PEREZA, CORRUPCIÓN, TOROS Y SEXO

¡Pero qué pereza dan, por Dios!
Me van a perdonar que comience de esta manera tan poco alentadora y tan poco propia de un tío optimista como yo. Pero llevo días dándole vueltas al tema del que hablar en esta Cabra. Y mientras pensaba, el ambiente político del país se iba enmerdando día a día con lo del Bárcenas este que, a mí, por cierto, ya me parece casi lo de menos. Vaya, quiero decir que, en el punto en el que estamos, me resulta trivial si este señor ha robado a manos llenas o no, o si ha defraudado al fisco. Que digo yo que algo raro habrá hecho para acumular, como mínimo, 40 millones de euros en el extranjero. Es que ya nos parece que no es tanto, pero, repámpanos, es que son muchísimos miles de miles de euros y ya no te digo lo que es, si lo pasas a pesetas. ¿Se ha parado a pensar alguno de ustedes en los años que tenemos que trabajar como perros cualquiera de nosotros para poder acumular esa cantidad? Es que son cálculos que nadie hace, pero el salario medio español a día de hoy es de 19.668 euros al año. ¿Saben cuántos años debe trabajar honradamente, por poner un ejemplo, un señor de Antequera para ganar esos 40 millones de euros del ex-tesorero del PP? 2.033 años seguidos. ¿A que no se lo creen? Yo tampoco. Por eso me niego a aceptar, por muchas milongas que nos cuente, que el origen de la fortuna de Bárcenas sea lícito, salvo que sea inmortal y hubiera jugado a las canicas con Jesucristo. Y nosotros, sin saberlo. Pero, a lo que iba, que me despisto.
Para mí lo peor de todo esto no es que Bárcenas esté forrado, aunque me dé envidia, lo peor es que se lo haya estado llevando crudo del dinero que, a mansalva, le caía de manera irregular al partido en el gobierno. Y aquí todos mirando para otro sitio. Y Rajoy hablando a poquitos. Y la Cospedal diciendo que Bárcenas miente. ¿Pero miente acerca de los pagos en B a los dirigentes del partido? ¿O miente al decir que el PP cobraba millonadas por la puerta de atrás? Porque a mí, seré un quisquilloso, pero ambas cosas me parecen verosímiles. Y terribles.
¿Y los de enfrente? Los del PSOE, están como esos señores bien que acuden a burdeles y que se indignan y acusan con el dedo de la vergüenza a sus compañeros de mancebía cuando a uno de ellos lo pillan en un renuncio. Ahí está Rubalcaba exigiendo una limpieza que está por ver que cumpla el principal partido de la oposición. Es que miras a Andalucía y da la misma pena, pero al revés. Porque por allí abajo, los que hacen el don Tancredo son los del PSOE y los que están dándose golpes en el pecho en la puerta del lupanar son los del PP. Y lo más estomagante es que, cuando representan un papel y el contrario, lo hacen con tal seriedad y tal cinismo que yo pienso que, de verdad, asumen que somos imbéciles. Aunque algo de eso debe haber para que sigan gobernándonos así y no les mandemos a la mismísima mierda.
Por eso digo qué pereza. Ayer por la tarde hablaba con uno de mis amigos más queridos. Un hombre sabio de 76 años que está de vuelta de casi todo y con el que da gusto hablar de las cosas que pasan porque siempre les pone un punto de reposo. Y de distancia. Aunque estemos en el mismo fango, pone distancia. Pues este hombre sabio, desde hace tiempo, me habla mucho de la falta de grandeza. Paladas de grandeza les harían falta a los que nos representan y, probablemente, a nosotros mismos. Y, a la espera de que nos dé un ataque de grandeza, estamos en pleno ataque de pereza, que además rima. Y hablábamos de que andamos en un país en el que en determinados contextos no podemos pronunciar la palabra España o español sin temor a que se nos califique de fascistas. Le comentaba que hoy me he encontrado con el Ministro Wert. Estaba almorzando en el mismo restaurante que yo y, cuando he salido del baño, he cruzado con él la mirada e, inmediatamente, ha mirado hacia otro lado, como temiendo que yo también le abucheara. El señor ministro de Educación, Cultura y Deportes, ha metido algunas patas a lo grande, pero a mí me parece que es un tío sensato y con pelotas para hacer lo que cree que tiene que hacer, aunque a los santones de la corrección política les dé un alipori. Y yo opino que tiene más razón que un santo cuando dice que es absurdo lo que pasa en Cataluña con el idioma español, también llamado castellano. O cuando proclama que hay que pedir resultados a los que reciben ayudas públicas para estudiar y que tenemos que hacer planes de estudios más exigentes para no quedarnos atrás frente al resto del mundo. O cuando defiende la tauromaquia como una manifestación de cultura, aunque les pese a los que desearían que no se celebrara ni una corrida de toros más en España. Pereza me da sólo pensar en que muchos me van a poner a parir por decir esto. Pero qué más da.
En fin, menos mal que, como es verano, estoy más en casa con mis hijos y, de vez en cuando, me distraigo de la pereza ambiental con divertidos jeroglíficos como las preguntas existenciales de una pre-adolescente. Ayer por la tarde mi hija Macarena, que está punto de cumplir los 12 años, me soltó a la hora de la merienda, sin apartar el bocata de Nocilla: “Si nadie sabe si Dios es un chico o una chica, ¿Por qué siempre aparece como un chico? Es que a veces somos muy machistas”. Y siguió masticando como si tal cosa. Yo me retiré discretamente y me fui a documentarme a ver qué coño le digo hoy a la niña.

