VALE, ¿Y QUÉ HACEMOS?

Ya nos hemos dado cuenta. Menos mal. El gobierno de Rajoy, ahí está, como un marmolillo, ni p’alante ni p’atrás. El problema grave, lo que produce congoja, es que uno mira el percal y no encuentra a nadie que produzca la más mínima sensación de esperanza.
Por ponernos optimistas, podemos decir que es cierto, que en algunas cosas estamos mejor. Puede. Pero hay récord en millones de parados, continuos recortes y una tremenda decepción entre los que, votantes o no, confiábamos en que mejorarían a ZP. Se suponía que iban a ayudar al crecimiento, pero nos siguen friendo a impuestos, no nos dejan acceder al crédito y no permiten que los empresarios, es un poner, paguemos el IVA cuando hayamos cobrado las facturas.
Puede que estén haciendo cosas para ayudarnos, pero yo no me entero. Y no soy el único. O sea que, la verdad, no parece que nos lo estén contando muy bien. Hombre, hay que reconocer que un presidente del gobierno metido en un plasma, comunicar, no comunica mucho, pero más allá del canguelo a los medios de Rajoy, hay un evidente problema de comunicación en Moncloa.
Lo malo llega cuando uno mira el arco parlamentario, que dicen los cronistas cursis. Es que la contemplación de los que se supone que nos tienen que salvar de esto provoca, en plan fino, estupor y, en plan prosaico, acojone puro.
Quito de en medio a UPYD. Creo que, con sus cosillas, sus errores, sus salidas de pata de banco, son de lo poco coherente y más o menos limpio que hay en el Parlamento. Y la prueba es que los ponen a parir unánimemente todos sus rivales políticos. Pero, claro, es que jamás han tocado pelo y, cuando pienso en ellos frente al gobierno de la nación me pregunto:
¿Tienen equipos para gobernar?
¿Tienen suficiente gente lista para llevarse y sostener una mayoría de 176 diputados?
¿Se volverán como los demás cuando entren en La Moncloa y tengan que empezar a gestionar la millonada de los Presupuestos Generales del Estado?
Y no sé qué responderme. Lo de que tengan equipos para gobernar, puede que sea poco problemático si llevan más o menos definido con quién contarían para formar un gobierno. Lo de que sumen suficiente gente lista podría no ser un problema; llevamos muchos años siendo gobernados y legislados con la sensación de que, en el Parlamento, no cabe un tonto más. Y lo de que se vuelvan raritos al gobernar, pues hombre, no lo sabremos hasta que les toque. Por lo menos no tienen la malísima pinta de otros. Porque si, por ejemplo, los comparamos con Izquierda Unida, los de UPyD salen ganando por goleada. No sé si recuerdan el papelón que tuvo que hacer hace unas semanas Cayo Lara para explicar que no pasaba nada por el hecho de que su coalición, en Madrid, tenga una deuda con Hacienda y la Seguridad Social de más de 2 millones de euros.
Dios. Lo de la viga y la paja, con perdón. Pero es que a un político no hay nada como tocarle un poco las narices para que le salga a borbotones la absurdez que lleva dentro. Cayo Lara defendiendo el impago, o la alcaldesa de Valencia Rita Barberá indignadísima con Montoro por hacer inspecciones fiscales a las comisiones falleras justo antes de Las Fallas. Coño, doña Rita indígnese, si procede, con los falleros que incumplan, si es que incumplen. Pero no critique al Ministro de Hacienda por hacer su trabajo. Porque, ¿cuándo quiere que vaya a ver si encuentra que las facturas se corresponden con lo pagado? ¿Cuando el fuego haya consumido ya los materiales, se hayan lanzado los cohetes y se hayan tomado los alimentos y las bebidas?
Pues yo qué quieren que les diga, Montoro, con esos ojillos, a mí me da más miedo que el malo de Chitti-Chitti Bang-Bang, pero en esto (y sólo en esto, cuidadín) estoy con el Ministro. A por ellos. Si los que no pagan IVA o IRPF empiezan a pagarlo, estoy seguro de que estaremos más cerca de que dejen de masacrarnos a impuestos a todos.
Pero tendríamos que preguntarnos qué hemos hecho para que nos merezcamos estos gobiernos. Porque, sí, les han votado millones de españoles, pero es que llevamos unos años de película de Esteso y Pajares. Casi se nos olvida, pero ahí al lado está, reciente, el desastre de ZP y tenemos ahora puesto en suerte a Rajoy que no quiere darse cuenta de que cuando aprietas el cuello de un ser vivo lo normal es que acabe dejando de respirar. Pues ya que a ellos no se les ocurre nada, yo me pregunto: ¿Por qué no hacemos algo? ¿Hay alguien que tenga ideas para salir de esta? Abro desde ya en mi blog un foro de propuestas. No va a servir de nada, pero al menos que nadie nos diga que no pensamos, ni proponemos y que somos unos perroflautas o unos antisistema. Yo empiezo reclamando, por poner un ejemplo y para provocar un pelín, una revisión uno a uno de los convenios colectivos del funcionariado, entes públicos y demás organismos pagados con el dinero de todos. Quizás sentándonos tranquilamente y leyendo con pausa nos demos cuenta de que hay determinadas maneras de funcionar que son absolutamente insostenibles en el año 2013. Bueno. Yo ya les he tocado las pelotas a unos cuantos. Ahora les toca a ustedes.

