ha confirmado las sospechas que ya tuvieron cuando se enteraron de que el Ratón Pérez no era, realmente, el que se llevaba los dientes y les dejaba una moneda de cinco duros.

BOCA DE CABRA

No sé en la casa de ustedes. En la mía, tener boca de Cabra es tentar a la suerte con frases que no se deben decir. Por ejemplo; yo la semana pasada comiendo con un buen amigo le dije una de esas tonterías de las que uno se acuerda: “Yo nunca me pongo malo”. Y es verdad. Tengo una buena salud que ha hecho que, en los 27 años largos que llevo trabajando no haya tenido ni un solo día de baja por enfermedad. Eso no significa que no haya sufrido jamás un achaque, sino que nunca me he encontrado lo suficientemente mal como para sentirme excusado de ir al trabajo. Mis hijos lejos de verme como un héroe, me ven como un pringao, pero la cuestión es que no suelo enfermar. Lo que pasa es que, según esa ley de la boca de Cabra, uno no debe alardear de ello, porque la jactancia te puede reventar en la cara. El viernes a mediodía estaba como si me hubiera pasado el AVE por encima y padecí todo el fin de semana como un pajarillo caído del nido. No fue mi única boca cabrera de la semana pasada.
Hablaba yo en la última Cabra del Papa Francisco. Y decía que soy un fan suyo. Pero que me tomaba la libertad de ponerle a parir si desbarraba. Yo aventuraba que el Santo Padre iba a desbarrar poco y, vaya por Dios, nunca mejor dicho, al día siguiente el Papa ya me estaba dando motivos para discrepar de él. Imagino que recordarán lo que dijo Francisco sobre el bofetón que le daría al que le mentara a su madre. Yo entiendo perfectamente lo que quiso decir el Pontífice y evidentemente no creo que estuviera disculpando a los cabrones que entraron a tiros en Charlie Hebdo, pero cuando uno está en una posición tan delicada, en un trono tan señalado, cualquier cosa que diga o calle puede ser malinterpretada. Por eso hay que hablar sin dar lugar a interpretaciones y ahí, yo creo, el Papa, y ya lo siento, no estuvo fino. Del mismo modo que pienso que tampoco se lució cuando anteayer hizo referencia a las familias numerosísimas que tienen los hijos que Dios les dé. Yo asumo que Francisco no quiso faltar a nadie, pero una frase como la que dijo: “Para ser un buen católico no es necesario tener hijos como conejos”, puede resultar gruesa para bastantes padres y madres y algunos se sintieron heridos. Sobre todo porque muchas de estas familias, probablemente, han tenido esa cantidad de hijos empujadas por una doctrina católica que, durante años les ha animado a alumbrar los hijos que vengan, abominando de los anticonceptivos.
Sé que el Papa no quería hacer daño a nadie y que estaba hablando de la necesidad de practicar una paternidad responsable, especialmente en esas zonas del mundo en las que las familias tienen niños y más niños por culpa de una terrible falta de información y de medios para hacer una planificación familiar adecuada. Una planificación familiar, por cierto, que, en esos países, puede significar la diferencia entre la pobreza y la miseria.
Sé que el Papa hablaba de esto y sé, además, que este es un Pontífice que ha venido a mover las ramas del árbol, pero creo que en ocasiones se olvida de que las nueces que caen pueden hacer algún chichón y pisar algún callo. Ahora, si tengo que elegir entre este Papa y cualquier otro, prefiero a este aunque de vez en cuando desbarre.
Pero he empezado hablando de la boca de Cabra. Que no es ser gafe, ni tampoco exactamente ser un agorero. Es más bien una frase que hace referencia a lo que dicen personas puntuales en momentos puntuales. No sé; ese del Atleti que dijo en el minuto 93 de la final de la pasada Champions: “Ya verás que nos la clavan”, o ese familiar pesado que siempre vaticina “ese niño se va caer”, segundos antes de que el infante en cuestión se abra la cabeza contra el suelo, o aquel que dijo “qué bien está jugando España” instantes antes de que Holanda marcara su primer gol en aquel partido de mierda del último mundial. La boca de Cabra también habla, aunque sea de refilón de los que tenemos el don de la inoportunidad. No siempre metes la pata, pero, cuando la metes, lo haces hasta el corvejón. En eso, yo, tengo a quien salir. Mi padre, lamentablemente, tenía ese don. Siempre contaba que, cuando tenía 18 años, acudió en Córdoba a un baile en el que estaban las niñas más monas de la ciudad. Él, que no conocía a nadie, durante el cóctel se arrimó a un antiguo compañero del colegio, cordobés, que era el que le había invitado. Cuando llegó el momento de pasar al salón del baile, este amigo intentaba tirar de mi padre, que se hacía el remolón hasta que le apremió: “Venga Javier, que nos vamos a quedar los últimos”. Mi progenitor, discretamente, le confesó: “Espera, vamos a quitarnos de encima a esas dos feas que no paran de mirarnos”. El rictus de su amigo hizo adivinar a mi padre, inmediatamente, que había dado en el clavo; “son mis hermanas” contestó afligido. Y podrán imaginar con qué dos señoritas se tiró mi padre bailando toda aquella noche cordobesa que se le hizo, al pobre, más larga que un día sin pan.

