VOTEMOS DE UNA VEZ

La verdad es que querría haber dicho “votemos de una puta vez”, pero me parecía excesivamente grueso para el titular de cualquier artículo. Y luego los algoritmos, el Zuckerberg y las madres que los parieron, lo mismo me colocan como contenido no adecuado.

Aunque pensándolo bien, quizás para muchos de los que lean hoy esta Cabra, este sea un contenido no adecuado. Porque yo estoy realmente cansado del tema de Cataluña. Hasta los huevos. He pasado en los últimos años por todo tipo de estados de ánimo, pero hoy se me mezclan, a partes iguales, la hartura y la preocupación. Mucha preocupación.

Porque no sé ustedes, pero yo creo que Cataluña, esta vez sí, ha llegado a ese callejón sin salida lleno de gatos en celo del que hablaba yo en una Cabra hace 5 años y medio. Puede que consigas llegar al final de callejón, pero va a ser complicado que salgas. Y, desde luego, si sales, vas a volver con arañazos hasta en el cielo de la boca.

Y ahí estamos. Porque me resulta deprimente ver cómo ha calado el mensaje que, desde hace años, les han ido soltando en las escuelas catalanas. Cómo la manipulación de los medios (TV3 es hoy lo más parecido a una televisión de dictadura comunista o fascista) les ha salido mejor que a Hitler, Franco o Stalin, por poner ejemplos de dictadores que usaron los medios a su servicio.

No estoy diciendo que en Cataluña haya hoy una dictadura. Dios me libre. Pero sí creo que en el independentismo, especialmente en los últimos 7 años, hay numerosísimos tics de esos que utilizan los líderes populistas que acaban conduciendo a sus pueblos a la gloria. Discursos trufados de mentiras o de manipulaciones grotescas. Control de la televisión más vista. Ridiculización del que no opina como tú. Exposición de banderas, de manera que, si no la muestras, no eres de los fetén…

Ayer me sobrecogía al ver a tantos y tantos niños y jóvenes bien instruidos participar en las festivas y pacíficas marchas hacia Barcelona. Porque pocas mentes son más proclives a recibir un mensaje victimista lleno de gloria como un alma púber o adolescente.

Dale un ideal a un chaval de 15 años y será capaz de matar y de dejarse matar por él. Y estos irresponsables llevan dándoles ese ideal desde hace años; Espanya nos quitó la patria, luego nos robó y hoy no nos deja vivir en libertad. Y es muy difícil ahora revertir esto. Yo lo veo imposible.

Y Dios no quiera que los enfrentamientos de estos días nos den un primer muerto, porque una muerte en cualquiera de los dos bandos nos puede poner en un escenario desconocido. Ya hemos tenido un muerto que, si se hubiera producido entre las filas de los independentistas habría sido utilizado. Pero no. Fue un turista al que le dio un paro cardíaco en el Aeropuerto de El Prat mientras estaba siendo sitiado por la turba.

Los médicos se apresuraron a decir que el óbito no había tenido nada que ver con los disturbios, pero si el muerto hubiera caído del lado de los manifestantes, habría que haber oído los lamentos en TV3 y las declaraciones dolidas de esos políticos que tan magníficamente adoptan el papel de víctimas de un estado fascista.

Porque ellos ahí siguen con su mantra de sentencia injusta. De venganza. Apoyados además por iconos catalanes como Xavi o Guardiola que hizo el otro día un discurso que parecía Martin Luther King diciendo “I have a dream”.

Porque ellos se sienten así. Los líderes independentistas catalanes no se parecen a Tejero, Milans o Armada. No. Son la versión moderna de Gandhi, Luther King y Mandela. Y cuando uno tiene una visión tan elevada de sus líderes, vete tú a contarles que lo normal, si te pasas la Ley por la bolsa escrotal, es que acabes en el trullo.

Por eso creo que esto no tiene arreglo. Personas inteligentes y tontas. Gente con pasta, de clase media y pobres. Niños y ancianos. Adolescentes y personas de mediana edad. Gentes de ciudad y de pueblos. Cuando uno mira las manifestaciones (hablo de las pacíficas) se da cuenta de que esa ensoñación de que Espanya les roba y que hay un mundo mejor con la independencia, ha calado de manera brutal. Y yo no veo el modo de repararlo.

¿Diálogo? ¿Con quién y sobre qué? ¿Cuáles pueden ser las reivindicaciones llegados a este punto? ¿Más autogobierno? ¿Otro reparto del dinero? ¿Un trato diferente al de otras autonomías? Ni de coña. Cuando te han estado dando nación a cucharaditas, de manera constante, durante años, no le vengas ahora al niño a darle autonomía.

Y, entonces, ¿qué hacemos? A mí lo único que se me ocurre es asumir que Cataluña va a dejar de ser España. Y visto que cambiar la Constitución va a ser complicado, yo haría un referéndum nacional (me refiero a nacional de España) y le preguntaría a la gente si quieren que Cataluña sea independiente. Porque creo que es posible que saliera que Sí.

Yo creo que no tiene sentido seguir alargando esto. Tanto que hablamos del daño que le haría a España que Cataluña se fuera. No creo que ese daño fuera mayor que el que nos lleva haciendo esta letanía constante desde hace 7 años y, sobre todo, desde el 1 de octubre de 2017. Daño económico. Daño a la reputación de España y de Cataluña. Daño al ambiente social. Daño a muchas relaciones de familia y amigos.

Y a mí no creo que me cambiara la vida. Aunque nos están poniendo difícil que les tengamos afecto, yo seguiré pensando en Cataluña como un lugar agradable al que ir y tendré más cariño siempre a los catalanes que, es un poner, a los italianos. Pero cualquier cosa será mejor que estar como estamos.

Así que votemos, coño. Y si sale que sí, dejemos que Cataluña se vaya, aunque no sé si ellos mismos se creen, de verdad, que van a estar mejor fuera que dentro.

¿DÓNDE ESTÁ ARTUR MAS?

¿Y dónde está Artur Mas? Porque se acabó. Ya está. Tenemos Sentencia del Procès. Menos dura de lo que algunos querían y mucho más dura, dolorosa y cargada de realidad de lo que pretendían los irresponsables que metieron a Cataluña y a España en este delirio.

Y no estoy contento. No me gusta que manden a nadie 9, 10, 11, 12 o 13 años a prisión. Pero estoy con una cierta sensación de tranquilidad. De ver que nuestro país funciona, que nuestro Estado de Derecho es más fuerte que los que intentaron quebrantarlo. Aunque sea deprimente ver las calles de Barcelona y de otras provincias catalanas llenas de gente pidiendo “LLibertat” como si estuvieran en la Cataluña de 1950.

Así que, insisto: ¿Dónde está Artur Mas? Porque ayer, cuando vi a todos estos mártires por la causa independentista dándose cuenta de que se habían acabado las tonterías, me acordaba del Gran Irresponsable. Y me preguntaba cómo ha salido indemne el muñidor de todo este delirio; el que abrió la puerta al Tsunami. Es curioso que, cuando en algunos delitos se acepta la existencia de autores intelectuales, en este de sedición no haya habido nadie que se haya acordado, judicialmente hablando, del hombre que dinamitó CiU, Cataluña y, en parte, España.

