GÜI AR DE BEST

Lo digo para desdramatizar un poco. Tampoco me parece para tanto que un chaval en representación de España diga en el estrado del Parlamento Europeo una tontería propia de su edad y del desajuste hormonal de la adolescencia. Quizás muchos de ustedes hayan visto el vídeo http://www.youtube.com/watch?v=4xpDx3Itcsk de un par de jovencitos españoles hablando en inglés a trompicones en la Cámara europea y cómo uno de ellos, el de sexo masculino, termina diciendo “Sagerao España”. Por lo visto, esa profundísima frase acompañada de un gesto con la mano, ha sido la aportación a la humanidad de una tal Ylenia que aparece en un programa que se llama “Gandía Shore”. Yo, gracias a Dios, no he visto jamás “Gandía Shore” y no tengo el gusto de conocer a la tal Ylenia a la que imita el mozo. Pero, cuando vi el vídeo, lo de menos me pareció la salida de pata de banco del nene en el tramo final. Lo penoso, lo triste, si me apuran, lo terrible (y ahora sí dramatizo) es lo que dijeron antes de eso y cómo lo dijeron.
Imagino que estos dos muchachos fueron seleccionados de entre unos cuantos cientos o incluso miles de estudiantes. Imagino que, tras estos adolescentes, había uno o varios claustros de profesores con una preparación de años. Imagino que alguien debió estar un rato pensando qué iban a decir los portavoces de nuestra juventud ante el Parlamento Europeo.
No he oído por desgracia a ninguno de los representantes del resto de países. Quizás todos hicieron un discurso vacío como el de nuestros muchachos. Una alocución pobre, llena de vaguedades y de frases de esas de salir del paso cuando uno no sabe qué decir (“es un honor…”). Afortunadamente no hablaron de la paella, del sol y de los toros, pero no faltó la topiquísima referencia a don Quijote («güi cam from San Clemente»), que me recordó a la España de ZP. Aunque lo que de verdad me hizo evocar a ZP y a Aznar y a Rajoy fue el lamentable uso del inglés de nuestros dos representantes. No digo que hubieran llevado a dos jovencitos educados en Cambridge y con acento de Lord Inglés, pero ¿No podían haber encontrado a otros dos que hubieran sido capaces de pronunciar con soltura esas tres chorradas que dijeron? Es que, para empezar, dijeron un “Hello” calcado al de aquellas pelis de Alfredo Landa arrimando cebolleta a las suecas en Torremolinos; “JJJJeeellooooouuuu” poniendo el maxilar inferior muy prominente y rascándose la boina con regocijo.
No. Lo penoso no es que este mozo diga “Sagerao España”. Ni siquiera que lo haga imitando a una pedorra de esas que supongo que enseñará mucha teta y mucho culo. Sobre todo porque los que estaban allí no creo que sepan que el muchacho imitaba a una friki de un programa de televisión. Lo tristísimo es que si esos dos son los mejores que pudimos llevar a Estrasburgo, no quiero imaginar cómo deben ser los peores. Y eso sí que lo saben ya, por desgracia, todos los que presenciaron aquello y todos los que lo están viendo desde entonces en Internet.

P.S.1. A la hora en la que termino este escrito ya van más de 800.000 visionados.
P.S.2. Una lectora me envía un link con un vídeo en el que un muchacho de Cangas queda muy bien en el mismo foro. Para que sepamos que no sólo hay cebollinos. Gracias Emma.http://www.europarl.europa.eu/ep-live/en/other-events/video?event=20130214-1000-SPECIAL-EUROSCOLA