SER DE

Cuesta mucho que la gente entienda que tú no eres de nada. A mí en los últimos años decenas de personas me han calificado, o descalificado, porque no era realmente “de”; por no tener una adhesión inquebrantable. Si digo o escribo algo que me acerca a posiciones conservadoras, mis interlocutores/lectores más de izquierda parten de la base de que soy más del PP que las gaviotas. Si esas manifestaciones las hago criticando a Rajoy and friends o acercándome a postulados progresistas, los que son más de derechas me critican por ser un “sociata” o, aún peor, un Podemista. Pero no pasa sólo con la política. Cuando en alguna ocasión he criticado al presidente del Real Madrid, o al que fue su entrenador, José Mourinho, he recibido acusaciones indignadísimas de amigos míos que me han definido: “tú no eres de verdad del Madrid”. Eso mismo me ha sucedido con otros que me han dicho algo similar sobre mi catolicismo. Si yo expresaba que no entendía algunas cosas de los Papas anteriores, o criticaba aquel empeño en hacer la misa de las Familias bañándonos a los católicos de política, muchos amigos me soltaban: “pues es fácil; si no te gusta, no seas católico, pero no se puede ser para unas cosas sí y para otras, no”. Por eso me encanta este Papa. Porque huye precisamente de los sectarismos y acepta que estén cómodos en la Iglesia los de un lado y los del otro, los de misa diaria y los de una vez al año, los que jamás se divorciarán y los que han decidido casarse con alguien de su mismo sexo, los que tienen 10 hijos y los que Dios les dé y los que eligen tener uno solo. O ninguno. Mira; eso sí que puedo decirlo y me da igual si molesta. Yo soy del Papa Francisco. Ahora; si algún día Su Santidad desbarra, que ya me extrañará que lo acabe haciendo, reclamaré mi absoluta libertad para ponerle a parir y dejar de ser tan de Francisco al minuto siguiente.
Digo esto porque la Cabra que dediqué semana pasada a los atentados de París, generó un interesante debate y recibí en el blog y en redes sociales numerosas críticas de personas decepcionadas, que consideraban mi mensaje muy propio de conservadores; vaya, tirando a facha. Yo, resumiendo mucho, decía que esto es una Guerra no declarada, aunque ya ha empezado, y que no estábamos haciendo nada. Y que, en mi opinión, esa falta de reacción era consecuencia de la condescendencia que se ha tenido tradicionalmente desde la izquierda con el Islam. Con el Islam normal (que, entre otras cosas, da a las mujeres un papel subordinado en su sociedad) y con el Islam radical. Y a muchos no les gustó. Y les pareció que yo ya no era tan de los suyos diciendo aquello. Que es, por cierto, calcado a lo que dijo anteayer el primer ministro francés ante su parlamento. Y, ya de paso, lo de las medidas que se van a tomar da para otra Cabra; entre que van a acabar haciéndonos un tacto rectal en los aeropuertos y esas frases tontas de “si no has hecho nada malo, no tiene por qué importarte que te miren el email”, se ve venir algo oscuro.
Pero, a lo que vamos; no seré nunca suficientemente del Madrid, ni suficientemente católico, ni suficientemente moderado o agresivo. O suficientemente tolerante o intolerante. Sobre todo para los que consideran que hay que ser tolerantes excepto con los que no opinan exactamente igual que tú. Yo desde siempre he pretendido ser un hombre libre. Absolutamente libre. Y creo que así debe ser un periodista. Que lo que yo diga le pueda tocar las pelotas tanto a uno de derechas como a uno de izquierdas. Esa, desde mi punto de vista, debe ser la esencia de los que ejercemos mi profesión; que nadie pueda decir que eres de los suyos. Porque no soy de nadie. Si acaso, soy de la vieja escuela de Martín Ferrand. Y allí me educaron en la necesidad de mantener al poderoso tenso contigo. Que el político, el empresario, el del sindicato, el dirigente de fútbol, el líder religioso sepan que no les guardas ninguna inquina, pero que sepan también que no vas a ser amigo suyo y que no les vas a pasar ni una. Que se puede mantener una relación cordial y educada, pero, ¿amigos? Jamás. Ya conté hace unos meses que, cuando entré como becario en Antena 3 de Radio, Manolo Martín Ferrand nos invitó a mis compañeros y a mí a que hiciéramos un periodismo crítico y libre con dos únicos límites; la Constitución y la Familia Real. No sé si don Manuel, desde su tumba, hoy revocaría esa protección a la Familia Real, pero sé que mantuvo hasta el último de sus días esa independencia y esa capacidad para poder cantarle las cuarenta a cualquier político de cualquier color porque no le debía nada a nadie. Por eso, cuando la gente te pide que seas “de”, si eres periodista, tienes que sospechar. Y dar dos pasos atrás. O hacia un lado.
Y por cierto, ya que hablamos de ser de. Ahora que lo pienso, yo, además de Francisco, soy taurino. Aunque últimamente nos caigan chuzos de punta y estemos mal vistos. Los Toros no están de moda y yo voy a luchar para que la Tauromaquia no desaparezca de mi país. Y que no me pasen cosas como la de anoche, que en un mensaje del móvil escribí la palabra “tentadero*” y el teléfono me la cambió por la palabra “testaferro”. Y a botepronto me acordé de mi padre y de sus hermanos, que eran todos grandes aficionados a los toros y pensé que ellos no habrían aceptado que el diccionario predictivo de sus smartphones hubiera cometido semejante tropelía. Es más, es que veo a mi tío Juanito diciendo, indignado: “qué jodía tiene que estar España para que haya aquí menos tentaderos que testaferros”. Pues eso.