Nota del autor: Lo del sexo en el título no tiene nada que ver con el contenido de esta cabra. Ha sido una sugerencia de mi amigo Pepe Jordana para hacerlo más atractivo…

LA MALA EDUCACIÓN

No se refiere este titular a uno de esos momentos cinematográficos rencorosos que le salen de vez en cuando al gran Almodóvar, ni a los horribles resultados de los estudiantes españoles en los últimos años. Responde este título a la manera en que el jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno, calificó los abucheos que están sufriendo distintos miembros de la Familia Real en las últimas semanas. Spottorno dijo esto en un encuentro sin grabadoras con los periodistas que habitualmente cubren la información de Zarzuela. Cada mes el director de comunicación de la Casa del Rey, Javier Ayuso, se reúne con estos periodistas para contarles qué es lo que va a pasar en los siguientes treinta días. Habitualmente Spottorno no acude a estas reuniones pero, cuando va, todos saben que hay miga. Y, en la última reunión estuvo Spottorno, y él y Ayuso se cubrieron de gloria.
Porque aquel día no era el Rey el que hablaba directamente. Estaban allí sus manos derechas. Los que cuentan lo que quiere contar el Rey. Pero se supone que se les paga, además, para asesorar a su Majestad y decirle qué le conviene, cómo le conviene y cuándo le conviene comunicar. Y, la verdad, es que, en los últimos tiempos, parece que esa asesoría al Monarca se la están haciendo El Gordo y el Flaco.
Vamos, yo nunca he estado en esa tesitura, pero si yo fuese el director de comunicación de Su Majestad habría intentado conducir a mi jefe por sendas muy diferentes a las que ha tomado desde que arrancó su annus horribilis. Y no me vale lo que dicen los que conocen Zarzuela de que el Rey manda mucho. Si a mí me contratan para ayudar a comunicar mejor, o se me deja que haga mi trabajo o me voy. Pero no salgo a hablar con la prensa para decir mamonadas como que a la Casa Real “más que preocuparles le molestan los abucheos por la mala educación que demuestran”. ¿De verdad ha dicho el Rey semejante estupidez? Y en el caso de que esto sea cierto, ¿No ha habido en Zarzuela nadie con cojones para decirle al Rey: “Majestad, usted no puede decir esto”? Porque creo que no están las cosas, ni el ambiente del país como para que lleguen desde Palacio reconvenciones al personal, por mucho que a mí me parezcan injustos determinados abucheos.
¿Qué te pitan en el Teatro Real? Respeto. ¿Qué te silban en un campo de fútbol? Respeto. ¿Qué te abuchean al entrar en un acto académico? Respeto. Y silencio. Pero jamás protesta, aunque sea “sotto voce” y utilizando una reunión mensual con los periodistas habituales. ¿En serio no hubo en Zarzuela nadie que midiera el daño que iba a hacer que apareciera el Rey calificando como maleducados a los que silban a la Familia Real?
Yo he conocido de cerca a muchas estrellas de la tele, a políticos y a altos directivos de empresas de los que se dice muy alegremente: “Ese es un gilipollas” cuando, en infinitas ocasiones, el soplagaitas es el que rodea al personaje. Hay muchos de estos seres humanos famosos y poderosos que tienen mala imagen sencillamente porque están rodeados de tontos del culo. Y me da la sensación de que eso es lo que está pasando en Zarzuela. Con esto me estoy fastidiando las ínfimas opciones que tenía de que me invitaran a una recepción del Rey, pero, si no lo digo, reviento. Es que creo que estos dos personajes están haciendo más por el regreso a España de la República que el más activo de los partidos republicanos.
Majestad, échelos y hágase el favor de empezar a comunicar de una manera que los españoles entiendan. Sé que usted mismo y algunos miembros de su familia no lo están poniendo fácil, pero creo que los españoles están dispuestos a perdonarle, si hace usted limpia y deja de llamarnos maleducados por persona interpuesta.
Y estaba a punto de rematar la Cabra, pero ¿cómo hago para no hablar hoy del PP? Y de Bárcenas. Y de Rajoy. Y de cualquiera de los dirigentes del partido en el gobierno que han abierto la boca en los últimos días. Imagino que los que llevan la comunicación de Rajoy debieron ir a la misma escuela que Spottorno y Ayuso, porque también se están luciendo. O sea; está en el trullo Luis Bárcenas, el ex tesorero del PP, y uno de los principales periódicos del país publica una entrevista con él en la que dice que pagó con sobres al actual presidente del gobierno. ¿Pasa esto y Rajoy, para explicarse, no monta una conferencia de prensa sin plasmas y con periodistas de verdad que pregunten? No. Y no sólo eso. Es que se permite ayer acudir a un acto en una fábrica de Opel, esquivar a los periodistas y decir, con dos escrotos rellenos, que no entiende que nos guste tanto hablar de lo no importante y sacar sólo lo malo. ¿¿¿¿¿????? Vaya; me estoy perdiendo algo; ¿que alguien acuse al presidente del gobierno de haber cobrado de manera irregular no es importante? Sería, como dice el título de esta cabra, para hacer gala de mala educación y, con todo respeto, señor Presidente, mandarle directamente a tomar por el culo. Pero, para que no me regañen Spottorno, Ayuso, ni mi mujer, ni mi madre, sencillamente, le mandaré a esparragar que es menos contundente, pero mucho más fino.

Quiero dedicar esta Cabra de hoy a la memoria de Concha Gª Campoy. Que descanse en paz.