EL VENTAJISTA

Hoy jueves, día después de la hecatombe, miren ustedes por dónde, me voy a ciscar directamente en varios de los supuestos principios del bloguerismo.
Es una ley, como no escrita, que viene a decir:
1º que un bloguero no debe despistar a sus lectores saliendo en días insospechados.
Y 2º que un bloguero no debe jamás ser ventajista.
La 3ª ley la han dictado mi mujer y varios de mis amigos que me insisten en que no hable de fútbol. Pero, Dios, cómo no voy a hablar de fútbol después del burreo que nos pegó anoche el Borussia Dortmund.
Así que, aunque hoy sea jueves, escribo. Y aunque esté feo el ventajismo, voy a aprovechar la riada para darle un par de collejas al insoportable José Mourinho.
Estábamos todos un poco con el canguelo, hay que reconocerlo, pero después de la soba del Bayern al Barsa, los madridistas llevábamos ayer en la cara una sonrisa de oreja a oreja. Lo que pasa es que teníamos el miedo en el cuerpo no fuera a ser que la sonrisa se nos quedara igual de congelada que al Coyote cuando Correcaminos hace que le estallen en el hocico 500 cartuchos de dinamita marca ACME.
Y anoche el Borussia fue Correcaminos. Micmic.
Y aquí empieza el ventajismo. Porque, desde mi punto de vista, el magnífico entrenador que ingresa desde hace años una pasta gansa para que ganemos de una puñetera vez la Décima, anoche otra vez más se equivocó, no supo cómo meterle mano a los alemanes y, si no volvimos eliminados del todo es porque, de nuevo, Ronaldo marcó su gol. Vamos, diciéndolo de manera expresiva, pero a lo fino, que Mourinho anoche evacuó su vientre en Dortmund.
Parece que queda claro que Casillas no era el problema de nuestra portería, ni de nuestra defensa. No digo que los goles fueran culpa de Diego López (incluso hizo paradas para evitar un 6-1), pero, si hubiera estado Casillas en la portería, sus críticos estarían dándole por acabado tras cuatro goles en la ida de unas semifinales. Yo, sinceramente, creo que el milagroso Casillas igual podría haber hecho algo más en alguno de los goles.
Parece que queda claro que Pepe ya ni siquiera es ese buen defensor que cíclicamente sufría una descarga cerebral en los partidos importantes. Ahora mismo es, simplemente, un defensa mediocre.
Parece que queda claro que, si Ramos y Varane son tu mejor pareja de centrales desde hace semanas, no la debes cambiar en el partido más importante del año.
Parece que queda claro que Modric es otro pufo más de los que le han metido a la máquina de fichar del Madrid, que lleva atorada desde tiempo inmemorial.
Parece que queda claro que es inverosímil que no haya en toda la cantera del Madrid, por poner un ejemplo, un lateral izquierdo mejor que Coentrao. La cantera también está atorada desde tiempo inmemorial.
Parece que queda claro que a Florentino se le acaban los parapetos y que, salvo milagro la semana que viene, va a tener que decir adiós al dramaturgo-comediante que le ha estado parando y desviando los marrones desde hace 3 años.
Y, por último, parece que queda claro también que los que somos madridistas, pero pensamos que Mou es un cretino, nos fuimos anoche a la cama remolachados, pero con un cierto alivio convencidos de que, después de lo de ayer, el año que viene en el banquillo no va a estar el mismo entrenador. Lo malo es que, conociendo a Florentino, lo mismo nos vuelve a traer a un piernas glamuroso y nos tiramos otros tres años muy entretenidos en las ruedas de prensa, pero sin comernos un Sacis en la Champions.