* Un tentadero es la prueba de bravura a la que se somete a las reses bravas para saber si dedicarlas a la cría, a la lidia o enviarlas al matadero.

CONDESCENDENCIA

Je-suis-Charlie
Miren que han pasado ya casi 24 horas. Y todavía no he encontrado el adjetivo. Llevo horas buscando la manera de calificar lo que ayer por la mañana pasó en la redacción de la revista satírica “Charlie Hebdo” en París. Lo que pasó y a quienes lo provocaron. Pongamos que 3 hijosputa entraron y, en el nombre de Alá, se llevaron por delante al director, a tres dibujantes y a otros 8 pobres ciudadanos libres que habían tenido la desgracia de cruzarse en el camino del integrismo islámico.
Quizás no encuentro los adjetivos porque se me mezclan muchas malas leches de manera muy desordenada. Y ese desorden me limita el uso de las palabras. Porque el botepronto pide venganza, ojo por ojo, medidas radicales para impedir que estos tíos puedan seguir campando con su odio por nuestras ciudades. Pero, primero, no sé cómo habría que hacerlo y, sobre todo, no sé si esa sería una solución. Algo parecido a un botepronto tras el espanto de las Torres Gemelas provocó la guerra de Irak y todavía hoy estamos lamiéndonos heridas de aquellos días.
Pero indudablemente hay que hacer algo. Y podríamos empezar por llamar a las cosas por su nombre y dejarnos de condescendencias infantiles con unos religiosos que están sembrando el fanatismo en nuestra puerta de al lado. Yo creo que parte del problema aquí en Occidente es que no acabamos de darnos cuenta de que tenemos al enemigo metido en casa. Principalmente, al menos en España, los partidos de derecha se contienen porque, lo que les pide el cuerpo es cerrar mezquitas. Lo malo es que en el otro lado del péndulo los partidos de izquierda cierran los ojos y se niegan a ver lo obvio. Para mí el paradigma del absurdo fue el de ZP convocando la Alianza de las Civilizaciones meses después de que un atentado islamista hiciera temblar Madrid.
Es complicado encontrar el equilibrio, pero debemos estar más cerca de tomar medidas para impedir la siembra del odio, que de hacer congresos de boyscouts intentando razonar con unos fanáticos nada razonables que lo que quieren es arrasar nuestra cultura y aniquilarnos. Pero esa condescendencia de la izquierda de la que hablo, se ha visto de manera muy clara, sobre todo, en los últimos años en los medios más progresistas a la hora de tratar temas que tenían que ver con la religión. Estos medios se han mostrado implacables con la Iglesia Católica y tremendamente fofos con los musulmanes.

Yo, que he sido muy crítico con Rouco y con el ala más conservadora que ha gobernado a mi Iglesia hasta hace poco, en muchas conversaciones durante estos años me he encontrado defendiendo al Cardenal, como si yo fuera de su cuerda. En mi argumentación, yo ponía a parir a Rouco, pero decía que prefería mil veces quedarme en una isla desierta con el obispo católico más conservador, que con el Ayatollah más avanzado que encontraran, si es que existe un Ayatollah avanzado. Porque es muy curioso lo que, en los últimos años, ha sucedido con los medios más de izquierda, la Iglesia católica y los musulmanes. Cualquier discurso, homilía, declaración de un clérigo cristiano un poco escorado hacia la derecha, merecía en estos medios una carga descomunal con artículos, editoriales, entrevistas a los menos partidarios, reportajes sacando lo peor de estos clérigos… En cambio, en esos mismos años, han sido contados los textos dedicados a la cada vez más frecuente deriva radical de miles de musulmanes llevados a ello por los discursos encendidos de clérigos extremistas. Es raro encontrar editoriales tan abiertamente críticos con el islamismo como los innumerables que he visto con el catolicismo. Es más, estoy convencido de que si se hubiera hecho, en aquellos años del “rouquismo”, una encuesta sobre intransigencia, los lectores, oyentes y espectadores de medios progresistas habrían puesto a Rouco a la altura de cualquier ayatollah que invita a sus fieles a matar al infiel. Y, que yo sepa, hace mucho tiempo que, al menos en España, no se mata en nombre de la religión cristiana.
Y cuando discutes con alguna gente sobre esto, te hablan con esa condescendencia tan estomagante hacia los que matan en nombre de Alá. “Porque ha habido muchas burradas”, te dicen. “Lo de la creación del estado de Israel y la expulsión de los palestinos”, “las barrabasadas de EEUU en la zona de oriente próximo”… Y, aunque tengan su parte de razón, te cuesta la mundial sacarles frases críticas contra el islamismo que no incluyan un contexto comprensivo o una crítica contra los cabrones imperialistas que han provocado ese odio.
Porque no nos damos cuenta, pero es que se trata de que quieren acabar con nosotros. Es que les parece que nuestra cultura está equivocada y no es que quieran convencernos; es que les convocan a pasarnos a cuchillo o a rematarnos en el suelo con la misma frialdad con la que ayer uno de los terroristas, disparó a la cabeza de un policía malherido.
Son estos hijos de puta a los que nos enfrentamos. Y esto empieza ya a parecerse muy seriamente a una Guerra Mundial. Preferiría que no ocurriera algo así, la verdad, pero creo que, llegado el momento, sería capaz de pelear por mí, por mi mujer, por mis hijos, por mi familia, por mi país, por mis convicciones y porque creo firmemente en la libertad individual. No tengo ninguna gana de participar en una guerra, pero creo que estos desalmados la están declarando cada día en cada uno de esos atentados. Y deberíamos estar preparados para ello.
Porque esto no es, como piensan los bienintencionados, una guerra entre religiones. Ni una guerra entre culturas. Ni entre buenos y malos. Esto es, sencillamente, una guerra entre siglos. Nosotros estamos en el XXI y ellos siguen, en su mayoría, en el siglo XV. Y quieren llevarnos ahí. Y yo ahí no voy. Ni pienso callarme. Los asesinos de ayer lo que quieren, precisamente, es que tengamos terror y yo no les voy a dar ese gusto.