LOS CANSINOS

La verdad es que al empezar esta Cabra andaba un poco desconcertado. Es cierto que un bloguero se debe a sus lectores, pero no sé yo si algunos están yendo un poco lejos pidiéndome, como se le decía a Alfonso Guerra, “¡Más caña!”. En la última Cabra sobre las becas yo creo que daba bastante caña e incluso llamaba a los políticos “pichasflojas”, con lo poco que les gusta a mi mujer y a mi madre que diga tacos en los posts. Pero hubo muchos que me acusaron de melifluo y de dar 3 de cal y 3 de arena sin mojarme. Así que no sé si, blando o duro, hoy voy a meterme con la gente pesada que se empeña en mostrarnos a los demás esas partes del camino que nosotros, por nuestra falta de sagacidad, no hemos sido capaces de apreciar. Son los cansinos.
En estos días, algunos de los cansinos más activos, los del deporte, están relamiéndose porque, por fin, se cumplieron sus vaticinios y España les ha dado la razón. Hay dos argumentos de los cansinistas futboleros que a mí me agotan especialmente:
1.- Del Bosque no merece reconocimientos porque todo lo que ha conseguido es gracias a que Luis Aragonés le dejó hecho el equipo.
2.- Íker Casillas es el peor portero del mundo pero ha conseguido engañarnos a todos durante lustros, incluso a los delanteros a los que ha parado balones inverosímiles. Y le han dado varias veces el título de mejor portero del mundo no se sabe muy bien por qué.
Respecto al primero de los mantras de los cansinos, el de Del Bosque, es casi para no contestar. Pero vamos, seguir hablando de herencia cuando, desde que se fue Luis Aragonés, han pasado cinco años, un Mundial, una Eurocopa y decenas de partidos y eliminatorias, igual es un poco exagerado, ¿no? ¿Las vidas de los pesados que dicen eso no han cambiado nada en 5 años? Porque hombre algo de mérito habrá que darle al seleccionador en el hecho de haber ganado un Mundial y una Eurocopa con movimientos tácticos tan curiosos como jugar sin delantero centro. Es un poner.
Respecto a lo de Íker. En fin. ¡Qué daño ha hecho Mou! Me da rabia porque resulta que me estoy poniendo yo cansino defendiendo al portero, pero es que hay ahora mismo miles de personas que están deseando que a Íker le metan un gol para decirte con cara inquisitoria: “¿Lo ves? Es un mierda”. Aunque el gol que le metan no se lo hubiera podido parar ni el Inspector Gadget.
Pero los cansinos no sólo dan el coñazo en el fútbol. Otros de mis pesados favoritos son los profetas del cambio climático y los que niegan esas alteraciones que afectan al planeta. Si tengo que elegir cansinos, me quedo con los ecologistas que, por lo menos, están consiguiendo que cuidemos más la Tierra, pero hay que reconocer que ambas partes son realmente la brasa humana. Yo creo que no hay nada peor para los defensores del planeta que sus propios alarmismos. Si cada vez que pasa cualquier cosa la atribuimos al cambio climático, llega un momento en el que la gente empieza a pensar que algo huele a chamusquina y les estás dando munición a los que niegan que el planeta está sufriendo por culpa de los humanos. Por ejemplo, yo llevo oyendo desde que tengo seis años la amenaza de que el sur de España va a ser un desierto en 15 años. Pero pasan decenios, no ves camellos por la Alhambra y, claro, la gente deja de creerte y salen como champiñones los listos negacionistas que son, como los de los goles de Íker, pero con la meteorología. Son aquellos que un día 22 de enero, en Madrid, a las 7 de la mañana con un frío de tres pares de compañeros te dicen todo satisfechos: “Joder, ¿pero no se estaba calentando el Planeta?” Y si tú intentas explicarles que no se trata de eso, te llaman perroflauta, giliprogre, ecolopollas o cosas incluso peores.
Pero yo, de los cansinos, querría destacar a unos a los que tengo especial aprecio. Porque son pesados que pretenden evangelizarte, pero por tu bien, no por el suyo. Son los dueños de perro que quieren convencerte de que, lo mejor que le puede pasar a tu vida, es que alguien te diga guau por las mañanas. Y yo lo siento, porque sé que intentan convencerme desde el afecto, pero a mí me parece que los perros están claramente sobrevalorados. No niego que son una magnífica compañía, que son fieles e incluso que tengan efecto terapéutico en muchas personas enfermas. Pero, por ejemplo, se mueren a los 14 años y a mí no me apetece tener un drama familiar cada tan poco tiempo. Recuerdo cuando murió el perro de uno de mis mejores amigos de la infancia. Era un collie, se llamaba Yinyo y era uno más de la pandilla. El día en que se murió lloramos como si el muerto hubiera sido uno de nosotros y yo, entonces, me prometí que jamás tendría perro. Aunque, claro, también está el tema de los escrúpulos al ver cómo mis amigos los perrunos achuchan a sus canes. Yo no soy demasiado asquerosito, pero jamás le daría un beso en los morros a una señora que fuera por la vida oliendo los culos de los demás, que es lo que hacen los perros cada vez que se encuentran con un amigo. Y me van a perdonar que corte abruptamente, pero me voy a ir para Génova, 13, que me han dicho que están colocando los monitores de plasma. Es que creo que Rajoy3.0 va a hacer una rueda de prensa sin preguntas sobre el ingreso en prisión de “esa persona”, que resulta que se llama Luis Bárcenas.

LO DE LAS BECAS

Hala. Ya lo he dicho, pero a ver cómo sigo porque el titular hay que reconocer que, en estos días, atrae.
¿Me pongo del lado del ministro Wert, al que no me une una especial antipatía, ni simpatía y le toco un poco la chepa en estos tiempos en los que le critica hasta la presentadora del telecupón? ¿O le doy hasta en el carnet por fascista enemigo de los hijos de los trabajadores que no tienen dinero para acceder a los estudios universitarios? Pues qué quieren que les diga, oigan, me sucede, y ya lo he dicho en alguna ocasión, como en las pelis de juicios. Que oigo a Wert y me convence. Y escucho a los que se cagan en sus muelas y también considero que tienen su punto.
A mí me parece de cajón que en España, en muchos aspectos, seguimos viviendo creyendo que el Estado es una enoooorme teta de la que podemos chupar todo lo que queramos sin que se gaste. Y, si además hemos cotizado algo a lo largo de nuestras vidas, ya hasta podemos ponernos chulitos con la teta porque, oye, “nos lo hemos ganado”. Y lo que más me sorprende de todo esto es que muchas de esas estructuras en las que el Estado se mete hasta nuestro tuétano son creaciones franquistas y maneras de funcionar profundamente fascisto-comunistas. Totalitarias, vaya. El Estado te da de mamar y tú mamas. Y eso nos da una tranquilidad que, en muchos casos conduce al amojamamiento. Y los que más defienden este sistema son precisamente aquellos a los que más se les llena la boca hablando de antifranquismo, aunque cuando Franco vivía ellos, como yo, jugaban al yo-yo y a cambiar estampas de jugadores casi en blanco y negro. Lo malo, como siempre, en este tipo de sistemas son los que abusan de él. Que no son pocos. Y menos en España, que somos los campeones del mundo de la picaresca.
Es obvio que tiene que haber una exigencia a los estudiantes a los que el Estado beca. Pero es obvio también que no puede haber tabla rasa. No es lo mismo un 6’5 en cualquier ingeniería que en Periodismo. Como no es el mismo 6’5 el que saca un estudiante en una Facultad muy exigente que en otras en las que se califica de manera más laxa. Y, por supuesto, no es lo mismo un estudiante brillantísimo que saca el 6’5 con la gorra, que aquel que hace un esfuerzo sobrehumano para alcanzar un 5’3 que, al final, es un aprobado. ¿Merece más la beca el estudiante brillantísimo, o el menos brillante, pero muy trabajador que no llega a la nota de corte?
No sé, probablemente conseguir un seguimiento de cada caso sea muy complicado, y no estemos preparados en España para una atención tan personalizada al estudiante universitario. Pero lo que es indudable es que el Estado debe exigir al que le da algo. No sé por qué está tan metido en nuestro cerebro lo de la Gran Teta. Yo he tenido en casa a una asistenta que, tras meses de baja por un problema de espalda, me vino diciendo que ella, lo que quería, era que le dieran una incapacidad. ¡A los 33 años! Y me imagino que si esto lo lee algún empresario le sonará lo de trabajadores que te pedían que les echaras para irse al paro porque estaban muy cansados, porque necesitaban un tiempo de parón o, juro que a mí esto me ha sucedido, porque querían estudiar una oposición y, si les echabas podían tener el paro y estudiar a la vez. Y ¿por qué nos pasa esto? Pues porque tenemos un sistema podrido y unos políticos pichaflojas a los que les parece que es inhumano establecer un control sobre aquel al que se le da una ayuda estatal. Ojo; yo no estoy diciendo que el Estado no ayude. Estoy pidiendo que se le exija a aquella persona a la que el estado ayude y que, si a alguien se le pilla con el carrito del helado, se le caigan las bolingas. Pero claro, para pillar a alguien hay que establecer controles y eso nos parece fatal.
Pero aquí no. Aquí todo lo que suene a exigencia es fascismo y a Wert se le ha echado encima media España. Y ahí le ha salido, por un lado, la Soraya del Psoe con cara de muchísima pena diciéndole. “¿Pero cómo podéis hacerle esto a los nuestros?”. Y, por otro lado, le salen los del PP, con esa cara que ponen los de derechas cuando pillan en un renuncio a uno de los suyos que ha salido malote: “Pero Wert, locuelo, ¿cómo se te ocurre decir estas cosas?”. La cuestión es que el Ministro, que no está saliendo muy hábil, les ha venido de perlas a los del PP. Porque con Wert se ha cumplido lo de correr en auxilio del vencedor, pero al revés. El Ministro se está convirtiendo para sus compañeros en una magnífica cabeza de turco o en el chivo expiatorio. Vaya, en el pringao del cole de toda la vida. “¿Que los datos de lo que sea no son muy buenos? Tranquis que ya saldrá Wert a montar un pollo para que se olvide esto en dos patadas”.
Y por cierto, perdonen que corte así bruscamente, pero voy a llamar a mi asesor fiscal, que está con mi declaración, no vaya a ser que el Ministro Montoro me haya comprado 3 fincas en Jaén y esté aquí yo como un tonto escribiendo cabras, en vez de disfrutando de mis olivares.