EL EMPEDRADO

Morir por sobredosis de Coca-Cola. Imagino que muchos de ustedes leyeron hace unas semanas aquella noticia terrible que hablaba de una mujer neozelandesa que murió en 2010 por un excesivo consumo diario de Coca-Cola. Resulta que la desdichada bebía diariamente entre 7 y 10 litros de este refresco y acabó muriendo por diversos fallos de su cuerpo todos directamente relacionados con su adicción. Como suele pasar en muchos de estos casos, la familia intentó culpar a la compañía fabricante del refresco de la muerte de su ser querido y un juez acaba de sentenciar que Coca-Cola no puede responsabilizarse de que haya consumidores que estén más locos que la cabra que da nombre a este blog.
Es la costumbre que tenemos siempre de echarle la culpa al empedrado. Aquello tan italiano de: “¿Llueve?, ¡vaya mierda de gobierno!”. Pasa, por ejemplo, con los fumadores. Y yo he sido uno de ellos, empedernido, durante años. Todas esas demandas ganadas por ciudadanos de los Estados Unidos de América a las tabaqueras, han llevado a situaciones que a mí me parecen delirantes. Se ha asumido que el tabaquismo es una adicción a la altura de la dependencia de la heroína y de otros psicotrópicos. Y ahí están los fumadores, reclamando y consiguiendo que el Estado les ayude a dejar su vicio. Y para hacer ese tipo de reclamaciones, se atiborran de argumentos. He escuchado a algunos fumadores citar estudios ignotos que aseguran que la nicotina genera en el cuerpo humano una adicción mayor que la de los derivados del opio. Y no lo niego, porque no he visto esos estudios, ni los contrarios, pero, sapristi, ya me extraña.
Está feo ponerse como ejemplo, pero, como este es mi blog, hago de mi capa un sayo y me pongo.
Yo fumaba una media diaria de dos paquetes y medio de cigarrillos. Una burrada. Y eso en un día normal, porque, si me tocaba escribir guiones, o estaba trabajando en algo que requería mucho ordenador, podían caer fácilmente los tres paquetes y pico. Y tenía esa actitud típica de los drogodependientes de afirmar: “yo lo dejo cuando quiera” o de decirle a mi mujer, así, en plan chulito: “¿Que yo, ejem, jarrúnjarrún, carraspeo mucho? ¿Ejem?”. Llegué a negar evidencias como que carraspeaba de una manera casi constante. Por otro lado, ignoraba a todos los que me pedían que lo dejara y les mandaba al guano o a lugares incluso peores, si me mentaban el libro aquel de “Dejar de fumar es fácil” a cuyo autor insulté gravemente, en público y en privado, durante años.
Luego estaban los niños. Pobres. Paula, a sus 7 años, ya me había dejado por imposible, y Macarena, con uno escaso, no se pronunciaba, pero a Carlillos, que tenía 5, en el colegio le estaban dando información sobre el tabaquismo. Maldita sea. Su profesora puso en la clase un cartel que rezaba: “El humo mata” y aparecía la silueta de un hombre fumando junto a una foto de una fábrica humeante. Yo no sé si yo me parecía a aquella silueta o qué, pero mi hijo se obsesionó y empezó a decirme entre lágrimas cada vez que me veía con un cigarrillo: “¡¡¡Papá, deja de fumar yaaaaa!!!” o “¡¡¡Papáááá yo no quiero que tú te mueraaaasss!!!”, que claro, a ver cómo aguanta esa presión una persona con un corazón normal. Estuve a punto de conseguir que se le olvidara el dramón, pero una de las tardes de aquellos días, yendo con ellos en el coche hacia casa, me desvié del camino habitual. Me preguntaron por qué y, cuando les dije que iba a comprar tabaco, empezaron los dos a llorar, como instruidos por alguien, y a reclamarme que dejara de fumar de una vez. Y me atraparon. Tanto, que les prometí que era el último paquete que me compraba en mi vida. Al día siguiente pensé seriamente en mentirles, seguir comprando tabaco y decirles que es que me estaba durando mucho el último paquete, pero decidí echarle coraje y escribí dos sonetos de cierre de mi etapa de fumador. Este era uno de los tercetos:
“Eran las seis y cuarto de la tarde
dos mil dos, de noviembre, el dieciocho
Hice con gran ligereza el alarde:”
Y lo dejé.
Estuve varios días con una mala leche bastante espectacular, engordé unos diez kilos, de los que jamás me quité ni la mitad, pero lo dejé. Y juro por mis hijos (a los que tuve cierta manía durante un tiempo) que no utilicé ni chicles, ni parches, ni acupuntura ni ninguno de esos tratamientos costosísimos que, desde mi punto de vista, lo único que hacen es sustituir un enganche por otro. Lo dejé a puro riñón, no maté a nadie (aunque no por falta de ganas), nadie me mató a mí (aunque no por falta de ganas) y dejé de carraspear y de gastarme unos 250 euros al mes en cigarrillos. Estoy muy orgulloso de ello y, sobre todo, de no haber convertido mi problema en un supuesto problema de la Sanidad Pública de mi país, que bastante tiene ya con lo que lleva encima.
¿Que cuesta dejarlo? Un huevo. Pero si yo, que fumaba más que la pobre Mariví Bilbao (q.e.p.d.), logré dejarlo a pelo, es que se puede. Otra cosa es que prefiramos mirar al empedrado y pensar que deba ser ese Estado cabrón que se ha lucrado con los impuestos del tabaco el que nos saque del atolladero y nos pague los chicles de nicotina.

HABER SI NOS VEMOS

Hoy quería la cabra escribir de ortografía. Y por eso mantengo el título original que tenía pensado. Pero, por desgracia, es un día para hablar de las cosas importantes. De la vida destrozada de tanta gente anteayer en el atentado de Boston. De lo que lleva a alguien a poner una bomba sabiendo que, al detonarla, va a hacer pedazos cuerpos y familias y, muchas veces, ciudades enteras. Yo recuerdo con auténtica angustia las horas y los días posteriores al 11-M. Y gracias a Dios no hubo ni entre los muertos ni los heridos ningún amigo mío.

Pero yo creo que la mayoría de las personas decentes sentíamos a esas miles de víctimas y a sus familias como algo nuestro y nos unimos cada segundo de aquellos días a su padecimiento. Lo que pasa es que, al final, nosotros vamos volviendo a la normalidad y, no es que les olvidemos, pero ese estrés post-traumático del que hablan los psiquiatras, desaparece de nuestro lado, aunque siga absolutamente presente y para siempre en las vidas de las verdaderas víctimas.

Boston coge algo más lejos y, afortunadamente, el número de muertos y heridos ha sido mucho menor, pero estos atentados en medio de nuestra vida cotidiana nos ponen delante de la frente, con toda su fuerza y en negrita cada letra, lo que es la VIOLENCIA TERRORISTA.

Todos supimos el 11-S que podíamos haber sido nosotros cualquiera de los pasajeros de aquellos aviones, o uno de los trabajadores de las Torres que vieron con espanto cómo se les venía encima un avión de pasajeros. Todos supimos el 11 de Marzo que nosotros, un hijo nuestro, un familiar o un amigo podía haber estado bajándose o subiéndose a cualquiera de aquellos trenes. Como anteayer todos nos sobrecogimos pensando en la cantidad de amigos nuestros que corren maratones y a los que hemos ido a ver junto a sus familias para darles ánimo en pleno esfuerzo.

Eso es lo que buscan los terroristas; entrar con su horror en nuestro salón y sacudirnos, agitarnos, mientras nos gritan que pueden matarnos cuando quieran. Y nosotros tenemos que tragarnos nuestra rabia y nuestra gana de hacer el ojo por ojo y decirles que somos más y mejores y saber que, aunque nos hagan daño, vamos a aguantar más que ellos. Hijos de puta.

No quería hablar de esto hoy. Ni de la pena que dan nuestros políticos enredados en discutir si los escraches son fascistas, nazis o comunistas, con una portavoz de un partido dándole lecciones de democracia a la del otro partido. Como si en esto de los desahucios tuvieran más culpa unos que otros. Claro, claro. Y mientras, la gente indignada, unos con más razón y otros con menos, pero indignados, tienen que ver cómo esos mismos que, desde todas las instituciones contribuyeron a este desastre, se ponen en postura Tuttankamon y te miran de frente, pero como de perfil.