LA FAMILIA

No sé por qué, en determinados entornos, tienen mala fama la Navidad e, incluso, los buenos sentimientos que acompañan a estas fechas; la alegría, la ilusión, el reencuentro y la unión de la familia. Es más, es que hasta la palabra Familia se convirtió durante unos años en algo parecido a un arma política arrojadiza de la parte más conservadora de la Iglesia contra los que no opinan como ellos. Eso por no hablar de la acepción “Cosa Nostra” de la palabra; que si dices que para ti es importante la Familia, muchos te miran como si estuvieras a punto de apiolar a algún paisano, y que parezca un accidente.
Digo esto porque en los últimos días me he hartado de ver artículos, reportajes, bromillas de internet… hablando sobre el “horror” de las celebraciones navideñas. Consejos para sobrevivir al reencuentro con tus hermanos, tus padres, tus hijos, con tus suegros y tus cuñados. Decálogos para superar la pesadumbre de la Navidad.
Pesadumbre. Ayer viví una de las Nochebuenas más especiales de mi vida. Un primo muy querido de mi mujer murió en la mañana víctima de una leucemia fulminante que se lo ha llevado en veinte días. Miguel Cabetas. Un tío alegre, vitalista, bueno, divertido y con una personalidad apabullante. Y un amante profundo de la familia. Se casó justo 14 días antes que mi mujer y yo, tenía 50 años recién cumplidos, como yo, y sus tres hijos edades casi clavadas a los tres míos. Es de estas cabronadas de la vida que te dejan deshecho. Mi hija la pequeña, al enterarse de la noticia increíble, terrible, me miró y me dijo que estas cosas le hacen pensar que Dios no existe. Y es cierto. Hay cosas que no se entienden y no hay que tener 13 años para que te invada la sensación de no ser capaz de asumir palos como este. Y la única manera de intentar que el dolor no te pase por encima es, precisamente, agarrarte como puedas a los que tengas más cerca.
Ayer por la tarde, en el tanatorio, me resultó muy emocionante ver cómo esa familia rota, descosida, demolida se iba uniendo de una manera física para superar lo insuperable. Cómo unos se abrazaban a otros, se tocaban, se miraban, casi sin decir nada. Sabiendo que el apoyo del uno era el otro. Y viceversa.
En ese ambiente de unión bestial, surgió la madre de Miguel para pedirnos, por favor, que después del funeral nos fuéramos a celebrar la Nochebuena. A esa petición se fueron uniendo todos; la mujer y los hijos, los hermanos de Miguel nos exigieron a los que estábamos allí que celebrásemos la fiesta con alegría y que le dedicásemos la noche a él.
Y eso hicimos. Fue una Nochebuena rejodida, la verdad. Pero celebramos en familia y todos los que estábamos anoche en casa de mi suegra con el corazón y el estómago encogidos fuimos capaces de ir guardándonos poco a poco la tristeza e ir sacando un espíritu diferente que se pareció bastante a la alegría. A mí me recordó, salvando las distancias, a otra Nochebuena especial para mí; la que viví en el hospital acompañando a mi padre diez días antes de que muriera. Aquella tarde mi familia sacó también la fuerza de no sé dónde y nos fuimos con los niños a cantar villancicos al abuelo para que sintiera que hasta en una habitación de oncología de un hospital se puede celebrar la alegría del nacimiento de un Niño. Cuando se fueron yo me quedé a dormir con mi padre y pensaba que, dentro del dolor y de la pena por saber que le quedaba muy poco de vida, habíamos conseguido que sintiera que estaba con él su familia.
Mentiría si dijera que tengo un buen recuerdo de aquellos días tristes. Pero también mentiría si no reconociera que fueron días emocionantes en los que hubo cosas alegres que yo hoy recuerdo como bien vividas. No puedo decir lo mismo de lo que sucedió ayer, porque todavía me puede la pena. Pero tengo un sentimiento parecido de que ayer pasó algo que estuvo bien vivido al pensar en la unión total de una familia ante la hecatombe.
Y que esa familia, que en los artículos y reportajes se adivina como un campo de minas antipersona, es lo que marca la diferencia entre poder decir o no hoy Feliz Navidad. Aunque cueste un huevo. Feliz. Navidad.