ANALGESIA

Probablemente a algún concursante de Gandía Shore o de Mujeres Hombres y Viceversa, esto de la analgesia le suene a marranada; a algún tipo de técnica de sexo vía rectal. Los lectores de la Cabra saben que hablo de la ausencia de dolor. Porque estamos en la era de la profilaxis y la analgesia. Y ambas cosas están muy bien en el ámbito hospitalario, pero no sé si tan bien en el ámbito de la educación de los hijos.

LA CRUDEZA DE LA VIDA… Y DE LA MUERTE

Yo recuerdo de mi infancia escenas verdaderamente crudas de la vida y de la muerte de seres humanos y de animales que les estamos vetando hoy a nuestros hijos no sé muy bien por qué. No digo que sea necesario para la educación ver algo tan cruento como la matanza de un cerdo, o la degollación de una gallina, pero es que los niños de hoy, salvo alguna visita a la Granja Escuela, han visto menos campo que Harrison Ford en Blade Runner.

Los niños no saben que hay que matar animales para comerlos, porque hacemos lo posible por quitarles la vista de la muerte en la vida real. Y digo en la vida real porque, en la tele y en los videojuegos se hartan de ver cadáveres fritos a tiros y a bombazos sin inmutarse. Y nos importa un pimiento.

Esa es la muerte a distancia. El dolor y el horror envueltos en una mezcla de materiales plásticos. Y lejitos. Y si nos fijamos en nuestras caras frente al televisor, lo vemos todo con cierta frialdad mientras apretamos convulsivamente un botón en el videojuego o mientras tenemos en la mano el mando a distancia para cambiar de canal si lo que vemos en el telediario nos desagrada en exceso.

No digo que estemos criando una generación menos sensible. Digo que les estamos robando a nuestros hijos sentimientos, reacciones emocionales y experiencias que nos ayudan a afrontar en mejores condiciones la vida. Y la muerte.

LOS NIÑOS Y UNA MUERTE CERCANA

Recuerdo cuando murió mi padre. El empeño que tenían algunas personas en apartar a los niños de la fase final de la enfermedad y del mismo dolor posterior a la muerte. Yo me enfrenté a los que pretendían que mis hijos no tuvieran la oportunidad de ver a su abuelo yéndose y de poder decirle adiós. Aunque, para hacerlo, tuvieran que tragarse las lágrimas e irse a casa con un nudo de angustia en la tripa.

Yo les pregunté uno a uno si querían ver a su abuelo en el hospital. Y los tres me dijeron que sí. Y los tres eran perfectamente conscientes de que su abuelo se estaba muriendo y de que no iban a pasar las tardes en una zona recreativa. Pero fueron allí. Y yo les agradecí tremendamente que fueran. Y creo que mi padre lo agradeció también en el alma. Y, cuando murió, mis hijos estuvieron con nosotros en el tanatorio para recibir a los amigos y para despedir a un hombre al que querían muchísimo.

Yo no sé qué recuerdo les queda a mis hijos de aquellos días. No lo hemos hablado todavía. Pero estoy seguro de que están contentos de haberlo vivido así. Sobre todo porque esos días les hicieron darse cuenta de que la vida es maravillosa, pero también es jodidamente dura. Y, desde entonces, no digo que quieran más a sus abuelos, pero sí que los tratan siendo conscientes de que, cualquier día, pueden faltarles. Y son más cariñosos con ellos. Más atentos. Y disfrutan de sus abuelos intensamente como yo disfruté de los míos.

UN OJO QUE ES OJETE

Claro que a veces en esa relación hay que tener cuidado y explicarles a los niños que no todo lo que dicen sus abuelos va a misa. Sobre todo algunas de las cosas que dice mi suegra. Todavía me duelen los abdominales recordando la frase con la que nos obsequió un día de este invierno terriblemente frío. Llegó a casa con los ojos vidriosos, frotándose las manos y quejándose de que ahí fuera se caían los pájaros. Para apoyar su argumentación, mientras se acercaba un pañuelo a los párpados nos dijo a todos: “¡Ay! Es que, con este frío, me gotea el ojete”.

Yo sé que ella no quería decir aquello. Y que el diminutivo cariñoso en “ete”, realmente quería haber sido en “ito”. Pero a mi suegra, que es una mujer moderna, ojito le debió parecer cursi y tiró por el ojete. Con todas las consecuencias.

Y me encanta recordarlo, porque me río mucho. Aunque sé que esto me va a costar un disgusto con ella, que me amenazó con algo peor que la muerte si algún día contaba el sucedido. Pero, lo siento Suegra, esta Cabra me estaba quedando un poco triste y hoy tenía que recuperar también uno de los días en los que más me he reído en mi vida. Y con una abuela de por medio.