Y esos, los del PP y los del PSOE, muy dignos ellos, oiga, dicen que el malo, pero el malo malísimo de verdad, es el partido de enfrente. Pues qué quieren que les diga, yo creo que lo de los escraches tendrá su punto macarra y no entiendo que se los hagan todos a gente de derechas, pero, mientras no agredan a nadie, déjenles por lo menos, y con perdón, que se caguen en todo lo cagable.

Si ahora va a resultar que los políticos no nos van a dejar ni la evacuatoria del grito, la cacerolada o la sentada no sé por dónde va a poder escapar la enorme presión que se está cocinando en la olla exprés que ahora mismo es España. Los escraches son el vapor que va saliendo por el pitorro de nuestra olla. Lo malo es que lleva pitando unos meses, y los cocineros siguen a lo suyo, sin mirar la olla discutiendo si le echan al caldo hierbabuena o laurel.

Y no quería hoy hablar de eso. Me apetecía olvidarme por un día del dolor, de la economía y de los políticos y escribir sobre algo tan tonto como la ortografía. Qué pasa para que la generación de españoles que más lee, sea, probablemente, la que peor escribe. Los habrá que me digan que, al menos, hoy casi no hay analfabetos en España. Y es verdad. Pero con la cantidad de acceso a la información, con el ingente número de palabras que leemos cada día en libros, periódicos y, principalmente, en internet, no puedo entender que escribamos tan mal.

Ya no hablo del uso de los acentos, que deprime y conlleva numerosísimos malentendidos, o de la eliminación progresiva de las haches, por poner dos ejemplos simples. Hablo de patadas diarias al idioma con la desubicación de palabras que, puestas en mal lugar, no significan nada. El “haber si nos vemos” del título de esta cabra de hoy duele a los ojos, pero me harto de leerlo en Facebook, Twitter, sms y demás medios de comunicación contemporánea.

Quería hablar de ortografía, pero hay días en los que el artículo que vas a escribir, te lo hacen otros. El de hoy, empezaron a escribírmelo en Boston anteayer unos desalmados que quisieron meter su terror en los salones de nuestras casas con dos mochilas llenas de explosivos.

VIVA EL REY

Mira que hay temas para hablar. Entre la epidemia de muertes ilustres (pobre Sara Montiel, compartiendo necrológicas con la Thatcher), otra vez los escraches, y lo del Madrid y mi pobre Málaga anoche en Champions, hay miga abundante. Pero yo quiero hoy dedicar mi cabra a gritar ¡¡¡que Viva!!! ese Rey que tiene yernos muy mejorables y al que en los últimos años parece que le ha mirado un regimiento de tuertos con el número 13 a la espalda (y que me perdonen los poseedores de un solo ojo y los cabalistas).
Pero, Dios, cómo apesta lo que está pasando con el Rey. Y no hablo de toda la inmundicia que le ha surgido alrededor al monarca, que también, sino de las innumerables aves de rapiña que están abonando el paso para que cunda la sensación de que lo mejor que nos podía pasar es que el Rey se fuera.
Unos lo dicen mientras se dan golpes en el pecho defendiendo la institución de la Monarquía y piden, sin pedirlo, que abdique en favor de su hijo. Otros reclaman abiertamente la abdicación porque saben que, a río revuelto, ganancia de pescadores republicanos. Y, los de más allá, directamente, lo que desearían es que en España se instaurase la III República.
La cuestión es que desde hace meses, incluso años, poner en duda al Rey y a la institución que representa se ha convertido en deporte nacional. Claro que hay decir que Su Majestad y muchos de los que le rodean, tampoco es que hayan hecho demasiado para evitar el debate, las críticas o la mofa indisimulada de los que están encantados con esta evidente erosión que sufre la monarquía.
Gran parte de la culpa de todo esto se le atribuye a Urdangarín. Y vaya, no voy a defender a semejante cretino, pero me parece que tras la crítica coral al Duque hay gente cabreada con toda lógica, pero se esconden también dos tipos de personajes. Por un lado, como decía, los republicanos, que han visto en el ex jugador y futuro técnico catarí de balonmano, un hermoso cuello en el que clavar los dientes. Y por otro lado los políticos que le dieron tremendas cantidades de dinero al yerno del Rey. Yo tengo varios amigos declaradamente monárquicos que, cuando fue Urdangarín a sus empresas a pedirles auténticas morteradas por tres charlas chorras, le mandaron educadísimamente a esparragar. Y no les pasó nada. Ahora, eso sí; no se hicieron ninguna foto con el Duque de esas que ahora otros tienen tapada con un retrato de la parienta y los churumbeles.
Lo que pasa es que hay que reconocer que es muy fuerte; la Infanta imputada (que es una palabra feísima referida a una señora). Oigo a muchos tertulianos (que del auto literal del juez se habrán leído, como mucho, las tres fotocopias que les dan 10 minutos antes de entrar en el aire) afirmar contundentes que, por supuesto, la Infanta sabía lo que pasaba en Noos, porque su firma estaba en las actas de los consejos. No lo dudo, pero, por poner un ejemplo cercano, yo podría estar haciendo trata de blancas y tráfico de estupefacientes con mi empresa sin que mi mujer tuviera ni la más remota idea de lo que pasa. Y mi esposa, que es universitaria, ejecutiva de una multinacional y una de las tías más listas que conozco viene a los consejos y firma las actas. Yo no discuto que la Infanta deba estar imputada, ni que a Urdangarín le caiga un paquete descomunal. Pero cuando se dice que la Infanta fue la cooperadora necesaria para que Urdangarín se forrara, discrepo profundamente. Los cooperadores necesarios para que Urdangarín se forrara fueron nuestros políticos, entre los que, por lo general, abundan los gilipollas. ¿Tiene la Infanta la culpa de que la Comunidad Balear o la valenciana le dieran a su marido millonadas por tres charlas bien adornadas? ¿Tiene la culpa el Rey? No. La tienen esos políticos de los que casi no se dice nada. Porque son esos mismos representantes del pueblo, a través de determinados periodistas, los que están haciendo lo posible porque el debate caiga hacia el lado de los guarreos de Urdangarín, de las supuestas comisiones del Rey o de Corinna y de las fotos con cadáveres de elefantes. Pero el meollo no está ahí. Aquí se está cocinando un intento de llevarnos hacia la III República, lo que pasa es que los chefs, de momento, llevan capucha y no sabemos exactamente quiénes son. Y yo, qué quieren que les diga. Creo en la Monarquía y creo en nuestro Rey. Y no por las tres tonterías que dijo anteayer Rajoy, que para decir que el Rey fue provechoso hace 32 años, ya podría estarse calladito, sino porque, mientras no se demuestre lo contrario, es lo mejor que tenemos.
Piénsenlo.
¿Cayo Lara Presidente de la Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas? Creo que me exiliaría antes de que me echaran.
¿Sería mejor jefe del Estado Aznar que Juan Carlos I? No lo “creou”.
Y, por rematar, uno en el que he pensado mucho leyendo las necrológicas de la Thatcher; Zapatero. Decía ayer un articulista que la Dama de Hierro era una mujer con dos cojones y, disculpen la comparación, pero, así visto, también ZP demostró en su día, sin duda, ser un hombre con dos pedazos de ovarios con sus correspondientes trompas de Falopio. Es por ello por lo que, poniéndonos creativos, me pregunto ¿ZP Presidente de la primera República Islámica Feminista de Occidente? Y no puedo responder porque, siendo sinceros, se me sobrecoge tremendamente el escroto.