Porque ayer escuché a varios políticos y ciudadanos catalanes criticar la Sentencia diciendo que iba a generar división. Que hay que tener un fino humor para decir eso sin reírse. Porque Cataluña lleva ya unos años literalmente partida por la mitad. Y puede que los que han gestionado la cosa desde Madrid no hayan estado muy brillantes, pero los que estaban gobernando en Cataluña llevaban echando gasolina al fuego desde hace siete años. Y, hace un par de años, provocaron una explosión descomunal.

Porque, ¿Cómo se supone que debería haber reaccionado el Estado al desvarío de Puigdemont y los suyos? El Parlament en rebeldía. Diversos políticos animando al pueblo catalán a la desobediencia civil. Varias asociaciones convocando a la gente en las calles para reclamar la Independencia. Y, en el clímax del delirio, Puigdemont declarando la Independencia, pero solo con la puntita.

Iglesias, por ejemplo, decía ayer que todo esto demostraba que la judicialización de la política no servía para nada. Pero lo que habría que preguntarse es si cree él que habría que haber dejado sin respuesta esa infantilización de la política, ese arrebato adolescente en el que ERC, la CUP, JxCat… embarcaron a cientos de miles (¿o millones?) de catalanes.

Está muy bien jugar a ser Martin Luther King en las Asambleas de la Facul en las que, como mucho, lo que puedes es perder un curso y que tu padre te pegue una colleja en el mes de junio. Pero cuando haces todo esto al frente de un gobierno, presidiendo un Parlamento autonómico o siendo el líder de un partido político, no puedes llamar a la desobediencia civil y, cuando tienes montado el tiberio, decir: “que noooo, que noooo, que era bromaaaa”.

Ese ha sido uno de los problemas del Procès. Se les ha llenado la boca de conceptos gloriosos. Cansa oír a sus líderes hablar de libertad, de democracia, de derecho a decidir, de la voluntad de un pueblo… cuando, lo que están haciendo, es algo tan simple y tan zafio como pasarse la Ley por los mismísimos cojones. Y están pisoteando esa libertad, esa democracia, ese derecho a decidir y esa voluntad de la otra mitad del pueblo catalán que no opina como ellos. Pero los indepés insisten en hablar de toooodos los catalanes y las catalanas, como si no hubiera cientos de miles (o millones) que no quieren que Cataluña sea independiente.

Porque, cuando ayer hablaban muchos de diálogo, ¿A qué se refieren exactamente? ¿Con quién? Y, sobre todo, ¿De qué tenemos que hablar? Los que hoy invocan el “Tsunami democratic” se olvidan de que los catalanes, en los últimos 9 años, han votado 4 veces al Parlament en urnas de verdad, no como en aquellas del “mierderéndum”. Y ahí es donde se supone que hablan los pueblos.

Pero no. Queda mucho mejor sentirse Mahatma Gandhi y soltar frases como la de Rufián que aseguró que la Sentencia había acabado con la democracia y que era la mayor agresión contra Cataluña desde el juicio a Companys en 1940.

No, Rufián. Esto es la Ley. Y la Ley, aunque se os olvide, es la base de la Democracia y de la convivencia en un país en el que tenemos una Constitución y un Estado de Derecho aceptados por todos los países de nuestro entorno. La mayor agresión contra Cataluña la habéis hecho vosotros.

Lo peor que le ha pasado a Cataluña es haber sido gobernada por un desequilibrado mental como Artur Mas que, viendo que perdía peso político y adivinando que se les acababa la enorme teta de la que mamó CiU durante décadas, nos metió en este desastre.

Y luego vinieron otros, por desgracia para Cataluña, no mejores. No parece que Puigdemont sea un lumbreras y, sin duda, Torra no es, tampoco, el más espabilado de su pueblo, pero en manos de estos mentecatos ha estado Cataluña en el último tiempo. Quizás viendo la foto de los tres juntos se entiendan muchas cosas porque yo, sinceramente, si pienso en que cualquiera de ellos pudiera ser el marido de una de mis hijas, se me sobrecogen todos los pelillos testiculares.

LAS COSAS DE LA MUERTE

Escribo esta Cabra desde un tren que me lleva a Málaga. Ayer murió mi tía María Rosa, una de las hermanas pequeñas de mi padre y, como me pasa siempre que se muere alguien de mi familia, siento otra vez aquel vacío que sentí cuando mis padres se trasladaron de Málaga a Madrid en el año 1975.

No digo que yo no haya tenido una vida feliz en Madrid. Todo lo contrario. Pero creo que ese movimiento familiar, esa migración que ahora está tan de moda, a mí me dejó un duelo que se me remueve cada vez que pasa algo en mi tierra. Y, si lo que sucede es que muere alguien tan querido, pues ese duelo es más dolor.

Mi tía Mª Rosa era la tía soltera que hay en muchas familias. Una mujer arrebatadoramente buena, generosa, sentimental, graciosa… Tenía su puntito de mala leche, que no sé si es más García o más Hirschfeld, pero siempre que la visitabas te daba la sensación de que eras el tío más guapo, más “grasioso”, más apuesto, más inteligente y mejor persona que había sobre la tierra. Y nos hacía sentir así a todos sus sobrinos, aunque tenía especial predilección por los 4 hijos de su hermana Mª Luisa, su melliza.

La tía Mª Rosa, durante unos años, se convirtió, en cierto modo, en un personaje de Noche de Impacto un programa que presentaba yo en Antena 3. Un día hablando de ella con el gran guionista Fernando del Moral, le conté alguna anécdota de mi tía de esas de descojonarse. Fernando me propuso que la convirtiéramos en un personaje flotante del programa y, cada semana, la metíamos en alguna entradilla citando una de sus presuntas sentencias, imaginando cómo ella habría reaccionado ante tal o cual cosa o, directamente, inventándonos tontadas delirantes.

Ella reaccionó con un sentido del humor admirable al “cashondeo” de su sobrino y, durante unos años, tuvo que aguantar las coñas de los amigos, vecinos y clientes de la Caja que, cada dos por tres le preguntaban si era ella y si eran ciertas las soplapolleces que yo decía por la tele.

El lunes, cuando me enteré de la muerte de Pepe Oneto, pensaba en la mala suerte que había tenido él y la buena de mi tía. Y reflexionaba sobre lo frágiles que somos. Pepe murió el día 7 después de dos meses en un hospital luchando contra una septicemia. A mi tía la ingresaron hace 3 semanas, gravísima, exactamente por lo mismo y, aunque nadie daba un duro por ella, había conseguido superar la fase crítica y estaba empezando a recuperarse. Anteayer por la mañana estábamos toda la familia dando gracias porque parecía que le iban a dar el alta en la UVI. Pero por la tarde empeoró y, en la madrugada de ayer, se murió. Así. ¡Pop!