LO DE SÁLVAME

Qué manía tienen los políticos de controlarnos a los periodistas. Y lo curioso es que ese deseo de control, frecuentemente, lo disfrazan con motivos nobles, para que no se note, por mucho que lo disimulen, que lo que quiere el que manda, es tener cogido por la entrepierna al que cuenta las cosas.
Digo esto por la que se ha liado con el programa Sálvame de Tele5. No soy, precisamente, ni espectador, ni devoto, ni remotamente defensor del despellejamiento sentimental y de la pornografía emocional que se practican en el plató de Jorge Javier Vázquez, pero creo que deben tener la libertad de hacer su programa y, los espectadores, la libertad de escoger si verlo o no. Aunque, en el ejercicio de esa libertad, hagan cosas con las que yo no esté de acuerdo. Me limito a no verles.
Imagino que sabrán que ayer la CNMC (o sea, la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia) advirtió a Tele5 de que los contenidos de este programa eran incompatibles con el horario infantil en el que se emiten. Pues sí que han tardado en darse cuenta, cáspita. Esta resolución, al parecer, responde a diversas denuncias de asociaciones de espectadores y otros organismos y personas que ven a Sálvame como el ejemplo del programa que debería desaparecer de la televisión. Y yo, fíjense, que no discuto que eso pueda ser así; que quizás nuestro mundo fuera mejor si no existieran determinados programas. Yo, realmente, es que discuto la mayor.
Esta CNMC, en su vertiente de controlador de las telecomunicaciones, o el Consell del Audiovisual catalán, surgen, supuestamente, como entes benéficos que van a convertir las televisiones y radios en felices zonas libres de contenidos viles. Y, hombre, en origen, pues no debería parecerme mal que alguien vele por unos mejores contenidos. Y algunas regulaciones responden a normativas europeas, pero el problema es que estamos en un país en el que, por desgracia, es imposible que este tipo de organismos trabajen de manera autónoma. Y ¿qué sucede? Pues que al final se convierten en esbirros de los deseos políticos de los que mandan. Así, por ejemplo, el Consell Audiovisual Catalán, que lógicamente responde al coprológico acrónimo de CAC, ha dirigido sus disparos en diferentes ocasiones contra periodistas de cuerda no nacionalista o contra televisiones y radios que decían cosas que le tocaban las narices a Mas y a los que mandan en Cataluña.
Al margen de esto, así entre nosotros, a mí me parece que quienes deben controlar lo que hace un niño entre las 17 y las 20 horas, son los progenitores del infante. Tantos años de dictadura dejaron en nosotros una necesidad de cuidados por parte del Estado. Nos sentimos más seguros si sabemos que Papá está velando por nosotros, aunque, para ello, acabemos renunciando a libertades individuales que, para mí, deberían ser absolutamente inviolables. ¿Qué es esto de un Consell del Audiovisual? pues un elemento censor en manos de políticos. Porque, poniéndonos prácticos; yo, decenas de veces, he discutido con amigos acerca de lo que debe o no debe ver un niño en la televisión. Si junta usted a cinco parejas de amigos y les pone un mismo contenido estoy seguro de que tendrá cinco opiniones diferentes sobre lo que es adecuado o no para sus respectivos churumbeles. Mi mujer y yo, a menudo, hemos escuchado atónitos a nuestros hijos hablar sobre lo que determinados padres han permitido ver a sus amigos. Películas, series o juegos que a nosotros nos parecen absolutamente inadecuados, los ven o los utilizan los amigos de nuestros hijos. ¿Quién me dice a mí que los que están en esos consejos políticos son personas con la cabeza sobre los hombros cuyos criterios están de acuerdo con los míos? Nadie. Por este motivo es por el que mis hijos, durante la época en la que han sido infantes, han visto en mi casa lo que mi mujer y yo hemos querido y, salvo las lógicas escapadas a la autoridad paterna, a las horas que hemos querido.
No sé en las casas de ustedes, pero en la mía, la tele no se pone jamás hasta la hora comprendida entre las 20 y las 21 horas, de manera que mis hijos no han visto Sálvame de manera habitual. Puede que en alguna ocasión se nos hayan despistado, pero no están expuestos ni a ese ni a ningún otro programa que se emita durante las horas en las que, teóricamente, deben estar haciendo sus deberes o jugando con sus amigos. Y esto, por mucho que nos parezca un coñazo, es nuestra responsabilidad de padres. Y a mí no se me ocurre reclamar al Estado que controle lo que se pone porque, para eso, ya estoy yo. O debería estar. Porque, si dejo que sea el Estado el que vele, le estoy dando una herramienta muy golosa para que esté ahí, como la lucecita de El Pardo, siempre encendida para que nosotros nos sintamos en paz.
No le deseo a ninguno de los que participan en estos consejos que acaben fiambres como el Caudillo de las Españas p.l.G.d.D., pero, si apagaran su lucecita, yo, desde luego, iba a dormir mucho más tranquilo.