CASILLAS

Mira que me lo dice mi mujer. Pero, aunque es muy sabia, no le hago ni caso. Ella me insiste en que no dedique Cabras al fútbol, que es un coñazo y me aleja del abundantísimo público femenino que me sigue. Esto sé que lo dice con esa fina ironía que le caracteriza, pero a mí me hace ilusión que me lo sugiera y me acuesto feliz pensando en hordas de señoras gritando desmelenadas “la cabra, la cabraaaaa”…
En fin, la cuestión es que, aún decepcionando a mis fans, hoy, que el Madrid y el Málaga juegan partidos importantísimos de Champions, no me apetece hablar de otra cosa más que de fútbol. Y eso que la actualidad política sigue dando motivos para coger una pancarta e irse a hacer unos escraches, que es una palabra que hasta hace dos semanas no sabía lo que significaba y ahora no se nos cae de la boca. Que esa es otra. Me parece estupendo lo de los escraches, pero ¿por qué se los hacen todos a gente de derechas? ¿Es que no hay ni un ser humano no de derechas que merezca que los escrachistas se caguen en sus muelas? Será que no. Pero yo hoy me olvido de los políticos españoles y las fotos de Núñez Feijoo, de las cabronadas que les han hecho a los chipriotas, del ERE-no ERE de los Bardem y hasta del mar de fondo de la Curia Romana contra el Papa Francisco. Yo hoy, con perdón, me voy a cagar en las muelas de Mourinho.
Es que ayer sufrí esa mala leche tan característica que te entra cuando ves a alguien que está pidiendo a gritos que le den dos bofetones y no hay nadie para dárselos. Y, no sé por qué, ese es un sentimiento que me invade casi siempre que veo una rueda de prensa del tal Mourinho. Y eso no tiene nada que ver con el hecho de que sea portugués, como dijo recientemente en una entrevista. Es que me parece que es un memo, maleducado, soberbio y engreído, sea portugués, croata, francés o más español que el Gran Capitán. Y por si esto fuera poco, encima está malcriado por los mimos inagotables de Florentino Pérez, que le ha consentido a semejante papanatas todo tipo de desplantes sin que jamás el presidente le haya reconvenido en público, ni, vista la deriva del personaje, en privado. Y todo para que, en tres años, con un sueldo estratosférico y gastando en fichajes lo que no está en los escritos, haya ganado una liga y una Copa del Rey. Pues qué bien, oye.
Yo debo reconocer que tengo auténtica devoción por Íker Casillas, pero, afectos al margen, creo de verdad que es el mejor portero del mundo. Y no sólo eso; es, probablemente el mejor portero de la historia. No hay ningún otro guardameta que tenga un Mundial, dos Eurocopas, dos Champions, no sé cuántas Ligas y una Copa del Rey. Eso por no contar los títulos que obtuvo antes de llegar a la selección absoluta y la cantidad de premios individuales que le han concedido en España y en el extranjero. Todo eso siendo un modelo de comportamiento en el campo y fuera de él. Jamás se le ha oído una palabra más alta que otra y ha sido siempre un ejemplo de sencillez y de normalidad en el éxito y en el fracaso. Exactamente lo contrario de lo que representa su entrenador. Y es por lo que Mou no le soporta. Por eso ayer el Míster en la rueda de prensa en la que se le preguntó por la ausencia de Íker en la convocatoria, habló de Casillas con displicencia y hasta con un punto de desprecio y dijo que “tendrá que esperar su oportunidad” como si estuviera hablando de un chavalín de la cantera que tiene aún mucho por demostrar. Y me da pena que en medio de todo el lío esté un buen portero con pinta de ser un buen hombre, como es Diego López. Pero es que las comparaciones son odiosas. Porque Íker no sólo es uno de esos jugadores símbolo. No sólo es uno de los personajes españoles más queridos. No sólo es un portero que genera dudas en los delanteros rivales. No sólo es un tipo con un talento descomunal para impedir que le hagan goles. Es que es, además, un tío con suerte. Si uno analiza la carrera de Íker, no sólo están sus paradas increíbles; ha tenido golpes de suerte inverosímiles. Aquella lesión de César en la final de Glasgow. Aquella lesión de Cañizares antes del Mundial de Corea. Y el hecho cierto de que, cuando Íker falla durante un partido, puedes tener la garantía casi absoluta de que el Madrid o España no pierden. Hubo un entrenador histórico llamado Miguel Muñoz del que se decía que tenía una flor en el culo, por su mítica buena fortuna. Si aceptamos la analogía (nunca mejor dicho) botánico-nalgar, lo que tiene Íker en el pompis no es una flor, sino el mismísimo huerto entero del Convento de las Clarisas de Carrión de los Condes.
Pero Mou escoge a cualquier otro antes que a Íker. Pues muy bien, hombre. Claro que, bien pensado, casi prefiero que no lo saque todavía. Que no arriesgue el gran portero hasta que esté bien soldada la fractura de su metacarpiano. Así tendrá la mano en perfectas condiciones para hacerle una peseta esplendorosa al tal Mou el día en el que salga por la puerta del Bernabéu. Lo que pasa es que Íker es tan majo que ni eso hará cuando se vaya el pesado de Mou. Y vale, que no le hagan la peseta, pero, por Dios, sea por la puerta grande o por la pequeña, que se vaya ya.