Y cuando se muere gente, sea cercana o lejana, en los funerales y velatorios, se oyen frases hechas y huecas de “no somos nadie”, “es que estás y, de repente, no estás”, “hay que disfrutar de la vida, porque son dos ratos”. Pero nos dura esa disposición optimista lo que tarda en pasársenos la congoja y la impresión de los primeros días. Luego volvemos a no mirar más allá de nuestra nariz, a llevar los ojos clavados en el móvil estemos donde estemos, con la prisa de siempre y dejando que “las cosas de la vida” nos impidan darnos cuenta de lo cerca que tenemos “las cosas de la muerte”.

Coño. Me está quedando esto como un mensaje desolador. Y no quería. Porque, sin duda, el recuerdo de mi tía me hace sonreír y me hará sonreír durante mucho tiempo, aunque ahora mismo tenga una pena muy gorda encima.

Y también guardaré buen recuerdo de Pepe Oneto, que fue un buen jefe para mí. Entró en la redacción de noticias de Antena 3 cuando yo presentaba el informativo de las 7 de la mañana y me apoyó, me animó y no puso ningún reparo cuando me sacaron de informativos para empezar a hacer programas.

Nunca tuve con él, luego, una amistad muy cercana, pero siempre que nos veíamos nos tratábamos con el afecto del subordinado al jefe que no necesita estar recordándote que es el jefe, sencillamente, porque es muy bueno haciendo lo mismo que haces tú.

Se van ambos en una semana que daba para escribir 25 Cabras, aunque no sabría por dónde arrancar. Porque no habría sabido si centrarme en el suicidio político de Albert Rivera, en la pre-post campaña de Pedro, el Benévolo, en lo de la película de Amenábar (que voy a ser tan rojillo de ir a verla) o en si mañana, definitivamente, el gobierno va a sacar a Franco de su tumba.

Sin embargo tenía casi decidido escribir sobre una especie que abunda en los entornos de los partidos políticos. Los asentidores.

Se me estaba acabando ya la Cabra y no quería dejar de hablar de ellos porque me tienen maravillado. Son esos hombres y esas mujeres que están colocados en los mítines justo detrás del orador o en la primera fila del patio de butacas. También aparecen cuando a un líder político le hacen una entrevista de esas en medio de un pasillo o en una calle. Normalmente, detrás del personaje hay siempre dos o tres pelotillas que miran con embeleso al líder y que asienten como si lo que estuviese diciendo alterara, de manera muy novedosa y trascendental, las Leyes de la Física.

Pero no es eso. Da igual. Ya puede estar diciendo el líder una memez sin sentido, o estar ciscándose en los principios más sagrados del que asiente, que, si estás en plano, tienes que mover la cabeza de arriba a abajo y poner cara de “¡Coño!, ¡qué razón tiene!”. No sea que luego se te vea en el Telediario no siendo lo suficientemente entusiasta en el apoyo o, como el muchacho que cierra esta Cabra, jodiendo el plano del líder con una camiseta de apoyo al gran Coco contemporáneo de Occidente.

EL BUCLE

Pues seguimos como cuando Larra, o cuando Forges, que es mucho más cercano. El espanto de entrar en el bucle con el “Vuelva usted mañana” o el “¿Ha pedido cita para negarse?” sigue vigente en nuestra burocracia. Y no es solo un problema de funcionarios, que en muchas ocasiones lo es, sino de la estructura misma del sistema.

Les voy a contar el bucle delirante en el que hemos entrado en mi familia. Nosotros somos familia numerosa. Tres hijos que hemos aportado al futuro sistema de pensiones. No crean ustedes que eso de ser familia numerosa es un festival de descuentos y ventajas. No. Hay algunas cosillas, rebajas en el transporte público, en las matrículas escolares y universitarias. Y poco más.

Cuando tus hijos van cumpliendo años, te exigen que, para mantenerlos en el carnet de familia numerosa, demuestres que siguen bajo tu techo y que, por ejemplo, están estudiando. Y aquí, Dios Santo, ha comenzado nuestro bucle.

Nuestro hijo Carlos acaba de cumplir 22 años. En esta edad es necesario renovar el carnet que nos caduca el 18 de octubre. Mi hija Paula, la mayor, está a punto de matricularse en una Universidad en un Máster y, lógicamente, cuando haga la matrícula, le van a pedir el carnet de familia numerosa para hacerle el descuento. Y aquí comienza el cachondeo.

Hemos ido a la Comunidad de Madrid a pedir la renovación del título de Familia Numerosa, pero, como Paula tiene 24 años, tenemos que certificar que está estudiando para mantenerla en el carnet. Y entramos en bucle. No podemos matricularla con el descuento, porque carecemos del título. No podemos renovar el título porque carecemos de la matrícula.

Parece de coña, pero no lo es. Y ahí estamos intentando que en la Universidad (que es privada) tengan algo más de correa que en la Administración en la que te dicen que no se puede y que como si te pones a poner a cantar rancheras. Esto de los bucles burocráticos es muy español, pero no crean que somos el único país del mundo en el que los burócratas se convierten en un muro.

En concreto, el burócrata del que les voy a hablar es australiano. Y podríamos cambiar en él la erre de “muro” por una ele y convertir al funcionario oceánico en “mulo”. Porque, el tío, terco era una jartá.

Llegó mi cuñado al aeropuerto de Melbourne. En Australia son muy suyos con el tema de la importación de animales y plantas y de cualquier tipo de alimento. Y, por ejemplo, si vas a entrar en el país con unos zapatos de golf, tienes que declararlo porque los zapatos deben ir absolutamente limpios y sin ningún resto de hierba de otro continente para no contaminar con hongos y otras marranadas los campos de allá. No exagero. Es así.

FORMULARIO EN EL QUE SE DECLARA, POR EJEMPLO, LO DE LOS ZAPATOS

Mi cuñado declaró en el formulario de inmigración que llevaba unos zapatos de golf más limpios que una patena. Y, al llegar a Melbourne, por desgracia, le perdieron la maleta. Después de un rato esperando, fue a “equipajes perdidos” y solicitó la devolución de su maleta. Con la depre que provocan estas cosas, sobre todo si estás a 17.000 kilómetros de tu casa, se fue hacia la salida con ambos rabos entre las piernas. Y ahí comenzó “the Australian loop”, que es como se debe decir bucle en australiano…

El funcionario de inmigración le pidió el formulario y, al ver que mi cuñado declaraba que llevaba unos zapatos de golf le pidió, por favor, que se los mostrara. Mi cuñado le explicó que acababan de perderle la maleta y que no podía enseñarle ni los zapatos, ni unos bonitos calzoncillos con remates de jaretitas monísimos que se acababa de comprar. Bueno; esto no lo dijo. Pero lo pensó.