PECAR DE GULA

No me digan que no han pensado alguna vez en pincharles las ruedas a los cenutrios que entran en las rotondas como si se enfrentasen a la última curva del último Gran Premio de sus vidas. Hace falta tener muy alterado el cromosoma del simio para hacer esas maniobras como si no importase llevarse por delante un coche, una moto, o a cualquiera al que le esté dando por cruzar un paso de peatones en alguna de las salidas de la rotonda.
Lo tengo comprobadísimo. Si tú entras en una rotonda a velocidad de ser humano sin problemas de autoestima, lo normal es que permitas que otros vehículos puedan acceder a la glorieta y haya así un tráfico más fluido. Con los bobos hiperhormonados, lo normal, es que, si a ti te da por salir prudentemente, te lleves un golpetazo o, como mal menor, una retahíla de insultos. Lo he presenciado varias veces. El capullo con prisas debe detenerse porque a alguien le ha dado por intentar entrar a la vez que él en la rotonda. Si se quedan ambos vehículos cruzados, el hormonado (por lo general, hombre de entre 20 y 50 años) grita desgañitado sin explicarse cómo al otro ser humano se le ha ocurrido la osadía de intentar compartir con él el espacio rotondal, si es que se puede usar semejante palabro.
Es algo que nos pasa mucho a los hombres. Vaya, no me refiero al género humano, sino al sexo masculino. A los que tenemos pito. No sé qué extraño gen es el que nos hace siempre esperar que pare el otro. Lo de la ley del embudo; lo gordo para mí, lo estrecho para los demás. O el muy tradicional “veo una minipaja en una pestaña de tu ojo, pero ni me doy cuenta de la pedazo de viga que llevo incrustada en el mío”. En definitiva; la autocomplacencia. A este imbécil de la rotonda ni se le ocurre pensar que, quizás, no tiene razón y que, si hubiera entrado a menor velocidad, probablemente no habría habido un cuasiaccidente. El problema es que este tipo de vomitonas de ADN no sólo nos pasan al volante. Es algo constante y que vemos asiduamente en la vida cotidiana y últimamente, con demasiada frecuencia, en la política. Por ejemplo; hay frases que soltadas por un político tienen una consecuencia y, soltadas por otro, pasan inadvertidas. Supongamos por un momento que un líder de un partido fascista (ignoro quién lidera actualmente a los fascistas en España) dijera: “Lo que no hemos ganado en el Parlamento, tenemos que conquistarlo en la calle”. Probablemente y con mucha razón, decenas de políticos de diferentes partidos, líderes de la comunicación y artistas de muy diversa procedencia habrían puesto el grito en el cielo y habrían solicitado para el susodicho fascista medidas cautelares y hasta la prisión inmediata por hideputa. Ahora, eso mismo lo dice el líder visible del Partido Comunista de España y, por un extraño e incomprensible sortilegio, no pasa nada y es una reclamación totalmente legítima de la soberanía popular que es lo que piensa, desde su autocomplacencia, el autor de la frase; el Coordinador General de IU Cayo Lara. Es que Cayo Lara está convencido de que esa frase, en su boca, es una proclamación de amor al prójimo y a la democracia y, en boca de un facha de mierda, es un atentado contra la paz ciudadana. Cuando a mí, por cierto, me parece que, en ambos casos es una demostración de falta de sentido de la democracia verdadera que es algo que, por lo general, escasea entre fascistas y comunistas. Claro que la autocomplacencia es muy masculina, pero también hay algunos ejemplares femeninos que la bordan. Sin ir más lejos, la inigualable Mª Dolores de Cospedal. No sé si ha visto alguno de ustedes la rueda de prensa del pasado lunes en la que intentaba explicar el pago de una indemnización-sueldo y de la seguridad social a Luis Bárcenas cuando, según el PP, no ocupa cargo en el partido desde hace años. Merece la pena verla porque es un ejemplo perfecto de lo que hablo. Si, en un caso parecido en el PSOE, un portavoz socialista hiciera un ridículo similar al de Cospedal, no le habría quedado hueco en el pecho para los puñales que le habrían llegado desde la bancada del PP. Sin embargo, en su autocomplacencia de “somos los mejores y tenemos razón” la Secretaria General del PP explica sin explicar, haciéndose un lío de tres pares de escrotos, y se va a su casa tan feliz.
Me recuerdan estas condescendencias con uno mismo a un cura, no diré de qué pueblo, que está gordo como un trullo y come de manera ansiosa y desproporcionada. Los clérigos, aunque sean hombres de vida piadosa, también son humanos con pito y caen frecuentemente en la autocomplacencia. Tanto que, una vez, una amiga mía viendo al abate comer como un jabalí le dijo: “padre, pare ya de tragar, que eso es gula”. El cura, mirándola con suficiencia y sin parar de masticar le contestó: “Hija, ¡Anda que no hay que comer pa pecar de gula!”. Y se quedó, y pocas veces se usará más adecuadamente esta expresión, tan ancho.
Pues eso.

LAS TONTÁS

Como no tengo ningún buen amigo en la política, puedo decir esta frase sin temor a que ningún ser querido se me enfade. Pero cómo le gustan a nuestros políticos las “tontás”. Lo digo, por ejemplo, por el sarampión que les ha dado a todos con publicar sus declaraciones de la renta para demostrar que están limpios y que ganan lo que tienen que ganar. Que es una “tontá” parecida a que un terrorista invite a su casa a decenas de agentes de policía para que comprueben que él es un buen chico y no guarda en los armarios bazookas, ni dinamita, ni detonadores, ni documentos de identidad falsos, ni dinero de turbio origen. Normalmente, cuando uno hace cosas malas, tiende a la ocultación y los terroristas guardan sus armas en zulos, como los defraudadores esconden su dinero negro de los ojos de las autoridades. No estoy diciendo con esto que Rajoy y Rubalcaba tengan dinero en paraísos fiscales ni que se hayan hartado de cobrar en B. Lo que quiero decir es que con la bobada de enseñar sus declaraciones de la Renta, simplemente nos cuentan lo que se supone que ya sabemos y es que a Hacienda le cuentan lo que Hacienda ya sabe. Vaya, que en los impresos del IRPF, de momento, no aparece una casilla que ponga “Dinero negro”. Pero bueno, ellos están felices con esta pseudo-desnudez que seguramente les hace dormir mejor sintiéndose muchísimo menos culpables de la remierda en la que están metidos nuestros partidos políticos principales.
Nos pasa mucho en España. El tema pendular. Aquí nuestros políticos pasan de esquivar a la prensa cuando vienen mal dadas, a convertirse en los paladines que van a acabar con la corrupción política. O de defender hasta el absurdo al compañero de partido acusado de lo que sea, a ser los primeros que sacan el hacha cuando se ve claro que el compañero está hasta el cuello de basura. Y no sólo sucede con la corrupción; está pasando también, por ejemplo, con el caso de las pobres niñas muertas en el Madrid Arena. Hemos pasado de un absurdo dramático a un absurdo paralizante. Absurdo dramático: Hace unos meses hubo un promotor que, presuntamente, pudo organizar una fiesta multitudinaria saltándose todos los controles habidos y por haber sin que a las autoridades se les moviera un músculo. Absurdo paralizante: Ahora mismo si quieres organizar una conferencia de señoras muy monas y señores encorbatados en Madrid en la que hay más de cinco gatos, tienes que pedir permisos con semanas de antelación y rellenar 25.000 gili-formularios que sirven para que el político y el burócrata de turno se queden muuuucho más tranquilos. Y estaremos así hasta que se nos haya pasado el sobrecogimiento que provocan este tipo de sucesos. Luego volveremos a lo de siempre; “vaale hombre, pues mete a 1.000 más, que no va a pasar ná” o “bueeeno, quita unos cuantos de seguridad que, total, quién sevanterar” y esas laxitudes típicamente ibéricas que, cíclicamente, nos conducen a dramas, al descubrimiento de enormes chorizadas con dinero público o a que determinados delincuentes aprovechen los agujeros del sistema para colarse, forrarse e irse, casi siempre, de rositas.
Yo creo que ya he dicho en alguna cabra que viví 3 años en Suiza. Los helvéticos también tienen lo suyo, acogiendo una banca que ampara con una sonrisa a sátrapas de todo el mundo, pero tienen bastantes cosas buenas. Por ejemplo, son gente inflexible en el cumplimiento de las normas. Y no sólo es que sean inflexibles, sino que no está mal vista la delación. Si un ginebrino observa que su vecino está haciendo algo mal, lo denuncia porque cree que es su obligación. Muy por encima de su bienestar, o de su relación con su vecino, está el bienestar de todos y la relación de cada ciudadano con el resto de la gente de su país. En España, por ejemplo, si pagásemos las cosas con factura y si no hiciéramos todos pequeños fraudes, tendríamos una presión fiscal mucho menor. Pero aquí ni se nos ocurre denunciar a la inmobiliaria que nos alquila la casa para el veraneo por cobrarnos en negro, ni demandamos al chapuzas que nos hace una obrita sin factura. Ni ellos nos demandan a nosotros por pagarles sin IVA. Porque vivimos en la ficción de que ese mamoneo, esa laxitud nacional en el cumplimiento de las normas es mucho mejor que lo contrario.
Yo no sé si algún día pasará algo que nos haga mejorar en esto y nos convierta, espero, en un mejor país. Cuando tengamos unos políticos que dejen de gobernar a golpe de telediario improvisando “tontás” a medida que van surgiendo los problemas. Mientras tanto seguiremos de vez en cuando quejándonos de lo mangantes que son los demás y de los políticos tan malos que tenemos, sin pararnos a mirar que cada uno de nosotros formamos parte estructural del enorme chorizo que, visto desde fuera, es España.