CON CÁNCER Y ESTUPENDA

Hay gente que emite luz. Son personas que iluminan las estancias en las que entran y que, habitualmente, hacen mejores a los que tienen cerca. Eso, en las empresas de formación creo que lo llaman liderazgo. Yo lo llamo luz. Y una de esas personas resplandecientes se llama María Zavala de Asúa y es mi amiga. Está casada con otro amigo mío que se llama Ricardo Balmori, aunque todo el mundo le conoce como Kay. Son de esas parejas como perfectas. Se llevan bien, les va bien en la vida, han criado unos hijos estupendos y ella, Kay y los niños tienen pinta de estar todo el rato a punto de que les hagan una sesión de fotos para el Hola, aunque no hayan salido en una revista en sus respectivas vidas. Y un día se cruzaron con el cáncer. En concreto, a María le diagnosticaron un cáncer de mama.
Y de repente el miedo. La incertidumbre. La necesidad urgente de aprender a vivir con una enfermedad que te puede matar. Y gobernar toda esa angustia sabiendo que ambos tenían que seguir viviendo y siendo padres y siendo amantes y siendo un hombre y una mujer.
Las han pasado canutas y aunque ya están fuera del túnel todavía hoy María, de algún modo, sigue viviendo con su cáncer sometida aún a diversos tratamientos y cambios físicos que le han alterado sus rutinas previas a la enfermedad. Pero ni en los comienzos del tratamiento, ni en lo peor de las operaciones y las quimios se les ha visto derrumbados. Todo lo contrario. Aunque han tragado quina de la buena, ambos han sido ejemplares en la manera de enfrentarse a una enfermedad con la que convivir no es ni mucho menos fácil.
Hace un par de meses María me llamó. Había visto que yo había abierto un blog y quería preguntarme cómo había que hacer para abrir uno, porque ella iba a hablar del cáncer de mama. Quedamos para vernos y empezó a contarme. Teóricamente allí iba a ser yo el que le explicase, pero María me hizo un dibujo tan asombroso de lo que quería hacer, que hablé más bien poco.
Me dijo que ella durante su enfermedad había buscado información sobre el cáncer y que la mayoría de las cosas que encontraba eran temas médicos, testimonios deprimentes e informaciones útiles hospitalarias. Pero había poco de lo que buscan mujeres que pierden el pelo, que desconocen qué usar para cuidar mejor su piel durante la quimio o que no saben cómo pintarse la ceja porque ni siquiera saben que se van a quedar sin cejas. Vaya, que ella quería hacer un verdadero blog de salud y belleza para chicas que quieren verse bien aunque estén hechas polvo.
Me maravilló la claridad con la que me hablaba, la naturalidad y el optimismo y la vitalidad con la que me aseguraba que lo quería sacar cuanto antes. Y el humor. El blog se llama “Con cáncer y estupenda”, que me parece que no puede haber mejor declaración de intenciones. Pero ella, inicialmente, lo quería llamar “The Beauty and the breast… Cancer”. Para los que no sepan inglés, se trataba de un juego de palabras entre Breast (Mama) y Beast (la Bestia) con la Beauty (la Bella) en medio. Le dije que era brillante, pero que iba a tener grandes problemas para que la gente lo pudiera encontrar por Internet y lo tecleara fácilmente para buscar su url. Seguimos hablando durante un buen rato y les aseguro que hubo un par de veces en las que tuve que contenerme para que no notara que me estaba emocionando con su relato. Porque sentí escuchándola entonces la misma fascinación que, de toda la vida, hemos sentido los hombres normales ante los héroes. Esa turbación que leyendo o viendo una película nos hace admirar a los protagonistas de las epopeyas. Esta última epopeya de la que les hablo es ahora un blog que escribe una heroína que, como dice su título, está y es estupenda. Se llama María Zavala de Asúa y con este otro éxito de su vida le va ganando ya al cáncer, como mínimo, por dos a cero.