El funcionario miró de arriba a abajo a mi cuñado y le dijo: “¿Sabe usted que ha mentido en un formulario oficial de inmigración?” Después del preceptivo silencio para asumir la frase, mi pobre cuñado le dijo, por si no lo había captado: “Mire; es que me ha desaparecido la maleta en el vuelo, tal y como certifica este documento”. Pero, oigan, que ni caso. Que el funcionario australiano se relamió y le dijo: “¿Es usted consciente de que la multa por mentir en inmigración es de 10.000$ australianos (unos 6.500€)?

Mi cuñado, que no es que sea precisamente Mahatma Gandhi, ahí ya debió ponerse de color morado y estuvo un rato discutiendo con el funcionario aduanero. Cuando se dio cuenta de que aquello podía acabar malamente, solicitó la presencia de un superior. Por suerte para él, el supervisor (que acudió a ritmo de Koala con artrosis) no era tan subnormal como el agente y dejó que mi cuñado se fuera al hotel a lamerse las heridas que le había dejado la burocracia australiana en la espalda.

En fin. Que no consuela que haya bucles burocráticos también allende los mares, pero viajar no solo ayuda a quitarse el nacionalismo, sino a darse cuenta de que por muchas cosas malas que tengamos, a veces también fuera tienen lo suyo. Que pensamos que fuera de casa todo es mejor y más emocionante. Eso le pasó a mi hijo Carlillos, por ejemplo, en su primer viaje sin la familia cuando tenía 3 años; ¡a una Granja Escuela!.

No sé qué le habían contado en el cole, ni qué imaginaba él sobre el lugar al que le llevaban, pero sin que nos diéramos cuenta, metió en su equipaje algo que no formaba parte de la lista de necesidades. Cuando regresó de la Granja Escuela con su chorizo incomible, su ropa llena de churretes, un cenicero de barro y un pan más duro que una piedra, sacó de la mochila su pistola. Y con una voz entre aliviada y triste la soltó sobre el suelo de su cuarto: “Pues nada. No había leones”.

CARLILLOS DEJANDO LAS PISTOLAS POR LOS GUANTES DE HULK

GRETA, LA PASTORCILLA

Pobre Greta Thunberg. Y qué desgracia tiene de que le hayan tocado unos padres que han permitido que su niña se convierta en un icono mundial, en vez de seguir disfrutando de una infancia que, según dijo en su discurso ante la ONU anteayer, le han robado.

Y me dio una especial pena esta semana porque ha coincidido con una feliz celebración familiar; la llegada de mi hija Macarena a la mayoría de edad el pasado lunes. Le hice un vídeo sobre su vida en el que pude comprobar que hoy se me sigue cayendo con ella la baba igual que aquel 23 de septiembre de 2001 en el que le daba su primer beso en el hospital en el que nació.

Cuando el martes vi las noticias sobre el discurso de la pobre niña sueca, me dio una pena enorme comprobar cómo los habituales de la negación del cambio climático se cebaban con Greta insistiendo en las partes más caricaturizables de su discurso sobreactuado, forzado y dramatizado hasta lo grotesco. Porque prácticamente nadie escuchó el resto del discurso, que estaba bien armado y decía cosas muy sensatas.

Lo absurdo de todo esto, lo insensato, es que estas cosas las esté diciendo una quinceañera a la que, desde hace 2 años, adultos sin escrúpulos han convertido en lo más parecido que he visto a los pastorcillos aquellos que aseguraron que se les había aparecido la Virgen en Fátima. Parece obvio que la pérdida de poder de las religiones en Occidente está llevándonos a sustituir los credos tradicionales por otras creencias que son seguidas con igual fervor por las masas apasionadas. Y ahí podemos incluir de todo: el cambio climático y los que lo niegan, los nacionalismos excluyentes, los del feminismo radical y los que se oponen a las políticas de género, los que creen que hay que acoger al que lo necesita y los que opinan que hay que levantar muros para protegernos.

Ya en Occidente no se quema a nadie en plaza pública por sus ideas o su orientación sexual. Pero sí se quema en la hoguera de la opinión. Y se mata en la guillotina de las redes sociales. Y se tortura en el potro de las noticias falsas y de los bulos. Y en esas nuevas religiones todos buscan a pastorcillos a los que convertir en iconos. Venden mucho mejor las ideas, los credos y cualquier producto niños como los pastorcillos portugueses Lucía de Jesús, Francisco y Jacinta, o como el pobre Joselito, o Marisol o María Isabel, o, en la versión moderna del apocalipsis climático, la pre-desgraciada Greta Thunberg.

Y el martes, cuando pasé por el cuarto de mi hija Macarena para desearle buenas noches, pensé en la suerte que había tenido de poder escapar a una infancia como esa. Yo me pregunto en qué están pensando los padres de esta niña que, ante la ONU, en la parte más criticada de su discurso, decía “me habéis robado mis sueños y mi infancia” y aseguraba que ella “debía estar en el colegio al otro lado del Océano”. Y yo no puedo estar más de acuerdo. Solo que la culpa de que esa niña esté ahí no es de los políticos que no hacen una mierda contra el cambio climático (que tiene razón la pobre), sino unos padres irresponsables.

Unos padres probablemente enloquecidos por la emoción de que su hija sea un icono. Hay progenitores que hacen lo posible porque sus churumbeles, lleguen a ser ídolos del fútbol, el tenis, los toros o la canción y, en esa obsesión de éxito y celebridad, manejan a sus hijos hasta la náusea. Es lo que están haciendo los padres de Greta que, por parecerse aún más a los pastorcillos de Fátima, ha acabado acaparando hasta la atención del Sumo Pontífice.

Lo malo de todo esto es que, en el ruido, se nos olvida que, de verdad, estamos haciendo algo mal y que aunque los negacionistas ridiculicen a los alarmistas, cualquiera que sepa algo del clima, te dice que tenemos que proteger más al Planeta. Y debe ser cierto que algo pasa, porque una de las cosas que me hacen pensar que el fin del mundo se acerca es que, cada vez más, la corrección política nos bloquea y nos obliga a hacer auténticas gilipolleces.

Vean la manera en la que arranca la encuesta para el informe anual sobre la profesión periodística, que es un estudio que hace la Asociación de la Prensa para saber cuál es la situación actual del periodismo. Y tiene que ser muy jodida. Porque la primera pregunta es si eres hombre, mujer o si te “defines como no binario”. Que en la vida me habían hecho semejante pregunta.

Y, claro, puestos a quedar bien, no entiendo que mis compañeros marginen a los que también pueden sentirse bigénero, trigénero, género fluido o transgénero que son las restantes cosas que puede sentirse la persona que no se identifica ni como varón ni como hembra. Ignoro si es que, dentro del periodismo (que hay gente rara de cojones) son legión los que no se sienten hombre ni mujer, pero no entiendo que nos domine de manera tan tremenda ese intento de quedar bien, o no quedar mal, con cualquier colectivo.