Y ELLA NO QUERÍA, OIGA*

Me lo había prometido a mí mismo. Ni una cabra más hablando de política. Pensaba dejarles descansar al menos una semanita, porque yo creo que estamos todos de corruptos hasta ahí mismo. Pero es que Benedicto XVI nos lo ha puesto a huevo. Y a ver qué escribo yo ahora, porque lo malo de hacer un artículo semanal es que pase algo muy gordo. Digas lo que digas, cuando tú vas y lo comentas, llegas tarde y todo el mundo ha reventado ya, más o menos, lo que tú querías decir. Por ejemplo, que haya dimitido nuestro Papa y no se haya ido Ana Mato. Esta paradoja vaticano-madrileña ha merecido todo tipo de comentarios irónicos y prosaicos, directos y sutiles.
Pero me voy a arriesgar porque no me digan que no es fuerte. En España se dice mucho que no dimite ni Dios, pero resulta que el mismísimo Vicario de Cristo se va y a la ministra Ana Mato, contra la que no tengo nada y, es más, hasta me parece una señora que tiene su punto atractivo, no la sacan de ahí ni con aguarrás.
Vaya, la cosa no es comparable porque al Papa nadie le ha pedido que se vaya y, a la ministra, la oposición a coro le exige que dimita. La cuestión es que ya podía la señora Mato tomar nota del ejemplo que le da un hombre al que sin duda le ha tenido que costar horrores soltar el trono de Pedro. No digo que Ratzinger no tuviera motivos para dimitir. A pesar de que ha sido el que ha cogido por los cuernos el toro del depravado Marcial Maciel o el de los curas pederastas, creo que la gestión que ha hecho el Vaticano de estos y otros escándalos ha sido muy poco contundente y no sé si muy eficaz. Desde mi humildísimo punto de vista, esos casos y la deriva cada vez más conservadora de la Iglesia Católica, hacían imprescindible un cambio radical en Roma. Lo malo es que el cambio sea a peor. Yo espero que Dios ilumine al Cónclave y no se les ocurra a sus Eminencias Reverendísimas elegir Papa a algún Cardenal de los ultraconservadores porque entonces sí que me borro. Ya me parecía que Benedicto XVI no era el más indicado para ser Papa. No sólo por cuestiones de edad, de conservadurismo, de representar a la línea dura vaticana, sino también por una simple y frívola cuestión de fotogenia. Es que el pobre Ratzinger no sabe sonreír. Alguien de la curia debió decirle que ensayara, pero no es lo suyo y cuando sonríe parece aquella niña del chiste a la que le tiraban las coletas. Es más; es que, a Benedicto XVI le sale una mueca así como siniestra y a mí se me ponen de punta los vellos de la nuca porque me parece calcadito al malísimo Canciller Pálpatin de Stars Wars.
No estoy diciendo con esto que haya que elegir a un Papa por su telegenia, pero no le vendría mal a la Iglesia Católica un punto de modernidad y de empatía. Estoy seguro de que Cristo debía ser un buen mozo y que debía llevarse de calle a los que se cruzaban con él. Y eso no era sólo porque su mensaje calara. Me juego una mano a que, en su capacidad de convencer contaba mucho también, además de la ayuda divina, su empatía con los menos favorecidos y su apostura. Supongo que si en vez de ser un tío atractivo de veintitantos o treinta y pocos hubiera sido un anciano que sonríe como la niña de El Exorcista, el cristianismo no habría pasado de ser una confesión fugaz y poco exitosa.
Pues eso, que a ver si a los cardenales les da por acertar y votan fumata blanca para un Papa que esperance no sólo a los católicos convencidísimos, sino a todos aquellos que miramos hacia Roma con un cierto escepticismo esperando una luz ilusionante.
Que me imagino que debe ser un sentimiento parecido al que tengan los votantes del PP que esperan que en el partido hagan algo para quitarse de encima la losa de las corruptelas. Ayer Ana Mato se defendía ante los que le pedían que se fuera diciendo que no tiene nada que ocultar. Pues entonces ¿por qué no se somete a todas las preguntas que sean necesarias para aclarar esos supuestos regalos y dádivas de la trama Gürtel a su ex marido y a ella misma? Porque mientras no actúe de frente contra esas supuestas infamias, la mayoría seguiremos creyendo que debe irse. Y no porque haya hecho nada malo, que lo tendrán que demostrar ante un juez, sino, sencillamente, porque lo parece.