EL TRABAJO BIEN HECHO

Al final va a resultar que el Rey mató a Manolete. Viene esta frase a cuento del titular que leí anteayer en “elmundo.es” que contaba, textualmente, que “tres primas del rey” estaban imputadas en la trama de blanqueo de dinero de Gao Ping. No sé a ustedes, pero a mí esta noticia, así titulada, me parece un auténtico truño profesional. A primer bote, uno lo lee y piensa, “si es que, menudos chorizos; otras Urdangarinas”. Y claro, hasta el más antimonárquico tendrá que reconocer que no es lo mismo que haga pirulas el marido de tu hija, que el que las hagan tus primos segundos, terceros o cuartos. Vamos, yo creo que en mi familia la mayor parte del personal es gente honrada, pero ¿podría poner yo la mano en el fuego por todos los hijos de los innumerables primos de mis padres? Ni borracho. Ni creo que puedan hacer lo mismo los directores de los diversos medios que publicaron con esa mala leche la noticia. Porque, al introducir el nombre del Rey en el titular, ¿qué se pretende? Yo creo que hacer daño y, sin decirlo, insistir (eso en el periódico de Pedro J. lo están haciendo de una manera demoledora) en que el monarca y su entorno son una ralea de choricetes a los que deberíamos quitarnos de encima cuanto antes.
Pero, ¿sabe Pedro J. lo que hacen sus primos segundos? ¿Y se le puede responsabilizar de ello? Si mañana se descubre que un primo segundo de Pedro J. dirige una red de clubes de alterne en los que hay explotación sexual de inmigrantes ilegales, ¿puede publicar, por ejemplo, “El País” una noticia titulando “Un primo de Pedro J. detenido por proxenetismo”?. Yo creo que no. Si en El País se publicara una noticia así, los redactores y sus jefes estarían faltando a la ética profesional y titulando de manera tendenciosa para perjudicar a una persona no afín. Que es lo que creo que han hecho, con esta noticia, varios medios con “El Mundo” a la cabeza.
Pero es que estamos en una época en la que estas cosas dan un poco igual. No sé qué extraña epidemia está contagiando al periodismo de la ligereza habitual en las redes sociales. Yo puedo entender que un adolescente haga el bobo y tenga poco cuidado en lo que dice y difunde a través de esos medios de comunicación invasivos en los que nuestros hijos y nosotros estamos metidos horas y horas cada día. Lo que me parece inadmisible es que periodistas supuestamente serios acaben ejerciendo la profesión con esa misma frivolidad, como si lo que uno publica en un medio informativo fuera equiparable a lo que alguien suelta alegremente en su cuenta de Twitter. De hecho se han producido ya abundantes resbalones periodísticos por hacer caso a infundios que alguien dejaba caer en las redes sociales. Lo malo es que, cuando el periodista se da cuenta del patinazo y rectifica, en muchos casos ya no tiene remedio y la imagen de la persona a la que se ha hecho daño, ha sufrido una mancha difícilmente reparable.
Hoy mismo ya varios periódicos dicen que esas 3 presuntas primas del rey son muy lejanas y que Su Majestad no ha comido con ellas en los últimos 75 años, que son los que tiene el monarca. Pero para muchas personas, miles de ellas muy inteligentes, la noticia caló en esa parte blanda del cerebro en la que se aloja todo aquello que nos ratifica en nuestros pensamientos más asentados. Y, claro, borra esa sensación de “ya lo decía yo” al leer la noticia a cuatro columnas, con una rectificación de mierda en 2 líneas escondidas unos días más tarde.
Pero bueno, voy a cambiar de tercio, que me da que con este post me voy a buscar alguna enemistad entre los míos, que ya se sabe (y es una frase que se lanza a menudo en mi profesión) que “perro no come carne de perro”. Y para que mis compañeros no se me enfaden voy a enseñarles una foto que demuestra que no somos sólo los periodistas los que, de vez en cuando, hacemos mal nuestro trabajo.
La imagen está tomada en la segunda planta de un aparcamiento público de Madrid y me parece que podría ilustrar la portada de un libro de “Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio”. Le debieron dar a un empleado del parking una S, un punto para apoyar la abreviatura de sótano y un 2. Lo que debía aparecer colgado en la pared del sótano segundo era “S.2”. Si se fijan, no es que no se haya esmerado en su tarea atornilladora. Es más, la “S” y el “2”, que podrían sostenerse con algo de silicona o con un tornillo bien colocado, llevan dos tornillos más apretados que una morcilla de Burgos. Con mala leche. Y lo más tremendo es que están puestos como si lo hubiera hecho un niño de cuatro años. La S por un lado escorada hacia la derecha. El punto por otro. Y el 2, como escalando un monte, alejado del punto y yendo hacia arriba.
Pero eso no es lo peor; lo increíble es que he vuelto a pasar varias veces por el aparcamiento y a los jefes del operario les debe gustar cómo queda, porque ahí sigue el rótulo picassiano informándonos de que estamos en el sótano 2. Indudablemente.