Lo mejor en eso es ser como un par de amigos que van siempre haciendo rimas y, estando con ellos, no puedes decir ninguna palabra que termine en “inco”, “ones”, “otas”… porque te la clavan. Bueno, realmente, no puedes decir ninguna palabra que termine en lo que sea porque son capaces de sacar rimas insospechadas. Ellos, arrancando la encuesta habrían dicho, sin duda: “¿Binario? ¡Agárrame los huevos en el campanario!”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y ¿A QUIÉN COÑO VOTO?

Es la pregunta que, probablemente, se están haciendo más españoles en los últimos días. Ayer estuve presentando un evento y al comienzo, para romper el hielo, me dio por preguntar al auditorio: ¿Cuántos de ustedes NO tienen decidido su voto?

Había desde luego más de 400 personas. Todas ellas eran de una clase socio-económico-cultural media-alta. Y el resultado a mí me pareció muy revelador. Más de la mitad de los que estaban allí levantaron la mano. Luego, ya puestos, pedí a la gente que, a la de tres, gritaran “¡YO!” los que estuvieran cabreados con los políticos. Cuando conté “tres” el grito se debió escuchar en Las Cortes. Y estábamos a unos 10 kilómetros de allí.

Pero no parece que a nuestros políticos les afecte demasiado. Todos ellos ahí siguen, convencidos de que han sido “los otros” los culpables de que estemos otra vez más a punto de ser convocados a las urnas. Y deberían estar preocupados. Todos. Porque estamos abonando el terreno para que nos aparezca uno de esos Mesías que cíclicamente surgen para guiar a sus pueblos a la felicidad.

Como yo sí estoy preocupado y no tengo claras muchas cosas, mejor que decir nada, hoy voy a lanzar unas cuantas preguntas. Les agradeceré mucho que me ayuden a ver algo de luz respondiendo en los comentarios de esta Cabra que está más en el garaje que nunca.

¿No les recordó Pedro Sánchez en su rueda de prensa-mitin del miércoles a Artur Mas cuando disolvió el Parlament en 2012?

¿Recuerdan que Mas tenía 62 diputados y pidió a los catalanes una mayoría más fuerte para liderar “El Gran Repte” y los catalanes le hicieron una peineta dejándole con 50 diputados? ¿Y que, después del hostiazo, en vez de dimitir, se desmelenó y nos metió a todos en el desastre del Procès?

Pedro Sánchez ¿Estaba deseando unas nuevas elecciones? ¿O está verdaderamente fastidiado por no haber conseguido que nadie le apoye?

¿Puede beneficiar a Sánchez el hecho cierto de que vamos a elecciones porque no ha pactado ni con “los que quieren romper España” ni con “los comunistas”?

¿La oferta de Pacto en las últimas horas de Albert Rivera es, como dicen en el PSOE, un enorme paripé después de haberse negado a hablar con Sánchez durante meses? ¿O era una oferta sincera?

¿La mayor parte de los votantes naturales de Albert Rivera están encantados con él, o cabreados como monas?

¿Ha abandonado Albert Rivera el centro izquierda, como dicen sus enemigos? ¿O sigue siendo el referente en el espacio en el que construyó gran parte de su electorado?

¿A quién puede votar hoy una persona de centro-izquierda? ¿A Ciudadanos? ¿O al PSOE?

¿Va a volver a dividirse en tres el voto de derechas? ¿O creen que este cabreo puede beneficiar a la derecha de toda la vida representada por el PP?

¿Retrocederán VOX y Ciudadanos? ¿O se reforzarán?

¿Seguirán castigando los votantes de Unidas Podemos a Pablo Iglesias o volverán a la casa morada aquellos que se fueron al PSOE en las elecciones de abril?

¿Iglesias ha sido, como dice Sánchez, el culpable de todo? ¿O es la cabeza de turco que necesita Sánchez para convencer al electorado de izquierdas de que esto es “O yo, o el caos fascista”?

¿Errejón es una termita de Podemos? ¿Una quintacolumna del PSOE? ¿O va a ser el revulsivo del voto a la izquierda del PSOE?

¿Va a ser Casado el que reúna de nuevo a la derecha en torno al PP o es el que va a llevar al partido de la gaviota a la tumba definitiva?

¿Dónde hay más votos que pescar en la derecha? ¿Por la zona del centro o por la del extremo populista?

¿Dónde hay más votos que pescar en la izquierda? ¿Por la zona del centro o por la del extremo populista?

Y, por continuar con la encuesta que arranqué ayer: ¿Cuántos de ustedes tienen claro lo que van a votar el 10 de noviembre?

Y ya, por desintoxicar, dos preguntas más ligeras,

¿Se va a comer el turrón Zidane?

¿Alguien tiene una receta buena buena de tarta de zanahoria?

Hala. A contestar si son tan amables de echarme un cable para aclararme el pensamiento.

PUES YO SOY SACRISTÁN

Vamos; no piensen que estoy valorando la posibilidad de llegar a la jubilación desde una sacristía. Hablo de la foto que publicó anteayer El País en la que se veía al actor José Sacristán departiendo con la vicepresidenta Carmen Calvo. Según contaba el diario, Sacristán y Calvo se encontraron en la puerta del Teatro Bellas Artes de Madrid y el actor rogó a la Vice: “Poneos de acuerdo, por favor”.

FOTO DE «EL PAÍS» EN LA QUE CARMEN CALVO Y JOSÉ SACRISTÁN CONVERSAN

La que le han liado. Los medios no afines al PSOE han puesto a parir a Sacristán. He llegado a leer que todo es un montaje de El País para favorecer un acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos. Y mis amigos de derechas están que trinan con un actor que, cuando da hostias como panes a UP o al PSOE, es aplaudido unánimemente por esos mismos que hoy le llaman paniaguado, zetaceja y yo qué sé cuántas cosas más.

Porque a José Sacristán se le podrán criticar muchas cosas, pero no creo que nadie pueda decir que ha tenido nunca pelos en la lengua. Y eso que ha llevado barba durante mucho tiempo. Pero, como le pasa a todos los que dicen lo que les sale del bolo, le caen leches de un lado y del otro dependiendo de lo que diga.

A mí, sinceramente, no es que me apasione la idea de un gobierno entre PSOE y UP. Pero creo, como Sacristán, que tienen la obligación de ponerse de acuerdo y evitar, como sea, una previsible y patética repetición de las elecciones. Si finalmente hubiera comicios antes de diciembre, sería la ¡¡¡4ª VEZ EN CINCO AÑOS!!! que los españoles seríamos convocados a las urnas. Y no entiendo que no se les caiga la cara de vergüenza.

No puedo decir que me dé igual el acuerdo. Creo que lo mejor que nos podría pasar es que a Albert Rivera se le quitara la empanada y se diera cuenta de que pactar con Sánchez es casi una obligación moral. Pero a Rivera le ha ocurrido antes de llegar a Moncloa, lo que le sucede a todos los que acceden a la presidencia del Gobierno; que, ensimismados por los pelotas que les rodean, acaban volviéndose medio locos y pierden la conexión con la realidad.