*Frase robada al gran Josema Yuste

LAS EXPLICACIONES

No hay nada peor para un político que tener que explicarse. La mayoría de los que se dedican a la cosa pública tienen una cierta gracia para hablar; una oratoria que les lleva a convencer al que les escucha, por lo bien que lo dicen todo sin mirar al papel. No es imprescindible para gobernar (ahí está el increíble caso de Mariano Rajoy), pero ayuda.
No sé si a ustedes les pasa, pero yo, que seré hombre de poco criterio, en las pelis de juicios, oigo al abogado defensor y es que me convence muchísimo. Pero es que luego escucho al fiscal y, oigan, me embelesa totalmente con su labia. Quizás es que yo soy tirando a simple, o es que te ganan por la oratoria. Con los políticos pasa igual. Recuerdo a Zapatero, cuando ponía esos ojillos de Boyscout en trance para decirnos cualquier tontada. Pero ZP lo decía tan bien y estaba tan iluminado por su baraka, que nos dejaba a todos convencidísimos de que, si no apoyábamos, por ejemplo, la Alianza de las Civilizaciones, éramos unos insensibles.
Me estoy yendo de la línea. Lo que quiero decir es que los políticos resultan muy convincentes soltando discursos más o menos vagos sobre materias que dominan o acerca de asuntos sobre los que se han preparado mucho, pero les cuesta un mundo ser igual de convincentes cuando se les pone en un aprieto. Y un aprieto, para un político, es tener que dar explicaciones. Y ya no les cuento si las explicaciones tienen que darlas delante de un periodista que no les va a hacer la típica cuestión a la que él conteste “me gusta que haga esa pregunta”.
Digo esto porque en los últimos días hemos visto a varios políticos intentando salir del apuro como alguien que camina con zapatos de tacón por una pista de hielo. O sea mal.
Rajoy tenía motivos para no querer hablar ante la prensa el sábado pasado. No quería ver ni en pintura a los periodistas, no fuera a ser que le preguntaran algo incómodo. Y se entienden sus temores porque en Alemania, que estaba hiperprotegido por la Merkel y debía llevar la lección más que aprendida, metió la pata. Y ya se ha dicho que no quería decir lo que dijo, pero la cuestión es que, hablando de los supuestos papeles de Bárcenas, deslizó un “no es cierto, salvo alguna cosa, que es lo que han publicado los medios de comunicación”, que es una gallegada de padre y muy señor mío. Por eso a todos los políticos se les llena la boca de respeto a los medios cuando están en la oposición, pero, cuando llegan al poder, les cuesta una burrada hablar en campo abierto con la prensa. Y lo que hacen es conceder entrevistas con cuestionario pactado, ruedas de prensa sin preguntas o, directamente, absurdeces como la del sábado, con Rajoy en la sede del PP hablando en un monitor y los periodistas en otra sala , por supuesto, sin derecho a preguntar.
Claro que a veces es peor que den explicaciones, sin que nadie se las pida. Sobre todo cuando piensan que somos bobos. El lunes pasado la Ministra de Trabajo, Fátima Báñez, daba las terroríficas cifras de paro registrado en enero en el INEM. Siendo consciente de que los números son horrorosos, la ministra, desde mi punto de vista, cometió el evitable desliz de dar explicaciones. Y dijo: “Son datos mejores que los anteriores, porque cada vez es menor el porcentaje de aumento del número de parados”… Hombre, es que sólo faltaba. Cada vez queda menos gente trabajando y más gente en el INEM; si el crecimiento de los inscritos en el INEM no fuera bajando porcentualmente, ya sería para decir apaga y vámonos. Pero, un político, antes muerto que reconociendo que los datos que va a dar son una castaña de aúpa.
Me recuerda a lo de las audiencias de los programas de radio cuando sale el EGM. No hay jamás una radio que reconozca que pierde oyentes, ni hay un solo programa que se pegue una galleta desoladora. Cuando en las radios cuentan sus datos de audiencia, hablan de programas que crecen con respecto al EGM anterior, que suben, pero en comparación con el mismo período del año anterior, que multiplican su audiencia, que ganan a sus competidores, que mejoran en esta u otra franja… Y luego está lo chungo, en la parte baja; esos programas de los que, lo mires como lo mires, no puedes decir nada positivo. Pues esos programas que escuchan la madre del locutor y su cónyuge “se consolidan”.
Bien mirado, con la racha que llevan nuestros dos partidos principales y sus respectivos líderes, si trasladamos ese modo de leer las audiencias de la radio a la manera de interpretar las encuestas de la política nacional, los datos del último barómetro del CIS son muy inquietantes para los grandes. Parece que UPyD e Izquierda Unida suben como la espuma, ganan a sus competidores y mejoran sus expectativas. Sin embargo hay dos señores con barba, que empiezan por R, que da la sensación de que “se consolidan” y en sus partidos están empezando a pedirles explicaciones. Y si yo fuera ellos tendría los glúteos duros como piedras de la tensión.