PODEMOS DE DERECHAS

¿Debería surgir una fuerza política como Podemos por la derecha? Yo, la verdad, me quedaría mucho más tranquilo si no ocurriese, pero ese era el deseo que manifestaba ayer, en El País, Jorge Urdánoz, un filósofo que dedicaba un interesantísimo artículo a la razón por la que en España hay más corrupción que en otros países. Dice el profesor que no es que los alemanes y nórdicos en general sean menos pícaros que nosotros. No ve Urdánoz motivos genéticos-históricos en nuestro choricismo, sino que opina que los del Norte tienen unas leyes y unas instituciones que hacen más difícil meter la mano en la caja. Y, desde luego, cuando alguien la mete (la mano en la caja, quiero decir) sí que la paga, no como aquí, por mucho que el gran humorista Rajoy diga lo contrario cada vez que tiene ocasión. Me sabe mal contradecir a un filósofo, pero yo creo que en el hecho de que seamos unos choricetes de nacimiento tiene mucho que ver nuestra historia. No es casual que, mientras en España se publicaba el Lazarillo, en Ginebra estuviese Jean Calvin poniendo firmes a todo el que se meneaba. Y luego, como defienden numerosos pensadores, en España la falta de guillotinas, de verdadero paso de la Revolución y los excesos de la unión Iglesia-Estado nos han hecho mucho daño.
La cuestión es que este filósofo considera que el bipartidismo rancio que nos gobierna es parte fundamental de la corrupción y se alegra de la entrada en juego de Podemos. Es más; manifiesta su deseo de que surja algo similar en la derecha. Y la pregunta es ¿Sería eso posible? Hoy, los de Podemos, están poniéndose una piel, cada día más gruesa, de cordero socialdemócrata para tapar ese pelo de lobo bolchevique, marxista-leninista que nos mostró en sus primeros tiempos en la escena. ¿Son capaces de imaginar a un grupo de brillantes jóvenes españoles que aparecieran en las teles de derechas añorando la Dictadura de Franco, lanzando mensajes textuales sacados de discursos de Hitler, promoviendo políticas que se ciscan, directamente, en las libertades que nos dio la Constitución del 78? Yo no es que no lo imagine, es que sería imposible. Al día siguiente de soltar esas soflamas, probablemente, esos muchachos habrían salido de esas televisiones con dos o tres denuncias a la espalda por apología del nazismo. Porque me sorprende lo rápido que están olvidando algunos que Pablo Iglesias y sus colegas lograron una popularidad desbordante soltando mensajes en muchos casos poco compatibles con nuestra democracia y defendiendo sistemas políticos comunistas o filo-comunistas como si fueran la panacea hacia la que se debería dirigir España. Y cuando se critica a Podemos, sus defensores, que son abundantes y no precisamente iletrados, te saltan con que tú eres parte de la Casta y que les criticamos porque tenemos un miedo cerval al cambio.
Y a mí, personalmente, no me da ningún miedo el cambio y nada me gustaría más que ver desaparecer del gobierno a PP y PSOE, pero no para que lleguen unos tipos a los que he escuchado hace muy poco proclamar cosas que están bien en una asamblea de la facul, pero no se pueden decir en el parlamento de la nación. No tengo ningún chiringuito que proteger, pero reconozco que me provocan temor los Mesías que llegan con un discurso encendido en el que mezclan verdades como panes y cosas muy sensatas con soflamas inaceptables en una democracia moderna. Pablo Iglesias se mueve cada vez más con el gesto de los que se sienten elegidos y, por tanto, mejores que la tropa. En sus últimas apariciones se le nota con frecuencia la sonrisilla esa de los que se saben superiores, diciéndole con la mirada al periodista que le toca las narices: “Te vas a enterar tú cuando yo llegue”. Y negándose a contestar, por ejemplo, preguntas directas sobre sus convicciones comunistas. O lo último, y es que se auto-atribuye, indirectamente, la responsabilidad en los sms que circularon la tarde-noche del 13M de 2004. Por muy bien que nos caigan, por muy acertados que sean sus juicios y sus ataques a la Casta, por muy brillantes que sean exponiendo, a mí, al menos, no se me olvidan las burradas que les he oído decir, las defensas de Cuba y Venezuela, las citas de Marx y Lenin y la papeleta de las europeas de Podemos con el careto del Iglesias como logotipo. Y me da la inquietante sensación de que están consiguiendo que muchos olviden la parte siniestra de sus mensajes y se fijen sólo en que Iglesias y sus colegas parecen realmente capaces de quitar de en medio a Rajoy y a los suyos. Recomiendo también la lectura de otro interesantísimo artículo, también de El País, en el que un venezolano, Ibsen Martínez, nos advierte de que, cuando llegó Chávez al gobierno, nadie pensaba que fuera a liar la que lió. El título es “No puede pasar aquí” y quizás deberíamos empezar a aplicárnoslo.
En fin, que se me acaba el espacio y no quería yo dejar de comentar la cachondada esa del portal de transparencia, de las prisas del CPGJ por sacar a concurso la plaza del juez que investiga lo del Gurtel, o de la frase de la diputada del PSOE diciéndole al nuevo ministro Alonso que es un verdugo de mujeres. Pero sobre todo, lo que no quería que se me pasara por alto son las 3 delirantes preguntas que llevó ayer al Parlamento el diputado de CiU Durán i Lleida. Mira que hay problemas jodidos en España y en Cataluña, pues este hombre preguntó por un control antidoping al que se sometió a Messi en el último partido de liga del Barcelona. No es una noticia de www.elmundotoday.com. Es triste y acojonantemente real como la vida misma.
http://elpais.com/elpais/2014/12/09/opinion/1418147771_406990.html