ADHESIONES INQUEBRANTABLES

Este es el nombre de una de las secciones del magnífico programa que, cada día, hace Carlos Herrera en Onda Cero. En ese espacio, los oyentes cantan las virtudes del programa y alaban de manera hiperbólica al locutor almeriense y a todos sus colaboradores. Como el Herrera es un cachondo, disfruta, con la fina ironía que le ha hecho imprescindible, rebozándose en unas muestras de entusiasmo que no creo que le haya prodigado ni su señora madre.
Eso pasa mucho cuando uno sale por la tele o tiene cualquier actividad pública; frecuentemente la gente buena, al verte en persona, siente la necesidad de decirte cuán magnífico eres y puedes llegar a vivir situaciones abochornantes ante una cascada adulatoria para la que, en general, los humanos no estamos preparados. Por eso hay tantos famosos y dirigentes con exceso de poder a los que se les va la pinza. ¿Saben ustedes lo que es estar escuchando todo el día que eres el mejor, que, sin ti, la empresa, el equipo, el programa, el país… se irían a la porra? No es raro que muchos se lo acaben creyendo y vivan en la ficción de que, verdaderamente, el mundo es un sitio mucho mejor gracias a su intervención o a su mesiánica presencia.
Eso se hace especialmente obvio en los países que viven bajo dictaduras personalistas; esas adhesiones inquebrantables a Franco (se podían leer casi a diario en cualquier periódico de la época y hoy dan mucha risa), a Fidel Castro, a los que fueron líderes de la URSS, a Pinochet o, más recientemente, al cuasi dictador Hugo Chávez. Esto lo digo lleno de respeto por los muertos, pero toda la suerte de alabanzas a Chávez en sus funerales y la pinta que llevaba Maduro parecía calcada de las viñetas de Antofagasto Panocho, el mítico dictador que protagonizó algunas aventuras de Mortadelo y Filemón.
Ese es un tipo de adhesión. Hay otras que generan parecido bochorno, aunque no se hagan directamente al jefe de uno. Son las frases que uno suelta para quedar bien ante un grupo. Cuando alguien quiere demostrar que nadie hay más “proloquesea” que el declarante. Y nos encontramos con casos tan acongojantes como el del nuevo fichaje del F.C. Barcelona, el brasileño Neymar da Silva Santos. Parece mentira que una de las primeras cosas que ha dicho el muchacho en España haya sido que habla mejor catalán que castellano. Para empezar, no creo que, hasta que sonaron en su oído los cantos de la sirenita blaugrana, hubiera sabido Neymar que había un idioma llamado castellano. Porque, el único país del mundo en el que existe el idioma castellano es en España. En el resto del mundo, fíjate qué cosas, oye, nuestro idioma se llama español. Pues bueno, la cuestión es que claramente al mozo le debieron aleccionar y asesorar sobre tan delicado asunto, no fuera a ser que se equivocara. Y, como pasa siempre con estos casos en los que uno quiere acertar para ser bien recibido, mostró una adhesión inquebrantable a la noble lengua catalana y a todos sus usuarios. Son esas mamonadas que acaban haciendo parecer naturales cosas que no lo son. ¿Es normal que en una final ganada por el Barça no haya ni un solo jugador que tenga el valor de mostrar una bandera española? Yo creo que es raro raro. Sobre todo porque estoy seguro de que el adorable Iniesta se siente más español que el Mío Cid. Pero cuando el Barsa gana, el manchego, para que no le abucheen tiene que gritar ¡¡Visca El Barsa y Visca Catalunya!! y, para que no le maten en su pueblo ¡¡Viva Fuentealbilla!! Pero ni se le ocurre gritar ¡¡Viva España!!, no vayan a pensar allí que es un fascista imperialista con ansias de invadir Cataluña por el Sur. Lo malo es que estas cosas nos parece que no tienen consecuencias. Pero claro que las tienen. Desde hace mucho tiempo hay situaciones que uno no entiende y vamos desgraciadamente a peor. Que Zanussi, Parmalat o Teka cuando patrocinaban al Madrid, no vendieran ni una escoba en Cataluña era absurdo. Tanto como que un amigo mío, que se vino a vivir a Madrid, tuviera que vender su coche porque su matrícula era B-0435-VB. Y claro, tal provocación, alteraba las conexiones cerebrales de determinados ultras que le destrozaban el coche cada vez que lo tenía aparcado cerca del Bernabéu en días de partido.
Hombre, no digo que Neymar tenga nada que ver con los cretinos que convierten el fútbol en algo que va más allá y puede justificar una pelea, pero declaraciones como la suya dejan claro que en ese mundo hay muchísima anormalidad. La suficiente como para que un muchacho de 21 años recién llegado a una ciudad ante la pregunta tontorrona de “¿en qué idioma te defiendes mejor; en castellano o en catalán?”, responda tontamente también diciendo que se defiende mejor en catalán. Pues hala, Neymar, como diría el maestro Llach: “que tinguis sort i que trobis el que t’ha mancat en Brasil*.”
Y me van a perdonar, pero me voy al Congreso de los Diputados a meterme un pelotazo, antes de que a nuestros padres de la patria, pobrecillos, les suban el precio de los Gin-Tonics.

(*) Basado en la canción “Que tinguem sort” de Lluis Llach. Esta versión libre viene a decir: “Que tengas suerte y que encuentres lo que te ha faltado en Brasil”. Que Lluis Llach me disculpe la chorrada…

LOS QUE LE ECHAN MORRO

Anda que se ha cubierto de gloria la Cospedal. Con lo mona que habría estado callada y tiene que dar un paso al frente (al menos eso le honra) para defender a Camps y Barberá del “ataque” de un juez (eso ya le honra un poquito menos). Hablo del caso Noos; el juez ha anunciado que observa indicios de delito en la conducta de ambos mandatarios al contratar a las fundaciones de Urdangarín. Y a la Secretaria General del PP eso le parece mal, porque con esa decisión “se trata de perjudicar a personas con responsabilidades públicas”.

Y no sólo eso; para defender a sus compañeros de partido doña Mª Dolores dice que “esos eventos se hicieron y se vieron”. Sí, maja, pero ¿a qué precio? Si voy yo con mi empresa a ver a doña Rita Barberá pidiendo las millonadas que pedía Urdangarín (y se las daban), a la alcaldesa de Valencia, en caso de haberme recibido, le habría salido una hernia inguinal de la risa. Pero es que el marido de la Infanta llegaba, pedía una millonada por tres mamarrachadas y se la daban mientras babeaban y tocaban la chepa del Duque demediado.

LOS PELOTAS DE URDANGARÍN

Ya he dicho aquí en varias ocasiones que, para mí, el principal problema del caso Urdangarín no es el yerno del Rey, sino la cantidad ingente de imbéciles que, desde sus cargos públicos, utilizaron el dinero de todos para adorar al Santo por la peana. Oséase; hacerle la pelota al Rey vía su yerno. Pero en España, me decía el otro día mi amigo Pepe Jordana, tenemos una especie de indolencia que nos impide pedir la guillotina para los políticos que nos roban o que, como parece en este caso, hacen con el dinero público un “carmencalvo”; vaya, que, como no es de nadie, lo gastamos bobamente.

No sé por qué con los políticos corruptos o malgastones somos tan blandos, porque cuando hay delincuentes como nosotros, de la plebe, a los que han pillado de algún modo con el carrito del helado, vamos en legión a la puerta de la comisaría a llamarle al susodicho “hideputaaaaa” o cosas peores, aunque no conozcamos de nada ni al malo ni a su víctima. Insisto en que no quiero defender a Urdangarín, que tampoco es plebe, pero todos esos que iban al juzgado a ponerle de chupa de dómine, ¿por qué no van a las sedes de los distintos gobiernos que le han soltado la pasta a pedir dimisiones?