EL COGOTE DE RAJOY

Lo único que le falta al circo de Rajoy es que el payaso listo se le vuelva tonto. Porque lleva una racha en la que lo de que le crezcan los enanos es lo de menos. Es que a su gobierno y a su partido le han crecido los enanos, han perdido sus dentaduras los leones y a las trapecistas más macizorras les ha salido bigote y unas lorzas descomunales. Y hombre, parte de culpa la tienen la herencia recibida, los ataques de los especuladores, la crisis internacional y la mala alineación de los astros, pero creo que, después de un año y pico al frente del gobierno, igual algo de culpa van teniendo ustedes.
Sobre todo porque uno mira para Génova y a poco que no esté con un constipado de salir en los anuncios con una pinza en la nariz, huele a mierda. Perdón por ponerme grosero; podía haber dicho otra cosa más fina, pero es que las informaciones que están saliendo en estos días no hacen más que confirmarnos que todos nuestros partidos tienen unas cloacas más espaciosas que los Campos Elíseos.
Pero ahí está él, con su aroma de Patrics, inmutable. Sin decir nada. Con dos testículos. Esperando a aparecer mañana ante los periodistas no sé si, como acostumbra, sin permitir preguntas, especialmente si quien las va a hacer es del periódico que ha publicado todo. Es que sale en portada de El País que Mariano Rajoy ha recibido dinero negro del tal Bárcenas y nuestro presidente del gobierno no se inmuta. Vale que el prestigio y la fiabilidad de El País no pasan por su mejor momento, pero córcholis, señor primer ministro, que le está acusando un periódico de tirada nacional e internacional de habérselo llevado crudito, negro y sin declarar. Vamos, a cualquiera de nosotros nos pasa esto y, una de dos, o te vas a darle de leches al redactor que firma la noticia, o acudes directo a un juzgado a ponerles una demanda para crujirles. Vaya, eso en el caso de que lo que cuenta El País no sea verdad. Porque claro, si lo que dice el periódico es cierto, entonces, don Mariano, no sé qué hace usted que no ha aparecido ya para decirnos adiós con la manita.
Pero es que así son estos políticos que nos ha tocado padecer. Implacables hasta la sangre con el adversario si se le pilla en un renuncio, por pequeño que sea. Ahora, si las heces las tienen bajo la silla, ni las notan. Dice un refrán muy andaluz que “a nadie le huelen sus peos, ni sus niños le parecen feos”. Y en la política es una gran verdad. Porque todo depende.
¿Que pillan al de enfrente haciendo ERES irregulares y llevándose la pasta como quien lava? El PP exige dimisiones e investigaciones inmediatas. El PSOE, por su parte, hace el don Tancredo esperando que pase la tormenta y, si no escampa, pues pone a disposición de jueces y adversarios el cogote del director general de empleo para que se coma el marrón.
Y ahora está pasando lo mismo. ¿Qué pillan al de enfrente con un escandalazo de supuestos pagos en B a casi toda la cúpula del partido? El PSOE exige dimisiones, elecciones anticipadas y se golpea el pecho reclamando limpieza en la vida pública. Mientras, en el PP, visto que esto no tiene pinta de escampar, están mirando a quién adjudicarle este marrón de proporciones estratosféricas. Como locos andan buscando un chivo expiatorio al que poner a los pies de los caballos. Un cogote reluciente para la guillotina que están construyendo en la puerta de la sede del PP. Claro que don Mariano and company lo van a tener difícil porque creo que, en estos días por Génova, va la gente mostrando menos cuello que el muñeco de Michelín.

LOS FALTONES

Es curiosa la impunidad que suelen tener en España los faltones de izquierdas. Mucha más que los faltones de derecha, que también hay unos pocos. Dice un totalitario de izquierdas como Willy Toledo que ojalá se muera el Rey y no le pasa nada. Vamos, dice algo similar sobre un tótem de la izquierda uno de derechas y tiene convocadas al día siguiente 25 manifestaciones y varias denuncias en los juzgados. Y esto es quizás porque, desde hace muchos años, en España, aquellos que se dicen de izquierdas se atribuyen una altura moral que, los que no opinamos exactamente como ellos, no tenemos. Es más, si en alguna cosa se te ocurre contradecirles con una cierta vehemencia, te conviertes en un fascista al que hay que retirarle cualquier derecho civil. Porque, nadie sabe por qué, otra de las cosas que se atribuyen estos izquierdistas totalitarios es la capacidad de repartir carnés de demócratas.
El problema es que esto viene de lejos. Una dictadura de derechas interminable, un Rey que fue nombrado sucesor por el dictador que murió de viejo, una democracia que surgió tutelada por los mismos que estuvieron sujetando la dictadura… Todas estas cosas ciertas han dado munición a los que insisten en quitarle legitimidad al régimen democrático en el que hoy convivimos. ¿Que tiene fallos? Claro que sí. Pero esta Constitución salió adelante con un 88 por ciento de votos afirmativos. Mira que intento entender algo del tal Willy Toledo; pero ¿Nosotros no somos, como dice, una democracia de verdad? Puede que no, claro, si el modelo de democracia para este progre de carril es Cuba y, en un rango inferior, Venezuela. Lo malo es que Willy Toledo es la punta de un iceberg en el que se esconden muchos que opinan como él pero no sacan los pies del tiesto con tanta frecuencia. Y yo creo que es porque llevamos demasiados años de repeticiones de clichés que se han acabado convirtiendo en una supuesta verdad absoluta.
Por ejemplo, si uno ve la mayoría de las películas del cine español parece que la II República fue un espacio de cordialidad, de paz social, de armonía ciudadana que fue rota por los hijosputa de los fascistas. Es que no hay una peli (o, si la hay, yo no la he visto) en la que aparezca un republicano que sea un canalla. En cambio canallas de derechas aparecen por doquier. Y eso acaba formando una opinión que tiene un peso tremendo en nuestra sociedad y según la cual, por ejemplo, ser republicano es ser de izquierdas, tolerante y pacifista, que es una bobada solemne.
Yo creo que la transición no acabará hasta que seamos capaces de hacer una película sobre nuestra guerra en la que se vea que, verdaderamente, aquello fue una burrada en la que hubo un número de hideputas análogo en uno y otro bando. Es que una guerra civil es un festival de la maldad. Y en España nos tiramos décadas preparando la guerra, 3 años matándonos unos a otros y otros cuarenta con una dictadura que tuvo jodida a la media España que perdió la contienda.
No sé qué extraña luz nos abrió los ojos en los años de la transición para que, por un tiempo, dejáramos de lado el odio y el rencor y fuéramos capaces de hacer una Constitución para convivir. Aunque al actor le parezca que estamos fatal. Pero es que hablamos de un personaje que, como mucha gente de izquierdas, piensa que fascismo, nazismo y comunismo no son casi lo mismo; séase, pensamiento único totalitario. ¿Hay algo más totalitario que la falta de respeto constante de este Willy por el que no opina como él? Si uno lee a conciencia los fundamentos de estas ideologías extremas, sus manuales de control de la masa y de aplicación de la propaganda, se da cuenta de que son, en muchos aspectos, un calco. A Toledo, Stalin le parece mejor que Hitler, cuando el líder soviético fue un asesino de dimensiones cósmicas con un número de no afines masacrados bastante similar al del psicópata alemán. ¿En un campeonato de hijoputismo ganaría uno al otro? No. Yo creo que empatarían.
Tenemos muchos problemas actualmente en España. Y uno de ellos es la tendencia a la trinchera y a tirar de rencor de algunos personajes. Yo sigo confiando en que lleguemos a un punto en que tengamos unos políticos de los que podamos sentirnos orgullosos. Estoy seguro de que nuestros hijos lograrán convivir mejor con los que no piensan como ellos y confío ciertamente en que para cuando ellos sean adultos haya menos gente en España con tanto rencor como Willy Toledo. Porque, no sé por qué me da que, si hubiera vivido en el 36, el muy democrático actor habría sido de aquellos que, en uno y otro bando, iban pegando tiros en la nuca por las cunetas.