LA PAJA Y EL OJO

Pido perdón desde el comienzo por este titular que a algunos puede parecer bajondino, como decía mi tía Amelia, y a otros cacofónico. Pero llevamos varias semanas en las que asisto atónito (que es otra cacofonía) al espectáculo de nuestros políticos viendo la micropaja en el ojo ajeno sin percatarse de que llevan una de las vigas del Titanic incrustada en el ojo propio. Y me explico.
Empecemos por la corrupción. Es grotesco ver a portavoces del PP golpeándose el pecho cuando hablan de los ERES de Andalucía, y mirar para otro lado, tiroriro-tiroriro, si preguntas por Gurtel o por Bárcenas, al que Rajoy sigue llamando “ese señor”. Y lo mismo sirve para los del PSOE que acusan al PP de ser el partido de la corrupción sin que les dé la risa y ahí tuvimos hace unos días en el Congreso a Sánchez y a Rajoy debatiendo sobre quién es peor. Porque ellos, en esas situaciones, son capaces de contener la risa, como el Presidente del Gobierno, que logra acabar la frase cuando afirma, contundente, tres veces en menos de un mes, que “en España, el que la hace la paga”. Y, hombre, señor Rajoy, que a veces la pagan, pero si ponemos en un platillo de la balanza a los que están en el trullo y en el otro a los que están fuera rascándose la tripa, adivine usted hacia qué lado se vencería la báscula.
Lo que me resulta más sorprendente es ver a los profetas de la limpieza democrática, a los que suponía que iban a venir con la escoba, utilizando también la estrategia de los partidos de la casta. O sea; si me acusan de algo, me indigno y, a partir de ese momento, miro para otro lado a ver si el problema deja de estar ahí. Y eso pasa mucho; gentes que, cuando tienen un problema creen que, al dejar de mirarlo, desaparece. A mí me parece patética la manera en la que están gestionando los de Podemos el asunto de Errejón o el de la novia de Pablo Iglesias, y confío en que el líder mesiánico me perdone el machismo. A ver; que uno de los límpidos jóvenes que van a regenerar nuestra democracia se lleve una beca de la Universidad de Málaga no es escandaloso. Pero, claro, si se cuenta después que el que convoca la beca es colega de Errejón y que le hace una convocatoria en la que faltaba poner una foto suya diciendo: “y tienes que parecerte a este tío”, pues el asunto mosquea. Si se añade que el convocante permite que el becado se salte todas las reglas impuestas y que, además, va a hacer un estudio sobre vivienda en Andalucía, desde Madrid, la cosa empieza a apestar. Y ya no entro en si, con la hiperactividad televisiva y “eventística” de Errejón, pudo dedicarle a la investigación las 40 horas semanales de su contrato, pero parece que muy limpio, muy limpio, no es. Y lo de la novia de Iglesias, pues tres cuartos de lo mismo. Que la empresa de tu hermano se vea favorecida con varios contratos del ayuntamiento en el que trabajas o en el que has trabajado, pues suena raro. Es como lo de la Mato. Quizás la ex ministra no cometió ningún delito, pero hombre, pensar que ella no sabía quién pagaba el cochazo de su marido, o las fiestas de cumpleaños de sus hijos, pues suena raro también. Y lo malo es que los fans de Podemos, cuando les afeas estas conductas, como están extasiados con el líder, te sueltan algo muy gracioso que se está poniendo de moda: “ya estáis con la equidistancia”. Que viene a ser una manera de decir: “hombre, no es lo mismo robar mil que robar un millón”. Y es cierto, aunque lo malo, se pongan como se pongan, es robar.
Pero, como decía al comienzo, lo de la paja o la viga y el ojo no es exclusivo de la corrupción. Yo hacía mucho tiempo que no flipaba tanto como con la frase que soltó el lunes Artur Mas en la que dijo que la legitimidad a veces está por encima de la legalidad. Cooooñoooo. O sea, por poner un ejemplo; con tanta corrupción y tanto despilfarro de dinero público, la indignación de la gente con los políticos que hacen recortes sociales es legítima, ¿No? Pues entonces ¿por qué se molestó tanto el señor Mas con los que fueron a dar por saco al Parlament a boicotear el pleno en el que se debían aprobar unos presupuestos con numerosos recortes sociales? Se supone que el cabreo ciudadano es más que legítimo, pero cuando un juez absuelve a los que cercaron el Parlament, Mas se indigna tremendamente.
La Historia está llena de líderes políticos que han decidido por nosotros lo que está bien y lo que está mal. Lo que es legítimo y lo que no. Sin darse cuenta de que, por mucho que te legitime una encuesta, una manifestación de un millón de personas, o un pseudo-referéndum, en democracia, lo único que te da legitimidad es el voto en unas elecciones o en un referéndum con todas las garantías legales. ¿Estaba legitimado Franco para dar el golpe de Estado del 36 por los millones de españoles que apoyaban un cambio? ¿Estaba legitimado Hitler con una mayoría casi absoluta de votos para pasarse por el escroto las leyes alemanas en 1933? Yo creo que no. Y probablemente Mas piense que Franco y Hitler tampoco, pero ahí lo tienen en 2014 diciendo: la ley me la refanfinfla y otras cosas inquietantes al mirar hacia delante con su viga de disseny en la cuenca orbital de su ojo derecho.
En fin. Menos mal que ustedes me quitan la pereza que me dan los políticos que nos ha tocado sufrir. Quería darles las gracias a todos los que, tras leer la Cabra de la semana pasada, han aportado dinero para que el Doctor Tenorio siga investigando contra la hipertensión pulmonar. Como queda mucho para llegar a los 29.000 euros que se necesitan, pongo aquí el link de la Cabra anterior por si alguien quiere saber cómo se puede ayudar.
http://lacabraenelgaraje.es/2014/11/27/no-podemos-permitirlo/