Además, me hace gracia cuando escucho a los de Podemos decirle a Sánchez, y a quien quiera oírles, que un pacto PSOE-Podemos es lo que pide la ciudadanía. Y eso es no saber sumar. Los únicos acuerdos entre dos partidos que dan la mayoría absoluta y estable son el de PSOE-PP (que es una quimera) y el de PSOE-Ciudadanos (que, según Rivera, es quimera también).

Yo no soy sociólogo. Pero tengo la sensación que la ciudadanía lo que quiere es que pacten. No hay más que ver los resultados electorales de los últimos años. Es un grito como el de Sacristán: “¡Poneos de acuerdo!”. Pero yo no sería tan educado como el actor y, en vez de “por favor”, añadiría “por cojones”. Es inaceptable, inasumible, inconcebible y no sé cuántas palabras más que empiezan por “in” y acaban por “ble”, que estos a los que hemos votado nos lleven otra vez a los colegios electorales antes de que acabe el año.

Debo reconocer que yo sigo pensando que, al final, Pedro “El Deseado” saldrá resplandeciente de entre las tinieblas. Y, como el héroe de las pelis de nuestra infancia, como el 7º de Caballería, el Guerrero del Antifaz o el Capitán Trueno (que tiene un aire) aparecerá en el último minuto y nos comunicará que ha llegado a un acuerdo con alguien y que no vamos a elecciones. Y que esta tele-novela de nuestros diputados y diputadas terminará con un beso con lengua apretao. No sé. Igual he visto demasiadas películas épicas este verano. Pero opino que los españoles no nos merecemos una repetición electoral. O igual sí, pero considero que si nuestros políticos nos dejaran llegar a otras elecciones sería para matarlos.

Aunque hay que tener cuidado con estas frases, que luego hay gente que se las toma literalmente y yo, obviamente, no deseo que nadie apiole a nuestros representantes. Lo digo porque, sobre todo los niños, tienen tendencia a tomar las cosas por lo literal. Una tía de mi mujer siempre cuenta una anécdota que sucedió en su familia cuando acababa de nacer su tercer hijo. Era un varón después de dos niñas y estaba toda la familia muy feliz con el alumbramiento, incluidas las hermanas del recién nacido. Pero, claro, el bebé había movido el trono de las dos mayores, especialmente el de la segunda.

Un día en el que el bebé lloraba de manera desesperante, la madre del churumbel, en un momento de fatiga psicólogica extrema bramó: “¡No puedo más con este niño! ¡¡Diosssss!! ¡¡Es pa matarloooo!!”. La más pequeña de las hermanas, la más destronada por el recién nacido, le dijo solícita: “¿Quieres que lo mate, mamá?”

PAULA JUNTO A LA CUNA DE CARLILLOS. NO MUY CONTENTA…

Aunque el campeonato mundial de sutileza tras el destronamiento creo que se lo debería haber llevado mi hija la mayor, Paula, cuando nació nuestro segundo hijo, Carlillos. Era un niño bueno y no había dado excesivos motivos para generar desesperación a su alrededor. Pero un día mi mujer y mi hija salieron de casa y Paula le preguntó a su madre: “¿Y Carlitos con quién se queda?”. Nosotros, en aquel entonces, teníamos a una señora interna viviendo con nosotros y mi mujer le contestó: “Pues con María”. Y Paula, en una propuesta llena de creatividad literaria le sugirió: “¡O con el lobo!”.

LA ALEGRÍA ANTE EL ESPANTO

Lo que les cuesta a los pesimistas entendernos y respetarnos a los que somos optimistas. Todavía estoy quitándome la pesadumbre que me entró ayer cuando mi hija Paula me llamó: “¡Papá! ¡Que han encontrado un cadáver!” Paula y yo nos fuimos el lunes a ayudar en las batidas por el monte con Rocío, una amiga de la infancia de mi hija, que, desde hace unos meses, está trabajando en mi empresa.

BLANCA EN LA ÚLTIMA ENTREVISTA QUE LE HICE PARA «SEGURIDAD VITAL»

Yo no era amigo íntimo de Blanca. Hace ya muchos años conocí a su hermano Paco en un torneo de golf. Nos caímos bien y comenzamos una amistad intermitente con muchos viajes muy divertidos y coincidiendo en campeonatos por media España. En uno de esos torneos conocí a Blanca y, desde entonces, mantuvimos una relación en la que, casi siempre que la veía, era con una bolsa de palos al hombro y, como todos los Fernández Ochoa, con una sonrisa resplandeciente. La muerte de Paco me acercó algo más a una familia que, desde luego, es especial.

CON MERCEDES MILÁ, ADRIANA GÓMEZ Y PACO FDEZ. OCHOA TRAS UN TORNEO DE GOLF

Cuando el pasado fin de semana saltó la noticia inquietante de la desaparición de Blanca, le pregunté a una de las hijas de Paco si necesitaban ayuda y me dijo que estaban organizando batidas con voluntarios y que agradecerían tremendamente el apoyo de cuantos pudieran subir a participar en esa búsqueda de una aguja ínfima en 25 pajares inmensos.

Y allá que nos fuimos el lunes. Cuando llegamos, lo que nos encontramos fue totalmente opuesto a un funeral. Allí estaban los Fernández Ochoa como una piña. Los hermanos y sus parejas, los hijos y decenas de amigos que decidieron echar un cable para una tarea que no iba a ser fácil. Como siempre todos con una sonrisa de oreja a oreja. Optimistas. Y convencidos de que Blanca estaba ahí y de que la iban a encontrar viva.

Ya he contado en otras Cabras que a la gente le cuesta entender a los que intentamos sonreír ante el dolor. No es que seamos gilipollas. Es que creemos que la alegría, el optimismo, la esperanza y el pensamiento positivo sirven mucho más que todos esos sentimientos dados la vuelta hacia la desesperanza y la tristeza.

Si yo hubiera publicado en redes sociales alguna foto de mi familia cuando mi padre estaba muriéndose en el hospital o cuando lo velábamos en el tanatorio, probablemente nos habrían puesto a parir. Y habríamos leído cosas como las que he visto en estos días en ese zoológico psicopático que son los comentarios de las noticias en la prensa online y los de los que buscan saciar algún desarreglo mental con su perfil oculto de Twitter.

Puede que la gente no lo entienda, pero a mí me ha resultado muy emocionante en estos días ver a una familia unida de una manera arrebatada e intentando todos mantenerse alegres aunque eran muy conscientes de que, cada minuto que pasaba, se acercaban más al drama. No estaban contentos. Intentaban estar alegres y transmitir esa alegría y esa esperanza a los que participaban en el enorme operativo de búsqueda.

PARTE DE LA FAMILIA DE BLANCA EN UN DESCANSO DE LAS BATIDAS. INTENTANDO SONREÍR A PESAR DE TODO.

En el momento en el que hablabas con cualquiera de la familia un poco apartado del grupo, te contaba su preocupación y se le ensombrecía algo el semblante, pero en cuanto volvían a estar con los demás, allí aparecían con buena cara e intentando siempre decir algo agradable, o soltar algún comentario divertido en las paradas de descanso en las sombras del monte.