HERMIDA

Le han dado hasta en el carné. Y eso que algunos de los que le han dado, mamaron de la teta Hermida copiosamente en los años gloriosos de las tertulias de Jesús.
Yo no soy muy objetivo. Quiero mucho a Jesús Hermida y es mi amigo. Fue mi jefe durante 3 años y me hizo disfrutar, probablemente, de 3 de los años más divertidos de mi vida como periodista. Se dice mucho de él que es un maestro. Que enseña. Y ya en alguna ocasión he dicho que no es que se pusiera con un pizarrín en medio de la redacción.

HERMIDA Y ESTE CABRERO EN UNA DE TANTAS CONVERSACIONES

Enseñaba mucho hablándote, callándose, a veces gritándote y siendo inflexible con según qué asuntos. No podíamos mentir, por ejemplo. En sus equipos estaba terminantemente prohibido conseguir cualquier cosa (una entrevista, un invitado, una noticia…) utilizando la mentira o las verdades a medias. No podíamos hacer cosas que pudieran provocar daño a otros.

PENSAR ANTES DE HACER DAÑO

Te hacía pensar siete veces si algo de lo que ibas a grabar o a decir podía herir a alguien y te obligaba a sentirte responsable de lo que emitías en un medio que, mal utilizado, puede hacer mucho daño. Igualito que hoy. Me gustaría saber en cuántas redacciones hay jefes que serían capaces de hacer lo que me hizo Jesús a mí en el mes de marzo de 1992.

Quizás muchos de ustedes recuerden el caso de un vecino de Zaragoza que, ayudando a unas personas a empujar su coche, se dio cuenta de que la matrícula de ese automóvil era la misma que la del suyo. Los supuestos dueños del coche eran los etarras Idoia López Riaño y Juan José Narváez Goñi. Cuando el buen ciudadano se alejó de los etarras, llamó a la policía y ayudó a desarticular el comando Aragón de ETA. Lógicamente, al día siguiente, toda la España periodística estaba buscándole. Entre otros yo.

UN «EXCLUSIVÓN»

Con la suerte proverbial que me ha caracterizado siempre, no sé cómo, conseguí el teléfono de este hombre e incluso logré citarme con él al día siguiente en Zaragoza. Iba a hacerle ¡la primera entrevista! con la imagen y la voz distorsionadas para que fuera imposible reconocerle.

Me levanté de mi sitio histérico de contento y entré en tromba en la sala en la que estaba reunido todo el equipo preparando el programa del domingo siguiente. Entré gritando algo parecido a: “¡¡¡¡Lo tengooooo, jodeeeer, lo tengooooo!!!! ¡¡¡Mañana entrevisto al héroe de Zaragoza!!!” Hermida me mandó callar, me pidió que me tranquilizara y dejó terminar a los que estaban hablando cuando yo entré destrozando la reunión. Una vez acabaron me dijo: “Cuéntanos, Filfil”. Y lo solté.

El equipo empezó a aplaudirme, a tocarme la chepa, a preguntarme cómo lo había conseguido… Jesús me miraba con cara de pensar: “bien hecho”, pero no abrió la boca. Cuando el festival de alabanzas concluyó, mi jefe me dio la enhorabuena, me miró, me hizo tres o cuatro preguntas burocráticas sobre horas, lugares y fechas y, de repente, preguntó: “¿Y tú crees que ese hombre va a estar tranquilo después de la entrevista?”

UNA LECCIÓN INOLVIDABLE

Yo, al principio, no sabía muy bien a qué se refería y me lo notó. Volvió a preguntarme: “¿Tú dormirías tranquilo si hicieras mañana una entrevista para una tele después de lo que ha pasado?”. “Pues yo qué sé”, le dije, intentando salir del paso, viendo que algo se estaba empezando a fastidiar. “¿Cómo que no sabes?”, continuó. “¿No crees que tú, tu mujer y tu familia pasaríais miedo pensando en lo que te pueden hacer los etarras?” Yo le dije que le íbamos a tapar la cara y la voz y que nadie, excepto el cámara y yo, iba a saber su paradero ni su nombre.

Aún así, Hermida insistió: “Pero no me contestas; ¿Tú dormirías tranquilo después de conceder una entrevista así?”. Y le dije: “Coño, pues no.” Jesús se me quedó mirando, con todos los de la redacción callados como muertos. Después de 30 segundos que se hicieron eternos me ordenó: “pues no la hacemos”. Recuerdo que me debí ciscar en todo por lo menos mil veces y supongo que a Jesús y a sus familiares más próximos, les debieron estar pitando los oídos una semana. Pero no hicimos aquella entrevista que, en aquel momento, habría sido un magnífico “scoop” para el programa, para él y para mí.