NO PODEMOS PERMITIRLO

Una pereza cósmica. La verdad. Se supone que un bloguero de pro, hoy debería hablar de cualquiera de los abundantes temas que me da la actualidad. Porque hoy es de esos días de perfilarse, montar el estoque y entrar a matar con más ganas que Machaquito que, además de un anís magnífico, fue uno de los mejores matadores de la Historia de la Tauromaquia. Entre los de Podemos, que les crecen los enanos, la Mato, que ha tenido que dimitir porque su enano ya tenía gigantismo y Mas, que es en sí mismo un enano crecidísimo, el día da para hacer siete Cabras. Por lo menos. Pero paso. Hoy pretendo hacer una Cabra útil y quiero rebelarme contra una injusticia que me remueve desde hace una semana. Y tiene que ver con una organización no gubernamental.
Lo sé. Hay más ONG que botellines y estamos todos hartos de que nos pidan cada dos por tres ayuda. Hay que reconocer que tanta proliferación de organizaciones caritativas, de fundaciones, de instituciones que, en definitiva, quieren ayudar a los demás, a veces acaba haciendo daño al fin que persiguen. Además, en los últimos años hemos asistido a terribles noticias que desvelaban cómo individuos sin escrúpulos se aprovechaban de los buenos sentimientos de la gente para forrarse a costa de la desgracia de otros. Es la pena de las ONG; la mayoría trabajan seriamente, con voluntarios que se dejan la piel, con profesionales que ganan mucho menos de lo que ingresarían en otras empresas y con simpatizantes que se desviven para apoyar su causa y una noticia que abra la sospecha, les hace un daño incalculable.
Pero hay que intentar apartar lo malo y darse cuenta de que entre el marasmo, hay mucha gente honrada, que trabaja bien y cosas que te tocan la fibra. Hace justo una semana estuve presentando un acto en el que la Fundación Contra la Hipertensión Pulmonar contaba sus proyectos para el futuro y mostraba qué está haciendo para luchar contra una enfermedad que, a día de hoy, es incurable. Los investigadores son optimistas. En los últimos años han ido alargando la vida de los que padecen esta enfermedad y creen que, en unos años, podrán conseguir que sea curable. Pero hoy no lo es. Y se te cae el alma a los pies cuando escuchas las heroicas historias de los enfermos y de sus familiares. Más de un 30 por ciento de los que padecen la hipertensión pulmonar son niños. Antes era un mal casi específico de mujeres adultas, pero los avances en la neonatología han hecho que muchos niños con gestaciones inferiores a 30 semanas salgan adelante. Y, entre los niños prematuros, la incidencia de esta enfermedad es alta. Los hay que hacen una vida más o menos normal, pero muchos van con sus aparatos para poder respirar y todos deben recibir una medicación agresiva sabiendo además que sus vidas, hoy por hoy, tienen fecha de caducidad. Y podrán imaginar la angustia de un padre al que le dicen que su hijo, probablemente, no llegue a cumplir veinte años.
Pues presentando aquel evento con el corazón encogido me entero de que Jair Tenorio, un especialista en genética molecular, becado por la Fundación, está a punto de cerrar su investigación porque sencillamente se le acaba el dinero. Y la Fundación, que soporta otros muchos estudios, no ha encontrado los 28.000 euros que permitirían que este doctor, que ha dado pasos gigantes con su estudio, siguiera investigando y dando esperanza a los que padecen la Hipertensión Pulmonar. No me gusta nada lo del crowdfunding. Creo que debería ser el Estado el que soportase este tipo de becas. Pero estamos en la época en la que estamos y hay que intentar, como sea, que el doctor Tenorio siga adelante con su investigación. Odio pedir dinero, pero creo que la causa lo merece y por eso, ayer, pensando, decía: “Coño, si tengo unos 2.000 seguidores en el blog, con que cada uno ponga 10 euros, ya tenemos 20.000.” ¿Y por qué no vamos a intentarlo? Con la cantidad de gilipolleces por las que nos hacen firmar y perder tiempo, ¿no van a perder mis amigos y lectores diez minutos en hacer una buena obra y ayudar a la Fundación? Pues, oigan, hagamos el intento.
Aunque soy un devoto de aquel pasaje evangélico de “que no sepa tu mano derecha lo que hace tu mano izquierda”, les comunico que voy a ordenar mi transferencia. Y les pido a todos, por favor, que hagan lo mismo. Es muy sencillo: se puede hacer una transferencia a este número de cuenta de la Fundación ES74 0030 1023 73 0000832271. En la web de la Fundación http://fchp.es/es/pagina/277/Colabora también hay instrucciones para poder colaborar con ellos. Da igual la cantidad; hombre, cuanto más mejor, pero lo importante es que haya aportaciones que permitan que el Doctor Tenorio siga con un proyecto que ha puesto luz al final de un túnel muy largo y estrecho.
La que ha abierto el fuego ha sido mi hija Macarena que, al escuchar de qué iba la Cabra de hoy, ha ido a su cuarto, ha sacado diez euros de su hucha y, mientras termino de escribir esto, acaba de pedirme que los ingrese de su parte. Es un buen comienzo.