Qué emocionante, también, haber visto a cientos de voluntarios y a decenas de policías, guardias civiles, bomberos, guardas forestales y miembros de protección civil. Muchos de ellos de servicio pero otros muchos cogiendo días de vacaciones para ayudar en las batidas. Y en todos los grupos de búsqueda, un ambiente de unión, de determinación, de convencimiento de que todo ese esfuerzo tenía sentido porque iban a encontrar a Blanca viva. O muerta.

Pero, por desgracia, ayer por la mañana se confirmó la noticia. Habían encontrado un cadáver de mujer y todos los indicios apuntaban a que sería Blanca. Y poco después se confirmó. Y me imagino que a partir de hoy la autopsia y las investigaciones policiales pondrán luz para que se acaben tantas especulaciones absurdas, tantos comentarios crueles y tantas noticias soltadas al tuntún como si esas especulaciones, esos comentarios y esas noticias no fueran a llegar a una familia que estaba intentando sostenerse en un alambre finísimo.

Quién sabe qué te ha pasado Blanca. Lo que tengo claro es que el recuerdo de tu sonrisa y de tu alegría sobrevolará a la angustia de tu búsqueda y al espanto de la confirmación de tu muerte. Y que espero que tu familia sea capaz de mantener esa unión en torno a tu madre y, a pesar de todo, la alegría aunque en los últimos años os lo estén poniendo francamente difícil. No sé si eras de mucho rezar. Yo tampoco es que sea un beato. Pero estoy convencido de que estás allá arriba así que, cuando puedas, le das a Paco un abrazo de parte de Chiflis. Y un beso gordo para ti.

EL SOBACO DE LA VICE

Lo fina que tenemos la piel. Y no hablo solo de la del sobaco de la presunta futura vicepresidenta del gobierno de España, Irene Montero. Imagino que habrán conocido la polémica que ha montado un político conquense del PP al decir en Twitter que esperaba que la Montero se depilase el sobaco si iba a representar en un futuro a España.

La que han liado. Por supuesto con la letanía esa del “género” y los “micromachismos” por medio. Que no habría dicho eso si fuese un hombre. Que es inaceptable que se diga eso de la Montero. Que menudo machista, que cómo se puede fijar en sus pelos del sobaco y no en sus virtudes para acceder a la vicepresidencia… Y yo creo que no tiene nada que ver. A mí me puede parecer inoportuno, absurdo, innecesario el comentario, pero de ahí a hacer una causa (puede que judicial) contra el autor del tweet, pues creo que va un trecho gordo.

Sobre todo porque no es la primera vez que, desde la derecha, se habla de la gente de Podemos haciendo referencia a la falta de higiene personal de algunos representantes del partido morado. Como si, por el hecho de tener el carné del PP ya se te supusiera un olor corporal glorioso, una presencia impecable y una elegancia innata. Que me descojono.

Pero no tiene nada que ver con machismo o feminismo. Anda que no se ha hablado del pelo grasiento de Pablo Iglesias, que, frecuentemente, parece que acaba de salir de la churrería de freír 1.536 porras y 3.225 churros. O anda que no dijeron políticos del PP de todo sobre la fauna microscópica y de pequeños insectos y/o mamíferos que debían habitar en las rastas del diputado canario Alberto Rodríguez.

Cuando se hicieron aquellas primeras críticas a Rodríguez se atribuyeron más al clasismo que a otra cosa y los de Podemos estaban indignadísimos. Y da igual de lo que hablemos; asuntos así lo que dejan claro es que tenemos siempre la piel finísima cuando alguien nos toca esa fibra que nos hace saltar. Y depende de cómo pienses, esa piel fina se te resquebraja por un lado o por el otro.

En temas religiosos, por ejemplo, si eres de izquierdas te salta la piel fina si alguien hace un chiste grueso sobre musulmanes, Mahoma o Alá. Si eres de derechas, normalmente, la finura te surge si alguien hace un chiste grueso sobre curas/monjas, Cristo, Dios o la Virgen. Recuerdo, sin ir más lejos, la que se montó con las portadas de Charlie Hebdo o cuando unas feministas organizaron en Sevilla la procesión del “Santísimo Coño Insumiso” y las procesaron por un delito contra los sentimientos religiosos. O, más recientemente, se ha abierto investigación judicial por la exposición en Córdoba de una Virgen en una posición no muy casta con la mano en la entrepierna.

A mí puede no gustarme que se haga ese tipo de arte, ni ese tipo de humor, ni creo que deba uno ridiculizar o reírse de las creencias de otro. Pero ¿debemos convertir en causas judiciales lo que es expresión artística, de opinión o una creación humorística? Yo opino que no.

Esta semana se ha sabido que un poeta segoviano se enfrenta a una petición de 1 año y medio de cárcel por haber hecho unos chistes en Twitter. Él, como poeta, asegura que eran «aforismos» y que así deben entenderse. El problema es que esos aforismos o esos chistes los hizo sobre el pobre niño Julen en los días en los que se intentaba rescatar al pequeño en Totalán. Que podrán imaginar cómo de fina teníamos todos la piel respecto al niño, a su familia y a los que intentaban recuperar con vida a Julen.

Camilo de Ory hizo varios comentarios supuestamente graciosos en su cuenta de Twitter y hoy se enfrenta a una petición de cárcel y de indemnización por un delito contra la integridad moral de los padres del niño. Que, claro, aquí lo que hay que preguntarse es si el poeta pretendía hacer ese daño y si era consciente de que sus chistes iban a llegar a tener la repercusión que tuvieron.

Porque a la hora de valorar, es un poner, una calumnia o una difamación cuenta mucho el altavoz que utiliza el que delinque. O sea; no es lo mismo decir algo en una barra de un bar, que decirlo en un periódico local, hacerlo en una radio o en un programa de primetime de una cadena de Televisión nacional.

Cuando publicamos un tweet puede que lo que escribimos lo lean nuestros 100, 500, 3.000 seguidores, o puede que llegue a millones de personas si, por esas cosas de la vida, tu publicación entra en eso que hoy se conoce como “viralidad”. Si lo que pretendías era vender algo, pegas una campanada de la leche, pero si estabas haciendo un chistecillo chorra para que se rieran tus amigos poetas, y poco más, pues estás jodido. Que es lo que ha sucedido en este caso.

A nosotros pueden no hacernos ni puta gracia. Pero los chistes, los aforismos de Camilo, la procesión vaginal, la Virgen obscena o el tweet del concejal del PP sobre las axilas de Montero, no son ni para crucificar a nadie, ni, mucho menos, para abrirles un proceso judicial. No digo que, en algunos casos, no pueda o deba haber un reproche social e incluso que uno de los ofendidos le parta la cara con razón a los transgresores, pero tenemos que dejar de saltar como un resorte cuando alguien nos toca ese punto en el que nos brota el orangután.