Y todo porque Jesús pensó en la angustia de aquel hombre y de su familia ante lo que se les venía encima. Fue una lección complicada de digerir, pero inolvidable. Pero es que ese es Jesús Hermida. Un periodista serio, un director duro, pero cariñosísimo con sus equipos. Un hombre de una integridad y un sentido de la ética admirables y uno de los mejores entrevistadores sin papeles que he visto en mi vida.

LA GRANDEZA DEL SILENCIO

Por eso me da pena que tantos y tantos hayan hablado de Jesús con tanta ligereza y tanta falta de respeto en las últimas semanas. He hablado con él varias veces desde la emisión de aquella entrevista con el Rey y cuando he intentado sacarle algún comentario me ha pedido que respete su silencio. Y lo respeto.

Sé que, si hablara, entenderíamos muchas cosas, pero Jesús es así y su sentido de la lealtad y de la responsabilidad le piden que se calle. Y se calla. Y eso es lo que le hace único. La mayoría, empezando por mí, en una situación como esta habríamos mandado a la mierda ya a tres o cuatro. O a cinco. Él guarda silencio esperando, como sabe, que acabe pasando la riada que sólo deja en pie a los más grandes.

EL CONSENSO

Lo fácil que se les pone en la boca para pedirlo. Y lo que les cuesta practicarlo cuando mandan. No sé de qué se quejan los políticos cuando constatan, encuesta tras encuesta, que están metidos en la hez hasta las axilas. Es que se lo están trabajando. Y vale, aceptemos que no todos los políticos son penosos, pero el nivel general da más que pena; deprime.
Hoy el PSOE pide al PP consenso para todo. Para la Reforma Laboral, para la fiscal, la educativa, la sanitaria y, últimamente (y da risa) para acabar con la corrupción. Es curioso lo brillantes que se ponen en la oposición. La cantidad de ideas que se les ocurren y lo fácilmente que te dicen que ellos arreglarían todo. No como los pánfilos que están gobernando.
Recuerdo aquellos momentos gloriosos de ZP en los que sus fieles consideraban (como él mismo) que estaba tocado por una varita mágica y que era el Merlín que nos iba a llevar al pleno empleo, a la cordialidad con los musulmanes radicales y a la paz mundial. Por aquel entonces yo iba cada semana un par de veces a una tertulia de Punto Radio en la que abundaban zapateristas fervorosos. Había empezado ya la crisis esa que se tiraron 3 años negando y yo pedía insistentemente que el PSOE se sentara con el PP para ver si entre los dos partidos sacaban algo en claro. Y no veas cómo me ponían. Me decían que era un facha que quería que gobernase el PP cuando las urnas habían decidido que siguiera gobernando ZP. Y además insistían mucho en que el PSOE estaba llegando a acuerdos con todos los partidos del arco parlamentario excepto con el PP. Qué cachondos. Es que eso no es consenso. Tratar con el que te tiene agarrada la bolsa escrotal no es consenso; es pactar con uno que, si aprieta, te rompe un huevo. En cualquier caso, negociar asuntos de calado nacional y dejar de lado al partido que representa a la mitad de tu país no es consenso; es hacer el lelo.
Pues ahora le toca al PP. Ahora son ellos los que dicen que el pueblo les escogió para tomar decisiones. Incluso aunque esas decisiones sean difíciles. Pero es que encima Rajoy, que es un fino humorista, se permitió asegurar que “la mayoría silenciosa” (séase, los que no vamos a manifestaciones) estamos con él. Vamos anda. O sea que, los que no vamos a manifestaciones convocadas por el PP ¿Estamos en su contra? Pues somos treinta y tantos millones. Eso es tan bobo como decir que los que no vamos al desfile del orgullo Gay somos homófobos. Y, hombre, alguno habrá, pero a la mayoría es un desfile que no nos llama, que no nos conmueve o que directamente nos la refanfinfla. Y por eso no vamos.
Pues tan convencido está Rajoy de lo que hace y dice que, salvo en algún caso extraño, gobierna sin detenerse un rato a escuchar, no vaya a ser que a los de enfrente se les ocurra una buena idea. Me recuerda a la frase que nos soltaba el mítico director de informativos de A3 televisión, Jorge del Corral cuando oía un teléfono sonar en la redacción sin que nadie lo cogiera. Desde su despacho gritaba: “¡¡¡No lo cojáaaaaaais, no vaya a ser una noticiaaaaaaa!!!”. Pues eso; no escuches al de la oposición, no vaya a ser que diga algo que te ayude. No entiendo ese empeño en hacer las cosas en solitario buscando la ovación para uno solo.
Yo estoy seguro, por ejemplo, de que a ZP le habría ido mucho mejor en la película si, cuando comenzó la crisis, hubiera hecho un pacto nacional con el PP para buscar caminos de emergencia.
Como creo que la historia del PP habría sido distinta si, el día del 11-M hubieran reunido en Moncloa a todos los líderes de los partidos políticos para hacer causa común. En vez de eso hicieron lo posible por dar una rueda de prensa en solitario para anunciar “sin ninguna duda” la autoría de ETA. A la misma hora que Acebes decía eso en Madrid, en toda Europa se daba por hecho que había sido Al Qaeda. Y así les fue, claro.
El problema es que lo del consenso no nos va. Y eso que somos ejemplo internacional por lo que hicimos entre 1975 y 1978. Porque luego se estropeó. La verdad. Yo creo que Suárez (que por cierto nunca tuvo una mayoría absoluta) se encontró con una generación de políticos de altura intelectual y política. Pero sobre todo se juntaron varios señores y señoras que eran muy conscientes de que tenían una oportunidad histórica para decirle adiós para siempre a la caspa de las dictaduras. En torno a un Rey, que hoy está en horas bajas, construyeron una democracia razonablemente sólida que lo peor que tiene es a los políticos que la gestionan. Y no le damos mucha importancia, pero el Rey es para mí el que guarda aquel espíritu del consenso. Es que parece que se nos olvida, pero ese Rey que inoportunamente caza elefantes, que echa canas al aire, que tiene yernos que le salen rana y un director de comunicación manifiestamente mejorable, fue el motor que hizo que todo esto esté hoy funcionando. Lo malo es que va a hacer falta que se muera para que salgan los cien mil hijos de San Luis a hacerle el panegírico. Entonces quizás nos demos cuenta de que le hemos desaprovechado en estos años en los que no les vendrían mal a nuestros políticos unas clases particulares de consenso.