 

Yo creo que esa falta de respuesta ante los políticos que nos roban es porque, en el fondo, nos parece que lo de echarle morro no está tan mal. Mira que soy católico, pero creo que en este aspecto, los países protestantes nos llevan mucha delantera. Yo no digo que en países de tradición protestante no haya políticos y gestores de la cosa pública que le echen cara y hagan de su capa un sayo, pero es un tema de porcentajes. En esos países probablemente, el porcentaje de personas que le echan morro y que, si les dejaran, abusarían debe ser de un 20 por ciento. En España, por desgracia, yo creo que ese 20 por ciento es el de las personas que, pudiendo, no meterían la mano en la caja o no malgastarían.

Lo malo es que, de todos los que han robado o malgastado en España ¿Cuántos han tenido un encuentro con la ley? Y de esos ¿Cuántos han recibido condenas? Y de esos ¿Cuántos han devuelto el dinero? Probablemente nos deprimamos al ir respondiendo estas preguntas con la certeza de que aquí los políticos irresponsables no pagan jamás por sus desmanes.

Pero es que, en algunos aspectos, somos un país de pandereta. No sé cuántos de ustedes tendrán un vecino moroso en sus casas. Nosotros tenemos la desgracia de tener uno que debe a la comunidad recibos por valor de 6.000 euros. Él vino a la última reunión con cara de pena diciendo que lo lamenta muchísimo y que va a pagar en cuanto pueda.

Desde entonces me he ido fijando y el tío, con dos criadillas, tiene 3 coches. Su mujer utiliza un descapotable que nosotros no nos compramos porque me dijo mi santa esposa que no nos lo podíamos permitir. ¿Saben qué modelo de coche tiene el hijo del moroso? Un Audi A3. ¿Y saben cuál es la marca de la maleta con la que le vi el otro día esperando un taxi en la puerta de casa? Louis Vuitton. Y de las buenas. ¿Y saben cuál es el décimo vecino (de 64) en consumo de agua caliente de la comunidad con sólo dos hijos? Pues el que no paga nada desde hace un año.

Lo malo es que, ante este ser humano, la comunidad no puede hacer absolutamente nada, excepto denunciarle. Yo, en una de las últimas juntas propuse que se le retiraran determinados servicios comunitarios y me dijeron que la ley impide que se haga eso. ¿Cómo podemos hacer leyes tan estúpidas que protegen al que le echa morro frente a los cumplidores? Pues porque no nos parece mal que haya abusones.

Por eso en cualquier país serio del mundo si uno firma un cheque sin fondos o da un pagaré falso se le cae el pelo. Aquí en España no pasa nada e, incluso, si llamas chorizo al que te ha estafado te puede ganar una demanda por atentado a su honor.

Que, recórcholis, ahora que lo pienso. A ver si mi vecino me va a demandar por contar que es un moroso. Pues hala, estimado deudor, como dicen los famosos de medio pelo que salen en el Sálvame: “Dejo el tema en manos de mis abogados (un famoso de medio pelo que se precie JAMÁS tiene sólo un abogado). Nos vemos en los tribunales.”

LOS SOPLAPENES

Y empiezo así de fino porque los analistas de blogs me han insistido mucho en que está muy feo comenzar un post con un taco. Y, claro, escribir LOS SOPLAPOLLAS en mayúsculas, negrita y tipo de letra Cambria al 20, puede resultar muy agresivo.

Pero es que a mí me generan algo muy parecido a la agresividad esas personas que tienen tendencia natural a complicar las cosas y a generar situaciones tensas cuando puede uno conducirse de manera mucho más tranquila. Y, vaya, yo no es que sea Mahatma Gandhi, pero me muevo mucho mejor en ambientes tranquilos que en el estrés.

En este blog he dedicado numerosas líneas de mis Cabras a hablar de este tipo de personas; políticos de diverso color, el dúo Florentino-Mou que, como era de esperar, ha acabado en divorcio, o los que van por la vida dando por hecho que ellos merecen un trato diferente a los demás y que pueden tocar las narices al personal sin mancharse ni una mijita. En fin toda esa especie humana que cree que son mucho más listos que nosotros; los pobres tontos a los que vivir no se nos da tan bien como a ellos. Vaya por Dios.

Un ejemplo perfecto de esto que digo son algunos de los que se sientan cada tarde en el tendido 7 de Las Ventas. Yo soy muy aficionado a los toros y tengo que sufrir frecuentemente a estos señores que van a la plaza con la mala leche encima y dispuestos a compartir con los demás su úlcera de duodeno o sus tremendas almorranas. Que una cosa u otra han de tener para explicar semejante mal humor cotidiano a media tarde. Los hay en ese tendido que entienden de toros, pero se mezclan con una caterva de panolis que creen, por ejemplo, que ir a la plaza con un pañuelo verde es una señal de distinción y de independencia frente al poder establecido. La cuestión es que, cada dos por tres, deciden fastidiarle la tarde al torero que pisa el ruedo y con cuchufletas, pitos, palmas a destiempo y frases extemporáneas hacen que triunfar en Madrid sea cada vez más difícil. Y, por si hay lectores que no sepan el por qué del pañuelo verde taurino, lo explico. Cuando un toro es inválido y no sirve para la lidia, el presidente de la corrida saca un pañuelo verde para anunciar que el toro se devuelve a los corrales. Yo respeto profundamente las diferencias de opinión e incluso me parece muy bien que cada uno vaya a la plaza con lo que le dé la gana, pero reconozcamos que acudir a un espectáculo llevando un pañuelo verde anticipando que va a haber toros inválidos no es un buen indicio. Es como si alguien fuera al teatro con una redecilla de 2 kilos de tomates, por si los actores lo hacen mal. O como el que va a un concierto con tapones de corcho en el bolsillo para aislarse de unos previsibles desafines. Pues muchos de los del 7 van así a la plaza y están esperando que un toro pierda una mano, o que un torero dude, o que el matador ponga la muleta así o asá, para enseguida reprobarle con un pito, unas palmas de tango o gritando desgañitados: “¡Ponga usté bien la muletaaaaaaa!”.

Me van a perdonar, porque no quería convertir esto en un artículo de toros, pero me estaba saliendo sólo. Claro que no sé si es mejor eso que hacer otro post de fútbol para que me pongan a parir mi mujer y mis amigos no futboleros. Pero, siendo francos, a estas alturas, lo del Madrid, la salida del pesado de Mou y la convocatoria de elecciones del César Florentinus me aburre soberanamente.