Que el sentido del humor no es reírse solo de lo que nos hace gracia. Es reírnos también de algo que puede estar rozando nuestros principios más sagrados, sean políticos, morales, sentimentales, religiosos, de clase social o de género. Y, que si algo no nos hace gracia, no se nos ponga la vena como un cabo del Titanic y no nos surja el australopiteco para exigir a los jueces que actúen o a los políticos que legislen para que nadie más vuelva a hacernos tal afrenta. No es obligatorio que nos riamos. Lo que yo sí creo que es exigible, en el siglo XXI, es que no queramos quemar en la hoguera al que nos toca, aunque sea sin querer y muy levemente, los huevos.

PUES NO SÉ SI YO SOY BORJA

Es un poner. Pero ¿si Borja se llamara Mustafá estaría Vox pidiendo dinero para ayudarle?

Imagino que conocen la historia desgraciada de un joven trabajador de una discoteca que, junto a dos amigas, presencia cómo un hombre y una mujer patean a una señora a la que quieren robar el bolso. Acuden a ayudar a la mujer y los ladrones escapan con el bolso. Borja, que así se llama el héroe/villano, da alcance al ladrón, se enfrenta a él y le da dos puñetazos que acaban provocándole la muerte.

Una sentencia judicial condenó a Borja a dos años de cárcel y a pagar 180.000 euros a las hijas del muerto y la Audiencia provincial de Málaga confirmó hace unos días que Borja debe entrar en prisión. Desde que saltó la noticia hay un debate intenso entre los que piensan que mi paisano es un héroe y los que creen que no tanto.

Como sucede en todo, en este momento en el que vivimos, el caso se ha politizado y Vox no solo pide el indulto de Borja, al que consideran un ejemplo. El partido de Abascal solicita, además un cambio legal para reconocer la legítima defensa aunque sea en defensa de terceros y han recaudado dinero para ayudar a Borja a pagar la indemnización.

Y aquí llega la pregunta: ¿Es Borja un héroe? ¿Es un hijoputa? ¿Es un homicida imprudente como dice la sentencia? Y, sobre todo, ¿debe entrar en prisión? Yo no lo tengo claro. Estoy pecando quizás de osado porque lo único que he hecho ha sido leerme la sentencia, pero ni estuve en el juicio, ni soy jurista. Por tanto no puedo criticar si está bien fundamentada jurídicamente, que entiendo que sí porque ha sido ratificada por otro tribunal, pero sí puedo decir que a mí, en algunos aspectos, me parece incomprensible.

No puedo entender que un juez, por escrito, haga eso tan español de poner la buena postura a toro pasado. Aquello de “a toro pasado, todos somos Manolete”, es decir; que, cuando hay que poner la postura chula y torera es cuando el morlaco pasa por tu femoral. O sea; que no tiene valor encogerse con el culo para atrás cuando llega el toro y estirarse artísticamente cuando el cornúpeta está ya en Murcia.

¿ACTUAR O ESPERAR?

Y en la sentencia hay un momento en el que el juez fundamenta el “homicidio por imprudencia grave” en el hecho de que Borja pudo haber llamado a la policía o haber seguido al ladrón a una distancia prudencial hasta que apareciera la policía. O McGiver. Lo de McGiver es aportación mía. No viene en la sentencia. Pero a mí me parece igual de chorra.

PASAJE DE LA SENTENCIA

Cuando Borja alcanza al ladrón y forcejea con él, la sentencia no da por probado que el ladrón intentara agredir dos o tres veces a Borja, pero sí da por probado, porque además Borja lo reconoce, que el acusado le dio dos puñetazos en la cara, en el cuello o en la cabeza, que le hacen caer al suelo y golpearse.

Borja recuperó el bolso y salió por piernas dejando al ladrón en el suelo en compañía de su cómplice. Volvió al lugar del robo a reunirse con sus amigas y con la víctima del delito y cogieron un taxi para alejarse de la zona.

Y aquí viene lo del toro pasado. Lo fácil que es decir lo que uno tendría que haber hecho cuando lo piensas sentado en tu despacho, con tu aire acondicionado y con tu vasito de agua o tu bourbon con hielo. La sentencia da por hecho que, en el transcurso de los acontecimientos, Borja debería haber tenido la sangre fría de un camaleón para no irse directo a por el ladrón a reclamarle que devolviera el bolso a su dueña.

LA SANGRE CALIENTE

No sé. Me cuesta ponerme en el lugar de Borja porque no sé si yo habría tenido las pelotas de ir a ayudar a la pobre víctima que estaba siendo pateada en el suelo por el muerto y su cómplice. Pero, si lo hubiera hecho, estoy seguro de que no habría llegado allí como un Lord británico diciendo: “Caballero, le ruego que deponga su actitud violenta y no golpee a una mujer indefensa para robarle”.

Probablemente me habría dirigido a él entre insultos. Con la sangre bastante caliente y los pelos de la nuca erizados, como los perros. Y, si, como pasó, los malos hubieran huido corriendo pues, poniéndome en la piel del valiente Borja, me habría ido tras ellos probablemente con el corazón a 200 y una mezcla en el cuerpo de cabreo y acojone al 50%. ¿Puede alguien pensar que, cuando llegó Borja, el ladrón le contestó como otro Lord inglés?: “Buen hombre, tenga la bondad de no intentar arrebatarme lo que, ahora, ya es mío”. Pues, francamente, me cuesta imaginarlo. Estoy seguro de que, como dice Borja, el ladrón, entre insultos y también con el corazón a 300, debió intentar agredirle y ahí Borja le soltó los dos puñetazos que, finalmente, fueron fatales.

La pregunta en todo esto es: ¿Tiene sentido que Borja persiga al ladrón y le pegue para recuperar el bolso? Porque puede estar justificada la violencia para lograr que el ladrón deje de golpear a su víctima. ¿Pero es igual de “justo” perseguir al chorizo y golpearle para recuperar un bolso?

¿BORJA EL ALTRUISTA?

TWEET DE «EL MUNDO», QUE APOYÓ DESDE EL PRINCIPIO A BORJA

Por eso yo no tengo tan claro que yo sea Borja, como rezaba ese hashtag que ha circulado en estos días. Y no estoy diciendo que el muerto fuera un angelito. Que seguro que era un cabrón con pintas. Ni estoy diciendo que Borja deba entrar en prisión. Lo que sí digo es que investir como héroe a alguien que se lía a puñetazos en mitad de la calle puede ser peligroso. Porque el arranque de su actuación en esa historia terrible de una madrugada de mi tierra, fue glorioso. El final, desde luego, no.

A los que sí metía yo en la cárcel es a los pesaos que han inventado lo de la aplicación esa que te enseña cómo vas a quedar cuando envejezcas. Cojones; la grima que da. A mí me lo ha hecho mi hija la mayor pero me he negado a descargármela. Prefiero recordar cómo era yo hace unos años que verme ya con un curioso parecido no sé si a mi padre o a mi tío el cura.

EL AUTOR, A LOS 11 AÑOS, ENFADADO PORQUE SU MADRE LE REPEINÓ EN EXCESO…