LA FUNCIONARIA

No tengo por costumbre defender a los funcionarios. La verdad. Y me da pena, porque tengo mucha familia y buenos amigos en la Función Pública. Pero creo que el tener un empleo fijo y una seguridad laboral absoluta puede hacer que uno se amojame. Por otro lado, las empresas públicas, en general, tienen convenios colectivos que resultarían absolutamente insostenibles para cualquier empresa privada. Y así nos va. No estoy diciendo que la culpa del déficit del estado y las autonomías sea de los funcionarios, pero es evidente que un sector público tan absurdamente gordo y tan mal gestionado como el nuestro, no se sostiene. Uno de los problemas es que, además, con esos convenios, es fácil que gente algo laxa acabe abusando del hecho cierto de que, siendo empleado público, tienes poco menos que matar a tu jefe para conseguir que te echen. Y en ese agua tibia del empleo público nadan gentes escaqueadas y personas ejemplares como la mujer de la que voy a hablar.
Imagino que varios de ustedes habrán tenido la desgracia de tener que pasar por la experiencia del cáncer de un familiar. Yo, en concreto, viví hace dos años la dureza del cáncer de laringe de mi padre. Tras meses de tratamiento para intentar acabar con el tumor, hubo que hacerle una laringectomía. Cuando llevaba casi un año intentando adaptarse a su nueva vida, regresó el cáncer en forma de diversas metástasis hasta que no quedó más remedio que ingresarle en La Paz para intentar reducir sus intensísimos dolores. En los primeros días todo fueron pruebas hasta que los médicos nos dieron la noticia más terrible; lo de mi padre era incurable y sólo cabía esperar unos días, quizás semanas, y que no sufriera demasiado.
Lo subieron a la planta 14. Era una planta en la que había enfermos con esperanza de curación, pacientes ya prácticamente diciéndole adiós al cáncer y al hospital y personas, como mi padre, que estaban intentando sortear el dolor y despedirse de su familia lo más serenamente posible. No era una planta alegre y se me sigue poniendo un nudo en el estómago cuando recuerdo los veinte pasos que había desde el distribuidor de los ascensores hasta la habitación de mi padre; la 1411. Eran veinte metros escasos en los que ibas saludando a familiares que te decían con un gesto cómo había ido la noche, o la mañana o si un rato antes les habían dado una noticia buena. O una mala. Y en ese ambiente duro, intenso, había un grupo de trabajadores que lidiaba con tantas emociones tratando de hacer su labor de la mejor manera posible. Y entre todos ellos, sobresalía un ángel. Una enfermera de veintitantos años llamada Beatriz Villa.
Nosotros somos 7 hermanos. Y somos gente bulliciosa. Junto a nuestra madre hicimos lo posible durante aquellos días para que la habitación 1411 fuera, dentro de lo que cabe, un lugar feliz. Mi padre era un hombre que vivía contento y yo creo que le habría demolido, más que la enfermedad y el dolor, ver a su familia constantemente con cara de pena. Por eso intentamos que en la habitación se notara lo menos posible que todos estábamos tristes y que aquel era un lugar del que nuestro padre no iba a salir con vida. No puedo decir que la habitación fuera una fiesta. Pero hasta nos reíamos. Y a crear aquel ambiente contribuyeron tremendamente las personas que trataron a mi padre y, muy especialmente, la funcionaria Beatriz. Hubo muchos detalles de aquella mujer que aún hoy me emocionan. Por ejemplo, una de las últimas noches de mi padre. Estaba retorciéndose de dolor y, a las 4 de la mañana, no conseguían dar con la tecla para calmarle. A eso de las 4 y cuarto, entró Beatriz en la habitación y le puso una dosis de analgésicos para ver si lo lograba. Yo estaba sujetando la mano derecha de mi padre y ella hizo lo mismo con la izquierda. Y allí estuvo conmigo durante una hora y cuarto acariciando la mano de mi padre hasta que, por fin, logró quedarse dormido.
Dos días más tarde, en su penúltima noche, de nuevo me tocó a mí la guardia y de nuevo le tocó el turno de madrugada a Beatriz. A eso de las 12 mi padre, que ya tenía pocos ratos de consciencia, estaba consiguiendo tranquilizarse, cuando entró en la habitación la funcionaria. Mi padre la saludó con una sonrisa y un movimiento leve de cejas. Y se llevó la mano a la mejilla mirándome primero a mí y luego a ella. Beatriz me preguntó: “¿Qué quiere?” y yo le dije: ”Creo que un beso”. Y la funcionaria se lo dio. Y yo recordaré toda mi vida a aquella mujer, su dedicación amorosa a su trabajo, su vocación admirable y aquel beso.
Sé que en la función pública, como en cualquier sitio, habrá de todo y que, junto a personas como Beatriz, habrá muchos vagos y mal encarados que hagan su trabajo como quien fríe un huevo con desgana. Pero en estos días de tanto debate sobre la Sanidad Pública, sobre los privilegios de los funcionarios y de tantas miradas de sospecha sobre los que tienen un sueldo público, me apetecía contarlo. La humanidad de una mujer que ayudó a que mi familia viviera con menos angustia aquellos días de enero de hace dos años en los que le dijimos adiós a mi padre.