No tengo en cambio esa desidia, lo reconozco, al hablar de la Consejería de Educación del Gobierno de Asturias y su soplapénica decisión de cambiar de nombre a las vacaciones de Semana Santa y Navidad para que dejen de tener molestísimas connotaciones religiosas. La consejera se ha debido quedar descansando después de tomar una decisión de tanto calado y que tanto va a ayudar a mejorar las estadísticas de fracaso escolar en su comunidad autónoma. Lo que espero es que sus próximos pasos no sean quitar la cruz de la bandera de Asturias o pedir que cambien el nombre del Hotel más famoso de Oviedo y deje de ser el “Reconquista” para pasar a ser el “Hotel de la Alianza de las Civilizaciones”, para no herir a los no cristianos que paseen por la capital asturiana. Menos mal que, al lado de soplapolleces como estas, de vez en cuando, la vida te da motivos para sonreír.

Me sucedió hace unos días paseando por la Gran Vía de Granada. Iba caminando distraído y hubo algo que llamó mi atención. Era un cartel discreto al lado de un portal y anunciaba a la Asociación de Viudas de Granada. No es que me haga gracia que haya viudas en Granada, Dios me libre, pero me pareció de una brillantez rayana en la genialidad el logotipo que han escogido para asociarse las mujeres que han perdido a sus maridos. No era un corazón roto, ni un ojo femenino llorando una lágrima, ni un árbol con las hojas caídas. No. Lo que escogieron fue un trébol de cuatro hojas. Las cabronas.

PERO, ¿DE VERDAD QUERÉIS ACABAR CON EL PARO?

Porque, sinceramente, majos, parece que no. No sé ustedes, pero yo estoy ya de discursos chorras de los políticos que no puedo más. Empiezo a sufrir urticaria cada vez que oigo esas promesas electorales o esas soluciones mágicas que a nuestros políticos sólo se les ocurren cuando están en la oposición. Pero, si de verdad quisieran generar más empleo, estarían haciendo más cosas concretas para facilitar la tarea a los empresarios. Porque, mientras no se demuestre lo contrario, los que generamos empleo en serio somos los empresarios. El empleo que generan el Estado, las autonomías, ayuntamientos y entes públicos, en un porcentaje muy elevado, son pesebres en los que acomodar a amigos, familiares y compañeros de partido caídos en desgracia.
Pero sigo con mi argumento, que me estoy desviando. Imagino que muchos de ustedes habrán abierto alguna vez un negocio, o habrán contratado en alguna ocasión a alguna persona. Ignoro cómo son esos procesos en el extranjero, pero en España son una carrera de obstáculos por un circuito lleno de clavos. Y en la línea de meta no hay una cinta de papel, sino un cadenón de esos que hay en el exterior de las catedrales que, claro, rómpelo alegremente con el abdomen como hacen los maratonianos cuando ganan una competición.
Les pongo ejemplos recientes y cercanos. El primero; el mío. Necesitábamos en la empresa a una persona que hiciera varios trabajos básicos de limpieza, un poco de jardinería, un poco de cuidado de un pequeño huerto… Y pensé que sería una buena idea contratar por unas horas a la semana a una persona con discapacidad de una Fundación con la que habitualmente colaboramos. No se pueden imaginar el calvario en el que se convirtió esta contratación. Para empezar, no había en el convenio de televisiones ninguna labor similar a esta. Teníamos que adaptar en la oficina yo qué sé cuántas cosas, rellenar innumerables papeles y contestar a incontables preguntas. Todo para hacer que la contratación de esta persona se demorase más de cuatro meses. 130 días en los que este joven dejó de percibir su salario y 130 días en los que no cotizó, ni mi empresa generó esa actividad. Un absurdo.
Un día, hablando con un amigo parapléjico, me quedé de piedra cuando me dijo que las leyes de accesibilidad laboral para personas con discapacidad estaban haciendo casi imposible que los discapacitados trabajaran. Es tal la cantidad de burocracia, reformas y adaptaciones que debe hacer una empresa para poder emplear a una de estas personas que, la mayoría de los empresarios, acaban por no hacer esas contrataciones. Otro absurdo. Como el de otra amiga que iba a abrir un restaurante. En España batimos el récord del mundo de exigencias para hostelería y le pusieron tantas trabas que acabó desistiendo. Es más; esta amiga, vino a vernos cuando vivíamos en Ginebra y nos dijo que, con las leyes españolas en la mano, el 90 por cien de los bares y restaurantes ginebrinos tendrían que cerrar sus puertas por tremendos peligros para la humanidad. Y, hombre, Suiza no parece que sea un país subdesarrollado en el que estén en riesgo las vidas de los discapacitados y del resto de la población.
Pero la medalla de oro y brillantes del esperpento se la otorgamos a otros amigos míos que llevan 5 meses pagando el alquiler de un local en el que pretenden abrir un restaurante y contratar a 8 trabajadores. Estuvieron más de tres meses haciendo gestiones para conseguir que se les diera la licencia de obras. De esos tres meses de ir y venir, 40 días fueron para que una funcionaria se dignara a estudiar el expediente. Tardó más la interfecta en redactar su informe que el arquitecto en hacer el proyecto. Y no digo que la culpa sea de la funcionaria, que quizás esté saturada de trabajo, pero, córcholis, pongan a más gente a trabajar en estos departamentos de los que depende que se genere actividad económica. Por otro lado los pobres llevan más de dos meses intentando que les tramiten la licencia de actividad y la de apertura. Imagino que no van a contratar a ningún discapacitado, porque se les podría dilatar el asunto por lo menos otros dos meses más.
¿Es que no hay nadie con un poco de cerebro que se dé cuenta de que esto es insostenible? Mis amigos llevan 5 meses pagando el alquiler de un local que no es precisamente barato con lo que, cuando abran, llevarán en el hoyo de las agujas media estocada que hará que su negocio tarde más en empezar a generar beneficio. Y, ya lo lamento por aquellos que nos odian a los empresarios y piensan que somos todos unos cabrones chupasangres, pero si un empresario no tiene beneficios lo normal es que acabe cerrando su negocio.
Y así estamos. Porque lo de ayer en el Parlamento confirma que nuestros políticos siguen con la cabeza en otra cosa. Rajoy viendo brotes verdes (qué gran frase aquella de la Salgado) y Rubalcaba describiendo a España como una especie de Mordor esperando a que alguien encuentre el anillo. Y, oigan, por mí como si se operan, pero si dedicasen un poquito más de tiempo a sentarse juntos y ver de qué manera hacen, de verdad, algo por el empleo, los parados, los discapacitados, los empresarios, mis amigos los del restaurante y yo mismo, les estaríamos sinceramente agradecidos.