http://concanceryestupenda.com/

FRANCISCO

Pues me van a perdonar que me ponga pesado, blando y prosaico. Y me explico.
Digo lo de pesado, porque me prometí a mí mismo no hacer más de una cabra semanal, pero la alegría que me llevé ayer al ver que el elegido para Papa no pertenece a la parte más conservadora de mi Iglesia, merece una cabra urgente. No conozco de nada a Jorge Mario Bergoglio, pero lo que dijo, cómo lo dijo y ese crucifijo modesto colgado de su cuello, me parece que dan una idea de que se abre una nueva etapa que muchos católicos estábamos esperando. Los hay que ya le hacen críticas y aseguran que es muy conservador. No lo sé, pero qué quieren que les diga; prefiero un jesuita conservador antes que un vanguardista de Comunión y Liberación, con todos mis respetos hacia los seguidores de este movimiento religioso.
Digo lo de blando porque tengo que reconocer que ayer, cuando vi que nombraban Papa a un miembro de la Compañía de Jesús, me emocioné. Mi padre nació en el mes de noviembre del año 1931, con la Compañía de Jesús expulsada de España y fue bautizado como Francisco Javier. Dice la leyenda familiar que, además, le fueron impuestos los nombres de Ignacio de Loyola, Luis Gonzaga y todos los Santos de la Compañía de Jesús. O sea que San Ignacio y todos los demás Santos de la “Societatis Iesu” han formado parte de mi educación y de mi familia desde que tengo uso de razón. No creo que haya muchos niños a los que su abuela les pagara por escuchar el disco en vinilo de “El Divino Impaciente” de Pemán. A mí me cayeron varias monedas de duro y de cinco duros del monedero de mi abuela Pilar por aguantar estoico y con cara de interés el relato, bastante coñazo para un infante, de la vida de Íñigo de Loyola.
Y no sólo eso. Una de las personas más queridas para mí era un jesuita que se llamaba Carlos García Hirschfeld S.I. y que murió el 4 de abril del año pasado, miércoles santo, para más señas. Era mi tío y fue durante toda su vida un ejemplo de coherencia, de tolerancia y de buscar a Dios desde la fe, la esperanza, la caridad y la alegría. Y es inevitable que, al ver ayer a uno de los suyos en el Balcón de San Pedro, yo pensara en que algo bueno le viene a la Iglesia Católica.
Y decía también que hoy me iba a poner un poco prosaico, pero las emociones no terminaron con la nominación del Papa. Yo soy malagueño y fui de chico muchas veces al fútbol a La Rosaleda con mis padres, con mis tíos y mis hermanos. Y en cada partido escuchábamos extrañados aquellos versos del himno del Málaga que dicen “tiene equiiiiipo de primeeeeeraaa, en el fútbol españoooool”. Porque el pobre Málaga de mi infancia, adolescencia y juventud subía y bajaba que era un mareo y hasta acabó despareciendo.
Puede que sea prosaico unir la espiritualidad con el fútbol, pero me tienen que reconocer que el que, en una misma tarde, coincida que el Málaga se mete en cuartos de la Champions y que se convierte en Papa un Jesuita, es una demostración de que Dios, de verdad, existe. Ya sólo falta, para completar el milagro, que en España dimita alguien antes de que lo echen. Pero eso no sé yo si es pedirle demasiados esfuerzos al Espíritu Santo que ayer, yo creo, quedó ahíto.

MI PRIMER FIN DEL MUNDO

Esta cabra está dedicada a una de las lectoras caprinas más fieles; mi amiga Rosa Patier.

Está mal visto llorar. Y no sólo que lo hagamos los hombres. No sé por qué una de las frases que más se utilizan en el mundo es: “no llores”, dirigida a niños, mujeres u hombres que, en un momento de congoja o desasosiego echan unas lagrimillas. Es cierto que hay gente que tiene una facilidad tremenda en los lagrimales. Mi mujer, por ejemplo, ha llegado a llorar con el anuncio navideño de turrones El Almendro. Exceptuando a mi amada esposa, no conozco a nadie capaz de emocionarse con un estímulo de 20 segundos escasos, pero ella lo hace. Y con frecuencia su lágrima fácil provoca el choteo familiar empezando por su marido y terminando por su hija la pequeña. Quizás detrás del choteo está el intento de no acabar también nosotros llorando o, sencillamente, la tendencia que todos tenemos a pensar que el llanto es un síntoma de debilidad o de algo no bueno. Por eso, al que llora, habitualmente le pedimos que deje de hacerlo. Pero el llanto puede ser muy reconfortante y, en ocasiones, el lacrimoso acaba reclamando a gritos su derecho frente a los que le piden que deje de llorar.
Algo parecido a lo que cuento sucedió en mi casa durante una cena poco antes de las Navidades pasadas. En aquellos días miles de apocalípticos del planeta estaban anunciando el muy cercano fin del mundo y otros miles de creyentes en la hecatombe vivían con zozobra preparando sus maletas del otro mundo, sus espíritus para El Juicio o, directamente, su suicidio colectivo para ahorrarle trabajo a La Parca. La cuestión es que había en el ambiente un canguelo disimulado, un “a ver si va a ser que sí” que tenía en un cierto nivel de aprensión a una parte de la humanidad. Y a bastantes niños.
Era en mi casa, como decía, la hora de la cena. Estábamos toda la familia hablando de lo que nos había pasado a lo largo del día y mi hija Macarena, que tiene 11 años, estaba un poco mohína. Era raro porque es una niña muy alegre, pero estaba tristona. Entre tanta gente comentando los sucesos de la jornada, nadie le hacía mucho caso hasta que ella empezó a hablar. “Es que yo no quiero que se acabe el mundo”. Tal afirmación fuera de contexto, con una albóndiga en la boca puede llevar al atragantamiento, así que, después de tragar le dijimos. “¿Pero de qué hablas?” Y la niña se soltó. Empezó a contar lo que había ido oyendo por ahí, lo que le habían dicho sus amigos, lo que había escuchado en vete tú a saber qué programa de televisión. Lo cierto es que Macarena tenía la pobre encima un apocalipsis mental en forma de empanada que le estaba haciendo sufrir realmente. “Es que yo no quiero dejar de veros” dijo de repente.
Ante una frase como esta, a un padre se le ponen los ojos como a Heidi cuando iba arrancar a llorar y babea con su hija.
Ante una frase como esta, un adolescente hermano mayor de la susodicha; machaca. “¿Pero qué dices, niña? Eso son chorradas. Qué fin del mundo ni fin del mundo. Macarena, eres una cría (que, aunque mi hijo no lo sepa, es un pleonasmo).”
La discusión se fue trufando con afirmaciones despectivas del estilo de “ya lo dijeron en 2000 y no pasó nada” o esa típica sentencia tonta de “pater omnipotens” de “tú tranquila, hija, que no va a acabarse el mundo”. Claro, como si yo lo supiera. Pero Macarena está aún en esa fase última de la infancia en la que sigue creyendo que sus padres, de verdad lo sabemos y lo podemos casi todo. Esa etapa en la que los hijos nos otorgan a los padres poderes paranormales como, por ejemplo, el de la adivinación. Aún así, no siempre uno es capaz de convencer a sus hijos de sus dotes para adivinar el futuro y Macarena se puso a llorar. Entre lágrimas, mientras los demás le soltábamos frases huecas animándola y pidiéndole que no llorara, Macarena nos dijo “¡¡Bueno, pues este es mi primer fin del mundo, así que dejadme llorar en paz!!”.
A mí, aparte de que me hizo mucha gracia, la frase, tan contundente reclamando espacio para llorar, me provocó ciertas reflexiones. Y entre pensamiento y pensamiento fui pariendo esta cabra que hoy les acompaña.
Por eso, el día aquel del primer fin del mundo de mi hija Macarena respeté su petición de que la dejáramos llorar en paz. Y lloró. Gracias a eso probablemente estará más serena cuando le toque su segundo fin del mundo, que, sea con los Mayas, los Davidianos, con los Troyanos, o con los adventistas, le tocará mucho antes de que cumpla los 18.

LOS PIRAOS

Es una de las plagas de la vida moderna. Los piraos. El número ingente de personas que tienen algún tipo de disfunción social más o menos grave y se empeñan en compartirla con los demás.
A eso ha ayudado muchísimo Internet. Hasta hace poco la gente indeseable tenía que disimular su amargura y su mal carácter para poder convivir. Salvo casos muy graves de misantropía, nadie insultaba a su vecino a la cara, nadie acusaba de algo grave al compañero de rellano sin pruebas no fuera a ser que al vecino le diera por partirle la cabeza al autor del insulto o la acusación. Ahora, gracias a las muy diversas herramientas de Internet puedes insultar y acusar a cualquiera de la peor de las perversiones desde el anonimato. Y si luego resulta que era mentira, pues oye, que te echen un galgo, a ver si te pillan.
Es algo en lo que llevaba tiempo pensando, pero nunca me había dado para una cabra hasta que hace unos días leí una noticia sobre la presencia del entrenador del FC Barcelona, Tito Vilanova, en el palco de familiares de Rafa Nadal en un partido de exhibición en Nueva York. Para quien no lo sepa, el entrenador está en Estados Unidos tratándose de un cáncer y aceptó la invitación de Rafa para ir a verle jugar. Yo, por lo general, como soy un tipo morboso, suelo leer los comentarios de las noticias. Lo sé; es algo cercano al masoquismo, pero, en el fondo, es como ir al Zoo. Sabes que va a haber leones, cebras y jirafas, pero sabes también que te vas a encontrar con el típico animal ese raro de cojones, del que no sabías ni que existía. Pues en los comentarios de los periódicos convive gente más o menos normal, con imbéciles de campeonato que, por lo general, a su estupidez intrínseca, unen una mala leche asombrosa. Y ambas; su mala leche y su majadería, la esconden cobardemente en el anonimato. Y en ese grupo de los amargados con derecho a hablar está el imbécil que comentó en primer lugar la noticia. Resulta que al humano en cuestión le parecía fatal: 1º que Tito Vilanova tuviese posibles para tratarse en EEUU. 2º Que acudiese a ver un partido de Rafa en pleno tratamiento. En consecuencia, ante la solicitud de muchos de apoyar al señor Vilanova con un #anims Tito, el bobo comentarista declinaba la invitación. No recuerdo cuál era su argumento, si es que lo había, porque el periódico borró en pocas horas el comentario, pero este es un ejemplo perfecto de lo que decía. El antibarsa que suelta su hiel contra los blaugrana. El antimadridista que ladra todo tipo de insultos a los blancos escondido tras su teclado. El ultraderechista o el ultraizquierdista que vuelve a dejar claro que, si él mandara, íbamos a quedar pocos opinando en su contra… En fin, esa gente gobernada por la amargura que por fin ha encontrado a alguien que le escuche.
El problema es el caso que se les hace. Decenas de empresas, instituciones y representantes de artistas toman decisiones basadas en la lectura de comentarios de estos descerebrados. “Es que tienen un enorme altavoz” te contestan si tú les dices que son unos panolis, como si el hecho de tener un altavoz te confiriera un peso intelectual incuestionable. Un imbécil no es mejor por hablar con un megáfono. Es un imbécil que suena muy fuerte.
En fin, digo yo que, cuando se nos pase el sarpullido este del respeto al cibercapullo y de pasión por la plaza pública online, les darán algún susto a esos delincuentes de la expresión. Aunque algunos más que cometer delitos, simplemente, dejen por los suelos su humanidad negándole el ánimo a un enfermo, sencillamente, porque es el entrenador del equipo contrario.